Reseñas — 3 agosto, 2006 at 3:29 pm

Pascin (Joann Sfar)

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Pascin (Joann Sfar). Ponent Mon, 2006. Rústica con solapas. B/N. 192 págs. 18 €


Sfar es un artista como la copa de un pino. En unos pocos años ha conseguido colar en el mercado español (por no hablar del francés) una enorme cantidad de obras, con una calidad media excelente. Incluso recientemente los USA se han rendido a nuestro sefardita favorito, otorgándole el Premio Eisner 2006 al mejor álbum extranjero por El gato del rabino. Porque Sfar, además de tener ideas brillantes, tiene la virtud o el defecto de ser enormemente prolífico. Cantidad de números de La mazmorra, El gato del rabino, El profesor Bell, Pequeño vampiro, Gran vampiro, son algunas de las obras de este autor que hemos podido ver por estos lares, a las cuales se suma ahora este Pascin excelentemente editado por Ponent Mon.


A finales del año pasado, durante una charla-coloquio, sus compañeros de L’Association David B, Delisle y Trondheim comentaban entre risas el impulso casi maniático de Sfar por estar creando constantemente, como una forma de liberación personal, y en esta obra se hace más evidente que nunca la necesidad del autor por dar rienda suelta a sus demonios personales mediante la narrativa del cómic. Sfar no es un virtuoso dibujando, eso es innegable, aunque en obras como el Profesor Bell da la talla más que de sobra, pero se percibe en él una urgencia por plasmar sus pensamientos que no le permite acabar los dibujos. Es como si tuviera prisa por dejar en el papel la idea genial, la reflexión profunda, la anécdota vital para que no se pierda en su memoria. Y en esta obra, el dibujo de Sfar es… peor que nunca, aunque sí se percibe una pequeña mejora a medida que avanza la historia, que se realizó entre 1997 y 2002 y fue publicada por entregas.

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En Pascin se nos narra la biografía ficticia de un pintor de finales de siglo XIX, por donde veremos desfilar a otros ilustres artistas de la época que darán su pincelada sobre la tela de la disoluta vida del protagonista. Claramente, Pascin es, aunque tal vez no siempre, el propio Sfar, que utiliza esta biografía inventada sobre un artista para expresar sus propias preocupaciones sobre el arte, el sexo, la religión, es decir, sobre los temas que siempre han intrigado al hombre y muy en especial, al artista. El problema a mi parecer es que tras las 30 o 40 primeras páginas, ya está todo dicho. Sfar utiliza la metáfora del pintor que prefiere pintar a las mujeres que follárselas (y permítanme que use el término, ya que el autor lo usa con ligereza a lo largo de toda la obra), que nos remite al artista que prefiere vivir su arte que vivir la vida real, porque no puede, porque no quiere, o porque no sabe. O al vividor que sin embargo envidia al artista por su capacidad de crear. Y poco más, aunque sería injusto no atribuir más méritos a la historia, que los tiene (fabuloso el capítulo titulado El austriaco), pero el excesivo número de páginas y la reiteración de situaciones hacen que el lector termine aburriéndose y perdiendo el interés en si a Pascin se le levanta o no se le levanta, o en si por fin Pascin encontrará un sentido a su existencia y a su arte más allá de la propia necesidad creativa.

Para mi gusto, una obra fallida de Sfar por ser excesivamente pretenciosa, por su falta de planificación y porque en ocasiones su dibujo es más feo que nunca, y una obra fallida porque el cómic o es entretenimiento puro (cosa que no se pretende en este caso), o es un arte, y una obra de arte que ni emociona, ni convence ni produce placer estético, es una obra que se ha quedado a medio camino. Lo cual no resta méritos a muchos de sus otros trabajos (que generalmente se comprimen en deliciosas y mucho menos indigestas píldoras de 48 páginas), que seguirán contándose entre mis lecturas favoritas.

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Interesante, pero no resiste una purga por motivos de espacio



el tio berni


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7 comentarios

  1. Interesante opinión, aunque no la comparta principalmente por dos razones. Primero, porque el dibujo de Sfar no me parece feo en absoluto. Segundo, y lo que más me ha extrañado, porque no veo donde está la escesiva pretenciosidad de esta obra. En fin, para gustos….
    Salut.

  2. En los del dibujo feo o bonito en un autor tan poco académico como Sfar, como bien dices, es una cuestión de gustos. Respecto a la pretenciosidad, creo que se percibe claramente en las primeras páginas, donde trata de meter en forma de diálogo todo un tratado sobre el arte, lo divino y lo humano. Tal vez no tenía muy clara la continuidad de la historia y quiso condensar demasiado en muy poco espacio, y de ahí que el tono, a mi parecer, quedase pretencioso. Después la cosa se distiende, cierto es.

  3. Pues yo me compré este tebeo con muchas ganas, porque estoy muy ‘sfariana’ últimamente y, aunque a mí si me atrae su dibujo, la verdad es que me costó acabarlo. Quizá, como tú dices, sea demasiado largo.
    En fin, prefiero el Sfar del Valle de las Maravillas.
    Un saludo.

  4. Tio Berni, leyendo su artículo se me hace una vez más evidente la necesidad de que tantos autores como críticos de mundo del cómic dediqueis más tiempo a vuestro formación artística. Sfar es uno dibujante excelente, en el que podemos notar la huella de genios como Matisse (vea con atención el gato del rabino). No es la mano de Sfar la torpe, si no la mirada de lectores como usted Berni,una mirada torpe y pretenciosa propia de escuela de arte

  5. No puedo estar más de acuerdo, Diego. Creo que en los 6 años que han pasado desde que escribí esta reseña he aprendido muchas cosas, y ahora mismo ni yo estoy de acuerdo con las cosas que escribí aquí arriba.

  6. BERNI: PIDE PERDÓN! MÁS ALTO! YA! NO NOS VALE A LA TURBA!!!

  7. El nuevo cómic de Sfar se llama “Berni, y el agujero de gusano”

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