Reseñas — 20 julio, 2006 at 12:46 pm

El circo del desaliento (David Rubín)

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elcirco
El circo del desaliento (David Rubín). Astiberri, 2005. Rústica con solapas. B/N. 176 págs. 16 €


Para muchos (como yo), David Rubín, integrante del colectivo Polaquia, salta a la palestra con su primer álbum, El circo del desaliento, a pesar de llevar ya cinco o seis años trabajando en el mundo de la animación y publicando historias cortas en diversas revistas como Dos Veces Breve, TOS, HUMO, Barsowia o BDbanda. Con esta obra, magníficamente editada porAstiberri, gana el premio al autor revelación en la 3ª edición de Los Premios de La Cárcel de Papel. Y muy merecidamente. Porque lo cierto es que la obra es madura, muy madura. Tanto por la elección de los temas, el enfoque, el desarrollo, como por lo bien utilizados que están los recursos narrativos que brinda el cómic y por el exquisito dibujo.

El libro se compone de varias historias (cortas) previamente editadas y otras inéditas, entre las cuales destaca una historia larga de 54 páginas, Donde nadie puede llegar, que le valió el Premio Castelao. A pesar de haberse publicado (o creado) en distintos tiempos y lugares, el álbum goza de una gran coherencia, y las historias forman un poliedro cuyas caras son los demonios de David Rubín, y por extensión, los nuestros (a la portada me remito: un hombre que intuimos el propio artista con el pecho abierto y el corazón en llamas, rodeado de demonios).

Temas como la soledad, la búsqueda existencial, el amor y su pérdida se desarrollan a través de historias en las que el autor toma prestados superhéroes, mitos griegos o bíblicos, o cuentos infantiles, que en sus manos se convierten en relatos íntimos, amargos casi siempre, esperanzadores a veces, historias que nos llegan directamente al corazón y a las tripas para después darnos una patada en el cerebro. En ocasiones la lectura no es fácil, está cargada de simbolismo, de poesía, pero siempre el ambiente que Rubín crea con su dibujo ayuda a encontrar el estado anímico necesario para entrar en el juego, aunque no se termine de comprender (vamos, como la vida misma). Otras veces es bajo la apariencia de lo obvio donde subyacen los múltiples niveles de lectura que enriquecen y multiplican el sentido de la historia. Y por si todo resultase demasiado sutil para algún lector, David firma Vuestras almas apestan, donde nos increpa directamente y nos insta a tomar partido, a expresarnos…

rubin - autorretrato
David Rubín… ¡angelito!


En el apartado puramente gráfico, se puede decir que Rubín se mueve entre las coordenadas que ocupan Javier Olivares, Craig Thompson y Marc Hempel, con un dibujo expresionista, bello y depurado, despojado de lo superfluo y centrando la atención en lo narrativo y evocador. Se aprecia también la influencia del cine y posiblemente del manga (sí, también tiene un toque a lo Paul Pope…), y sabe utilizar los recursos del cómic sin estridencias, casi sin que se note. La historia larga, Donde nadie puede llegar, es claro ejemplo de ello, y con una estructura a base de flashbacks, un buen uso de las elipsis, secuencias mudas y fondos (o ausencia de) crea un crescendo emocional con un final tal vez predecible pero tremendamente logrado. Todas y cada una de las historias de este álbum cuentan algo más allá de la mera anécdota que describen, algunas llegarán más y otras menos al lector, pero quien no se emocione, al menos un poquito, con Donde nadie puede llegar o con Las sinfonías congeladas, no tiene corazón…

Sólo me queda desear que David se ponga las pilas después de la calurosa acogida del público (al menos el de La Cárcel de Papel) y nos siga regalando magníficas obras… a poder ser en crescendo, también.

4
Excelente, tebeos como este hacen grande el cómic.


el tio berni

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