Reseñas — 22 enero, 2007 at 9:10 am

La tetería del oso malayo (David Rubín)

by

Astiberri publica La Tetería del Oso Malayo, una recopilación de historias de David Rubín publicadas anteriormente en 2VB y redibujadas para esta ocasión. La Tetería es un lugar regentado por Sigfrido donde personajes de todo tipo aparecen con la excusa de tomar algo y acaban explicando sus amarguras, problemas, llantos o rabias. Un punto de partida que da pié a todo tipo de historias y permite a Rubín explorar muchas situaciones, personajes e, incluso, géneros.

Portada
La tetería del oso Malayo (David Rubín). Astiberri, 2006. Rústica. B/N. 184 págs. 18 €


Empezaremos por un detalle. El prólogo y el epílogo de esta obra. En ambos el autor nos invita y nos despide “personalmente”. Es sólo un detalle, pero agradable y que te transmite algunas sensaciones. Establece una complicidad con el lector diciéndote pasa por aquí, gracias por venir y un sincero hasta pronto. Obviamente ni prólogo ni epílogo hacen la obra en su conjunto mejor o peor, pero sí más personal, y crea intimidad con el lector.

Los parroquianos de la Tetería son personajes torturados por sus sentimientos. Llevados al extremo por amor, rabia, miedo u odio. Se encuentran en un cruce de caminos existencial del que no encuentran salida. Héroes llenos de rabia, amantes llenos de pasión o frustados, hombres rotos o confusos. No hay pié a las medias tintas, lo que sea menos indiferentes y contemplativos. En este punto me gustaría recalcar la frontal oposición a lo cotidiano del Slice of Life donde todo se muestra mundano, a veces banal (no confundir con insulso, ni malo, ni nada por el estilo). No es necesariamente mejor (ni peor) pero es un posicionamiento que adopta David Rubín en su manera de contarnos historias y que ejecuta con fuerza y emotividad.

lateteria03.jpg


La obra se estructura en varios relatos cortos y una historia más larga, Las cosas que terminan por romperse. David Rubín es un arduo defensor del relato corto. No sólo eso, sino que tanto en esta obra como en El circo del desaliento, nos ha demostrado que se mueve en este formato como pez en el agua. No descubro nada si os digo que consigue expresar mucho y de manera muy brillante en pocas páginas. Por lo que respecta a la historia larga de esta obra (Las cosas terminan por romperse), se nos muestra un David Rubín algo diferente. En este formato más largo pierde intensidad y fuerza, no se trata de una mala historia ni mucho menos. Quizás el brillo con el que nos deslumbra en los relatos cortos oscurece esta historia más larga. Pero estamos lejos del desánimo ya que esto nos da un margen para que el autor nos sorprenda de nuevo en el futuro. Referente a esta historia larga os recomiendo que leáis este post en el blog de Rubín para entender el proceso de creación de la misma. Tomadlo como un anexo de lujo ;) y que ayuda a matizar algunas de las observaciones que os apuntaba.

Qué decir del dibujo, arrebatador, lleno de fuerza, poético, evocador. Hay un poquito de Paul Pope, otro de Craig Thompson, unas migas de Blutch. Tiene esa sensación de frescura, de estar dibujado desde el estómago, de la que sólo son capaces los autores que tienen ese algo que también te llega a tu estómago. Ese algo es talento. Y ese algo hace que desde Entrecomics gritemos la redacción grite al unísono:

¡Queremos más David Rubín!

4.jpg
Excelente, tebeos como este hacen grande el cómic


Iñaki

Etiquetas

2 comentarios

  1. Después de mucho tiempo, vuelvo a las páginas virtuales de Entrecomics, no sin el rubor de haberlas abandonado y no saber casi nada de todo este tiempo de esta excelente bitácora de comics o marchamo historietista sin ánimo de lucro. Señores, la falta de tiempo, me propuse alejarme un poco de la blogosfera porque esto engancha (y mucho -los comics son drogita dura, dura-) y una vez que hubiese terminado lo que me ocupaba, vuelvo con nuevos bríos y con rostro gañán a emborronar los bits de estás páginas intangibles.
    Saludos, señor Iñaki, saluditos o besitos, señorita Mar, saludos, tío berni. Seguro que se me olvida alguno, pero que me perdonen los demás, el tiempo es rémora de la memoria y viático del remordimiento, y a bote pronto, sueltos estos sobrenombres porque sí, pero que se extiendan a los que se olvidan sin querer. Saludos a todos, señores y señoras y señoritas y gente sin futuro, y a ustedes, personas somnolientas de comics, que se pasan diariamente o de vez en cuando a emborronar con sobreesfuerzo el miedo de los días. Feliz 2007 para todos y que sea un poquito mejor que el anterior -¿por qué no…?-, y que os traigan ese pedacito de felicidad que buscamos en los rincones, ya sea de nuestra casa o la del alma.

    Iñaki, me ha gustado esta reseña, de verdad, aunque discrepe en algún juicio, pero qué acertada son tus palabras: que sí, Iñaki, que el relato o cuento o esbozo está minusvalorado (¡qué poca gente lee fanzines o antologías!), pero, David Rubín es un maestro en el relato corto dibujado o en la micro-historia (véase por ejemplo, del número 3 del fanzine espectular que lleva Esteban Hernández que se intitula Usted, la culturalista y elíptica, Ítaca deconstruída o el cuento a todo glorioso color que integra la antología de la BDBanda en versión spanish, una de las cositas más grandes que servidor a leído en mucho tiempo). Se me nota que me gusta el género del relato o la poesía, por eso alguien dijo que tenían nexos en común. Será por algo.
    Iñaki, el gallego es un autor que quita el hipo, con una soltura y un temple en el trazo (aunque esta expresión incurra en una contradicción), con un sentido del ritmo y de la composición ferpecta, y que no le importa en todo momento de utilizar la brocha gorda y embrutecer el dibujo aunque ahora no venda. David es así. Confieso que no lo conozco, pero conozco su obra, no sé si me entendéis.

    Iñaki, en la historia larga, yo tengo otra visión. Es una narración más divagativa y menos rubín, si me me permite el atrevimiento. Aquí es más desnudo en su narración, en sus símbolos, en sus recursos expresivos (ya sea a nivel de dibujo o a nivel de técnica de imagen). Busca la desnudez de su habla y se deja llevar. ¿Que nos puede gustar menos este Rubín? Puede ser. Pero eso no quiere decir que en las historias con más metraje se debilita. Iñaki, es que estamos acostumbrados a otro autor: el de la puñalada vigorosa, el del desgarro de dos páginas, el del beso hambriento, el del susurro en el oído, el de la caricia leve.

    Iñaki, yo me quedo con todos los rubines, se precie como se precie, porque, ¿sabes una cosa?, NO HAY NADIE COMO ÉL.

    Bueno, Iñaki, ya me despido con el gusto de haber pasado un ratito hablando, hablándonos, hablándome de tebeos.
    A partir de ahora, volveré más a menudo… eso espero :)

  2. Pingback: “La tetería del oso malayo” de David Rubín « BIBLIOCRIPTANA