Entrevista con Gil Kane

A continuación presentamos una traducción de la entrevista que en 1967 John Benson mantuvo con Gil Kane, uno de los autores más articulados del medio en aquella época en la que los cómics se consideraban poco menos que mero entretenimiento y a sus autores mano de obra de una producción en cadena, si dejamos de lado el incipiente movimiento underground. La entrevista se publicó en 1969, en el nº 10 del fanzine Alter Ego, dirigido por Roy Thomas, y puede leerse íntegra en inglés en este enlace.

La entrevista resulta interesante por muchas razones. La primera de ellas es, simplemente, “escuchar” a Kane teorizar sobre el medio y la industria en una época en la que esto no era moneda corriente. La segunda es comprobar cómo más adelante, a pricipios de 1971, él mismo pondría en marcha en Blackmark, junto a Archie Goodwin, algunas de las cualidades que consideraba que debería cumplir un buen cómic para atraer también al público adulto. La tercera, relacionada con la segunda, es la capacidad precognitiva de Kane, que prácticamente predice al final de la entrevista el nacimiento de la novela gráfica.

Con todos ustedes, “Sugar” Kane.

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Kane visto por Marie Severin en la portada de Alter Ego #10


Has comentado en varias ocasiones que los autores de cómic no prestan suficiente atención a la destreza en el dibujo [craft] ¿Cuál es tu definición de destreza en el dibujo?

Muchos autores entran en el campo del cómic por motivos emocionales. Son atraídos hacia el mismo porque colma sus necesidades y porque para ellos es un medio de expresión apropiado. Pero casi siempre poseen una capacidad, una sensibilidad única; de ahí es de donde nace la empatía. La destreza en el dibujo llega cuando tratan de aumentar esta facilidad natural con técnicas formales. Desafortunadamente, muchos artistas suelen ser traicionados por sus propias aptitudes. Son aceptados con facilidad por los editores y como resultado nunca sienten la necesidad de apretarse las tuercas o examinar lo que hacen; el rechazo sería algo excelente para ellos. Los únicos capaces de escapar de esto son aquellos que tienen unas aptitudes que bordean lo genial, como Jack Kirby. Jack es tan fértil e inventivo que ha tomado una esquina de este campo y la ha hecho completamente suya; no creo que haya ninguna duda de que Jack es el arquetipo del artista de superhéroes.

¿No supone un problema hablar de destreza en el dibujo, dado que la destreza en el dibujo no es arte? Hay una diferencia entre ambas.

La destreza en el dibujo sólo es un trampolín, es la habilidad para dar alas a tu expresión; de otra manera tu expresión va dando tumbos de una manera inarticulada y acaba siendo burda y poco refinada; solo estás malgastando experiencia y oportunidades.

Por ejemplo, un artista intelectual puede ser alguien como Hal Foster, que no es un dibujante supremo como, digamos, Alex Raymond, y que no es un diseñador supremo como Noel Sickles, pero era un buen diseñador y un buen dibujante; fue construyendo todas esas habilidades a través de técnicas formales. Como resultado, lo que hacía de forma natural (narrativa y movimiento) estaba inconmensurablemente respaldado. Podía intentar cualquier cosa que quisiera. Esa es la belleza, por ejemplo, de estudiar la figura. Si realmente la conoces, nada te detiene y puedes hacerla hacer lo que tú quieras. Una vez que dejas de preocuparte sobre si puedes hacer algo, y simplemente dedicas tus pensamientos a lo que quieres hacer, es algo completamente diferente.


Página de Hal Foster de Príncipe Valiente de 1963. Clic para ampliar.


¿De manera que la destreza en el dibujo es necesaria para alcanzar el arte?

No siempre; algunos hombres primitivos se comunican perfectamente; pero en un plano más complejo, no podría estar más de acuerdo contigo.

Por decirlo de otra manera: ¿hay algún artista en el mundo del cómic, o son principalmente artesanos?

Creo que esencialmente son artesanos. Muchas de las cosas que se hacen son artísticas, pero no creo que más a lo largo de los años haya más que unos pocos que se puedan calificar artístas.

Señalaría a Hal Foster, Will Eisner, Harvey Kurtzman… y Alex Raymond también, que comunicó una cualidad universal de lírica bárbara y fantasía en los primeros tiempos de Flash Gordon que permaneció imbatible. Había secuencias en los torneos de Mongo que no recuerdo que se hayan duplicado nunca, atrapando toda la maravilla y la gloria del encuentro salvaje. Ese material era hermoso; ¡poesía! Si algo puede clasificarse como logro artístico, estoy seguro de que es eso.

Tal vez esto es una digresión, pero ¿Te ves a ti mismo como artífice de literatura para niños? ¿Es el mundo del cómic eminentemente literatura infatil?

Sí. Creo que el dibujo, aunque tiene un atractivo primitivo, es extremadamente sofisticado; y las historias, sin embargo, aunque son escritas por gente razonablemente sofisticada, son extremadamente banales y primitivas. Los cómics han perdurado a pesar de la papilla inocua con la que los guionistas han contribuido a lo largo de los años. Los cómics son un medio en el que creo que el dibujante debería ser el narrador, no solo a través de los dibujos, sino también de la prosa, porque los guionistas que no son dibujantes nunca han hecho nada salvo rellenar espacio. Las únicas cosas de valor han sido realizadas por artistas que o bien controlaban el guión, o bien eran ellos mismos los guionistas.

Entonces dirías que la teoría de Richard Kyle de que el editor es el auténtico creador de los cómics es absurda.

Creo que simplemente es una enorme chorrada. Si un editor controlara la revista, entonces todo el dibujo tendría que ser idéntico, y no lo es; porque incluso cuando un editor insiste en que te ciñas a un determinado estilo de dibujo, todavía hay suficientes variaciones dentro de los estilos individuales –aproximaciones a la composición y diseño tan opuestos que no hay ninguna relación entre ellos, salvo en el sentido más superficial.

Los editores saben tan poco de cualquiera de las formas artísticas o técnicas que , fuera de un parecido superficial, no pueden ni empezar a entender las diferencias entre el trabajo de dos artistas. Un ejemplo perfecto sería el de Lee Elias y Milton Caniff, que superficialmente tienen un estilo similar pero que están a años luz en todos los sentidos: en la atmósfera, en su sentido del diseño, el modo en que cuentan una historia y la manera en que usan las relaciones espaciales. No puedo ni empezar a contarte lo separados que están estos dos artistas.

Yo mismo he tenido que imitar a Kirby a veces y, créeme, si he logrado cualquier clase de parecido con el trabajo de Kirby, solo ha sido en el nivel más superficial, porque la aproximación de Kirby es tan únicamente suya que no pude duplicarla. En realidad, me di cuenta de que yo tenía arraigados mis propios marcos de referencia, y pasé enormes dificultades en algunos aspectos incluso para duplicarlo superficialmente.


Kane haciendo de negro de Kirby en The Sandman. Courage a la carte (DC, 1944)


Entonces, ¿dirías que la mejor manera de producir arte en el cómic sería que el dibujante también fuese el guionista?

Sí. Sin embargo muchos dibujantes no tienen una preparación literaria y no conocen la estructura de una historia, aunque sean geniales en los efectos dramáticos. Si dejas que un dibujante escriba una historia, lo que hará bellamente es crear dramáticos efectos visuales, pero no tendrán conexión los unos con los otros. Pero lo que es peor, la base dramática de toda la historia será tan esmirriada y débil que no se sostendrá; y ahí es donde entraría un buen editor con conocimientos de estructura dramática –no para cambiar al dibujante, sino simplemente para darle una mejor idea de qué es a lo que se enfrenta cuando intenta organizar una historia.

Tal vez, entonces, estamos hablando de hipótesis. Sólo porque la mayoría de los dibujantes de hoy en día no sean maravillosos dramaturgos no significa que la persona que haya de crear auténtico arte dentro de los cómics no sea un dibujante capaz de guionizar.

Sí. Muchos dibujantes son mal utilizados durante años, siendo asignados a editores que no son capaces siquiera de analizar apropiadamente la naturaleza de su trabajo. Como resultado, a alguien como, digamos, John Severin, le asignarán una historia de fantasía científica, lo que es ridículo –o al contrario, a alguien como Al Williamson le darán una serie contemporánea. La intención de Al es comunicar algo muy etéreo y lírico; se siente menos cómodo con una ambientación contemporánea o creando personajes contemporáneos. Y diría que es diametralmente opuesto al artista más contemporáneo que hay hoy en día, Alex Toth. Toth tiene el estilo más contemporáneo, con una auténtica habilidad para la angularidad y los patrones que se refleja en todo, desde el diseño mecánico hasta la moda y la arquitectura.

Una vez hizo Zorro… y aunque fue un Zorro interesante en algunos aspecto, fue terriblemente fallido porque no tenía nada de la atmósfera o el lirismo… de hecho creo que Warren Tufts, aunque ni de lejos tiene las habilidades técnicas de Alex, era mucho más apropiado para Zorro.


Una viñeta de Toth para Zorro. A double for Diego, publicada en Four Color #976 (Dell, 1959)


Has dicho que los artistas están en este campo sólo porque sienten cierta atracción hacia él. ¿Qué te atrajo a ti a los cómics?

Si tengo una facilidad natural (y no digo que la habilidad natural de todo el mundo se desarrolle hasta el mismo punto), pero si hay algo que me ha atraído del medio, ha sido la acción; las figuras y el movimiento son lo que más me preocupa y a lo que soy más receptivo. Desafortunadamente, no soy un diseñador de nacimiento. Ni siquiera soy un narrador de nacimiento, y he tenido que ir adquiriendo una a una toda clase de técnicas formales para aumentar mi facilidad natural.

Pero cuando analizas introspectivamente tu propio trabajo es enormemente positivo, y demasiados artistas no son lo suficientemente introspectivos, analíticos o intelectuales acerca de su trabajo. Dependen de su sensación hacia el material para seguir adelante, y lo hacen, porque lo que hacen es lo suficientemente bueno. Pero lo que hacen no es más que una indicación de lo que podrían haber hecho con el tremendo potencial que la mayoría de ellos tienen.

¿Qué hay del potencial del medio?

El medio es tremendamente emocionante; cada uno se aproxima a él de forma diferente, y yo no soy visualmente potente. Por ejemplo, fíjate en Alex Toth, que es un diseñador brillante –si le diesen vía libre en una historia, su aproximación y su punto de vista podrían ser enteramente distintos de los míos. Mi idea de una historia se basa fuertemente en contar la historia per se mediante la narración. Creo que una historia bien estructurada, y también creo en el uso de una tremenda cantidad de prosa para complementar los dibujos. Creo, a diferencia de muchísima otra gente, que los dibujos por sí solos no son suficientes, y que no hay razón por la que el texto y los dibujos no puedan combinarse para dar a los cómics una cualidad tridimensional, en lugar de la cualidad de una película muda.

Supón que asumimos que esto es así. ¿Dirías que tal vez muchos cómics han estado usando esta combinación de texto e imagen de una manera equivocada?

Sí, eso creo. Por ejemplo, siempre he pensado que Al Feldstein era uno de los mejores guionistas del medio, y que tenía una de las mejores aproximaciones a los valores de una historia en cómic. Por desgracia, tenía una aproximación visual muy pobre; estrangulaba sus dibujos al sobrepasarse con sus textos. Pero de eso puedes aprender una gran lección. Los dibujantes que trabajaban para Feldstein, a pesar de sus defectos técnicos, probablemente hicieron el trabajo más impresionante de sus vidas, y en muchos de los casos todavía no han sobrepasado lo que hicieron para él.

No sé si eso se debe a su uso de los textos.

Sí, y te diré por qué. Los textos en aquellas historias eran tan completos y creaban tal atmósfera que cuando decían que “la puerta se abrió lentamente y la luz se filtró en la oscura habitación y la figura avanzó hacia el recuadro iluminado en el suelo y miró hacia la izquierda y luego hacia la derecha”, sería imposible con un texto tan explícito hacer otra cosa distinta que dibujar lo que dice. No te da ninguna libertad en términos que lo que tienes que poner en la página. Cómo lo pones es un tema completamente distinto. Pero te dice exactamente lo que tienes que poner, y en gran medida convirtió en narradores a dibujantes que no eran narradores. Cuando alguien dibujaba una cara sin ninguna expresión, pero bellamente dibujada, y Feldstein tenía un texto en el que se leía que el personaje estaba destrozado por la angustia, de repente le daba dimensión y volumen a un dibujo que era simplemente una muestra de técnica sin sentido.


El texto crea la atmósfera y ahoga el dibujo en esta pagina de Halloween!, publicada en Shock SuspenStories #2 (EC, 1952), con guión de Feldstein y dibujo de Graham Ingels


¿Conoces el famoso ejemplo de Pudovkin en el que toma caras inexpresivas y a través del montaje cinematográfico da expresión a esa cara intercalando imágenes con emoción, como una madre llorando?

No tiene expresión, pero la expresión tiene una razón.

Exacto. De manera que no veo cómo puedes usar esto como defensa para el texto, porque también podrías usar el montaje de dibujos en el cómic.

No. Mira por ejemplo una escena de pela en el cómic; puedes tener a dos tipos peleándose con todos los efectos de sonido que quieras, pero si en un texto dices, “golpeó al villano con enorme impacto y pudo sentir la vibración subir por su brazo cuando los dos dientes se rompieron en mil pedazos bajo su puño” te da una imagen que no desplaza el dibujo, pero lo aumenta de manera que tienes una nueva visión del dibujo que no existía antes.

Supón que volvemos a la cara inexpresiva en el cómic de Feldstein, con el texto describiendo la repulsión del personaje. ¿No se obtendría el mismo el mismo efecto si yuxtapusieras la cara del hombre y la imagen que la cosa horrible que ha visto?

Sí, en gran medida, pero ¿por qué tiene que quedarse ahí? Puedes crear atmósfera en las películas sin utilizar música de fondo y todo tipo de artificios, pero nada indica que esas cosas no intensifiquen un efecto ya eficaz.

Por otra parte, las palabras pueden restar valor a una imagen de película ya eficaz.

El problema es que el cine crea realidad absoluta y los cómics no. Cuando tienes a dos personas peleando en una película, están peleando –no importa lo mal que lo estén haciendo, están peleando en función de sus habilidades- pero en los cómics mucho depende de la habilidad del dibujante para capturar la acción.

Sólo quiero señalar otro punto. Creo que Little Orphan Annie, por ejemplo, hace poco más que usar símbolos. Harold Gray casi podría usar bultos en lugar de figuras, pero su diálogo era tan expresivo en términos de caracterización que tomaba esos bultos simbólicos y a través del diálogo les daba personalidades que los propios dibujos no tenían.


Página dominical de Little Orphan Annie de 1924


Me parece que lo que estás diciendo es que el texto puede solucionar los errores de un mal dibujante.

No creo que pueda solucionar…

Puede minimizar…

Creo que puede, hasta cierto punto, si estás pensando en salvar un trabajo. Pero si estás pensando en un trabajo exitoso, nunca he visto porqué los dos están en conflicto. Fíjate lo bien que Harvey Kurtzman utilizó la rotulación de efectos de sonido en sus series de guerra; lo convirtió en un arte. Pero también había períodos de conflicto físico en los que la lucha no contenía un gran suspense, porque era como ver una película muda; de alguna manera te sentías apartado de lo que estaba pasando. Había una falta de inmediatez que para mí se habría conseguido con los mismos dibujos con textos y en la parte superior, sin interferir con el dibujo… es importante entender que yo abogo por el uso de texto siempre y cuando no interfiera o minimice el efecto de la imagen, sino que añada algo al dibujo.

No estás hablando sólo de texto rellenando el espacio del dibujo, sino de algo más.

Obviamente. Pero no digo que tengas que usar texto para todo. Puedo imaginar historias de cómic mudas, se ha hecho, y a veces con mucho éxito. Cada historia crea sus propias condiciones; pero para mí, el tipo de historia que me gustaría hacer requeriría una aproximación con la utilización de mucha narrativa en prosa y también la utilización de mucho espacio; abogo por piezas largas, extensas, donde se pueda desarrollar la caracterización, y no a un nivel superficial o primitivo, como se hace hoy en día.

Hay una historia de [Will] Eisner en la que Spirit queda abandonado en una isla con Sand Saref, y está delirando, y ella está limpiando su frente y él murmura, “Ellen, Ellen”; en la siguiente viñeta se muestra a Sand Saref de espaldas sola en la playa. Sin palabras, ha dicho más sobre sus sentimientos de lo que podrían haber dicho las palabras.

Estoy de acuerdo contigo; hay condiciones en las cuales puedes apuntar algo con más éxito sin texto que con texto. Pero yo habría usado texto hasta ese punto, lo habría dejado en ese dibujo, y después habría vuelto a usarlo.


Viñetas de la historia en cuestión, The island, publicada el 26 de marzo de 1950


¿Crees que tal vez Eisner ha sido el mayor experto en saber cuándo usar texto y cuándo no?

Will Eisner hacía pequeñas historias morales, que eran muy emocionantes, pero que tenían la calidad de leer un cuento ilustrado para niños; podía ser muy dramático, pero siempre es una especie de nivel inocente. Nunca consiguió las caracterizaciones sutiles, complejas que tenían, por ejemplo, algunas de las historias de guerra de Harvey Kurtzman, y Harvey enriquecía mucho de su material con prosa. Recuerdo que tenía una historia sobre Napoleón contada íntegramente en textos de apoyo, y era absolutamente brillante.

Muchas de sus grandes historias de guerra eran baladas; tenían versos y estribillos, y volvían al punto de inicio de la historia.

Sí. Utilizaba el texto de una forma muy efectiva. Creo que las historias se podían haber amplificado aún más, pero claro, entonces se habrían hecho un poco distinto de lo que Harvey pretendía. Yo estaba a favor de lo que hacía Feldstein, pero aborrecía su aproximación visual; todo lo que hizo se podía haber hecho tres veces más largo de lo que en realidad se hizo. Por ejemplo, pienso que la mayoría de las adaptaciones de Ray Bradbury fueron trabajos brillantes. Fueron muy afortunados en su elecció de dibujantes, y el material era muy apropiado para el cómic. Creo que prácticamente todos los trabajos de Bradbury fueron un clásico en su género. Recuerdo uno que hizo [Bernard] Krigstein que era absolutamente exquisito. Hubo algunos de Al Williamson que me parecieron trabajos adorables. Había una pequeña historia maravillosa que hizo Wally Wood, There will come soft rains, que también estaba hermosamente realizada y, además, era perfectamente adecuada para Wally y su gusto por la maquinaria en aquella época. La elección del material y los dibujantes era tan buena que realmente creo que estas historias fueron uno de los puntos álgidos del arte en el comic book.

Creo que habías empezado a decir que deberían ser más largas.

Creo que las historias de Bradbury eran perfectas, pero no veo por qué el medio tiene que restringirse a historias cortas.

Entonces, ¿no crees que estas historias de Bradbury en particular se comprimieron en menos páginas de las que necesitaban?

Algunas sí. Recuerdo en particular un bonito trabajo de Williamson llamado The sound of thunder. Ahora conozco muy bien esa historia, y en la edición se eliminó un tercio de la historia, el texto era tan abundante que a menudo describía cuatro o cinco acciones, y Williamson, en el espacio que le quedaba en la viñeta, sólo podía representar la última; y me parece que ese fue un tratamiento pobre por parte de Feldstein. Pero hubo otras que no se comprimieron, que tenían un mejor ritmo. The one who waits, recuerdo, estaba bien hecha; no estaba comprimida y el dibujo era muy eficaz. Pero en todas las adaptaciones de Feldstein, creo que podría haber utilizado más espacio; podría haber utilizado todo el texto de haber aumentado la cantidad de páginas. El problema de Feldstein era que narraba y no dramatizaba; y creo que cada una de las acciones merecía su propia viñeta. No habría habido ningún problema en expandirlo. Es solo que todos esos buenos guiones y todos esos buenos dibujos fueron desafortunadamente comprimidos y apelotonados, diluyendo la efectividad de la página. Pero creo que las historias de Feldstein tenían contenido y que lo que hacía Feldstein era una indicación de hacia dónde se dirigían los cómics, de hacia dónde deberían ir. Los cómics debían ampliar su atractivo para sobrevivir, porque el pequeño mercado que tenían antes de 1962 los estaba destruyendo completamente.



En The one who waits, publicada en Weird Science #19 (EC, 1953), Williamson ilustra el guión de Feldstein que adapta el relato de Bradbury


¿Qué había en ese período que fuese tan limitante?

Bueno, desde que EC dejó el negocio hasta que Stan Lee dio a los superhéroes una nueva dimensión, ese período de diez años probablemente fue el más banal, anodino, el período menos creativo de los cómics.

Me gustaría retomar algo momentáneamente. Has hablado de las direcciones que puede tomar el medio. ¿Crees que los cómics pueden ser introspectivos, o utilizar material que no dependa de la acción con tanta eficacia como otras formas artísticas?

De hecho los cómics tienen muy pocas limitaciones. La única limitación real es superar una forma estática y superar la falta de continuidad en el dibujo. Tienes que reestablecer la continuidad cada vez que pasas a la siguiente viñeta reordenando tu composición de manera que haya un flujo suave, ininterrumpido, de movimiento. En realidad, el que la composición no se considere cuidadosamente y los efectos se encuentren dispersos y encuentres al personaje en todos los lados de la viñeta, es el mismo problema que te encuentras en las películas, cuando entran el escenario por la derecha o la izquierda.

En las películas es incluso más complicado, porque si estás en una habitación no te das cuenta de que cuando mueves la cámara por la habitación la dirección en la pantalla va a cambiar.

Eso es. Es una herramienta muy complicada, y también encuentro que pasa eso con la acción. Me parece que es muy difícil ser muy convincente en una escena de lucha.

También creo que muchas escenas de lucha en los cómics son demasiado cortas; no me creo a dos personas golpeándose mutuamente, simplemente lanzándose puñetazos a derecha e izquierda, sino que creo que la manera en que se hace una buena pelea en las películas se puede hacer exactamente de la misma forma en los cómics. Cuando se termina, debería tener un efecto devastador. Debería ser un punto de tremendo alivio. Nunca se ha llegado siquiera a acercarse a ese efecto en las cosas mejor hechas en los cómics de acción; nunca han logrado acercarse lo más mínimo a la sensación empática que se produce al ver una pelea en una película.

Incluso en las películas, raramente usan este tipo de continuidad. Creo que uno de los que lo hicieron fue George Stevens.

Hace más que preparar una pelea. Provoca una pelea y crea tanta tensión emocional antes de que la pelea empiece que cuando se lanza el primer golpe, es una liberación de todas las frustraciones que te ha impuesto el director. El primer golpe no solo es importante como liberación, sino que casi siempre es el golpe más dramático. En Shane, el primer golpe le rompe la nariz a Ben Johnson y hace que se le llene la camisa y toda la cara de sangre, y es una liberación violenta.


Alan Ladd y Ben Johnson se parten la cara en Shane (1953), de George Stevens


¿No hay duda, entonces, de que el medio de los cómics es una forma artística tan legítima como cualquier otra?

Excepto por el hecho de que hasta ahora ha sido papilla para niños. Creo que ha tenido éxito a pesar de lo que han hecho los guionistas, y es potente y viable gracias al dibujo; la narrativa desarrollada por los dibujantes ha creado un medio viable que ha sobrevivido al ataque de los violadores durante años. Y solo hay que esperar a alguien como Kurtzman o Eisner, alguien que venga y controle y utilice el medio y le de una dirección y un propósito, y no solo que vengan como un grupo de niños jugando con la arena. Crear algo maduro dentro de un medio tan emocionante es difícil; no se hace con un chasquido de los dedos. Por ejemplo, no lo hacen en el trabajo sindicado: los cómics son, de lejos, la mejor manera de contar una historia.

Me alegra oírte decir eso porque me resulta decepcionante que los entusiastas franceses del cómic solo estén interesados en las tiras de prensa.

Sí, y para mí también es decepcionante que las cosas en que se interesan solo sean muestras vacuas de virtuosismo técnico, y siempre apartan a los tipos creativos, inventivos y muy originales, pero que no son los dibujantes más increíbles. Se quedan con gente con aproximaciones muy académicas y los glorifican; y no creo que la mayoría de los autores de prensa hagan más que diagramas claros, comprensibles, que no son tremendamente inventivos o interesantes visualmente. El simple hecho de que Eisner no sea expuesto junto a las muestras técnicas ridículamente vacuas que ponen en el Louvre, es ridículo, porque Eisner era el mejor. Los franceses solo quieren tipos con técnicas y aproximaciones académicas.

También desprecian a Foster, y lo que Foster hizo en los años 1930 fue el más elevando arte en cómic. El único paralelismo entre Eisner y Foster es que Eisner hizo el más elevando arte en cómic en los años 1940; nadie se le acercaba siquiera. En realidad, es curioso que Lou Fine, que respiraba con belleza… dibujaba a personajes que eran como dioses griegos y nunca hizo un dibujo que no fuese el ejemplo perfecto de un héroe germánico… y aún así, cuando sustituyó a Eisner fue un pobre sustituto. No llegó ni a cercarse a la calidad que Eisner había infundido en The Spirit, aunque trató de emular el estilo y la técnica. Sus objetivos eran tan diferentes de los de Eisner que en un año abandonó el estilo de Eisner y se volvió muy ilustrativo, hasta que finalmente la serie prácticamente murió, y tuvo que volver Eisner para evitar que se hundiese.

Supongamos que sucede algo afortunado y los cómics son capaces de dar un salto, y llegan tan lejos como permite el medio. ¿En qué punto crees que estarían ahora?

Excepto por gente como Eisner o Kurtzman que desarrollen una gramática dentro del medio, todavía estamos esperando a alguien que haga algo no solo interesante desde un punto de vista visual, sino en términos de estructura dramática. Pienso que Harvey había empezado a hacer eso; sus historias de la Guerra Civil eran historias con mucha atmósfera que capturaban bellamente la época. Tenían una documentación preciosa, la escritura era absolutamente maravillosa, y había una sensibilidad por aspectos humanos, una sensibilidad por la profundidad. No moría simplemente gente, morían seres humanos en términos humanos y cercanos. Había un hedor y una peste de muerte y una sensación de futilidad acerca de la guerra que nunca se había dado en ninguna otra cosa que yo hubiera leído en los cómics, y de hecho tampoco se da en la gran mayoría de libros comerciales. Era una escritura muy potente; así es como deberían ser los cómics, y creo que solo es el principio de lo que podrían ser los cómics.


Jack Davis ilustra el guión de Kurtzman en Chancellorsville!, publicada en Two-Fisted Tales #35 (EC, 1953)


¿Podrías recomendar algún cómic actual a alguien que no sea aficionado a los cómics?

Creo que en su mayor parte son una porquería. El mayor problema hoy en día con los cómics es que tienen que ser reemplazados demasiado rápido… Jack Kirby puede sentarse y en un día de trabajo puede hacer entre tres y seis páginas de los lápices más hermosos y completos que has visto en tu vida, y puede hacer incluso más si es necesario. Jack es un caso muy especial; pero eso no es aplicable a alguien que tiene un estilo que requiere una mayor preocupación por un dibujo literal, y eso quiere decir que trabajando al ritmo de Jack la mayoría de los dibujantes solo pueden salir del paso. De hecho creo que Jack probablemente está haciendo el mejor trabajo de su vida. Creo que la aproximación de Jack es muy satisfactoria. Si la ciencia ficción fantástica de los años 30 volviese (y parece que es así; Ace saca volúmenes cada mes), no se me podría ocurrir nadie mejor en todo el mundo para ilustrarla que Jack.

Lo que Jack y Stan han hecho estos años pasados ha tenido una enorme virtud, pero en gran medida se han encasillado; han convertido todo lo que tenían en un Packard de 1939 y ahora se han quedado pegados a él y todo el mundo está perdiendo interés en el Packard.

¿Sugerirías el trabajo de algún otro autor actual?

Hay muchos que hacen un trabajo muy bueno, pero diría que, aunque es bueno, no lo consideraría un hito del cómic como arte, tal y como considero el trabajo de Kirby.


Kirby, único en su especie, dibuja este par de páginas de Fantastic Four #50 (Marvel, 1966)


¿Conoces el trabajo de Carl Barks?

No mucho. De hecho, yo copiaba un montón cuando me metí en el mundo del cómic. No tenía nada en lo que apoyarme porque tenía una preparación muy pobre. Tenía esa tremenda expresión pugnando por salir y no tenía la habilidad técnica para articularla. Si hacía algo por mí mismo, la idea era buena, pero la ejecución era absolutamente lamentable.

Una de las razones de eso es que empecé como dibujante a lápiz y continué así en lugar de empezar como entintador y después convertirme en dibujante. Como entintador aprendes todos los trucos superficiales que necesitas para tener éxito con un editor. O sea, aprendes a crear un dibujo con apariencia de acabado profesional; no es que la composición sea buena, sino que el acabado del dibujo finalmente es sólido y seguro. Aprendes a dibujar y a colocar los negros; esas son las dos cosas más prácticas que tienes que aprender cuando empiezas. Y yo nunca aprendí a dibujar en aquella primera época, y todavía hoy tengo problemas para colocar los negros.

¿Qué tiene esto que ver con Carl Barks?

Bueno, de vez en cuando, intentando mejorar la articulación de mis figuras (porque creo que una de las cosas que más he echado de menos ha sido no haber trabajado en un estudio de animación), muy a menudo compraba comic book “animados”, y algunos de ellos me sorprendían por ser extraordinarios y otros por ser muy inferiores. No se si eran Carl Barks, pero algunos de ellos eran absolutamente geniales. He oído a unas cuantas personas hablar de él, y aquellos que hablan muy bien de él son diseñadores y animadores muy buenos.

Has hablado del acabado como de algo de lo que carecías al principio de tu carrera. ¿Consideras que la composición en más importante que el acabado?

Oh, sí, sin ninguna duda. Contar una historia es lo más importante; y la cosa más natural que surge de un estilo narrativo es la composición, porque la composición simplemente dirige el ojo hacia lo más importante en el dibujo, y por supuesto eso es lo que hace la buena narrativa. El elemento aislado más importante aparte de la narrativa es la obtención de un sentido del diseño; para mí es más importante que el dibujo. Y hay algunos virtuosos del dibujo que, al carecer de sentido del diseño, carecen de las cualidades que gustan al gran público. Raymond tenía diseño en sus figuras y Foster no lo tenía; de modo que Raymond, aunque era de lejos un dibujante inferior… en realidad a menudo utilizaba Tarzán como inspiración; lo que Foster estuviera haciendo, Raymond lo acabaría haciendo dos meses después. Pero la cuestión es que, a pesar de todo, tenía un sentido del diseño excelente que Foster nunca tuvo en la estructura en sus figuras. Por eso es por lo que Foster no era el dibujante más atractivo para el profano; sus mejores cualidades eran tal sutiles que pasaban desapercibidas a la mayoría de profanos.


Página de Raymond de 1937 para Flash Gordon


Si eso es cierto, ¿por qué no habría de ser satisfactorio el trabajo de hacer storyboards?

Lo es, para algunos dibujantes: es satisfactorio para Alex Toth, porque Alex es el diseñador perfecto, y a veces le preocupan más los efectos visuales que los dramáticos.

Pero los storyboards cuentan una historia.

Sí, pero cuentan una historia en la que nadie está interesado. Quiero decir, ¿a quién le importa? Nos atrae este mundo porque ofrece una salida perfecta a las fantasías, y los storyboards no lo hacen. Los storyboards son la manera más fría de aplicar tus habilidades, y este campo no atrae a la gente de sangre fría; todo el mundo está motivado por todo tipo de fantasías.

¿Hay algún tema que te gustaría tratar?

Sí. Me gustaría señalar la disparidad entre las elecciones de los aficionados y los artistas profesionales. Los aficionados tienden a centrarse en el artista individual, que es considerado como un buen profesional, pero a duras penas tan bueno como dicen los aficionados; los profesionales, sin embargo, señalan a gente sobre al que nunca leo en ninguna revista de aficionados.

¿Uno de ellos sería Toth?

Toth es uno. Dan Spiegle es otro. Spiegle creó Hopalog Cassidy para los periódicos y se fue y todavía trabaja para Gold Key, y durante años hizo Lawman, y creo que ahora hace Space Family Robinson. Pero su organización de un dibujo probablemente es la mejor demostración que he visto nunca de un tipo jugando con las relaciones espaciales. Y además, es capaz de crear una escena tridimensional; muchos dibujantes de cómics, al no comprender las técnicas formales, tienden a usar la técnica del recorte. Ponen algo grande en primer plano y como contraste una pequeña forma en el fondo, y nunca hacen una escena con una perspectiva complicada, porque requiere una cantidad tremenda de concentración en sí misma. De manera que suelen utilizar simplemente las técnicas fotográficas, y si hacen un dibujo grande, simplemente hacen una forma más grande, pero básicamente es la misma viñeta. Pero muchos dibujantes de comic book no son tremendamente experimentales. En realidad tienden a ceñirse a las figuras que han hecho antes un millón de veces y casi nunca intentan variaciones interesantes o escorzos en gran medida. Por supuesto, si hace un par de cientos de figuras en cada historia, en el curso de un año haces varios miles de figuras, y tu material tiende a ser bastante parecido entre sí. Pero siempre puede distinguir cuándo alguien lo está intentando, y la mayoría de los dibujantes juegan sobre seguro, especialmente aquellos alabados por los aficionados; porque lo que les gusta a los aficionados es una cualidad de diseño inherente en algún aspecto del trabajo de una persona, y no la totalidad de su trabajo.


El Hopalong Cassidy de Spiegle en 1955


Los aficionados tienden a disfrutar del estilo de entintado.

Cuando un entintador termina con una página, borra el lápiz que hay debajo Muchos profanos suele apreciar el producto acabado como obra de quien lo termina, y muy a menudo tienen razón. Si tienes un dibujante a lápiz sutil y un entintador muy potente, el entintador puede dominar. No es que sea mejor porque domine al dibujante sutil; simplemente puede tener un estilo muy llamativo, obvio, que domina un dibujo más sutil. Un entintador potente tiene una propia personalidad y debería hacer sus propios dibujos… Por ejemplo, hay varios dibujantes de tiras de prensa que hacen que otros dibujantes hagan la mayor parte de su dibujo a lápiz, mientras que su contribución es realizar un acabado limpio y profesional. Pero es bastante evidente que esa contribución es sobre todo la de aportar los decorados.

Da otro ejemplo de un profesional bien considerado que sea desconocido para los aficionados.

Bueno, apenas leo nada sobre John Severin. Sé que cuando hablan de él lo tienen en alta consideración, pero nunca veo a Johnny incluido ente los mejores dibujantes, ni nada de eso.

Pero llevamos toda la tarde hablando de quiénes son lo mejores dibujantes y no has mencionado a Severin.

Cuando hablamos de personas que dominan en medio, hablamos de Kurtzman y Eisner, y Severin no está en esa categoría. Lo que ha aportado Severin son una fuerza y una potencia subestimadas, y una especie de veracidad. Podrías contar historias muy profundas que no podrías contar con un estilo superheroico.

¿Te gustó el western de Severin en la nieve para Creepy?

Ah, precioso. No me gusta especialmente la manera en que dibuja los caballos, y no me emocionan sus arbustos, pero al mismo tiempo hay una diferencia entre el realismo en lo que hace Severin comparado con todo lo demás como la diferencia entre Matt Dillon y Roy Rogers. Imprime una enorme fuerza en el material; recrea un espacio y un tiempo con una sensación de exactitud.


Se refieren a Dark rider, con guión de Archie Goodwin y publicada realmente en Eerie #8 (Warren, 1967)


Otro buen ejemplo de dibujante que muestra un brillante virtuosismo técnico es Russ Heath. La historia que hizo para Blazing Combat era típica. En primer lugar, todo el mundo tenía exactamente el mismo aspecto. Todos se parecían a las fotografías que había tomado de sí mismo en las que había basado todos los dibujos, y fue tan indiferente a la necesidad de caracterización que ni siquiera se preocupó de ella. Lo que le preocupa es su dibujo, y fue un trabajo de dibujo brillante, no cabe duda. Pero en el trabajo de Severin, aunque no estén meticulosamente dibujados, se puede sentir a la gente sudado, a la gente sintiéndose terriblemente cansada y delgada debido a la guerra. Y eso no le pasa nunca a un personaje de Russ Heath.




Se refieren a Give and take, con guión de Archie Goodwin, publicada en Blazing Combat #4 (Warren, 1966)


Deduzco de tus anteriores comentarios que la razón principal por la que dibujas superhéroes es que piensas que es el área en la que eres más competente. ¿Es eso correcto?

Sí y no. Es un área cómoda para mí para operar, dado que en gran medida depende de la acción, y eso también coincide con mi interés en este momento, que es aprender a diseñar la estructura anatómica. Estoy ocupado resolviendo problemas técnicos para mí mismo, y ha veces es muy conveniente que el lenguaje en el que estoy involucrado resulte presentar concomitancias con los problemas técnicos que estoy resolviendo. Pero si pudiera elegir, preferiría hacer algo de ciencia ficción fantástica, o western. Me gustaría más hacer eso que cualquier otra cosa.

Has hecho westerns antes.

Sí, pero me gustaría hacerlos de nuevo y ahora entintarme a mí mismo y aplicarme de verdad en la tarea. Cuando haya resuelto algunos de los problemas en lso que estoy trabajando ahora, creo que me gustaría probarlo. Me interesa probar formas que no se están utilizando ni desarrollando ahora.

¿Tienes alguna idea específica sobre qué tipo de formas?

Los cómics de hoy en día son demasiado infantiles; no creo que los dibujantes de cómic sean lo suficientemente sofisticados. E incluso si un artista, como Will Eisner, tiene la sofisticación para hacer su material lo suficientemente sustancial como para interesar a alguien además de los chicos de ocho y nueve años, es improbable que esto suceda. No es que el resto de dibujantes sean peores que Eisner; muchos dibujantes tiene cualidades que son mucho superiores. Lo destacable sobre Eisner es su acercamiento a la forma de contar una historia; comunicaba sus ideas perfectamente.

Pero hubo otros tipos que fueron enormes en sus propias áreas. Por ejemplo, Charlie Biro… Eisner trabajaba en un lado de la calle, esto es, una especie de director de cine muy exótico, e interpretaba las historias de una manera extraordinariamente creativa pero altamente estilizada. Por otra parte, Charlie Biro contaba una historia muy directa, pero contaba una historia con mucha sustancia. Su sentido naturalista de la caracterización era tan bueno que dio lugar a los primeros cómics documentales.

Cuando hablas de la creatividad de Biro, ¿te refieres a Crime does not pay?

Sí… Lo que hizo Biro fue crear una especie de realismo en imágenes de serie B, un efecto documental. Tenía historias que eran más eróticas que cualquier otra cosa que yo haya visto a día de hoy. Intentó ampliar los estrechos confines del tipo de historia que se podía contar y lo conseguió. Lograba un contenido mucho más sofisticado, y como recompensa superó en ventas a todas las grandes editoriales (y por aquel entonces había emdia docena de ellas, todas con grandes plantillas, como National, Quality, Fawcett, Archie, Timely…). La cuestión es que ahí estaban esas revistas distribuidas y vendidas por las más grandes compañías del mundo, y llegó él con tres pequeñas revistas apestosas en el período de dos años vendía más que cualquiera de ellos, incluyendo Superman.


Página de Mother of murderers, dibujada por Fred Guardineer y publicada en Crime Does Not Pay #49 (Lev Gleason, 1947). Más Crime Does Not Pay, aquí.


Biro usaba nueve viñetas por página, y a veces una historia se extendía a lo largo de 15 páginas, y tenía la posibilidad de contar historias extremadamente bien desarrolladas llenas de caracterizaciones muy ricas. Por supuesto, tendía a terminar siempre con cierta moralina. Pero sin embargo intentaba y lograba más caracterizaciones y estructuras en su material de lo que cualquier otro en aquella época lograba.

En realidad, Kurtzman era como Eisner y Feldstein era como Biro, en tanto en cuanto Feldstein también utilizaba técnicas literarias, mientras que Kurtzman utilizaba técnicas visuales del cine. Todavía son esas las dos aproximaciones válidas, salvo que nunca he entendido por qué tienen que ser distintas, por qué no se pueden combinar.

Yo diría que tanto Eisner como Kurtzman empleaban bastante cantidad de texto. Pero tu visión de Biro me sorprende, porque nunca he oído mucho sobre él, salvo ocasionalmente que la violencia en sus series rivalizaba con la de EC.

No creo que Biro fuera truculento, y ciertamente pienso que era mucho menos ofensivo que algunas de las cosas de mal gusto que utilizaba Feldstein. No es que el horror de Feldstein fuera malo, pero tenía que cagarla hablando de alguien convertido en carne picada para hamburguesas, y podías ver que era una broma tremenda. Pero la cuestión es, esa broma llegaba al final de una historia bien organizada y bien escrita, y era una broma de mal gusto extremadamente truculenta que le satisfacía a él pero ofendía a todos los demás.

Supongo que eso es bastante cierto. Di algo más sobre la violencia.

Creo que las películas son un medio perfecto para la violencia, y como resultado nunca son mejores que cuando sirven a la causa de la violencia. Siempre me han encantado King Kong, Gunga Din y Shane. Por supuesto, también aprecio los demás aspectos, pero cuando veo una obra de acción maravillosamente resuelta, aporta una sensación de plenitud, liberación, satisfacción y todo combinado. Creo que cuando la gente va a ver una película es una experiencia voyeur, y cuando eres un voyeur quieres que se sacie tu apetito. Creo que es bastante obvio que el tipo de vida de hoy en día la gente está en una posición donde tiene que ver cierta cantidad de violencia para sentir satisfacción, y creo que es una parte natural de la vida. Tal vez esta es una forma inofensiva de expresarlo. No sé. Pero me encanta el movimiento, y especialmente el movimiento violento (aunque el movimiento controlado como el ballet o ver a un gimnasta también es muy satisfactorio). La acción y la violencia de los cómics siempre me atrajeron, y me permitieron desarrollar mis propias fantasías privadas. Creo que es por eso por lo que mucha gente creativa se siente atraída por aquel área que les permite una mayor libertad de expresión.


La pasión de Kane por el movimiento no decae entre las portadas de The Atom #4 (DC, 1962) y The Atom #27 (DC, 1966)


Estaba pensando en hacerte una pregunta con trampa: ¿qué me atrajo a mí a los cómics? Y creo que con esto has dado con la respuesta. Me atraen los cómics porque son un medio en el que, en cierta manera, la gente tiene libertad para crear sus propias fantasías. Porque es un medio despreciado, la sociedad no les mira. No lo hace nadie salvo los lectores, e incluso los editores están inclinados hacia sus propias fantasías privadas. Así que los cómics son tal vez el único sitio donde puedes ver la fantasía pura de un individuo.

Sí, totalmente. El único problema del medio, en realidad, es que se realiza de forma industrial; y no era así cuando comenzaron los cómics. Aunque había una industria, una necesidad de producción, no se imponían restricciones a los dibujantes y guionistas. Así que aunque el material era primitivo, era muy fresco y tenía un tremendo encanto. Y ahora el régimen industrial se ha vuelto total. Ahora se tiende a perder la personalidad, a amalgamarse en un único dibujante, un único punto de vista. Y todos tenemos capacidades, como una granada de mano separándose en un millón de fragmentos diferentes, cada uno siguiendo nuestro propio camino. Tendrías que ver lo que hacen los dibujantes en privado: está a años luz de lo que hacen para ser publicado.

¿Cuántos profesionales hacen algún trabajo extenso para sí mismos?

No extenso, pero hacen su propio material.

Pero sobre todo son ilustraciones individuales, ¿no estoy en lo cierto?

O crean tiras de prensa de muestra en las que, independientemente de lo que sea comercialmente viable, generalmente tienden a expresarse en los términos en los que se sienten más cómodos. Es una ventana abierta a sus personalidades, aunque se amolde a las necesidades de la sindicación.

Pero por supuesto, los dibujantes cambian. Nadie es mejor ejemplo que Alex Raymond, que empezó como un atleta universitario, siguiendo el ideal espartano, y muy preocupado con los esplendores bárbaros. Estaba influido por las revistas que salían en aquella época; Talbot Mundy fue muy importante, y también lo fueron Rafael Sabatini y Harold Lamb. La escritura y el dibujo eran tremendamente románticos y heroicos.

En cualquier caso, cuando comenzó Flash Gordon, todo el mundo andaba por ahí vestido con pieles de animales y las mujeres llevaban placas en los pechos y escotes expuestos, y era el tipo de escenario más bárbaro imaginable.

Pero en tres años, habían avanzado un milenio, porque era la Alemania de cambio de siglo; todo el mundo llevaba trajes Bismarck; llevaban cascos de hierro con plumas y picos, y galones y botas altas lustrosas. Era el mismo Mongo y solo habían pasado tres años, pero el gusto de Raymond había cambiado completamente. Quedaba muy poco que fuera interesante, salvo ver una demostración de habilidad en el dibujo, y si querías eso podías ir más allá de Raymond hacia ilustradores superiores con quienes él nunca podría competir.

Incluso esa, fue una fase pasajera; la última etapa fue Rip Kirby, que mostró la preferencia de Raymond por cosas con un atractivo nov, y una necesidad de ser parte del club de campo. Todos sus intereses salieron a la luz; su interés en la moda, en el golf, en proyectar una imagen muy urbana, y dejó el regusto bárbaro tan detrás de él que nunca pudo regresar.

Pero los dibujantes siempre están en estado de transición. En realidad, todo el problema radica en que cuando entras en este negocio, tienes fantasías infantiles que tienes que proyectar, pero a medida que creces las responsabilidades que la vida impone en una persona que está madurando tienden a hacerte pragmático y realista, y eso suele disminuir la fantasía; y cuando disminuyes la fantasía destruyes al poeta, y cuando destruyes al poeta sobrevive el técnico. En nueve de cada diez casos, los artistas más extraordinarios y prometedores acaban siendo el tipo de técnicos más brillantes llevando a cabo demostraciones vacías de habilidades técnicas, y toda la poesía se ha perdido. Es muy difícil mantener al chico en el autor de cómic, porque si lo haces, supone que estás hablando de un individuo que nunca supera su necesidad de fantasía.

No hay ninguno de nosotros, ni siquiera el tipo más anodino en el medio, que entre en él por una razón distinta del hecho de que el medio libera todas sus fantasías reprimidas; pero esa es la verdad acerca de cualquier esfuerzo creativo.


El estado de transición de Kane, sus fantasías reprimidas y su visión del cómic como mezcla de prosa y arte visual, cristalizan en Blackmark (Bantam Books, 1971)


Ahí has argumentado sobre algo de lo que yo ya me había percatado. Pienso por ejemplo que el Dr. Extraño de Ditko me llegó porque el concepto fantástico era total, y todo giraba en torno el concepto central de un solo hombre, desconocido por el mundo, luchando contra las fuerzas malignas del universo.

[Steve] Ditko creó un concepto de misticismo y viaje interdimensional que nunca antes he visto en los cómics. Era absolutamente creíble. Y creo que el mejor material que publicó Archie Goodwin en las revistas de Warren son las cosas que Ditko hizo para él.

Porque el buen dibujo en el cómic tiene fuerza, potencia y emoción detrás, y eso es lo que tiene Ditko, y eso es lo que tiene Eisner, y eso es lo que tiene Kurtzman, y eso es lo que tiene Severin, y eso es lo que tiene Kirby. No hay nada malo en incorporar el buen dibujo en esto, pero no puedes anteponerlo; el buen dibujo debe surgir de las cualidades dramáticas del trabajo más que intentar lograr esas surjan esas cualidades dramáticas a partir del buen dibujo.

Ya sabes, los dibujantes más brillantes en este campo nunca vendieron nada. Los grandes vendedores –los tipos con una circulación tremenda- eran todos dibujantes toscos en comparación. Pero es Biro, y es Eisner, y es, de nuevo, Kirby; y nunca han sido Louie Fine o Reed Crandall, o los tipos a los que se acredita con esos estilos de dibujo especialmente refinados, y aún así la opinión editorial preponderante se pone constantemente de su lado.

Hay una gran masa de lectores simplemente esperando el tipo de material que les interesaría a ellos para poder volver a leer cómics. De manera que parece que ahora los cómics dependen totalmente de su contenido; venden más que nunca en función a lo que hay en el interior de la revista.

Esto es similar al concepto de los grandes estudios cinematográficos justo tras la guerra; de pronto la gente solo iba a ver las películas que le gustaban, y todo el concepto de vender una película sin importar una mierda su contenido, se fue al garete. Y como consecuencia tuvieron que tratar con la gente capaz de realizar productos altamente profesionales y creativos, porque eran los únicos que ahora generaban dinero; de manera que los estudios perdieron el control y se convirtieron en lo que siempre fueron, distribuidores y hombres de negocios, no creativos. Cuando tenían su papel creativo en las producciones, sacaban un producto comercial (que a veces conseguía ser bueno a pesar de su interferencia, pero ciertamente no gracias a ella), y los cómics están ahora en la misma posición. El foco enfocará a la gente que crea los cómics; y aquellos que crean los mejores son la gente que va a estar en la nueva posición de poder.


Ditko dibuja Edición de coleccionista, con guión de Archie Goodwin y originalmente aparecida en Creepy #10 (Warren, 1966). Otras historias de Ditko para Warren, aquí, aquí y aquí.


¿Ves algún movimiento en esta dirección?

Creo que va a haber una gran variedad de formas, tamaños y precios en los cómics. En cierta forma esto ya ha empezado, cuando Warren tuvo cierto éxito con sus revistas. Y la revista MAD es un comic book, no hay vuelta de hoja. Y creo que es posible hacer lo mismo en una continuidad dramática que en el humor. Un medio sofisticado está todavía esperando a un Kurtzman o alguien que llegue y lo articule y lo amplifique.

También creo que el escenario económico será distinto, que revertirá de forma distinta en el creador. Porque ahora mismo no es más que mano de obra y solo dibuja como mano de obra, y hasta que tenga el control de su producto no puede esperar obtener un porcentaje mayor de los beneficios.

Ciertamente, espero que tengas razón.

Estoy seguro de ello, incluso aunque hagan falta otros cinco años. Una vez que se produzca la ruptura, será como si se rompiera una presa.

¿Esta revolución atraerá como lectores del medio a los adultos?

Quiero pensar que sí. Es la mentalidad pesetera de muchos editores de comic books; durante años han evitado meter contenido en las revistas, incluso cuando obviamente el contenido les habría ayudado a vender más. Pero han hecho todo lo posible para desalentar la inclusión de contenido; han impuesto regímenes y tiranizado a los tipos que han trabajado para ellos; han impuesto restricciones, y no estoy hablando solo del Comics Code, sino de todo tipo de restricciones timoratas que simplemente han eliminado la chicha de las historias. De manera que han estado vendiendo a un círculo de lectores cada vez más pequeño; pasaron de una circulación de un millón de ejemplares a 250.000, y sigue disminuyendo, y ahí están vendiendo a chicos de ocho y nueve y siete años. Han perdido el mercado de los adolescentes y los adultos ocasionales que solían leer cómics, y por alguna razón parece que pensaban que había cierta virtud en eso. ¿Cuál era la virtud en ir cuesta abajo? Esa gente tenía algo grande, una mina de oro, y solo supieron hacer una cosa, que fue montarla y ordeñarla, y nunca trataron de explotarla o desarrollarla, porque para eso hace falta imaginación.

Ahora, la cosa más obvia que debería hacer un editor es seguir la senda abierta por MAD e intentar atraer a alguien más aparte de los niños, con más sustancia y otro formato.

Pero MAD tiene un nivel para chicos de doce años.

No me malinterpretes. Creo que MAD es una revista para estudiantes de secundaria. Pero al ser de secundaria, ya está por encima de ser juvenil.

Lo ideal sería llegar ese plano intermedio en el que puedas atraer a todos los niveles; pero creo que al final tendrías que dirigir los cómics de 15 centavos a niños y libros más elaborados a lectores más exigentes.

Piensa en las revistas pulp y en el éxito enorme que tuvieron en los años 1930. Estaban escritos de la manera en que se podrían escribir los cómics, y tenían la chicha para interesar a todo el mundo a partir de doce años, y en cierto momento eran un negocio multimillonario. Sin embargo, la aproximación visual de los cómics era tan potente que los sacó del mapa. De manera que ¿no puede imaginar la unión de un medio literario con un medio visual, cada uno de ellos amplificando el otro? Pienso que para mí esa es la respuesta. No soy nada sofisticado visualmente.

Ese Fantasy illustrated que me acabas de enseñar me ha alucinado, sobre todo el trabajo de ese tipo [Master tyme, de [George] Metzger]. Ni en un millón de años yo podría pensar así; para mí esa no es la respuesta. Para mí la respuesta es material denso para la historia. Lo he visto en una revista de aficionados, no en un producto casero, porque el dibujo siempre es brutalmente primitivo y queda enterrado por la escritura más miserable.


Metzger, adscrito al movimiento underground, se especializó en historias de fantasía. Su recopilación Beyond time and again, publicada en 1976 recopilando material realizado entre 1967 y 1972, es considerada como una de las primeras novelas gráficas norteamericanas.


Pero he visto una adaptación de Adam Link de una historia de Otto Binder, y aunque el dibujo era primitivo, como una serie de diagramas, el hecho es que la historia era tan potente, y la adaptación y la secuenciación eran tan excelentes, que creo que era superior a cualquier cosa que haya visto en años en una revista profesional.

Y he visto algún material realizado por ese tipo llamado Landon Chesney. De nuevo era una historia de Otto Binder, y de nuevo pensé que era una adaptación excelente y que el dibujo de Chesney, por burdo que fuera, realmente se adecuaba al propósito de la historia. También pensé que era más emocionante, más sofisticado, un material artístico más hábil que el que he visto en revistas profesionales. Esto solo apoya mi tesis de que cuando usas material potente, refuerza y da dimensión a tus dibujos.

¿Pero crees que esta explosión hará que los adultos se interesen en el medio?

Absolutamente; de hecho, por mala que sea la basura ajena a los cómics que leen los adultos, los cómics todavía están por debajo en términos de estructura. Cuando los cómics se despierten al hecho de que hacen falta más efectos visuales dramáticos, de que hace falta estructura dramática, y cuando se permita a los artistas tanta libertad como necesiten, creo que vamos a ser testigos de una era totalmente nueva.


Oldies but goldies



- Midnight (1942), de Jack Cole.

- The night before Christmas (1946), de Walt Kelly.

- Plastic Man goes to the gas chamber (1949), de Jack Cole.

- Weak link! (1951), de Harvey Kurtzman, Will Elder y John Severin.

- …And all through the house… (1953), de Johnny Craig. Una versión en blanco y negro, aquí.

- The night before Christmas (1953), de Al Feldstein y Will Elder.

- The uncanny creature of Carl Griffin (1954) y The unknown sentinel (1956), de Mort Meskin y George Roussos, aquí.

- Crisco Keed (1954), de William Overgard

- Dennis the Menace. Santa’s village (1958), de Fred Toole y Al Wiseman.

- The dancing cat (1958), de Steve Ditko.

- A Christmas for Shacktown (1963), de Carl Barks (1, 2, 3, 4 y 5).

- Bucky Ruckus’ Christmas (1967), de Wally Wood.

- The Christmas Spirit (1969), de Will Eisner y Richard Corben.

- The humbug run (1970), de Len Wein, Neal Adams, y Dick Giordano.

- …And to all a good night (1971), de Roy Thomas, Gene Colan y Bill Everett.

- When Satan comes a-creeping (1971), de Nick Cardy.

- The Sandman. The Seal Men’s war on Santa Claus (creado en 1975-1976, publicado en 1981), de Michael Fleisher, Jack Kirby y Mike Royer.

- The believer (1976), de Budd Lewis y Richard Corben.

- Conan. The trails of the bloodstained god (1978), de Roy Thomas, John Buscema y Tony DeZuñiga.

- La batalla de Waterloo vista por Dino Battaglia y por Enric Sió.


Oldies but goldies


- Dick Tracy (1941), de Chester Gould.

- The Barker (1944-1949), de Klaus Nordling y Jack Cole.

- The Christmas Spirit (1945 y 1948), de Will Eisner.

- Sparky Watts (1947), de Boody Rogers.

- Johnny Quick. The march of time (1947), de Mort Meskin y George Roussos.

- Donald Duck. Toyland (1948), de Carl Barks (1 y 2).

- For amusement only (1958), de Steve Ditko.

- Menace from the moon (1958), de Steve Ditko.

- The return of a Christmas carol (ca. 1960), de Harvey Kurtzman y David Levine.

- The last holdout (1962), de Robert Kanigher y Grandenetti.

- Enemy Ace. Killer of the skies (1965), de Joe Kubert.

- 13, Rue del Percebe, de Francisco Ibáñez.

- Bucky’s Christmas Caper (1967), de Wally Wood.

- Viñetas humorísticas de Gahan Wilson.

- The Freak Brothers (1971), de Gilbert Shelton.

- Spierman & The Human Torch. Have yourself a Sandman little Christmas! (1972), de Roy Thomas, Ross Andru y Mike Esposito.

- Spawn of the devil! (1975), de Russ Jones y Jerry Grandenetti.

- Frosty the Snowman (1975), de Robert Crumb.

- Superman. Twas the fright before Christmas (1984), de Len Wein, Nelson E Bridwell, Kurt Swan y Murphy Anderson.

- Eat shit or die (1985), de Peter Bagge y JR Williams.

La caída de la Casa de Usher

Los deseos de nuestros lectores son órdenes. A petición de Agu Ariza, aquí está The fall of the House of Usher, la adaptación del cuento de Edgar Allan Poe realizada por Will Eisner dentro de su serie The Spirit y publicada originalmente el 22 de agosto de 1948. La historia está escaneada del tomo 17 de The Spirit archives editado por DC. Es de esperar que este tomo sea publicado en España por Norma en primavera de 2010.






Por cierto, se detectan un par de parecidos entre la versión de Eisner y la que realizó Richard Corben en 1984, no tanto en cuanto al dibujo en sí como en cuanto a encuadre, composición y atmósfera:







Y hacia el final, hay una serie de imágenes sin una correspondienta directa viñeta a viñeta pero con cierto aire familiar. Por supuesto, ambos estaban adaptando la misma historia.



Glorioso coloreable



Me ha hecho gracia esta entrada en Golden Age Comic Book Stories donde se muestran las páginas de un libro coloreable con splash pages de The Spirit, de Will Eisner. Y me ha hecho gracia porque precisamente así es como hemos leído la serie en España durante muchos años, ¡en modo coloreable! (Aunque algunos han preferido llamarlo “glorioso blanco y negro”).


Oldies but goldies



- Flash Gordon. Steps of doom (1937-1938), de Alex Raymond.

- Flash Gordon (1941), de Alex Raymond.

- The Spirit. Stormy weather (1943), de Manly Wade Wellman y Lou Fine.

- Comics McCormick (1947), de Ed Wheelan.

- Rulah, jungle goddess. The whispering wires of death (1949), de Matt Baker.

- El Inspector Dan. La muerte, estrella de cine (1950), de Rafael González, Francisco González Ledesma y Eugenio Giner.

- Sherman. Hitch hickers (1952), de Bud Sagendorf.

- Sherman. Rolling along! (1952), de Bud Sagendorf.

- The Spirit. It kills by dark (1952), de Will Eisner y Jim Dixon.

- The monster they couldn’t kill (1954), de Jack Cole.

- Johnny Hazard (1957), de Frank Robbins.

- Batman. Batman meets Bat-Mite (1959), de Bill Finger y Shelly Moldoff.

- The little things (1959), de Steve Ditko.

- Black Fury. Stranger in the herd (1959), de Steve Ditko.

- Submarine! y The invincible enemy! (1959), de Jack Kirby.

- Tall tales (1963), de Al Jaffee.

- Blackmark (1974), de Gil Kane.

- Der grosse Mordillo (1974), de Mordillo.

- Wednesday’s child (1975), de Marv Wolfman y Wally Wood y The king of the ring (1976), de Wally Wood, aquí.

- The psychedelic alchemist (1976), de Bryan Talbot.

Oldies but goldies

kissme


- Drawn & Quartered (1942), de Charles Addams.

- Frankenstein. Hail, the King (1947), de Dick Briefer.

- The Spirit. Sound (1950), de Will Eisner.

- Reunion (1951), de Graham Ingels, Return trip (1965), de Arthur Porges y Joe Orlando y Out of its depth (1982), de Bruce Jones y Alfredo Alcala, aquí.

- Captain Marvel battles the legend horror (1953), de Kurt Schaffenberger.

- They wait in their… dungeon! (1953), de Stan Lee y Russ Heath.

- The spectre’s face (1953), de Jack Cole.

- The October game (1953), de Jack Kamen.

- Cave Girl. The Mau Mau killers (1954), de Bob Powell.

- The sucker (1955), de Al Feldstein y Reed Crandall.

- The Flash. The big freeze (1960), de John Broome, Carmine Infantino y Murphy Anderson.

- The wizard of Id (1966), de Johnny Hart.

- Cool air (1972), de Michael Smith.

- Yours truly, Jack the Ripper (1972), de Ron Goulart, Gil Kane y Ralph Reese.

- The spawn of Frankenstein (1972-1973), de Marv Wolfman y Mike W Kaluta.

- The man who cried werewolf! (1973), de Gerry Conway y Pablo Marcos.

- Batman and The Spectre. Grasp of the killer cult (1974), de Bob Haney y Jim Aparo.

- Leyendas indias (1976-1977), de Hugo Pratt.

- Rockey y Star-Warz (1977), de John Severin.

- DR & Quinch. Go Girl Crazy (1984), de Alan Moore y Alan Davis.

Bonus tracks

- Creature from the Black Lagoon (1993), de Steve Moncuse, Arthur Adams y Terry Austin.

- The Batman (1998), de Paul Pope.

Oldies but goldies

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- Doctor Horror (1941), de Don Rico.

- Windy Breeze (1942-1944), de Jack Cole.

- Buz Sawyer (1943), de Roy Crane.

- Vigilante. Blunderbuss Booty (1944) y Vigilante. The dummy art expert (1945), de Mort Meskin, aquí.

- Batman. The upside down crimes! (1944), de Bill Finger, Dick Sprang y Gene McDonald.

- Tor. The coming of Tor (1953), de Joe Kubert.

- My gun is the jury (1953), de Jack Davis.

- The inside man (1954), de Howard Nostrand.

- The good fairy (1955), de Graham Ingels.

- The day the earth vanished (1958), de Gardner Fox y Murphy Anderson, Invasion of the water warrior (1950), de Gardner Fox y Russ Heath, Invisible space-dog (1961), de Paul Newman, Gil Kane y Murphy Anderson, Prisoners of the space flowers (1962), de Gardner Fox y Carmine Infantino, Earth’s friendly invaders (1963), de France Herron, Gil Kane y Wally Wood y Escape-artist of space (1963), de Gardner Fox, Carmine Infantino y Murphy Anderson, aquí.

- Valley of eternity (1959), de Steve Ditko.

- The black stallion (1962), de John Stanley y Gerald McCann y The monster of dread end (1962), de John Stanley y Ed Robbins, aquí.

- The terrible old man (1969), de Roy Thomas y Barry Windsor-Smith y Pickman’s model (1970), de Roy Thomas y Tom Palmer, aquí.

- Ydyl (1971), de Jeff Jones.

- To die for Magda! (1972), de Carl Wessler y Alex Niño.

- The Headless Horseman rides again! (1973), de Gary Friedrich, George Tuska y Jack Abel.

- The Scorpion. The devil doll commission (1975), de Howard Chaykin.

- The prophesy (1975), de Suso.

- From here to infinity (1976), de Bryan Talbot.

- The exiles (1986), de Ray Bradbury y Tom Sutton.

Bonus tracks

- Herbie, the Fat Fury. The most besutiful mom in the world (1992), de John Byrne.

- Moby Dick (2001), de Will Eisner.

Hágase el murciélago. Coda

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Para quienes hayan disfrutado de unas merecidas vaciones y se lo hayan perdido, recordamos que a lo largo de agosto hemos publicado una serie de entradas relativas a la creación de Batman y la participación de sus artífices en la misma, principalmente Bob Kane, Bill Finger, Jerry Robinson y Sheldon Moldoff. La intención ha sido en todo momento, más que hacer un resumen y emitir juicios personales, dejar que los propios autores diesen su versión (incluyendo contradicciones), a través de entrevistas, textos autobiográficos o textos documentados y de primera mano por parte de terceros. Evidentemente, la propia selección de entrevistas y textos indica claramente cuál es nuestra posición al respecto, y el resultado final, creemos, arroja una visión bastante completa y, si no objetiva, al menos sí contrastada de cómo surgio de la mente de sus creadores la figura de unos de los iconos más importantes del mundo del cómic y quienes merecen crédito por ello. Asímismo, hemos tratado de aderezar dichos textos con una buena cantidad de imágenes ilustrativas. A continuación, la relación de textos publicados.

- Hágase el murciélago. Jerry Robinson recuerda – Entrevista con Jerry Robinson acerca del origen de Batman y su participación y la de Bill Finger en el mismo.

- Hágase el murciélago. El Joker – Entrevista con Jerry Robinson sobre el origen del Joker.

- Hágase el murciélago. La carta de Bob – Carta de Bob Kane sobre la creación de Batman.

- Hágase el murciélago. Sobre mi cadáver – Lápida de Bob Kane.

- Hágase el murciélago. La versión Steranko – Texto de Jim Steranko sobre el origen de Batman, auténtico artículo de referencia, con declaraciones de Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson.

- Hágase el murciélago. Billy y Bob – Anécdotas y opiniones personales de Will Eisner sobre Bob Kane.

- Hágase el murciélago. La anécdota de Drake – Anécdota sobre Bob Kane referida por Arnold Drake.

- Hágase el murciélago. Batman y yo – Capítulo de la autobiografía de Bob Kane sobre el origen de Batman.

- Hágase el murciélago. Un negro llamado Moldoff – Entrevista con Sheldon Moldoff sobre su participación en Batman.

- Hágase el murciélago. Fred recuerda – Entrevista con Fred Finger, hijo de Bill Finger, sobre la participación de su padre en Batman.

Hágase el murciélago. Billy y Bob

No sería justo dar una imagen de la personalidad de Bob Kane basada tan sólo en las declaraciones de aquellos que tienen motivos para estar resentidos con él. Sin embargo, a medida que encontramos más declaraciones de autores coetáneos de Kane sobre su persona, la primera impresión se reafirma. La mayoría de ellos comentan el poco gusto por el trabajo de Kane, su afición a las mujeres y la buena vida, y su hábito de plagiar. A continuación, un par de extractos de la biografía de Will Eisner elaborada por Bob Andelman, Will Eisner. El espíritu de una vida (Norma; 2008).

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El trabajo le duró sólo un par de meses, porque Billy [Will Eisner] se encontró por casualidad con su amigo del instituto Bob Kahn, quien se había cambiado el nombre por el de Bob Kane.

Más tarde, con la ayuda de Bill Finger y Jerry Robinson, Kane creó a Batman. Kane era más alto y delgado que Billy; se creía que era clavadito a los apuestos cantantes melódicos que arrasaban en las radios de la nación y que conseguían que las adolescentes se desmayaran. Nunca practicó ningún deporte y frecuentemente se quejaba de unos persistentes síntomas de resfriado, aunque sus amigos creían que, simplemente, era un hipocondríaco.

Billy Eisner y su familia vivían a una manzana de distancia de la Concourse, la avenida principal que atraviesa el Bronx; Kane, cuyo padre era un agente de seguros de éxito, vivía en un gran apartamento situado más abajo, en esa misma calle.

Eisner y Kane, que a menudo coincidían en las clases de dibujo del instituto DeWitt Clinton, se llevaban bien fundamentalmente porque Eisner envidiaba lo bien que se le daban las chicas a Kane, y Kane admiraba el talento de Eisner. El dibujo de Kane no es que fuera de lo mejorcito, pero él tenía mucha energía, era ambicioso y estaba dotado de un gran sentido del humor.

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Historieta de Kane de 1936 para Wow! What a magazine!


-Sinceramente –afirmó Eisner tiempo después-, como dibujante era pésimo. Pero era un tipo agresivo. Siempre era capaz de conseguir esas dos cosas que tanto queríamos. En esa época yo era mucho mejor dibujante que Bob, pero él era el que conseguía los trabajos y las chicas, por eso yo solía andar con él.

Casi todos los sábados por la noche salían juntos. Eisner estaba tan centrado en dibujar que nunca tenía tiempo de llevar una vida social que le permitiera conocer chicas, pero entonces Kane le llamaba y le decía: “Tengo una cita para ti.” Sus citas dobles normalmente conllevaban ir a bailar a lugares como el viejo Glen Island Casino, situado al final de Pelma Parkway.

Era 1935, la edad dorada de las grandes bandas de música como las de los Dorsey Brothers y Benny Goodman, y a estos dos jóvenes dibujantes les encantaba ir a bailar con las chicas al Casino.

-El problema con Bob –señalaba Eisner-, era que las chicas que traía eran siempre bonitas pero totalmente idiotas. Idiotas de veras, eran un ejemplo perfecto de los que Al Capp denominaba “la estúpida belleza americana”.

El comportamiento de Kane en los nightclubs era bastante predecible, muchas veces se quedaba sin dinero y Billy acababa pagando la cuenta. Otras de las cosas que solían hacer siempre que salían de marcha era alardear con las chicas de su talento para el dibujo. Daba igual lo que Kane dibujara, Eisner siempre lo hacía mejor. Aquello era una competición entre dibujantes; pero a las chicas eso les importaba un comino. A ellas les gustaba la música querían bailar y lo demás les daba igual.

Una noche en particular, ya de vuelta a casa, Kane le preguntó a Eisner:
-¿Cómo te ha ido?
-Bueno –respondió Eisner-, le he metido mano, un poco.

Lo que, en aquellos tiempos, estaba bastante bien para un alumno ya en los últimos cursos de instituto. Demasiado bien, de hecho. El siempre competitivo Kane nunca volvió a preparar una doble cita con Eisner.

Kane tenía muchas peculiaridades interesantes como artista y como persona. Una de ellas era una mera cuestión de vanidad: afirmaba ser cuatro años menor que Eisner, a pesar de que habían sido compañeros en el instituto DeWitt Clinton.

-Bob se enorgullecía mucho de que en el instituto sus dibujos llamaran más la atención que los de Will –señalaba Mark Evanier, guionista de cómics, de series de animación y estudios sobre las historia de los cómics-. Pensaba que Will era un genio. Bob solía contarme qué dos razones le llevaron a convertirse en dibujante, y ambas tenían que ver con las chicas. La primera era que cuando hacía un dibujo las chicas se arremolinaban a su alrededor; la segunda, que había clases de dibujo en las que uno podía dibujar mujeres desnudas. ¿Y en que otro lugar, a esa edad, uno podía ver mujeres desnudas?

A pesar de que Evanier conocía a Kane y le caía bien, nos dijo que cualquier historia que Eisner pudiera contarnos sobre Kane, probablemente fuese verdad.

-Bob siempre tuvo un lado un poco sórdido –afirmaba Evanier-. Bob era un vividor, siempre andaba buscándose la vida. Trabajaba lo menos posible. Bob era, sobre todo, un tipo que siempre pensaba en cómo sacar dinero de las situaciones que se le presentaban. Sus ídolos eran los tipos que hacían tiras de prensa. Pensaba que lo más maravilloso que había en el mundo era que vendieras tu tira, tuvieras éxito y contratases a gente para que la siguiera realizando mientras uno se tumbaba en una hamaca. En plan Ham Fisher, que jamás dibujó ni una tira de Joe Palooka. Bob consiguió vender a Batman, de ese modo puso una franquicia en marcha, y dejó que otras personas trabajaran por él (principalmente el guionista Bill Finger y el dibujante Jerry Robinson). Creía que lo de Will era increíble porque seguía dibujando. Will dibujó más a los ochenta años que Bob en toda su vida.

Pensara lo que pensara Kane sobre Eisner, nunca lo compartió con sus lectores en su autobiografía de 1989, Batman & Me. Kane y la persona que escribe junto a él el libro, Tom Andrae, sólo mencionan dos veces a Eisner en todo el texto, y se trata de referencias vagas (que en el periódico del instituto eran rivales) y de una frase de extensión. Encima, una de ellas era completamente falsa: Kane afirmaba que Eisner fue uno de los creadores de Wow! What a Magazine!, mientras que Eisner siempre afirmó que sólo había hablado con él sobre la revista, que es donde Eisner conoció a su futuro socio, Jerry Iger.

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Ese mismo año se estrenó la primera película de Batman de la era moderna, Kane apareció en la Convención Internacional de Cómic de San Diego para promocionar unas ilustraciones firmadas y numeradas que había hecho.

-Will estaba en mi stand y Bob estaba en el de al lado intentando vender sus ilustraciones –recuerda Denis Kitchen, el director de Kitchen Sink-. Ambos estaban siendo acosados por los fans. Cuando se produjo un momento de cierta calma. Kane apareció a través de la cortina que dividía ambos stands e insistió en que Will y él se fueran a tomar unas copas cuando la convención cerrara las puertas, recuerdo que cerraban a las 5 de la tarde. Will asintió con la cabeza. Antes de que Will se marchara con Bob a las 5:00, me susurró al oído, “¡Voy a recibir una llamada muy importante a las 5:15!”

“Un cuarto de hora después, fui obedientemente a aquel bar situado cerca de la convención –continúa contando Kitchen-. Pedí mil disculpas por interrumpirles y le dije a Will que le habían hecho una llamada muy urgente y que tenía que volver de inmediato al hotel. Le dio la mano a Kane y se fue. “Sólo puedo soportar a ese tipo quince minutos”, esa fue la explicación que me dio Will cuando ya estábamos fuera.”

(…) Una de las primeras personas a las que Eisner contrató fue a su compinche del instituto y reconocido Don Juan: Bob Kane.

-He de confesar que lo hice encantado –afirma Eisner-. Trabajó para mí poco tiempo antes de crear Batman para Detective Comics.

El primer cómic que Kane realizó para Eisner & Iger fue Peter Pupp. Se trataba de un plagio descarado de unos nuevos personajes: unos animales que habían sido inventados por un creador de dibujos animados llamado Walt Disney.

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Página de Peter Pupp, publicada en Jumbo Comics en 1938


———->


Respecto a esta última apreciación, el propio Kane afirmaría en el libro Batman & Me (Eclipse, 1989), co-escrito con Tom Andrae: “Yo solía copiar a todas horas la tira de periódico de Mickey Mouse de Floyd Gottfredson, y mi mejor serie para Eisner-Iger a finales de los años ‘30 la hice en una especie de estilo Dysney. Se llamaba Peter Pupp“.

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- Captain marvel: Crusher of time y Captain Marvel: The temple of Itzalotahui, ambas de 1941, de CC Beck y Pete Costanza, aquí.

- Hortense the Loveable Brat: The machine world (1946), de Jack Ehret.

- Johnny Quick: Mr Bee goes to town! (1946), de Mort Meskin.

- Sadie Hawkins Day (1950), de Al Capp.

- Take a chair (1962), de Stan Lee y Steve Ditko.

- A warp in time… loses everything (1970), de Gray Morrow.

- The Witching Bour #14 (1971), de Jeff Jones, Stanley Pitt, Al Williamson y Carlos Garzon.

- Korak, Son of Tarzan. The Ancient awakes! (1974), de Robert Kanigher y Alex Niño.

- Arzach (1974), de Moebius (y una revisión de 1987 a cargo del autor).

- A vision of Venus (1975), de Tim Conrad.

- Tigerman and the flesh peddlers (1975), de John Albano y Ernie Colon.

- Justice, Incorporated (1975), de Denny O’Neil, Jack Kirby y Mike Royer.

- Howard the Duck: Way the farce be with you! (1977), de Steve Gerber, Val Mayerik y William Wray.

- Howard the Duck: Star Waaugh (1978), de Steve Gerber y Val Mayerik.

- Manimal (1978), de Ernie Colon.

- The Grubbers (1978), de Roger McKenzie y Howard Chaykin.

- Los héroes están cansados (1980), de Carlos Trillo y Cacho Mandrafina.

- The Spirit Magazine #30 (1981), de Will Eisner, Harvey Kurtzman, Milton Caniff, Frank Miller, Richard Corben, Howard Cruse, Peter Poplaski, Bill Sienkiewicz, Brian Bolland, John Byrne, Brent Anderson, Archie Goodwin, Denny O’Neil, Chris Claremont, Peter Sanderson, Dean Motter, Len Wein, Roger Stern, Max Allan Collins, Mike W Barr, Fred Hembeck, Catherine Yronwode, Michael T Gilbert, Trina Robbins, Denis Kitchen, Alan Weiss, Steve Leialoha, Sharon Rappaport, Ken Steacy, Marshall Rogers, Leslie Cabarga, Mike Newhall, Denis McFarling, Joe Staton, Alan Kupperberg, Ernie Colon, Bob Wiacek, Jim Engel, Mike Tiefenbacher y Chuck Fiala.


Eisner monday

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Desde hace tres semanas en The Hooded Utilitarian se vienen publicando los Eisner monday, que consisten simplemente en mostrar varias splash pages de apertura de cada episodio de The Spirit escaneadas de los suplementos originales.

[Vía: The Beat]


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- Prehysteria with Koko (1946), de Walt Kelly.

- Lockjaw goes to college (1947), de Jack Kirby.

- The man in my dreams, de John Severin y Will Elder (1950), y Shylock Homes and the case of the lifted locker, King Author and the knights of the reserved table y The cracked movie (1988), de Joe Catalano y John Severin, aquí.

- I joined a teen-age sex club y Anybody’s girl (1951), de Bob Powell.

- The night crawlers y The worm turns (1951), de Tony DiPreta y Bill Walton, respectivamente.

- Axle and Cam on the planet Meco (1953), de Bud Sagendorf.

- 3-D disaster, doom, death (1954), de Steve Ditko.

- African scream! (1954), de Wally Wood (1 y 2).

- The fantastic wishing weel (1958) y Prisoner of the sorcerer stone! (1959), de Mort Meskin, aquí.

- Beat Nick! (1960-1963), de Mort Drucker.

- Tell-Tale heart (1965), de Archie Goodwin y Reed Crandall.

- The Spirit, de Will Eisner.

- At the stroke of mifnight (1969), de Stan Lee y Jim Steranko.

- Jones touch (1972), de Jeff Jones.

- Dydl (1973), de Jeff Jones.

- Gjdrkzlxcbwq! (1973), de Basil Wolverton.

- Judas (1974), de Rich Margopoulos y Richard Corben.

- Gabriel the Devil Hunter (1974) Doug Moench y Billy Graham.

- The papist affair (1976), de Bryan Talbot.

- Sinchrony (1984), de Jon Jay Muth.


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- The Spirit, de Will Eisner, Lady Luck, de Chuck Mazoujian y Mr Mystic, de Bob Powell, todas de 1940, aquí.

- The adventures of Peter Wheat (1949), de Walt Kelly.

- The doomed patrol (1952), de Bob Powell.

- Hirschel’s hair (1953), de Don Heck.

- Swamp monster (1953), de Basil Wolverton.

- Map of doom (1953), de Joe Kubert.

- The evil eye (1954), de Steve Ditko.

- Doom in the air (1954), de Steve Ditko.

- You are the jury (1954), de Steve Ditko.

- Stuntman: Killer in the big top (1955), de Joe Simon y Jack Kirby.

- The Best of Dennis the Menace #1 (1959), de Al Wiseman.

- Tales of the Legion of Superheroes: The Bizarro-Legion (1965), de Jerry Siegel y Jim Mooney (1 y 2).

- The Spirit: Octopus, the lifestory of the King of Crime (1967), de Will Eisner (1 y 2).

- Cheech Wizard: The race to the Moon (1972), de Vaughn Bodé.

- Dirty job (1972), de Bob Haney y Alex Toth.

- Satana: The kiss of death (1974), de Gerry Conway y Esteban Maroto.

- El espíritu de Mascarín (1974-1975), de Oswal.

- The Avatar & The Chimera (1978), de P Craig Russell.

- Deep secrets (1983), de Jeff Jones.

- Hipótesis 1492 (1984), de Sergio Toppi.


Oldies but goldies

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- Varias muestras del libro Drawn & Quartered (1942), de Chas Addams.

- The Spirit: Plaster of Paris (1948), de Will Eisner (1 y 2).

- The voice of the dead!, de Bill Draut y The mailed fist of McGonigle, de George Roussos, ambas de 1952, aquí.

- The woman in the tower (1952), de Joe Simon y Jack Kirby.

- Plastic Man: The death trap (1953), de Al Luster.

- Modern Achilles y Clinging corpse, ambas de 1954 y de Mort Meskin, aquí.

- What was in Sam Dora’s box? (1954), de Steve Ditko.

- Comeback (1954), de Steve Ditko.

- Car show (1955), de Steve Ditko.

- Pogo (1964), de Walt Kelly.

- Time on my mind y Girls! Girls! Girls!, ambas de 1969, de Pepe González.

- The secret of the Egyptian cat (1970), de Berni Wrightson (1 y 2).

- And so we’ll be married! (1970), de Stan Lee, John Buscema y Dick Ayers.

- The scream of things (1970), de Allyn Brodsky, Barry Windsor-Smith y Vince Colletta.

- The demon that devoured Hollywood (1970), de Roy Thomas, Barry Windsor-Smith y Dan Adkins.

- The terrible old man! (1970), de Roy Thomas, Barry Windsor-Smith, Dan Adkins y John Verpoorten.

- OMAC #1 y OMAC #4 (1974), de Jack Kirby y Mike Royer.

- Kong the Untamed #1 (1975), de Jack Oleck y Alfredo Alcala.

- Conehead the Barbituate (1982) y otras historias, de Don Martin.

- Stalking (1984), de Barry Windsor-Smith.


La tira de The Spirit

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Tristán comenta y analiza en su blog las tiras de The Spirit que realizaron Will Eisner y su equipo a principios de los años ‘40 y que recientemente han sido recopiladas por DC en sus Archives. Aquí lo tienen, bien dividido en tres partes.


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- Reseñas mudas de la serie I won’t say a word (1939), de Milt Gross.

- The Spirit: The last trolley (1946), de Will Eisner y The Spirit: El Spirito, originalmente de Will Eisner en 1948 y coloreada en 1974 por Richard Corben, aquí.

- Albert and Pogo (1947), de Walt Kelly.

- Moronica, the nations nitwit (1948), de Milt Gross.

- Albert and Pogo’s Christmas (1949), de Walt Kelly.

- Botticelli of the Bangtails (1954), de Steve Ditko.

- Dennis the Menace: The menace of the seas (1956), de Al Wiseman.

- Donald Duck (1957), de Carl Barks.

- Adam Strange: The planet that came to a standstill (1962), de Gardner Fox, Carmine Infantino y Murphy Anderson.

- The ultimate weapon (1962), de Stan Lee y Steve Ditko.

- Flash Gordon and the Space Pirates (1966), de Wally Wood, Flash Gordon (1971), de Michael W Kaluta, anuncios de Flash Gordon (1971) de Al Williamson y más material sobre el personaje, aquí.

- Eclipso: Challenge of the Split-Man (1967), de Bob Haney y Alex Toth.

- Yellow submarine (1968), de Paul Newman y Jose Delbo.

- Wander (1968), de y Denny O’Neil y Jim Aparo.

- Enemy Ace: Devil’s General (1969), de Robert Kanigher y Joe Kubert.

- Now and then! (1973), de Steve Skeates y Nick Cardy y The showdown of sonata! (1974), de Lee Marrs, aquí.

- Quote: the Raven! (1976), de Steve Ditko.

- Yellow heat (1978), de Bruce Jones y Russ Heath.

- The return of the Swamp Beast! (1979), Egiptian graffiti (1979), A dead ringer (1980) y Business as usual! (1981), de de Jane y Bob Stine y Stephen Bissette, aquí.

- A frog is a frog (1982), de Steve Perry y Stephen Bissette.


Oldies but goldies

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-Tiras diarias de periódico y una versión mexicana de una clásica historia a color de The Spirit (1942), de Will Eisner.

- Flip and Dip (1944), de John Stanley.

- Pigtales (1946), de Harvey Kurtzman.

- Trail Colt (1949), de Frank Frazetta, Fallon of the FBI y Undercover girl, de Ogden Whitney, Kirk of Scotland Yard, de Paul Parker, The Red Fox, de LB Cole, todas de 1952, en este enlace.

- Demons of the night (1952), de Manny Stallman y John Giunta.

- Jumpin’ Jupiter (1952), de Basil Wolverton.

- Invasion of the ghost monsters (1952), de Ken Bald.

- Batman: The gorilla boss of Gotham City! (1953), de David Vern, Bob Kane, Lew Schwartz y Charles Paris.

- For you, for me (1963), de Pepe González.

- Mighty Samson: The Riddle Of The Raids (1965), de Otto Binder y Frank Thorne.

- Viet-Cong, Aftermath y Flying Tigers (1965), todas con guión de Archie Goodwin y dibujos respectivamente de Joe Orlando, Angelo Torres y George Evans. Se trata de un adelanto de la reedición en un solo tomo de la cabecera Blazing Combat, por parte de Fantagraphics.

- Bonnie & Clyde (1968), de Guido Crepax.

- The game that plays you, de Dick Kenson y Berni Wrightson, The skin-eaters, de Terry Bisson y Ralph Reese, Curse of the yeti, de Otto Binder y Ralph Reese, Growth!, de Nicola Cuti y Wayne Howard, Santa’s claws, de Frank Brunner y Ashes to ashes, de Ron Barlow y Roger Brand, todas de 1969-1970, aquí.

- Superman, Batman and their super sons: Little town with a big secret (1973), de Bob Haney, Dick Dillin y Murphy Anderson.

- Vampirella: The mummy’s revenge (1974), de Flaxman Loew y Pepe González.

- “Comic Book” McFiend: The Collector (1975), de Sergio Aragonés.

- Royal feast y Endless cloud (1978), de Frank Miller.

- Royal feast (otra vez) y Deliver Me from D-Day, de Wyatt Gwyon, Frank Milller y Danny Bulandi, ambas de 1978, aquí.

- The potty’s over (1984), de Berni Wrightson.

- Flash back (1986), de Alan Parker y Pepe González.


Oldies but goldies

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- The Spirit, de Will Eisner, Lady Luck, de Chuck Mazoujian y Mr Mystic, de Bob Powell, todas de 1940, aquí.

- Death Patrol (1941), de Jack Cole (1, 2 y 3).

- Donald Duck’s best Christmas (1945), de Carl Barks.

- Sparky Watts (1947), de Boody Rogers.

- Nibble (1948), de Walt Kelly.

- The Brain! y The return of the brain (1951), de Stan Lee y Russ Heath, aquí.

- Curse castle (1952), de Bob Powell.

- The invasion (1953), de Bob Powell.

- Behind locked doors (1953), de Vic Carrabotta.

- The payoff (1954), de Steve Ditko.

- Sobre un relato de Ray Bradbury, The flying machine (1954), de Al Feldstein y Bernard Krigstein.

- Little Lulu (1956), de John Stanley.

- The last man on earth (1961), de Stan Lee y Steve Ditko.

- Captain Klutz: Sissyman (1967), de Don Martin.

- Mother Toad, de Terry Bisson y Berni Wrightson y Breathless, de Marv Wolfman y Berni Wrigthson, ambas de 1970, aquí.

- The case of the curious classic (1970), de Alex Toth.

- Wyatt Winghead in outer space (1971), de Larry Welz.

- The Phantom: The torch (1976), de Ben S Parillo y Don Newton.

- The dimensions of greed (1979), de JM DeMatteis y Steve Ditko.

- Doomscult (1983), de Richard Corben.

En la prensa

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A finales de los años 70, un joven Frank Miller rondaba por las calles de Nueva York con hambre de tebeos. Había llegado desde Vermont con un montón de historietas de crimen debajo del brazo. Ningún editor se las quiso publicar. Resignado, Miller se dio a conocer dibujando Daredevil, un justiciero segundón de Marvel. En apenas un año, consiguió pelearse con el guionista de la serie y quitarle el puesto, algo insólito en el sistema de trabajo de las grandes editoriales, donde las labores creativas estaban perfectamente diferenciadas. De golpe, Miller pasaba a convertirse en un autor completo. Su debut como tal lo hizo en el número 168 de Daredevil (enero de 1981). Tenía 24 años y, para nacer como artista, decidió copiar una vieja historia de The Spirit, de Will Eisner.

La historia presentaba a Elektra, el primer amor de Daredevil, que volvía convertida en ninja asesina y cazadora de recompensas, siguiendo los pasos de Sand Saref, un relato en dos partes publicado en enero de 1950 donde Spirit se reencontraba con su antigua novia del barrio, ahora ladrona y mujer fatal. El círculo se cierra en la película The Spirit, cuando la agente Morgenstern afirma que Sand Saref tiene «complejo de Elektra».

Santiago García escribe sobre Frank Miller, Will Eisner y The Spirit en ABCD.

Gran novela gráfica, premio merecido, aunque el mismo podría haber recaído en Gallardo o en Giménez, sin duda había un altísimo nivel. Arrugas ahonda en la enfermedad del alzheimer y la demencia senil, pero lo hace con una elegancia que roza lo entrañable mezclado con el escozor de las heridas que nunca cicatrizarán.

Iván Cerdán Bermúdez reseña Arrugas para ABCD.


Oldies but goldies

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- Ilustraciones editoriales (1871-1934), de Winsor McCay.

- Katzenjammer Kids (1912-1924), de Rudolph Dirks y Harold Knerr.

- The fir tree (1942), de Hans Christian Andersen y Walt Kelly.

- The spider widow de Frank Borth, Madam Fatal de Art Pinajian, Midnight de Jack Cole, Alias the Spider de Paul Gustavson y The Sniper de Vernon Henkel, todas ellas aquí.

- Espionage, de Will Eisner, The Space Legion, de Vernon Henkel, The Red Torpedo, de Henry Kiefer, The Old Witch, de George Appel, The Doll Man, de Reed Crandall y Windy Breeze, de Jack Cole, aquí.

- Anuncios para Tootsie (1945-1955), de CC Beck.

- The Christmas Spirit (1946), de Will Eisner.

- The Christmas Spirit. A fable (1946), de Will Eisner.

- Green Lama #7 (1947), de Marc Raboy, And all through the house (1954), de Johnny Craig y Bucky Ruckus’ Christmas Caper!, de Wally Wood, aquí.

- Donald Duck: Pizen Spring Dude Ranch (1949), de Carl Barks.

- Tiras de BC, de Johnny Hart.

- Rocky X of the Rocketeers: The deadly blunder (1952), de Charles Biro y Norman Maurer.

- The soul of Benjamin Sprague (1952), de Bob Powell.

- What in the world (1952), de Jim Mooney.

- Curiosity killed the ghost (1952), de Bob Powell.

- Rudolph, the red-nosed reindeer: The King that outlawed Christmas (1953), de Sy Reit y Rube Grossman.

- Ghost story (1952), Zombie! (1953) y The men from Mars (1954), de Bill Everett, aquí.

- Blackhawk: Lost horizon of terror (1953), de Dick Dillin y Chuck Cuidera.

- This is your wife (1945), de Al Hartley. Además, High Moon (1954), de Ed Winiarsky.

- The Night Before Christmas (1954), de Al Feldstein y Will Elder.

- Punch & Rudy (1954), de Mort Meskin.

- From all our darkrooms (1957), de Steve Ditko.

- Mickey Mouse: The incredible box top plot (1962) (1 y 2), de Carl Fallberg y Paul Murry.

- Watami (1962-1976), de HG Oesterheld y Jorge Moliterni (1 y 2).

- Historia para Lagash (1967), de Robin Wood y Lucho Olivera (1 y 2).

- Brother Power the Geek #1 (1969), de Joe Simon.

- Hjalmar, (1969), de Robin Wood y Sergio Mulko (1 y 2).

- Captain Marvel: A taste of madness! (1972), de Mike Friedrich, Jim Starlin y Chick Stone.

- JLA #110: The man who murdered Santa Claus (1973), de Len Wein, Dick Dillin y Dick Giordano.

- Not A Creature Was Stirring (1974), de Don McGregor y Tom Sutton.

- Morlock 2001 #3 (1975), de Gary Friedrich, Steve Ditko y Berni Wrightson.

- DC Super-Stars: The Wild and Wacky World of Sergio Aragones (1976), de Sergio Aragonés.

- Érase un vez un milagro (1976), de Bill DuBay y José Ortiz.

- Avengers Annual #7 y Marvel Two-In-One Annual #2 (1977), de Jim Starlin y Joe Rubinstein.

- Marvel Team-Up #79: Sword of the She-Devil (1978), de Chris Claremont, John Byrne y Terry Austin.

- DC’s Super-Star Holiday Special (1980), de Michael Fleisher, Dick Ayers, Romeo Thangal, Denny O’Neil, Frank Miller, Steve Mitchell, Bob Rozakis, Dan Adkins, Robert Kanigher, Paul Levitz y José Luis García-López.

- Star Trek: The motion picture (1979), de Marv Wolfman, Dave Cockrum y Klaus Janson.

- Algunas páginas de Cracked Digest #2: Monster Party (1987), de Bill Ward, Don Orehek y Vic Martin.

Y para terminar, algunos que no son tan oldies.

- Drácula: La primera batalla, de Robin Wood y Alberto Salinas.

- Dax, de Robin Wood y Rubén Marchionne (1 y 2).

- Starlight (1993), de Robin Wood y Juan Zanotto (1 y 2).

- The sensual Santa (1994), de Daniel Clowes.


Parecidos razonables: Al Bryant Vs Will Eisner

A la izquierda, portada de Doll Man Quarterly #4 (Quality Comics, 1942) atribuida a Al Bryant. A la derecha, pirmera página de la historia Mr Midnight de la serie The Spirit, de Will Eisner, editada originalmente el 14 de Julio de 1940.

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Pero no sólo de The Spirit vive el Al Bryant. En ocasiones se copia a sí mismo, como en estas dos portadas de Doll Man de 1947.

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Oldies but goldies

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Viñetas editoriales en el diario LA Examiner (1907), de George Herriman.

The Illustrated Tarzan Book #1 (1929), de Harold Foster.

Cigarette Sadie, de Chester Gould.

Muchas historias de Fred Guardineer: Zatara, Master Magician, (1938), publicada ni más ni menos que en Action Comics #1; Marvelo, Monarch of Magicians (1940); Merlin the Magician (1941-1942); y Tor, the Magic Master (1942).

Santa Claus in trouble (1942).

Look out! Airboy is here!! (1943), Harry Stein y Dan Barry.

The Human Torch: The photo phantom (1947).

The golden Flash (1948), de John Broome, Carmine Infantino y Bob Oksner.

Portadas para Two-Fisted tales y Frontline Combat (1950-1955), a cargo de Harvey Kurtzman, Jack Davis, Wally Wood, John Severin, Will Elder y George Evans

The Katzenjammer Kids (1951), de Peter Wells.

Sirens Of Space (1951), de Wally Wood.

The Spirit: Mission… the moon (1952), de Jules Feiffer, Wally Wood y Will Eisner. Y de regalos, en el mismo enlace, Crimen perfecto en español.

El Sargento Kirk (1953- ), de HG Oesterheld y Hugo Pratt (1 y 2).

Pogo: Berried treasure (1953), de Walt Kelly.

Avery and the Goblins (1954), de Steve Ditko.

Am I Really Batman? (1957), de Bill Finger, Sheldon Moldoff y Charles Paris.

I know the secret of the poltergeist!, I dared to defy Merlin’s… black magic! y Frog-Man! (1959-1960), de Stan Lee y Steve Ditko.

The cremation of Sam McGee (1961), de John Severin.

Children of doom (1967), de Denny O’Neil y Pat Boyette.

Pussycat (1968), de Bill Ward.

The origin of Captain Action (1968), de Jim Shooter y Wally Wood.

Varias historias de Jeff Jones publicadas entre 1969 y 1972.

The fury of the Femizons (1971), de Stan Lee y John Romita.

The Man Who Stole Eternity (1971), de Gardner Fox y Bill Everett.

Toxl the World Killer! (1972), de Jack Kirby.

Midnight tales #3 (1973), de Nicola Cuti, Tom Sutton, Wayne Howard y Joe Staton.

Barometer Falling… (1973), de Gray Morrow.

Haunted #20 (1974), de Tom Sutton.

Tres en uno, todas de 1975: The Destructor #1 (que ya habíamos enlazado previamente), de Archie Goodwin, Steve Ditko, y Wally Wood; The Scorpion #1, de Howard Chaykin; y Who is Adam Warlock, de Jim Starlin.


En la prensa

“No he sido neutral en mi vida. Debajo del paraguas de los neutrales casi siempre hay un fascista vergonzante. No puedo ser neutral ante el fascismo, aunque he hecho muchos esfuerzos para ser objetivo y contar también los crímenes del lado propio”, señaló ayer en Palma Carlos Giménez. El dibujante y guionista, cronista de la transición política en la trilogía España Una, España Grande y España Libre, participó en una mesa redonda que versó sobre los desastres de la Guerra Civil desde la óptica del cómic, un acto que se desarrolló en el Casal de Joves de Llevant y en el que también estuvieron presentes el profesor de Historia Contemporánea Antoni Marimon, el vicepresidente de la Associació Memòria-Històrica de Balears, Manel Suárez, y el crítico de cómic Jaume Salvà i Lara.

G Rodas recoge la participación ayer de Carlos Giménez en una mesa redonda en Palma, en Diario de Mallorca.

Para los más despistados, «The Spirit», esa película con las tres guapas oficiales del momento, está basada en un cómic de Will Eisner, dibujante y guionista de tebeos fallecido recientemente. Frank Miller, otro autor de cómics, rescata una serie clásica de los años 40 y 50 y se pone detrás de las cámaras para dirigir la adaptación cinematográfica.

Frank Miller es católico, solemne, misógino y del ala dura del Partido Republicano. Will Eisner era un judío bromista, mujeriego y demócrata furibundo. Quitando que los dos dibujan con la mano derecha, no pueden imaginarse dos personajes más antagónicos. Si comparamos la película y el cómic, esas diferencias se acentúan aún más. A la zaga de la película los tebeos se están reeditando en castellano, así que es una oportunidad perfecta para descubrir una de las mejores obras del llamado “noveno arte”.

Ramón R Carrero escribe sobre The Spirit en ABC.


Eisner fan

Supongamos que eres un grandísimo fan de Will Eisner y quieres que los vecinos se enteren…



VERSUS. Hoy: Pepo Pérez Vs Álvaro Pons

Comenzamos hoy una sección que esperamos tenga continuidad, supeditada a la buena voluntad de los posibles entrevistados. La idea básica es bien sencilla y pensamos que puede aportar interesantes ideas para el debate: realizar la misma entrevista a dos personas relacionadas con el mundo del cómic en cualquiera de sus facetas (autoría, edición, crítica, divulgación…) que a priori pueda parecer que mantengan posturas encontradas sobre temas concretos. Por supuesto, la idea es que las preguntas abunden en esos temas en los que las diferencias de opinión puedan ser mayores o en aquellos sobre los que hayan acumulado una mayor cantidad de conocimientos a lo largo del ejercicio de su profesión/afición.

Para comenzar, dos personas muy conocidas en la red que en algunas ocasiones han mostrado sus diferencias de opinión en la forma de abordar la crítica de la historieta, en la apreciación de cómics concretos y en otros temas que tienen que ver con la edición: Pepo Pérez (Con C de Arte, www.pepoperez.com) y Álvaro Pons (La Cárcel de Papel, DDT). A pesar de esas diferencias puntuales, ¿es tan distinta realmente su visión del cómic, del mercado, de los mecanismos necesarios para ampliar el público de la historieta? Este es su turno para responder preguntas; al final de la entrevista es el vuestro, para añadir en la sección de comentarios vuestas opiniones, acuerdos y desacuerdos.

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¿Cómo afrontas la crítica de un cómic?

Pepo: Intento entender las intenciones y planteamientos previos del autor, y las comparo con los resultados que yo veo en el tebeo. Luego procuro documentarme sobre el autor y su carrera para no meter la pata, leer entrevistas suyas, etc. A la hora de redactar intento no ser descriptivo y analizar forma y fondo. Evitar los epítetos demasiado admirativos, por mucho que me guste el cómic en cuestión, y también los resúmenes argumentales (en este sentido, mejor mencionar el tema del tebeo que el argumento). En general, se trata de captar y expresar la esencia del tebeo, al menos ése es el objetivo.

Álvaro: Leyendo el tebeo. No suelo tener un estado mental especial o prepararme la reseña, más allá de lo que es la lectura y la búsqueda de los datos del autor.

¿Cuál es la auténtica labor del crítico, formar o informar? ¿Ambas o ninguna?

Pepo: Las dos, creo, sólo que depende del medio donde publiques una pesará más sobre la otra. Si es un medio general, pesará más lo informativo. Si es medio especializado, puedes tratar aspectos más “formativos”, y no me refiero a darle clases a nadie, que no soy quién. Me refiero a analizar aspectos técnicos del lenguaje del cómic, recursos gráficos y narrativos empleados, etc.

Álvaro: Ninguna de las dos. Ni el crítico debe por qué tener la formación necesaria para establecer las bases de un proceso formativo, ni tiene porqué ser un periodista de información presto a dar las últimas noticias de un teletipo. El problema básico, por supuesto, es la definición de crítico. ¿Qué es un crítico? Si nos atenemos a la definición de la RAE, un crítico es cualquiera que expresa un juicio o opinión sobre una obra, por lo que, en principio, todos aquellos que opinan sobre un tebeo lo serían. Sin embargo, se suele hacer la equivalencia con otras artes, intentando definir como crítica la que se realiza en literatura o arte. La diferencia básica entre ambas es, lógicamente el bagaje que hay detrás de cada una. Mientras que arte y literatura tienen una base teórica sobre la que poder construir hipótesis y un análisis crítico estructurado, esa base todavía no existe en el cómic con el suficiente fundamento. Intentar hacer un análisis crítico sobre tebeos, hoy, es construir castillos en el aire sin base alguna.

Los dos polos sobre los que hay que trabajar y profundizar en España son la difusión y el análisis crítico del cómic? ¿Cómo hacerlo?

Pepo: Difusión, en cualquier sitio que se deje. Análisis crítico, mejor en un medio especializado. Aunque ámbitos como los suplementos culturales tipo ABCD o Babelia sí creo que pueden permitir, a la larga, un análisis más técnico. Puedo estar equivocado, pero pienso que el tipo de lector de esos suplementos tiene capacidad de sobra para asimilar esos análisis aunque no sea aficionado al cómic.

Álvaro: No, como he dicho antes, el problema que tenemos es la inexistencia de un bagaje teórico sobre el que poder establecer esos análisis. No podemos pensar que una reseña o un comentario, por bien fundamentado que esté, puede sustituir las necesidades de teoría. No se podría hacer la crítica que hoy se hace en literatura o arte si no existiese una longeva tradición de investigación en estos campos, con una amplia bibliografía que permite a los críticos establecer un discurso estructurado y coherente, en el que plantear hipótesis de análisis. En este momento hay tres ejes fundamentales de trabajo en el tebeo: la difusión, la divulgación y la investigación teórica.
La investigación teórica, como base absoluta de todo lo que he comentado antes: es fundamental la existencia de un cuerpo teórico de la historieta. No se sostiene que cada vez que hablemos de historieta desde posiciones teóricas -o de lo que ahora se confunde como análisis crítico-, se hagan siempre referencias recurrentes a obras como Understanding comics o a simples evaluaciones primarias de la composición o la puesta en escena. Deberían existir obras de referencia que establezcan postulados teóricos sobre los que discutir sobre narrativa, composición, semiótica, lenguaje, dibujo y todos los aspectos inherentes a la historieta como medio. Y por supuesto, estudios históricos que vayan más allá de la simple enumeración de fechas y datos, ensayos de historia comparativa que permitan entender los flujos históricos en la historieta.
La difusión, imprescindible como línea principal de potenciación industrial de la historieta. La historieta, como arte popular, tiene una dicotomía inherente que la hace elemento industrial y artístico sin límite entre ambas opciones, y hace obligatoria la difusión para que exista una infraestructura industrial que permita sostener las experiencias artísticas. Esta difusión debe realizarse desde todos los medios posibles: periodísticos, personales, etc.
Y, por último, la divulgación, como eje básico a la hora de enseñar y dar a conocer lo que es la historieta. Es necesaria para enseñar a leer historieta, para que el público aprenda a apreciar aquellas ideas básicas del medio. Es el punto de conexión obligatorio entre la investigación y la difusión.
El problema es ¿quién debe estar en cada etapa? En la investigación, parece obvio que hay que apelar a las instituciones universitarias, que establezcan líneas de investigación desde los departamentos de historia del arte, teoría de lenguajes, semiótica, arte, dibujo, etc… Que apliquen las técnicas comunes a cualquier expresión artística o cultural a la historieta y consigan establecer bases teóricas para el medio.
En la difusión y divulgación deben estar, por supuesto, todos aquellos que puedan plasmar sus conocimientos en estas etapas. ¿Deben ser los críticos? No, los críticos son tan sólo una parte de este engranaje, pero no el motor fundamental.

¿No opinas que, en general, en el mundo del cómic se tiende a exagerar la bondad de las obras, a ser muy poco crítico, y que a largo plazo esto no hace ningún bien al medio (no sólo en España)?

Pepo: Sí, a veces se exagera mucho. Y exagerar nunca es bueno a largo plazo. Si exageras los piropos hacia un tebeo, el lector que haga caso a tu crítica y se lo compre puede salir decepcionado y no volver a hacerte caso nunca más. Etcétera.

Álvaro: No, es una derivación de la actual situación de falta de bases teóricas y del medio. En este momento no existe una crítica profesional equivalente a la que existe en otros medios, como el cine, la literatura o el arte. Si yo fuese un crítico pagado por una revista, que debe hacer una serie de reseñas de forma obligada porque me vienen definidas desde la redacción, seguramente el porcentaje de críticas negativas sería brutal. Sin embargo, desde el momento en que es el propio crítico el que elige el objeto de su análisis…¿qué sentido tiene perder el tiempo en hablar de un mal tebeo? Lo lógico es elegir aquello que te ha gustado. Erróneamente, esta situación se está interpretando como que el mundo del cómic tiende a exagerar la bondad de las obras y sólo decir cosas buenas. No, el problema es que sólo se habla de las obras buenas. Pero hagamos el ejercicio contrario: se publican unas 2500 obras en España…¿cuántas se reseñan al año? Si os fijáis y hacéis un rápido repaso por tebelogs, las reseñas se concentran en un número muy reducido de títulos, que posiblemente no supere el 10% del total. Es decir, las reseñas y comentarios se concentran en los mejores tebeos. ¿Se debe hablar mal obligatoriamente de un tebeo, aunque nos guste? No, desde luego.
El verdadero problema, que no le hace bien al medio y, en particular, a los nuevos autores, es que no hay crítica de nuevos autores. No hay una crítica constructiva que ayude a los nuevos autores a mejorar porque, si no nos ha gustado un tebeo de un novel, no lo reseñamos. ¿Cuántos tebeos de noveles españoles se han reseñado este año entre todos los medios que hablan de tebeos? ¿Una docena? ¿Dónde está el resto?
Repito, no es un problema de ser “poco crítico”, es un problema de que no existe crítica profesional.

¿Debería el cómic ser un arte habitual en los museos?

Pepo: Como demostración de una manifestación cultural, pues sí, porque eso influye para bien en la percepción del público sobre el cómic y en su divulgación. A mí desde luego me gusta ver exposiciones de cómic. Dicho esto, meter el cómic en un museo es beneficioso pero también artificioso. Las páginas de un cómic no se hicieron para ser colgadas de una pared y ser admiradas como un cuadro. Están para ser leídas en su soporte impreso, el cómic para el que fueron concebidas.

Álvaro: Por supuesto. Es obligatorio que esté y se muestre como cualquier otro arte.

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¿Hay que fomentar todos los cómics a toda costa?

Pepo: Soy partidario de los productos comerciales que generan fenómenos masivos de público, porque eso es lo que permite la existencia de una industria, y sin industria es imposible editar y distribuir tebeos minoritarios, que suelen –aunque no siempre– ser los más interesantes creativamente hablando. Es un ecosistema, como todo en la vida. Así que supongo que sí, se puede fomentar todo siempre que tengas en cuenta el tipo de producto y el ámbito donde lo promocionas. Eso sí, fomenta un producto digno, o si no el lector te lo tirará a la cara. Aquí volvemos a donde lo dejamos hace dos preguntas.

Álvaro: Sí y no. En el mercado actual, cuando hablamos de fomento de la lectura de la historia, cualquier lectura es bienvenida. No seamos más papistas que el papa y caigamos en el error de pensar que la gente debe leer sólo lo que nosotros pensamos que es bueno. El dirigismo cultural ha sido siempre un error y siempre tiene terribles efectos secundarios. Sin embargo, fomentar todo tipo de lecturas no significa suponer que los lectores son imbéciles y se tragan cualquier basura. Debemos ser coherentes y capaces de hacer compatibles un discurso de fomento de la lectura con otro de defensa de los valores (artísticos, culturales, etc) que nosotros creemos se deban transmitir. El problema es que, en la situación actual de la industria del tebeo, creo que hay que ser lo más generosos posibles, defendiendo la publicación de todo tipo de tebeos.

¿Crees que el cómic merece/necesita subvenciones públicas o algún tipo de reconocimiento institucional?

Pepo: Si se dan reconocimientos y premios a otras manifestaciones culturales, no vamos a discriminar al cómic, ¿verdad? Así que completamente a favor, sobre todo porque eso tiene un gran impacto en la percepción del gran público. El tema subvenciones públicas es delicado. Por un lado, son necesarias porque el sector privado no siempre invierte en determinados sectores y los abandona a su suerte; en España suele ocurrir, salvo honrosas excepciones, en la producción propia con autores españoles. El problema eterno con las subvenciones es dónde son necesarias exactamente y cómo escoges lo que vas a subvencionar. No lo sé, es un tema complicado. Por otra parte, todo el que está muy sobreprotegido tiende a volverse perezoso y tonto, mientras que el que tiene que buscarse solito las habichuelas es más espabilado, se esfuerza más, el hambre aguza el ingenio, etc. Mira a los emigrantes. El cómic está en este segundo sitio, por supuesto. En el de los chicos de la calle que tienen que luchar duro para hacerse un sitio en el mundo.

Álvaro: Depende de lo que entendamos como subvenciones. La política cultural de subvenciones siempre tiene problemas difíciles de resolver, derivados generalmente de políticas de buenas intenciones que luego fallan en su plasmación práctica, resultando en corralillos de amiguismos o de pseudirigismo. Pero es evidente que la cultura es un bien público que debe ser preservado. No se puede apelar con ligereza a la máxima de que “el mercado es el que dirige”. Es una falacia y un sinsentido que sea el mercado el que dirija la cultura de un pueblo. Es el pueblo el que crea la cultura, pero si aceptamos, dentro de la definición por lo menos, que los políticos son parte y servidores del pueblo, una de sus funciones debería ser, precisamente, la preservación de la cultura. Evidentemente, una política única de subvenciones a la creación no aporta absolutamente nada más que crear falsos estados de supuesta felicidad. Si no existen políticas accesorias que favorezcan que esa creación se difunde, llega al público y éste puede valorarla, difícilmente servirán de nada. Pero, por otra parte, ese mecenazgo del estado es obligatorio. En toda la historia del arte, los poderes fácticos han sido los mecenas efectivos de la producción artística y, hoy, esos poderes son el estado. Paradójicamente, la libertad necesaria que precisa la creación parece tener más sentido con políticas de mecenazgo .

¿De verdad está tan mal la industria del cómic en España?

Pepo: La industria en España no estaba tan bien desde hace al menos veinte años. En determinados aspectos, está mejor que nunca. Sí existen unas infraestructuras y unos beneficios importantes ahora mismo, otra cosa es que esa industria se dedique en su mayoría, como se dedica, a traducir tebeos extranjeros y no invierta apenas en producción propia. Claro que esto último requiere mayor esfuerzo, porque entonces hay que cuidar del autor, incluso con adelantos monetarios, promocionar el producto como es debido, colocarlo en todos los sitios posibles e incluso exportarlo a otros países. Que es exactamente lo que hacen en Francia, EEUU o Japón. Y así les va.

Álvaro: Depende desde qué lado del mostrador se quiera ver. Desde luego, si sólo hacemos caso de los números que llegan desde los escasos estudios realizados, la cosa no parece ir mal. El número de novedades aumenta sin cesar, las ventas suben, el número de puntos de venta aumenta (aunque puede que existan variaciones a la baja en el año que viene, por primera vez en mucho tiempo), se ha abierto la distribución a cadenas generalistas… El panorama es ilusionante. No se puede hablar de una situación boyante, pero es evidente que el tebeo está comportándose de forma mimética, en términos de mercado, a lo que ocurre en el caso del libro. Sufre bastantes de sus males, derivados del poco hábito lector de la población, pero también tiene una idiosincrasia propia que le favorece. Es una situación de base absolutamente endeble, basada en tiradas ínfimas y, todavía, con una situación industrial que adolece de muchísimos males, comenzando por la falta de estructuras empresariales que impulsen sinergias de mercado, como pasa en Francia (en el caso del día de la BD), y terminando por la realidad de una infraestructura editorial que se basa, fundamentalmente, en la ilusión de aficionados que se ponen en editar, no en profesionales de la edición.
Es ilusionante, pero hay que tener mucho cuidado con dos eslabones que están aguantando ese monstruo con pies de cristal: autores y libreros. Los primeros, porque la invasión de producción extranjera, mucho más rentable que la propia, los ha exiliado casi por completo del mercado. Hoy por hoy, salvo Ibáñez, los pocos autores españoles que publican historieta lo hacen única y exclusivamente por vocación. Los segundos, porque es una red donde la mayoría son pequeños negocios, generalmente unipersonales, que tiene que soportar la creciente presión del aumento de novedades, convirtiéndose en el filtro real de la edición en España. Los libreros no pueden absorber la oferta, es imposible, y deben filtrar al lector. Se crea entonces una perversión del modelo de libre mercado, ya que no es el público el que marca las reglas, sino el intermediario.

¿Qué te parece que muchas veces se aluda al papel de los consumidores de cómics como responsables del mal estado de la industria?

Pepo: Absurdo. La gente compra lo que le interesa, y muy bien que hacen porque es su dinero. Además, los beneficios que ganan ahora mismo algunas editoriales proceden, es una perogrullada que conviene recordar, precisamente del consumidor. Problema distinto es que haya tebeos que puedan interesarle a la gente pero no se han enterado de que existen ni dónde pueden comprarlos. Me estoy refiriendo ahora al gran público, que es donde hay que llegar. Y ahí la tarea de ponerles el producto delante de los ojos depende de todos: del editor, del distribuidor, del librero y del crítico/divulgador. Del autor depende sobre todo hacer buenos tebeos, sin ellos no hay nada que hacer.

Álvaro: Es una estupidez. Es cierto que el consumidor de cómics es un caso muy particular, ya que, en su mayoría es coleccionista también. Es una situación extraña dentro del mundo de la cultura, sólo equiparable en cierta medida a la poesía, donde el sostén de la producción son los coleccionistas.
Es una situación absurda, derivada de la reclusión de los tebeos a un único canal de distribución. Posiblemente, si se hace un análisis en esa línea, se encuentre que es uno de los motivos principales de los males del tebeo español en la actualidad, pero sería de necios deducir a partir de ahí que la culpa ha sido de libreros o lectores. El problema, mucho más complejo, proviene de una industria que no ha sabido ni podido reaccionar a los cambios sociales. En su momento se refugió en un circuito que le salvó de la desaparición, pero luego desarrolló una postura cómoda que no ha sido capaz de hacer una visión a largo plazo. Lo que en su momento fue una tabla de salvación, se ha convertido después en una autolimitación que no se ha querido romper por miedo.

¿Te parece que actualmente el público general en España se está abriendo a los cómics? ¿Por qué?

Pepo: Sí, es evidente. Porque ahora el cómic está presente a diario en muchos medios generalistas, periódicos, suplementos culturales, publicaciones gratuitas; está en la televisión, está volviendo a las bibliotecas y está entrando en los museos, pero, sobre todo, está en el cine. La avalancha de películas basadas en tebeos de estos años ha puesto al cómic en el escaparate más caro y vistoso que existe, que es el del cine americano. Además, están entrando grandes editoriales literarias porque ven que aquí hay un negocio en potencia, y esto va a suponer a corto plazo un salto cuántico en la promoción del cómic. Porque estas grandes editoriales tienen acceso a muchísimos canales de promoción y distribución.

Álvaro: Es indudable. Poco a poco la mayor presencia en los medios del cómic y la entrada de las grandes editoriales han abierto espacios en las grandes cadenas de distribución y librerías generalistas. Esto ha motivado una visibilidad del tebeo inédita hasta ahora y que ha despertado la curiosidad del público no aficionado al tebeo. No se puede hablar de razones únicas, sino de un cúmulo de ellas, desde la afortunada y sorprendente aceptación del término novela gráfica, a la indudable aportación del vampirismo continuado que está demostrando el cine sobre la historieta, pasando por la generalización de información, etc.

¿Qué tenemos que envidiarle a Francia? ¿Y a los USA? ¿Y a Japon?

Pepo: A Estados Unidos, su creatividad. Históricamente, el cómic norteamericano es el más innovador e influyente en todo Occidente. A Francia, su industria, muy grande pero más versátil que la de Estados Unidos, aunque últimamente también se hayan puesto a la vanguardia creativa con la nouvelle BD. Japón es el mercado que más desconozco. Por lo que sé, envidiaría la amplitud y variedad de su oferta y, por supuesto, su público: es masivo, mayor que en ningún otro mercado del mundo.

Álvaro: ¿Todo? No, en serio, a Francia, sin duda, el respeto social de la historieta, plenamente integrada en la “cultura oficial”. A los USA nada. No porque les tenga manía, sino porque nuestra industria no deja de ser un reflejo a escala de lo que ocurre allí. No estaría mal, en cualquier caso, aprender de la profesionalidad de muchas de las editoriales americanas. Y a Japón, la consideración del autor y su magnífica diversidad.

¿Quiénes son para ti los cinco autores de cómic más influyentes de todos los tiempos?

Pepo: Creo que seis: Winsor McCay, Will Eisner, Hergé, Jack Kirby, Robert Crumb y Osamu Tezuka. No tengo demasiadas dudas. Puedes añadir a Milton Caniff y a Harvey Kurtzman a la lista sin problemas.

Álvaro: Buffffffffff. Es una pregunta trampa, porque en este tipo de juicios es imposible no tener en cuenta las consideraciones personales. Supongo que, si tuviera que pensar en unos cuantos nombres, serían el de Winsor McCay, como creador del lenguaje de la historieta tal y como la entendemos hoy; Harold Foster, como origen y referente de todo el cómic de aventuras de base naturalista; Geo McManus, como el autor que hace la transición entre el estilo de dibujo cómico de autores como Rudolph Dirks hacia una consideración más realista, pero llena de elegancia, que será la base de toda la escuela europea a través de Saint-Ogan; un exaequo a Milton Caniff y Will Eisner, como los grandes desarrolladores de recursos narrativos de la historieta, padres espirituales de todo la historieta que se hace a partir de los 50 en los USA y, por último a Osamu Tezuka, responsable directo de lo que hoy entendemos como manga, tanto por imitación como por rebeldía hacia su trabajo. (Y, si me dejáis un sexto, Franquin, es el referente directo del tebeo de humor europeo en su concepción actual).

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¿Y los cinco autores de cómic españoles?

Pepo: Aquí tengo más dudas. A ver, mojándome, te diría que Benejam (aunque Coll fue también importante, Benejam fue el eje principal del TBO), Vázquez (te diría que también Ibáñez, pero están a diferente nivel), el tándem Víctor Mora-Ambrós, Carlos Giménez, Gallardo. Se me acabó el cupo de cinco. Fuera de él, también añadiría a Max, su carrera en conjunto creo que es una inspiración para muchos autores. También a Manel Fontdevila, que lleva años influyendo a bastante gente y creo que va a hacerlo aún más en el futuro.

Álvaro: Aquí es mucho más difícil, creo que sería más correcto hablar de influencia de escuelas. Comenzando con los ilustres precursores como Xaudaró o Atiza, seguidores de Töpffer, para pasar después a la brillante generación del 27, autores que asimilaron los movimientos estéticos de la época para hacer verdaderas maravillas, como K-Hito, Mihura o Tono, para dar el salto después a la escuela Bruguera, especialmente a la que se crea en los 50 alrededor de DDT o Tiovivo. Autores como Escobar, Conti, Cifré, Vázquez, Peñarroya o Jorge son genios todavía por reivindicar. Pasaríamos después a la generación del exilio, la de los autores que encontraron refugio en la Warren tras su formación en el cuadernillo de aventuras (¡¡¡ay!!!! quizás habría que estudiar bien la decisiva influencia de Manuel Gago), desde José Ortiz a Brocal Remohí, pasando por Beá, Usero, Maroto, Giménez (curiosamente, siendo el autor más importante –y mejor, a mi entender- de la historia de tebeo español, no creo que sea un autor influyente, parece como si su figura fuera tan imponente que no haya creado una escuela posterior), etc. Y, por último, la escuela valenciana de los 80, con Calatayud (ya, lo sé, no es estrictamente de esa generación, pero es, sentimentalmente, una especie de figura paterna), Sento, Micharmut, Torres, Mique Beltrán, como enlace perfecto entre los autores del cuadernillo de aventuas de los 50, el underground español de los 70 y las nuevas tendencias estéticas, fundamentalmente pictóricas, que nacerían en los 80.

¿Ediciones baratas para todos o ediciones de calidad?

Pepo: De entrada, ediciones de calidad. El comprador valora más un tebeo bien editado que uno editado en plan baratucho. Ahora, si una misma obra se puede editar en dos formatos, uno de calidad y otro más “de bolsillo”, fenomenal. Se puede elegir.

Álvaro: No son excluyentes. En un mercado saneado, los tebeos aparecerían primero en una edición de calidad para, tiempo después, tener una edición económica, “de bolsillo”. Sin embargo, en un mercado de tiradas que a duras penas superan los 1000 ejemplares y donde los editores son aficionados que editan lo que les gusta, para que sea comprado por coleccionistas, es lógico que se apueste por las ediciones “más bonitas” … y más caras. Tienen que aprender a convivir, ya que si queremos una industria real, de amplia difusión, es obligatorio que los precios se muevan dentro de un intervalo asequible para los bolsillos. No creo que eso implique tebeos a precios irrisorios o que volvamos al tebeo de quiosco, pero si a precios comparables a los de la oferta cultural, a los de un libro, DVD o CD en primera edición, que luego puedan tener una segunda edición de menor calidad a un precio más “popular”. Pero, por otra parte, no podemos olvidar que la historieta es un arte y merece, como tal, ese tratamiento de respeto. Igual que nos parece obligatorio que existan ediciones de libros de arte de exquisita calidad, también deberían serlo las de tebeos.

¿Cómic de género o cómic de autor?

Pepo: Mientras sean buenos, me da igual. A menudo lo de “autor” o “género” son etiquetas bastante artificiales.

Álvaro: Otra absurda dicotomía que el tiempo ha establecido. ¿Son excluyentes? Parece como si el género fuese un tipo de tebeo abtruso, sin personalidad, hecho para el consumo rápido, mientras que el de autor fuese sinónimo automático de calidad. Ni una cosa ni la otra: buenos tebeos, vengan de donde vengan. Autores como Sfar, Peeters, Blain o Trondheim han sabido demostrar que no son términos excluyentes, sino que el género es, simplemente, una herramienta al servicio del autor para contar una historia. ¿Qué más dará que el cómic sea “de autor” si es malo o de “género” si es aburrido y ramplón?

¿Por qué consideras Los combates cotidianos un buen/mal cómic?

Pepo: Creo que no alcanza sus pretensiones. Y cultiva en sus textos la seudo literatura, con una fraseología de escritor aficionado donde se dicen perogrulladas con prosa pomposa y, aparentemente, compleja. Casi todo en Los combates me parece impostado, salvo algún momento más ligero o de humor, que es lo que mejor se le da a Manu Larcenet. También me parece un tebeo demasiado literal, no hay apenas abstracción ni demasiado que interpretar. Que haya muchos silencios no significa nada. Como suele decirse, a veces las personas callan porque son sabias, y a veces porque no tienen nada que decir. Quiero hacer algo serio y social pero no sé bien cómo, esto es lo que me transmite la serie. También me parecen banales sus reflexiones –siempre muy explícitas, no se vaya a perder el lector- sobre temas que, por otra parte, son indudablemente serios y a todos nos interesan. Porque Los combates toca temas humanos y las intenciones son loables, no voy a discutir eso. Otra cosa son sus resultados. Listo, ahora pregúntanos a Álvaro y a mí sobre El valle de las maravillas de Sfar o el DK2 de Miller. Porque entonces voy a ser bastante más positivo.

Álvaro: Jajajajaja, entramos de nuevo en algunas de las primeras ideas que marcaba. Se ha generado un debate absurdo en el que parece que haya que posicionarse de una manera u otra respecto a este tebeo, para después usarse como ejemplo de lo que es una crítica complaciente. Y no tiene nada que ver. Si nos centramos en el terreno de la opinión personal, sin confundirlo con el del análisis crítico (que, que yo sepa, no se ha hecho sobre esta obra en ningún sitio), es evidente y obvio que Larcenet usa de recursos manidos y argumentos tópicos en su obra, pero eso no invalida, por lo menos en mi caso, que el resultado sea muy interesante y sugerente. Me parece que es un tebeo que explora el problema de la relación paterno-filial y de la maduración de una manera que puede evocar muchas ideas en el lector a partir de la identificación. Es una obra que ha ido ganando enteros en cada álbum, desde un inicio divertido y prometedor, sin más, hasta un último álbum espléndido. Al final, cuando se hace la evaluación de una obra, debemos mojarnos y hablar de su impacto en nuestra persona. Si nos centramos sólo en evaluar los aspectos técnicos, terminaremos en un absurdo, en analizar el continente sin saber el contenido. Y, en ese sentido, creo que Larcenet logra tocar la fibra sensible, en mi caso al menos lo logra, ya sea por la identificación personal de aspectos presonales de mi vida coincidentes o por la habilidad del autor. Sea cual sea la razón, el álbum logró emocionarme en ciertos momentos, por lo que considero que su función comunicativa ha sido un éxito.

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¿Cuál es tu asignatura pendiente en el terreno de la crítica/información/difusión del cómic?

Pepo: Escribir un libro teórico. Pero no lo voy a hacer nunca porque eso requiere un tiempo y un esfuerzo que prefiero dedicar a dibujar tebeos. Tampoco creo que esté preparado para escribir un libro teórico en condiciones. Cuanto más vas descubriendo sobre cómo funciona la investigación en Historia y Teoría del Arte, más te das cuenta de lo ignorante y aficionado que eres. Escribir una reseña o un artículo, hacer una entrevista, vale. Son cosas puntuales y manejables. Pero escribir un buen libro teórico, eso ya es otra cosa.

Álvaro: Todas. Soy un muy deficiente generalizado. El problema es que son asignaturas imposibles de aprobar. El simple hecho de no poder dedicarme full-time a la historieta, de tener “otra vida” laboral que me absorbe una buena parte de mi tiempo, hace que mis lagunas sean inmensas. Me encantaría poder impulsar miles de ideas que he hablado muchas veces, pero es imposible. No tengo tiempo. Si a eso le añades que hay mil lagunas en mi formación tebeística, la cosa es terrible. Hay decenas de libros teóricos por leer, miles de páginas de tebeos por conocer, épocas completas de la historia del tebeo que todavía no conozco… Me encantaría poder profundizar en los análisis semióticos de la historieta, pero me falta la obligatoria base teórica que, por mucho que estudie, jamás podré llegar a dominar sin dedicarme a ella al 100%. Me apasionaría poder bucear durante años entre los archivos de coleccionistas y bibliotecas, para descubrir las claves del flujo historiográfico de la historieta… pero es imposible. Y así, hasta el infinito.

¿Qué función crees que ocupan los blogs actualmente en el mundo del cómic nacional y cual es su influencia?

Pepo: Han revolucionado la comunicación entre los aficionados al tebeo, que son los que siguen los blogs. Gracias a internet los frikis del cómic nos enteramos casi instantáneamente de noticias, de próximas novedades, de la enésima adaptación de un tebeo al cine… También es enorme ahora el acceso en la web a información sobre los autores, a entrevistas, a páginas de tebeos y videos sobre el tema, etc. Todo eso no existía antes de la explosión de la red, y los blogs cumplen la función de transmitir y seleccionar esa cantidad ingente de información. También están haciendo a menudo un servicio gratis de promoción a las editoriales, cuando cuelgan las novedades o las reseñan.

Álvaro: Los blogs han ocupado un espacio inexistente: el de la información. Los blogs han tomado el relevo de los fanzines de información con evidentes ventajas: inmediatez, economía, sencillez… pero siguen sufriendo el mismo problema, la suplantación de la información profesional por la voluntad de los aficionados. Desde que recuerdo, la labor de información y divulgación de la historieta se ha hecho en este país de forma voluntarista por parte de aficionados, por lo que los blogs no son más que una clara línea de continuismo. Quizás más “sonora” y visible, por su extrema profusión, pero que no debe enturbiar la percepción de su realidad: es la labor de aficionados.
¿Cuál es su influencia? Es muy difícil de cuantificar. Sin duda, dentro de la comunidad de usuarios de internet, muy alta, pero la pregunta es…¿es una influencia proyectable sobre el mundo del tebeo? La penetración de Internet en la sociedad es cada vez mayor, pero según las últimas estadísticas del EGM, tan sólo un 25% de la población reconoce haber usado la red el día antes. Es decir, que estamos en pañales en términos de “cibersociedad”. Si hay influencia es sobre el porcentaje de coleccionistas de tebeos que se conecta a internet, lo que, en principio, no parece que sea un porcentaje muy alto. Aún cuando se suponga que los coleccionistas se conectan en mayor medida para enterarse de las novedades, la capacidad de influencia está por decidir. No creo, en ese sentido, que existan corrientes de opinión definidas generadas por los blogs. Si acaso, los blogs lo que dan es visibilidad a las publicaciones. Pongo un ejemplo: siempre se ha comentado la posible influencia de “La Cárcel” en las ventas de un tebeo. Una hipótesis fácilmente rebatible, ya que muchos son los tebeos que he puesto como octavas maravillas del noveno arte…que han sido fracasos absolutos de ventas. Sin embargo, me consta que pequeñas publicaciones, de difícil distribución, han tenido ciertas ventajas por el simple hecho de salir referenciadas (que no reseñadas) en “La Cárcel”. Digamos que la web ha aportado una “visibilidad” a la publicación que, de otra manera, hubiera sido más compleja. Hoy por hoy, creo que esa es la influencia real a la que podemos llegar. Cuando Internet tenga un índice de penetración del 80%, quizás la cosa sea muy diferente.

A Pepo: ¿Cómo manejas esa dicotomía autor/lector/crítico?

No existe esa dicotomía. Todos los autores son teóricos, aunque no lo digan. Cuando tú haces un tebeo, es inevitable que reflexiones y critiques sobre los mecanismos del lenguaje del cómic, sobre por qué eliges unos modelos y unos autores para seguir y no otros, etc. Todo eso forma parte del proceso creativo. Una obra no crece sola, como la hierba en el campo, es fruto de un proceso constante de teorización y crítica, hacia ti mismo y hacia los demás. Que luego escribas esas reflexiones y críticas ya depende de cada cual. Fíjate cómo los autores sí teorizan a poco que les preguntes en las entrevistas. Por otra parte tampoco es ninguna novedad que los autores escriban teoría sobre su medio, se ha hecho en otras artes de toda la vida, cine, artes plásticas, literatura. Y en el cómic también, por cierto.

A Álvaro: eres lector/crítico, ¿para cuando autor?

Pues nunca. Aunque ya se sabe que “nunca digas nunca jamás”, pero mi vocación no es autoral, sino didáctica. Reconozco sin problemas que tengo vocación docente y me gusta enseñar y eso, en cierta medida, se proyecta en lo que hago en los tebeos. Me encanta explicar a la gente porqué me gustan los tebeos, intentar compartir lo que me apasionan los tebeos. Pero también, investigar sobre ellos, descubrir día a día cosas nuevas. No me interesa, de momento, contar historias, aunque lo que tengo claro es que si, algún día se “encendiera la llama” de la creación, me dedicaría a una cosa u a otra. No creo compatible la figura del autor y crítico (evidentemente, de forma continuada, no me refiero a las incursiones esporádicas de uno a otra campo), me parece llena de contrasentidos y fuente de una contraargumentación bien sencilla. Sólo me parece compatible desde el magisterio de la veteranía y con ciertas matizaciones, pero hacer crítica y, a la vez, ser creador, es exponerte a la fácil comparación de tus argumentaciones en la crítica de un tebeo en contra de tu propia obra. Una incoherencia interna que tiene difícil solución, pero que no existe en el caso de autores de larga trayectoria con probada y reconocida calidad.

¿Qué tiene el cómic que no tienen otras artes/artículos de ocio que lo hace tan interesante para ti?

Pepo: Que es un medio muy contemporáneo, lo sigue siendo hoy día. Y lo es por su visualidad, por la fuerza de las imágenes. Esto casa perfectamente con el mundo en que vivimos. También me atrae mucho por lo sofisticado de su lenguaje, y también por su nivel de abstracción narrativa. Es cierto eso de que el lenguaje del cómic es en gran medida “invisible”, porque es mucho más sofisticado de lo que aparenta en su superficie, y además exige bastante creatividad del lector. Todo eso forma parte de su magia. Creo por último que aún quedan muchas cosas por hacer en el cómic, es un medio bastante inexplorado todavía. Y eso no es algo que pueda decirse de otras artes.

Álvaro: Me lo he preguntado mil veces… y tengo mil respuestas. Es un conjunto de razones que, sinceramente, creo que son inexplicables. Quizás sea que es el único medio realmente sinestésico, que provoca sentimentos y sensaciones… Pese a ser un medio bidimensional y estático, ves profundidades y movimientos; aunque muchas veces sea a blanco y negro, inspira colores; es silente, pero sus viñetas generan sonidos y músicas… Es algo extraño: en el cine, el espectador es pasivo, no aporta nada a lo que le ofrece el director y se deja llevar por él, la imaginación no tiene función aquí. En la literatura, la imaginación es el total, se apodera de de la obra y es completamente filtrada por ella. Es necesario un involucramiento total del lector, para que todo aquello que el escritor ha creado sea reimaginado. Pero en la historieta, hay una extraña mixtura de todo esto: tenemos imágenes que, dan ideas, pistas pasivas, pero, por otra parte, esa componente literaria obliga al lector a meterse en la narración y aportar continuamente, en una especie de combate infinito entre autor y lector.
No lo sé.
Simplemente, me apasionan.

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Hasta aquí las repuestas de Pepo y Álvaro. Muchísimas gracias a ambos por acceder a la entrevista y por tomársela tan en serio a la hora de responder con argumentos meditados. Esperamos también que haya sido de alguna utilidad a los lectores y que haya estimulado la reflexión sobre los temas tratados. Lo dicho, ahora es vuestro turno.

Sand

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Conclusión del origen de Sand Saref en la serie The Spirit, una de las historias en las que más que probablemente se basará Frank Miller para llevar el cómic de Will Eisner al cine. En Con C de Arte.

El primer amor de Spirit

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Con C de Arte ha colgado la historia de Sand Saref, publicada originalmente el 8 de enero de 1950 en la serie The Spirit de Will Eisner, una de las que servirán a Frank Miller para realizar su adaptación cinematográfica. Canela fina.

Eisner por las paredes

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Encontramos en The Ephemerist un mural muy especial en un edificio de Copenhage, al sur del barrio de Christiania. Para ver el mural completo, que en la parte inferior lleva la firma de Will Eisner, clic en este enlace.

Hermes

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Hermes Press publicará en 2008 varios libros sobre artistas de cómics que a priori parecen bastante interesantes:

- Will Eisner and PS Magazine, de Paul Fitzgerald, previsto para Marzo, que, como el título indica, tratará sobre el trabajo de Eisner en la citada revista militar.

- En Mayo, la editorial publicará una retrospectiva del trabajo de Walt Kelly, con especial énfasis en su obra más importante, Pogo, que se suma así a la reedición de las tiras de esta serie que planea Fantagraphics.

- En Junio, el libro The Unknown Carl Barks, centrado en el trabajo de animación del autor para Walt Disney.

- Por último, dos libros temáticos: uno titulado More Good Girl Art, con historietas de origen europeo protagonizadas por “Good girls” y The Hidden Art of Hollywood, previsto para antes de Navidad, con 75 storyboards de películas famosas.

[Vía: ICv2]