Artículos — 9 noviembre, 2011 at 2:34 pm

L’Association, historia de una disociación

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Los lectores de esta página probablemente ya están al tanto. Hace cosa de un año saltaban las alarmas en torno a L’Association. Tras el abandono paulatino de muchos de los miembros fundadores (David B y Lewis Trondheim como nombres más visibles), Jean-Christophe Menu se había convertido en la única cabeza visible de la editorial, pero al parecer su forma de llevar la empresa no contaba con la simpatía de los empleados, que a principios de este año y en pleno Festival de Angoulême se declaraban en huelga. Tras algunas negociaciones, parecía haberse llegado a un acuerdo, un acuerdo por el cual se nombraba una nueva junta directiva a la que regresaban David B y Lewis Trondheim con los cargos de presidente y tesorero respectivamente. Así las cosas, Jean-Christophe Menu anunciaba su retirada definitiva de la editorial hace no demasiado, al tiempo que informaba de su decisión de crear una nueva editorial.

Matthias Wivel ha escrito un documentado y extenso artículo, apoyándose en entrevistas a los implicados, en el que relata los factores más importantes que han llevado a la crisis a la editorial francesa independiente más importante de las últimas décadas, una editorial que ha cambiado de forma importante el panorama de los cómics en Francia y, por ende, en Europa. Hacemos aquí un pequeño resumen del artículo de Wivel, recomendando su lectura completa en The Comics Journal (1 y 2).




Uno de los factores principales en la crisis ha sido, obviamente, la personalidad de Menu. Siendo la fuerza impulsora que aglutinó a su alrededor al resto de autores (Mokeït –que abandonó al poco tiempo de la fundación–, Mattt Konture, Killoffer, Stanislas, Lewis Trondheim y David B), Menu demostró pronto una visión muy personal y tendencias autocráticas que chocaban con el intento del resto de implicados en llevar a cabo una dirección colaborativa. Según Trondheim, “Menu fue la fuerza impulsora en la creación de L’Association junto a nosotros, pero también acabó siendo una amenaza para su existencia debido a su falta de inteligencia social e ineptitud como jefe y organizador, y también debido a que su alcoholismo y paranoia se le fueron de las manos”.

En realidad, el problema comenzó ya a mediados de los 90, cuando Trondheim y David B fueron cortejados por grandes compañías y empezaron a publicar obras fuera de su propia editorial, para la que reservaban sus trabajos más personales. Como consecuencia, Menu, el autor más implicado en L’Association, acabó haciéndose cargo de las labores editoriales y asignándose un sueldo del que no había disfrutado hasta el momento ninguno de los socios fundadores. Y así surgieron las primeras tensiones. Habiendo sido Menú quien “reclutó” al resto de autores y, en sus propias palabras, quien definió la estética y filosofía de la editorial, consideraba L’Association su propio proyecto, mientras que el resto de implicados lo acusaban de priorizar sus propios proyectos en demérito de aquellos propuestos por el resto de miembros. David B, por ejemplo, no asume que la filosofía de la editorial partiera de Menu: “Menu desarrolló su filosofía en base a nuestro trabajo y comenzó a asumirla como un precedente, incluso cuando nuestros libros encontraron su audiencia independientemente de cualquiera que fuesen las nociones esotéricas que estaba cocinando”. David B también recuerda que el mayor éxito de la editorial, Persépolis, estuvo impulsado por él mismo, sin participación activa de Menu. En descargo de Menu, hay que admitir que fue él quien cargó con el peso de la mayoría de decisiones editoriales sacrificando su carrera como autor e imprimiendo una ideología política en la editorial.

En 2005, David B abandonó la editorial y al año siguiente siguieron su camino Trondheim, Killofer y Stanislas, citando como razón desavenencias con Menu, que en 2005 había publicado Plates-Bandes, un libro en el que cargaba contra las editoriales mainstream en las que sus compañeros editaban parte de su obra. A partir de este momento, L’Association, dirigida por Menu, acompañado de Konture y un fiel equipo, se radicalizó, publicando obras cada vez más experimentales, una política que tal vez no acabó de ser del todo acertada, como demuestra el fiasco en ventas sufrido por La vida secreta de los jóvenes de Riad Sattouf, una obra de amplio atractivo generalista que no superó la marca de las 20.000 copias vendidas. Menú decidió entonces llamar a un contable que revisase la situación financiera de la editorial con el resultado que cabía esperar: si L’Association se mantenía, era tan sólo gracias a las ventas de Persépolis. Inmediatamente, Menu adoptó dos decisiones. Por una parte, contrató a un gestor externo a tiempo parcial, y por otra redujo a la mitad el número de novedades de la editorial. Las siguientes medidas, en 2010, fueron renunciar a su propio sueldo y reducir la plantilla. Sin embargo, parece ser que Menu se asignó un finiquito de 42.000 euros –según Menu, el mínimo que legalmente le correspondía–, y en la partida presupuestaria para 2011 se asignaba un salario de 60.000 euros. Menu discute este último punto, aduciendo que esperaba ser de nuevo contratado una vez la situación de la editorial se aclarase y que estuvo trabajando gratuitamente para la editorial durante 14 meses.


Café de la Paix, Angoulême 1991. De izquierda a derecha: Mattt Konture, Killoffer, Stanislas, Lewis Trondheim, JC Menu, David B. Philippe Dupuy y Charles Berberian.


Sin embargo, otro de los factores claves en la penosa situación que alcanzó la editorial no tuvo nada que ver con Menu. En otoño de 2010 quebró Le Comptoir des Indépendats, la distribuidora con la que trabajaba L’Association. La distribuidora había sido fundada una década antes por la propia L’Association (miembro mayoritario) y otras pequeñas editoriales. Como resultado de la disolución de la distribuidora, L’Association perdió nada menos que 176.960 €, cuando ya su situación económica era más que delicada. Los 7 miembros asalariados de la editorial empezaron a temer por su futuro, situación que se agravó cuando empezaron a darse cuenta de que Menu no tenía ninguna intención de sentarse con ellos a discutir las nuevas medidas a tomar para salir del agujero. Finalmente tuvieron que ser los empleados los que exigiesen una reunión con Menu, que tuvo lugar el 10 de diciembre de 2010. En esa reunión, Menu les anunció que tendría que despedir a cuatro empleados. Los empleados consideraron que la medida no estaba justificada en base a los datos económicos a los que tenían acceso, y tampoco ayudó el modo poco diplomático en que Menu llevó la situación (y el propio Menu admite su falta de habilidad en el trato interpersonal). Sintiéndose ofendidos, engañados y ninguneados, y considerando que la dirección de la editorial no estaba cumpliendo los mínimos establecidos en sus propios estatutos –como asambleas bianuales que no se mantenían desde 2007– los empleados decidieron declararse en huelga. Con la intención de legitimizar sus peticiones, los empleados contactaron con los miembros fundadores exiliados de L’Association para solicitar su apoyo. Trondheim explica así sus sentimientos al sopesar la situación: “David y yo discutimos si no sería mejor dejar morir L’Association. Recuperaríamos los libros de la editorial y quedaríamos en paz. Pero pensándolo de un modo menos egoísta, reconocimos que todavía era una plataforma viable para la publicación de trabajos de gran calidad, y que si desapareciese, gran cantidad de creadores y libros se encontrarían sin el apoyo del que habían disfrutado antes. Y los empleados se quedarían sin trabajo”. Por su parte, el editor de otra casa independiente, Cornélius, también ofreció su apoyo a los huelguistas en tareas organizativas, entre las que se encontraban la creación de un blog.

Habida cuenta de que a finales de enero de 2011 se celebraba el Festival de Angoulême, una cita importante no sólo por su trascendencia mediática sino por los ingresos que las editoriales obtienen de la venta directa, Menu prometió a los empleados una reunión con el contable de la editorial el 12 de enero. Por razones inciertas, nunca llegó a celebrarse. Finalmente, el 22 de enero, hubo una reunión de todas las partes: la dirección de la editorial, representada por Menu y sus colaboradores más cercanos, los empleados, y algunos de los antiguos miembros fundadores. Lejos de limarse asperezas, la reunión aumentó el tamaño de la grieta entre Menu y los empleados, y el fin de semana del 27 al 30 de enero, durante el Festival de Angoulême, los asalariados acudieron a su stand, negándose a vender los libros de la editorial hasta que Menu rectificase en sus posturas y repartiendo en su lugar panfletos con sus reivindicaciones. Dada la importancia de L’Association como la más grande de las pequeñas y la situación privilegiada de su stand en el espacio de las editoriales alternativas, el golpe de efecto tuvo un impacto importante. El viernes 28 hubo una reunión entre las partes en conflicto que logró calmar la situación lo bastante como para que al día siguiente los empleados realizasen ventas durante algunas horas.

El 3 de febrero, según Menu, se accedió a las peticiones de los huelguistas, pero estos se negaron a concluir su protesta debido a que aún no se les hacía partícipes de los datos económicos de 2010 y a que aún no había un acuerdo sobre cómo debía celebrarse la asamblea que decidiese el futuro y la junta directiva de la editorial. Según éstos, deberían participar en ella todos los autores de L’Association y otros allegados, conformando un total de 147 personas. Según Menu, la lista debía se mucho más corta y en ella se encontraban personas que los empleados ni siquiera conocían. El 8 de febrero los huelguistas mantuvieron una reunión con Menu y el contable de la editorial de la que se dedujo que la decisión de prescindir de algunos asalariados había sido prematura, echándose marcha atrás en este punto concreto. También se fijó una fecha concreta, el 5 de marzo, para celebrar una asamblea general, aunque más tarde se pospondría hasta el 11 de abril. Al día siguiente, los empleados desconvocaban la huelga.



Finalmente, el 11 de abril de 2011 se reunían más de 200 personas en la tan esperada asamblea general. Entre los participantes, Menu y sus simpatizantes, empleados, antiguos miembros fundadores, autores y otros profesionales. El orden del día, impuesto por la la dirección a la sazón, sólo incluía un punto, la elección de una nueva junta directiva cuyos candidatos venían prefijados por Menu y sus colaboradores y entre los que se encontraban ellos mismos, Éttiene Robial, mentor de Menu (y fundador de la mítica Futuropolis) y otras personalidades sólo tangencialmente relacionadas con los cómics. Los empleados, por su parte, presentaron una lista alternativa en la que sólo constaban los nombres de los siete miembros fundadores, que Menu declaró ilegal. Tras una encendida discusión se dieron por buenas ambas listas y se procedió a la votación, que arrojó como resultado la reválida de los miembros fundadores: David B (presidente), Killoffer (secretario), Trondheim (tesorero), Konture, Menu, Mokeït y Stanislas, que más tarde prefirió no aceptar la posición.

Descontento con el resultado, Menu sigue afferándose a la supuesta ilegalidad de la lista alternativa de los empleados, y aduce además que incluso la hasta entonces operante junta directiva podía ser ilegal, al no haber mantenido ninguna asamblea en cuatro años “porque L’Association es un desastre”. En realidad, llegados a este punto, Menu comenzó a cuestionar gran parte de las prácticas de la editorial. Según él, las asambleas previas eran excusas para celebrar fiestas y la lista de miembros honorarios no era más que una lista de “amigos, autores y gente que recibía los libros gratis”. Todo hace pensar que, efectivamente, L’Association era un desastre como empresa, sustentada sobre buenas intenciones y carente de la estructura legal y organizativa que correspondería a una empresa de su envergadura. En cualquier caso, se constituyó de facto la nueva junta directiva y se desestimó la idea de despedir a ninguno de los empleados. ¿Final feliz?

Lo primero que encontró la nueva junta directiva es que la situación financiera de L’Association, con 500.000 € en su cuenta bancaria, podría no ser tan mala. En cualquier caso, el descenso en ventas de los últimos años impulsó a los nuevos responsables a dar salida al stock y a recortar gastos, eliminando los códigos de barras impresos en pegatinas (una decisión que partía de la filosofía antisistema de Menu) y rescindiendo el contrato por la creación de una página web que nunca llegó a ponerse en marcha. Aunque la editorial ya pose un blog, se prevé que el 26 de noviembre se inaugure finalmente la web oficial de L’Association, impulsada por la actual junta directiva. Mientras algunos, como el editor de Cornélius, consideran de la situación de L’Association es perfectamente asumible, que los datos económicos son robustos y que su descenso en ventas se debe a una caída generalizada que ha padecido todo el mercado del cómic, Menu mantiene que apenas si queda dinero para aguantar dos o tres años e interpreta que la situación económica de la editorial es mala y que Trondheim y David B no son capaces de verlo debido a su inexperiencia y desapego de las labores editoriales. El 23 de mayo, Menu abandonó definitivamente la editorial que impulsó hace dos décadas y que ha hecho historia en el cómic no ya a nivel francés o europeo, sino mundial.

Evidentemente, la situación de Menu en la nueva junta directiva era insostenible, algo así como dormir con el enemigo. Por una parte, se encontraba con que debía compartir la dirección con algunos autores con los que se había peleado y dejado de hablar años atrás. Por otra parte, los empleados tampoco lo tenían a estas alturas en gran estima. Según David B y Trondheim, Menu había exigido ser editor jefe y contar con un salario de 60.000 € anuales, y poco menos que seguir siendo el hombre que tomaba las decisiones mientras que el resto de fundadores se limitarían a proponer libros para editar. Al parecer, la gota que colmó el vaso para Menu fue una decisión tan intrascendente como simbólica: se cambió la cerradura de las oficinas de L’Association sin avisarle. David B justifica así el cambio de cerradura: “Durante la huelga y tras nuestro regreso a L’Association hubo algunas manifestaciones de hostilidad. Se escribió un eslogan contra los empleados en la pared exterior y se retiró la placa con la dirección. Tras discutir esto y considerando el alcoholismo crónico de Menu, decimos que sería mejor evitar sorpresas desagradables. Menu tiene libre acceso al edifico mientras nosotros estamos allí y puede trabajar en los libros a placer. Le hemos dejado llevarse el ordenador que usaba para trabajar, que pertenece a L’Asso, le dejamos llevarse la pirámide, que también pertenecía a L’Asso y la que habíamos trabajado los seis.. este es sólo otro ejemplo de mala fe por su parte”.


Las oficinas. Más fotografías en el enlace superior.


Sin embargo, la marcha de Menu no es ni mucho menos la panacea para la editorial que algunos podrían haber supuesto. Trondheim se ha excusado de pertenecer al comité editorial aduciendo conflicto de intereses como editor de la línea Shampooing en Delcourt, y ha habido incorporaciones de autores, algunos de ellos bastante jóvenes, como Etienne Lécroart, François Ayroles, Jochen Gerner, Alex Baladi, Florent Ruppert y Jérôme Mulot. Como el propio Ruppert afirma, el problema ahora es que este nuevo comité editorial no se sustenta en una base filosófica y política clara como era la de Menu, y ni siquiera tienen claro si deben seleccionar libros que personalmente consideran atractivos o bien decantarse por aquellos que concuerdan con una línea editorial forjada a lo largo de 20 años. Según Trondheim, la nueva L’Association será menos radical y afirma que “por supuesto que publicaremos trabajos mediocres sólo por incrementar las ventas”. Lo cual, viniendo de quien viene, también podría ser una ironía. De momento, la nueva dirección se ha comprometido a mantener la planificación editorial de Menu, que alcanza hasta marzo de 2012, incluyendo algunos títulos adicionales entre los que se encuentra la propia historia sobre el origen de la editorial realizada por Trondheim con la colaboración de David B, Killoffer, Joann Sfar, Mokeït, Jean-Yves Duhoo, Jean-Louis Capron, Charles Berberian y Stanislas.

Por su parte, el 31 de agosto Menu anunciaba la fundación de una nueva editorial, L’Apocalypse, en la que colaborará con Étienne Robial. Al parecer, algunos autores ligados a L’Associaton durante la dirección de Menu darán el salto a L’Apocalypse, siendo el más remarcable el de Marjane Satrapi, que ha permanecido fiel a L’Association pese a ofertas externas mucho más jugosas y que en el pasado un desencuentro con su primer mentor, David B.

En nuestra opinión, y tratando de adoptar una óptica que abarque el panorama completo, lo que ha sucedido es que L’Association, desde su inicial posición de vanguardia, ha influido tan fuertemente en el conjunto del mercado que ha sido en cierta medida asumida y absorbida por éste. Su estética se ha convertido en la norma y diversas editoriales mainstream han creado sus colecciones “alternativas” a imagen y semejanza, al menos en apariencia, a las propuestas innovadoras de L’Association. Menu, efectivamente, consideraba la editorial que cofundó como su proyecto personal -y en gran medida lo era- y decidió dar un volantazo para alejarse de nuevo del camino principal que ahora parecía transitar, algo que chocaba con la estructura estable que se estaba formando a su alrededor. Continuando con el símil, perdió el control del vehículo y le retiraron los puntos, y Menu no parece el tipo de persona dispuesta a acudir a clases de educación vial. Cuando Menu llamaba poco menos que vendidos a sus antiguos compañeros David B y Trondheim por publicar en grandes editoriales, estaba siendo desagradable y ganándose la antipatía de mucha gente, pero también estaba reafirmándose en una posición tan difícil como necesaria: la de aquel que rompe la norma para abrir nuevas rutas. Muy posiblemente, sin su extremismo hoy ni Sfar ni Satrapi serían personalidades reconocidas por el gran público, pero al mismo tiempo Menu necesitaba desmarcarse de nuevo de ese gran público. Si bien en ocasiones sus actitudes han podido parecer egomaníacas, hay que reconocer que fue él quien llevó a L’Association hasta el puesto de privilegio que hoy ocupa en la historia del cómic, y sin duda su falta se hará notar en la nueva L’Association. Nos queda el consuelo de que en breve podremos disfrutar de dos visiones, la del luchador vanguardista irredento en L’Apocalypse y la de los veteranos y nuevos valores alternativos en L’Association. Cruzamos los dedos para que así sea.



13 comentarios

  1. Enhorabuena por el post, Alberto. He ido siguiendo, más o menos, los acontecimientos de la editorial y Menu, pero me faltaba un post que reuniera toda la información por ahí desperdigada para tener una idea más concreta pero general de todo este lío.

    Saludos!!

  2. Muy interesante, gracias. Siempre es mas facil encontrar un malo malisimo

  3. Gracias!!

  4. Robur, esa es la sensación que a mí me ha dado también, que todos los problemas se han reducido a “es que Menu era un tirano” y se ha olvidado que ha sido él, prácticamente en solitario, quien ha construido L’Association. Y me ha parecido muy feo (y por eso lo he citado las dos veces que ha aparecido) que se mencionase “el alcoholismo” de Menu para justificar algunas cosas. Por otra parte, esta es una historia muy vieja. Un grupo de amigos bienintencionados se juntan para hacer algo, uno de ellos acaba cargando con el peso de todo, consigue convertir el proyecto en un éxito y cuando las cosas van mal nadie se acuerda del éxito y vuelven los consortes originales como salvadores. No quiero acusar a Trondheim, David B & Co de advenedizos, pero tampoco me gusta la idea de que Menu pase a la historia como un tirano. Espero que del conjunto del texto no se desprenda esa idea.

    Y, por cierto, gracias a Matthias WIvel, que es a quien he fusilado en gran medida el texto, aunque como habéis visto por los enlaces hemos ido siguiendo “en tiempo real” más o menos de cerca todo el affaire.

  5. Pues a mí, Menu es el que me cae mejor de esa cohorte de carasdehaba. Y suscribo lo que dice tio Berni, es supercutre soltar que Menu es alcoholico para malmeter sobre él.

  6. Vale. Buena entrada.
    Tenéis un punto de razón en lo de que está mal hablar de su alcoholismo… Pero, sólo una pregunta. ¿Y si es así? Si su alcoholismo crónico tiene parte que ver en todo el tema… ¿Deberían callarse los otros? ¿No debería mencionarse?
    No sé…
    Un saludo.

  7. pedazo artículo!!

  8. Excelente entrada, que resume bien el complejo asunto éste.
    Lo cierto es que l’Assocition no se fundamentó en cualesfueran las cualidades organizativas de su “editor”, sino en el talento de sus autores (y co-editores). Sin ellos, no habría existido el fenómeno (que por otro lado, tanto ha influido en el desarrollo de la BD mainstream). Cuando Menu se queja de haber relegado su trabajo como autor al servicio de los demás, lo cierto es que yo no puedo dejar de preguntarme si ese trabajo era de alguna valía (a mí no me lo parece, o al menos, no en comparación con el de los autores clave del grupo).
    Si es capaz o no de formar otro grupo igualmente compacto de autores de importancia como el que se juntó en aquellos primeros y mediados noventa, se verá ahora, pero yo me apuesto lo que sea a que no lo consigue.

  9. Sí, lo de Menu suena a linchamiento. Uno se pone instintivamente a favor del acuchillado. La actitud de los asalariados y de los que han regresado tampoco despierta mi simpatía, especialmente si anda Trondheim de por medio. Pero Menu es a todas luces un colgado de la hostia, solo hay que leerle: se cree una mezcla entre Guy Debord y Barbarroja, su discurso es un delirio de arriba a abajo que nadie se ha atrevido nunca a contradecir por temor a pasar por facha. Que se mencione su alcoholismo no sé si debería ser considerado un detalle de mal gusto o un golpe bajo; es imposible convivir o trabajar con un alcohólico severo. Macarradas como cambiarle la cerradura también tenían sentido, como se ha visto: en cuanto pudo entrar, arramblo con la pirámide dibujada por todos, algo por lo que no le han denunciado, cosa que les honra, y lo justificó en uno de sus manifiestos diciendo que allí “corría serio peligro”. En fin, con su pan se lo coman. Allí se han parido hermosos tebeos, pero salieron de los artistas, no del libro rojo de Menu. Si acaso, uno empezaba a estar hasta los huevos de esos diseños de portada a dos tintas, otro detalle de cómo funcionaban: la cuatricomía se considera anatema en L’Association, cosa de neoliberales (aunque hace varios años que cuesta prácticamente lo mismo que el b/n en muchas imprentas), pero eso sí, Menu no tuvo reparos en cobrar como un ejecutivo. En fin, tampoco es un tema tan apasionante, pero siempre será mejor esto que leer sobre feminismo y cómic en los comentarios al post de Mireia Pérez.

  10. Me he releído y tengo que puntualizar que me gustan de siempre los aficionados al delirio, pero solo los que saben que puede haber belleza y hasta cierta verdad en el delirio, no los que lo convierten en decálogo. Que además suele ser de obligado cumplimiento para los demás.

    También he visto el vídeo de Mireia y ya no me parece tan aburrido, más bien PERTURBADOR.

  11. Por supuesto, yo también creo que Menu peca de egomaníaco y de autoritario. Pero me agrada su posición extrema, especialmente en un entorno como el del cómic francés, donde todo está tan medido para ser bonito y evitar cualquier fricción con el público más generalista. También es cierto que a lo mejor Menu se ha metido demasiado en su papel de chico malo, pero era algo que tenía que hacer alguien.

  12. hmmm… yo tengo mis dudas.. sobre todo cuando uno sabe que Gibert y David B querían publicar sus obras previamente aparecidas en L’assotiation fuera de ésta (por las razones que fueran, es su derecho), y el “jefe” se negó a que salieran de su catálogo, cosa que lo pone a la altura de cualquier editor mainstream y difumina todo discurso ético (y, por eso mismo, estético) que pudiera abanderar el amigo.
    En resumen, grandes palabras, gestos grandilocuentes, pero la misma mentalidad de cualquier editor “capitalista”. No es que adoptara el papel de “chico malo”, es que su pose escondía, parece, la misma ambición de cualquier director de un Club de fútbol: jugar con los autores como si de cromos se tratara, mercadear y, en resumen, someterlos.
    A mí no me gusta demasiado, por más que le conceda con gusto su importancia en el desarrollo de la Nouvelle BD…

  13. Lo que tiene mucha gracia es que su aparente posición anticapitalista es precisamente lo que facilito que le quitasen de la dirección, le pusieran a un lado y al final se marchase.

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