The Imp



The Imp, el fanzine de crítica y ensayo sobre historieta realizado por Daniel Raeburn, puede descargarse gratis en este enlace. Está considerada como una de las publicaciones de este tipo más serias e interesantes, y en sus cuatro números monográficos se habla de y con Daniel Clowes, Jack Chick, Chris Ware (con el añadido de algunas historietas sobre Ware de la mano de Archer Prewitt, Ivan Brunetti, Jessica Abel y Terry Laban) y también sobre las historietas eróticas y violentas mexicanas. Raeburn también es autor de un libro sobre la figura de Ware.



[Vía: The Comics Reporter]


Un libro es un cuerpo en el que una historia vive y respira



Como novelista gráfico, me he interesado por el diseño por necesidad, al igual que me he interesado por la tipografía y la impresión. Como un requerimiento del estilo que he escogido para contar mis historias, he aprendido el trabajo poco a poco y probablemente pobremente. Así que el lector experto en dibujo debe estar alerta: probablemente yo tengo poca idea de lo que estoy hablando. Me parece que el diseño de un libro debería ser inevitable -un libro requiere su propia forma al igual que un roble brota de una bellota y un pino de una piña. Un libro es un cuerpo en el que una historia vive y respira, y, como un cuerpo, tiene una columna vertebral, es más grande en el interior que en el exterior y no va a tener muchas citas si no es capaz de mantener una buena conversación. Si encuentra su camino dentro de nuestra vida, un libro también puede ser una compañía, y a veces una capaz de cambiarnos la vida. Al mismo tiempo, la portada de libro ha evolucionado de un simple envoltorio protector a una especie de striptease entre el autor y el lector, cómo un medio de llamar la atención y también de vender el libro, o amplificando e incluso extendiendo el propio libro en la mente del lector y las yemas de sus dedos.

Esto es un extracto de la introducción de Chris Ware para Penguin 75, un libro donde la conocida editorial recopilará, con motivo de su 75 aniversario, otras tantas de sus mejores portadas. En el anterior enlace a Amazon, podéis ver tres de estas portadas, con los comentarios de sus respectivos diseñadores, director artístico o autor del libro. El texto de Ware, completo en GQ.

[Vía: Drawn & Quarterly]


SomeWare



El otro día apuntábamos hacia un tumblr dedicado en exclusiva a Daniel Clowes con el explicito título Fuck Yeah Daniel Clowes. Hoy, otro de los grandes de la vanguardia norteamericana, Chris Ware, es merecedor de un tratamiento similar en SomeWare.


Una nueva historieta de Jimmy Corrigan

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Jimmy Corrigan, de Chris Ware, tiene una edición japonesa en tres tomitos para la que se ha diseñado una caja en tirada limitada que incluye una historieta extra, como es tan habitual en Ware. El diseño/historieta, a su vez, ha sido convertido en un póster, que podéis ver completo aquí.

[Vía: FLOG]


Rediseñando a Floyd



John Adams rediseña la portada de Chris Ware para una de sus obras primerizas, Floyd Farland. Lo curioso es que la portada de Adams parece más Ware que la propia portada de Ware. La comparación entre original y recreación, en Covered.


El mundo literario



Nueva portada de Chris Ware para The New Yorker.

[Vía: The Ephemerist]


Jordan W Lint



The Forbidden Planet nos acaba de recordar que lo último de Chris Ware, Jordan W Lint, que será recopilado en ACME Novelty Library 20, fue publicado previamente en The book of other people, de Zadie Smith y en The Virginia Quarterly Review (donde también se serializó, por cierto, Retrato del artista como un joven %@#*!, de Art Spiegelman, incluido después a modo de prologo en Breakdowns). Aquí debajo, o en el enlace a la revista, podéis ver las páginas gratis de muestra. O todas, si os suscribís.

Sobre estas líneas, una portada de Ware para la revista, (y en estos enlaces, varias de Spiegelman)













Como agua de mayo

Dos tebeos dos que esperamos como agua de mayo aunque lleguen (a las librerías norteamericanas) en octubre. El 12 de octubre, para ser más exactos. Ya hace tiempo que se pueden reservar en Amazon, pero ahora que las portadas están disponibles, la espera se hace más dura y la expectación crece. No hace falta nombrar a los autores, las cubiertas hablan por sí solas, pero aclaramos que ni la primera es una caja de bombones con errata ni la segunda una nueva edición de Príncipe Valiente.





Misterios sin resolver del cómic occidental



Chris Ware ha realizado el cartel para el Festival Internacional de Cómics de Copenhague. La imagen superior es solo un fragmento, el resto, en Flora y Fauna.

Punto de fuga



La conexión entre Chris Ware y Robert Crumb llega más allá del genio y el cinismo compartidos.


La fortuna de Chris Ware

Portada de Chris Ware para el número 500 de la revista Fortune. Seguid el enlace para verla a mayor tamaño. Por cierto, la portada fue rechazada por la revista.



Memorabilia

Una pequeña muestra de la colección de Chris Ware de objetos relacionados con Gasoline Alley, la tira de prensa de Frank King de la que se acaba de publicar un cuarto tomo editado y diseñado, preciamente, por Ware.



[Vía: ¡Journalista!]


Jornada de puertas abiertas



Increíble. Según se anuncia en el Daily Herald, periódico de Chicago, el próximo fin de semana se ofrece una ruta turística que incluye la visita a la casa de Chris Ware. Al interior de la casa de Chris Ware, que según hemos leído en algún texto sobre su persona es prácticamente un templo dedicado al cómic de prensa las primeras décadas del siglo XX. Según el periódico, “en la ruta se incluye la casa de internacionalmente reconocido autor de cómic y artista gráfico Chris Ware, cuya colección de cómic antiguo, juguetes, música y memorabilia cinematográfica será del interés de los coleccionistas.” Y tanto. Y de los no coleccionistas también.

[Vía: The Comics Reporter]


El máximo de emoción con el mínimo de líneas



Bueno, os habréis ido fijando que he ido derivando también, en el trazo y en todo, cada vez a un minimalismo y a una limpieza máxima. No sé por qué, pero a mí me parece que lo máximo a lo que puedo aspirar como dibujante es a conseguir expresar el máximo de emoción con el mínimo de líneas. Y hacia ahí voy. De hecho es la única cosa que tengo mínimamente clara en mi vida artística y creativa. Todo lo demás, repito, cada vez que llego a un cruce cambio de dirección.

Estas palabras las pronunciaba Max hace unas horas en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, dentro de las jornadas UCMCÓMIC. A continuación, más extractos de su charla.



Os podría decir muchas cosas chulas de este cartel, porque me las dijo a mí Kiko Veneno un día. Un día me cogió por banda, mucho después de que yo hubiera hecho el cartel, y me dijo, “Max, tío, ese cartel que nos hiciste… Ahí está toda la historia del rock’n’roll, tío.” Kiko estaba ciego, pero yo también estaba ciego. La verdad es que yo recuerdo que me lo argumentó todo perfectamente, y que todo encajaba y tenía sentido. Lo malo es que no me acuerdo de nada. (risas) Y él, probablemente, tampoco. Pero bueno, en todo caso, a mí gráficamente me encanta y además creo que fue una bonita manera de resolver el hecho de que dos músicos, que cada uno de ellos había tenido una carrera distinta, de repente se juntaban para hacer una serie de conciertos. Fijaros que os he hablado al principio de los cruces, las encrucijadas, etc. Muchas de las composiciones de mis ilustraciones forman una X.



Esta fue una portada para la revista The New Yorker, la primera que hice de las dos que he hecho. Es decir, de las dos que me han publicado, porque he hecho unas cuantas más que no me han publicado. Es como muy complicado publicar allí, pero por otro lado, se intenta. Es la revista que creo que mejor paga en todo el mundo y es una revista que sale semanalmente desde hace… desde el año 1914, o 1920 o así, sale interrumpidamente siempre con ilustradores en la portada, y para mí fue tocar el Olimpo. Este es también uno de mis trabajos preferidos. Y hablaba de copiar… no lo he traído aquí, pero si conocéis un cuadro de El Bosco… ¿es El Bosco o es Brueghel? Uno que es Cristo llevando la cruz, donde solo hay rostros, básicamente, y la cruz. Es el rostro de Cristo cargando la cruz y cantidad de caras mirándole mal. Caras facinerosas y tal. Pues yo para esto me inspiré en todas esas caras. Y realmente si tuviéramos al lado el cuadro, veríais con claridad lo de las caras.



Anécdota curiosa: en The New Yorker, ante la primera versión que yo les mandé, me dijeron, “son todos blancos, aquí faltan negros, hispanos y judíos.” (risas) Y dije, “vale, no hay problema. Negros, hispanos, judíos, vale.” Lo mando otra vez y me dicen, “los judíos no pueden tener la nariz aguileña. Los negros no pueden tener los morros gordos.” ¡Joder, qué coño queréis que haga! Fue mi primer topetazo con la corrección política.



Y después de esta época, de repente, me harté otra vez más de todo esto, es decir, llego a otro cruce y digo, “ahora voy para allá.” Y dije, “tengo ganas de hacer lo contrario, absolutamente.” Algo divertido, delirante, con colores alegres, con mucho humor y con mucho desmadre. Y al mismo tiempo, y ahora voy a lo de los personajes, pensé, “me he quedado sin lectores.” Lo que es cierto, me había quedado sin lectores porque había dejado de publicar cómics y porque con estos que estaba haciendo cada historia era de su padre y de su madre. Y entonces pensé, “si quiero seguir haciendo cómics, necesito lectores que los lean. Que los compren. Y eso solo lo voy a conseguir si creo un personaje que enganche.” Y así fue como creé a Bardín. Sin embargo, tenía muy claro que no quería caer en algo que me pasara como con Gustavo y Peter Pank, que me llegara a cansar. Así que me planteé una especie de experimento que no sabía si era posible, que es que el personaje no tuviera personalidad en cierto modo. Porque fijaros, eso no solo me pasa a mí, le pasa a todo el mundo que trabaja con personajes. Fijaros cómo son los lectores de cómic que cuando Hergé, después de muchos años dibujando a Tintin, decidió cambiarle los pantalones bombachos por unos acampanados a la moda en esos años, los lectores se pusieron furiosos.”¿Cómo nos tocas a Tintin?” Es que no le podía tocar ni los pantalones. Y eso es un fenómeno que se da mucho en el mundo del cómic. El lector fan de un personaje no tolera que el autor le cambie nada. Entonces, yo quería evitar esto a toda costa, y me pareció que la única manera era crear un personaje sin personalidad, un personaje que fuera dúctil, que fuera útil para cualquier tipo de historieta, para cualquier género de historias, fueran de humor, de terror, absurdas, de humor negro, poéticas, cualquier cosa, algo de lo que yo pudiera echar mano continuamente.

Como ni yo mismo tenía muy claro de qué iba a ir este personaje, me dediqué a foguearlo en base a hacer historietas muy cortas para todo tipo de publicaciones, desde fanzines hasta periódicos en los que, cuando alguien me pedía una colaboración, yo le enchufaba una historieta de Bardín. Y cuando vi que empezaba a tener sentido, no el personaje sino las historias, cuando empezó a estar claro que ahí había algo de fondo que unificaba todo, fue cuando me decidí a publicar primero un comic book, de 32 páginas creo que era, que me auto edité yo mismo.



A Chris Ware le mandé un mail un día sin haberlo conocido nunca, y le dije, “mira, soy un dibujante español, me interesa mucho lo que haces, tengo aquí una revista y me gustaría publicar historietas tuyas. Podemos pagar una miseria, pero no sé, tú dirás.” Y el tío me contestó muy amablemente diciendo “vale”. Bueno, no dijo solo “vale”, me preguntó “¿quién va a rotular mis historias?” Y entonces yo le dije, “lo voy a hacer yo.” Y entonces me dijo, “te voy a enviar las plumillas que uso yo. Para que lo hagas igual.” (risas) Y la verdad es que me mandó un paquete con reproducciones grandes de la historieta que yo le había pedido, que era una historieta en blanco y negro de uno de los primeros Acme Novelty con una nota que decía “te adjunto dos plumillas para rotular.” Pero lo cierto es que yo abrí el sobre y allí no había nada. O se le olvidó meterlas, o se cayeron por el Atlántico. Pero en el sobre no estaban las putas plumillas. “¿Y ahora que coño hago yo?” Intenté buscar un rotulador con el grosor adecuado y me entrené un poco para hacer su letra. Me rotulé la historia, acabé loco. Pero se lo enseñé y el tío me dijo, “muy bien, muy bien, nadie me había rotulado tan bien.” Y digo, “uf, gracias. Gracias, maestro.” (risas) Y a partir de entonces le hemos ido publicando algunas historias, siempre las he rotulado yo. Siempre me ha felicitado, porque es un tipo sumamente amable, aunque huraño. Es muy amable, siempre me ha felicitado por como las rotulo, pero yo he llegado a odiar también aquello… Dije, “yo no vuelvo a rotular a Chris Ware. Cada vez es peor. Cada vez pone más letra y más pequeña el hijoputa.” (risas) Dije, “no aguanto más.” Y justo en ese momento me llaman de Planeta diciéndome si quiero rotular el Jimmy Corrigan. Les mandé al cuerno. (risas) Y esa es mi relación con Chris Ware. Lo he encontrado un par de veces por ahí, en festivales, y bueno, es amable y atento pero es imposible sentarse a tomar una caña relajadamente con él y tal. Hace unos meses estuve en Chicago, intenté que me concediera audiencia, pero no hubo manera. El hombre está muy ocupado siempre. No me extraña, haciendo lo que hace. La única manera de hacer lo que hace es evitar a los pesados como yo.



Y bueno, sí, su influencia en mí ha sido bastante grande. Yo, como todos, he quedado deslumbrado por lo que hacía este hombre y he hecho lo que he hecho siempre. Cuando alguien me gusta mucho, ya lo he dicho, intento adoptar la parte de novedad que aporta y que a mí me puede servir. Yo creo que sobre todo se ha notado en el tamaño de las viñetitas. Él hace muchas páginas con muchísimas viñetas… se ha notado bastante en algunos experimentos que he hecho narrativos a través de la página… Pero vamos, yo creo que no he abusado para nada de eso. Hay gente que me decía que Bardín se parecía a Jimmy Corrigan. Yo no lo veo. Vaya, es pequeño y cabezón, sí, pero… Yo Bardín lo inventé antes de haber visto los Acme, y para mí Bardín viene de la escuela Bruguera, es una evolución de eso.


Floyd Farland, Chris Ware



Ya salió hace poco por aquí, pero ahora es posible descargarse completo (ilegalmente) Floyd Farland, Citizen of the Future, un cómic de Chris Ware publicado por Eclipse en 1987. Estéticamente es irreconocible, aunque ya se percibe el interés del autor por experimentar con el tempo narrativo.

[ACTUALIZACIÓN] Me comentan off the record que descargando el cómic también se descarga en el ordenador Paladin Antivirus, que no sé exactamente lo que es pero encuentro definido por ahí como “una aplicación diabólica”. Así que ojito.

4 alternativas



La semana del 15 al 22 de febrero, The New Yorker celebra su 85 aniversario, y lo hace con 4 portadas alternativas a cargo de Chris Ware, Ivan Brunetti, Adrian Tomine y Daniel Clowes. En realidad sólo hay dos variantes de la revista, ya que cada ejemplar tiene dos portadas en forma de desplegable. En The Beat (que, por cierto, ha cambiado de ubicación), las imágenes a mayor tamaño.

[Vía: Adrian Tomine]


¿Jimmy Corrigan? Me suena a chino



Tienen su gracia, estas fotos de la edición china de Jimmy Corrigan, de Chris Ware.

[Vía: Blog Flume]


Cumpleaños feliz x 2

Hoy cumplen años dos monstruos de la historieta. Por un lado, el mejor autor de cómic de la última década, Chris Ware, que con tan sólo 42 años todavía tiene mucho que ofrecernos. ¡Feliz cumpleaños, Chris!



Y por otra parte, un hombre que lo ha sido todo y que nos ha regalado algunos de los mejores momentos de nuestra infancia, adolescencia, juventud y madurez. El Hombre, Stan Lee, un chaval de 87 añazos que ha sabido mantener viva su propia leyenda. ¡Feliz cumpleaños, Stan!



Un vistazo al panorama



Hace ya unos meses que hablamos por aquí de Panorama, el suplemento incluído en el último número de McSweeney’s con 16 páginas de cómics a cargo de autores como Art Spiegelman (en la imagen), Adrian Tomine, Daniel Clowes, Chris Ware, Seth, Ivan Brunetti, Jessica Abel, Kim Deitch o Alison Bechdel entre otros. Pues bien, ahora es posible ver algunas muestras en este enlace, o en este otro, aunque en el primer caso son parciales y en el segundo carecen de la definición suficiente como para ser leídas. Pero sirven para hacerse una idea.

[Blog Flume]


Ware diagramático

Muchos autores encuentran los recursos narrativos que buscan a base del método de prueba y error, lo que en ocasiones supone pequeñas variaciones sobre un mismo recurso hasta lograr el efecto buscado. Hoy día, al leer una de esas historias “diagramáticas” de Chris Ware puede sorprendernos su eficacía casi matemática a la hora de concatenar eventos de una manera no lineal, es decir, haciendo convivir en una misma página distintas líneas temporales, una de las marcas narrativas de la casa de Ware, posiblemente debido a la influencia de Richard McGuire y su seminal Here publicada en 1989. Presentamos aquí algunos de los primeros ejemplos en los que Ware utilizó la técnica de los “diagramas de flujo” y que presentan ciertas similitudes, si no en la peripecia narrada, sí en el sentido de la misma y en los artificios empleados. En primer lugar, una historia publicada en Duplex Panet Illustrated #2 (Fantagraphics, 1993), una antología de historias guionizadas por David Greenberger e ilustrada por distintos artistas.



Y en segundo lugar, una historia aparecida en el primer número de The ACME Novelty Library #1(Fantagraphics, 1993). Ambas historias fueron publicadas durante el mismo año (aunque no tenemos la seguridad de que esta última no se publicase previamente en otra revista o periódico), y varios elementos las relacionan claramente: el dibujo a gran tamaño de la casa en la que acontece la historia, el protagonismo de una anciana (Ware fue criado por sus abuelos), las flechas y uniones entre viñetas que dirigen el sentido de lectura y la narración paralela en otra línea temporal que parte de una mano y después muestra dos manos de distintos personajes unidas.



También es noticiable el acabado del dibujo de Ware, que ya apunta la limpieza y simplicidad de líneas de su obra actual pero que todavía muestra signos de acabado más “realista”, en el sentido de intentar dotar de volumen a algunos objetos mediante la trama manual, algo que ya ha abandonado en sus cómics pero que está muy presente en sus sketchbooks, cuando dibuja por el propio placer de dibujar sin intención de narrar una historia. Este cambio de registro gráfico responde a las necesidades narrativas de Ware, como él mismo confirmaba en esta entrevista, donde describía el aspecto de sus dibujos en sus cómics acutales de esta manera: “Gélidos, fríos y muertos, supongo. No lo sé. Trato de hacerlos lo más lingüísticamente simples posible de modo que sean fáciles de leer, del mismo modo que lo es Nancy, y me he dado cuenta de que si respondes a ellos como… o si miras, ahí está mi preparación en la escuela de arte, Dios. Uh, si los miras como dibujos, no son dibujos satisfactorios, no comunican mucha emoción como dibujos. De hecho, son malos dibujos. Pero es casi como si, tú no, tú no lees un libro tratando de extraer emociones de la fuente en que lo han impreso, tampoco. Lo lees por la historia; lees por lo que pasa en tu mente, y para mí los cómics son una especie de lenguaje mágico que tiene lugar ante tus ojos, y… Pienso que cuanto más detalle o más expresión pongo en las líneas de mi propio material al menos, esto no es cierto para todos los autores de cómic, por supues… no se vuelve más vivo por más que yo quiera.”

Por cierto, Ware también dibujo la portada de Duplex Planet Illustrated #15 (Fantagraphics, 1996), donde su acabado ya es mucho más parecido al que estamos acostumbrados a ver en sus tebeos y donde de nuevo el diseño juega un papel importante, desde el propio rotulado manual hasta el logotipo, donde Ware rinde homenaje al pulp Amazing Stories en un alarde de ironía, equiparando así aquellas historias fantásticas de ciencia ficción con las historias cotidianas y biográficas contenidas en Duplex Planet Illustrated.



Aunque estas historias tienen ya casi diecisiete años, Ware sigue explotando esta idea en su serie Building stories, donde un mismo marco espacial sirve como elemento conductor de un relato que en ocasiones comprende un amplio rango temporal utilizando diagramas y grupos de viñetas separados. Aunque tal vez es el más espectular, no es el único recurso de Ware para realizar este tipo de barrido temporal, como puede verse en este otro ejemplo de 1996. Por cierto, recordamos que podéis descargar las entregas de Building stories que Ware realizó para The New York Times desde estos enlaces. Además de estas páginas, Ware ha continuado la serie en The ACME Novelty Library #16 (2005) y de alguna manera su estructura se ha abierto paso también a través de The ACME Novelty Library #18 (2007). Y como muestra, un botón, precisamente del ACME 16, donde de nuevo nos encontramos con el edificio, la anciana y las manos unidas, aunque la narración es mucho más compleja y elaborada que en las historietas de 1993.



Ware en portada

Han pasado ya quince años desde que Chris Ware publicase el primer número de su The ACME Novelty Library bajo el paraguas de Fantagraphics. Lo que comenzara siendo una serie de cuadernillos de dudosa continuidad, donde se entremezclaban historias publicadas previamente y otras realizadas ex profeso para esta nueva edición y donde se alternaban distintos personajes que hoy ya son viejos conocidos, como Tex, Quimby the mouse o Jimmy Corrigan, ha terminado convirtiéndose en el cómic de referencia de lo que llevamos de siglo XXI. A partir del número 16 de la serie, publicado en 2005, se producen dos cambios importantes: Ware decide autoeditarse para controlar más si cabe el producto final que quiere entregar al lector, y abandona el formato grapado para producir libros en cartoné. Pero lo que no ha variado ni un ápice desde el primer número es el gusto del autor por el diseño de sus trabajos, su aspecto externo, sus dimensiones, sus acabados. Formas y tamaños variables, portadas en las que predomina el texto sobre la imagen, portadas donde el elemento fundamental es la tipografía, donde a menudo el humor juega un papel imporatante y un aspecto general heredero del diseño de los años 20 y 30 del siglo XX. Unas portadas que, en líneas generales, son prueba de un producto cuidado y, sobre todo, generan una expectación respecto a un contenido que no puede ser otra que maravilloso si merece tal cubierta.

Alegremos la vista pues con las 19 portadas de los 19 ACMEs canónicos (existe un número 18,5, un portafolio que contiene la contribución de Ware a The New Yorker en 2006). 19 portadas como 19 soles (que se amplian si pinchas sobre ellas).

























































The Three Wise Men

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Ya los habéis reconocido: Charles Burns, Daniel Clowes y Chris Ware se autorretratan en el sketchbook de este último. Los dibujos se han publicado en The Acme Novelty Date book Volume Two. 1995-2000 (Oog & Blik, 2007). Más imágenes de temática superheroica extraídas de los dos fabulosos sketchbooks de Ware, en Zona Negativa. Y de paso, dibujos de Robert Crumb de temática… Crumb.


Chris Ware, desenmascarado

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Chris Ware, de nuevo en The New Yorker, tanto en portada como en páginas interiores. Clic para verlas a gran tamaño.

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Emo Ware

Pete Wentz entrevista a Chris Ware en una serie de vídeos. El primero, aquí debajo. El resto, en el enlace.



[Vía: The Beat]


Floyd Farland

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¿Quién puede haber dibujado las viñetas que veis aquí arriba? Pues sí, Chris Ware. Más páginas y un repaso a esta obra primeriza, en Again With The Comics.


McSweeney’s 33

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La revista literaria McSweeney’s tiene un interesante historial de relación con los cómics. Seguro que recordáis aquel número 13 editado por Chris Ware con una buena muestra de autores de ayer (como Töpffer, como Herriman) y de hoy, o el número 27, con un sketchbook de Art Spiegelman.

Pues bien, al parecer, el número 33 de la revista volverá a incidir en el tema de los cómics, con historietas de Chris Ware, Daniel Clowes, Art Spiegelman y otros. En esta ocasión, y en un intento de reivindicar el moribundo formato de periódico, bajo el título San Francisco Panorama adoptarán ese mismo formato e incluirán noticias, secciones periodísticas, suplementos y, por supuesto, 16 páginas de cómic en glorioso formato tabloide.

[Vía: FLOG]


Ware en Granta

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Portada de Chris Ware para el número 108 de la revista Granta, dedicado a Chicago.

[Vía: Drawn & Quarterly]


Clowes al habla

A través de Eddie Campbell llegamos a esta entrevista con Daniel Clowes, de la cual traducimos algunos extractos.

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Tu cómic, Mister Wonderful, sobre un hombre tímido de mediana edad en una cita a ciegas, se publicó en The New York Times Magazine en diecinueve capítulos, comenzando en septiembre de 2007 y terminando en febrero de 2008. ¿Cómo fue recibido?

He recibido más respuesta de algunas felicitaciones navideñas que he enviado. The New York Times no tiene sección de comentarios en su página web. Los editores me dijeron que habían recibido algunas cartas agradables… aunque nunca he visto ninguna de ellas. Y al parecer hubo una carta de alguien molesto hacia la mitad de la serie, quejándose por el uso de la palabra “Jesús”, así que, por supuesto, los editores se me presentaron inmediatamente prohibiéndome el uso de la palabra “Jesús”, aunque había sido usada frecuentemente a lo largo de los primeros diez episodios.

jesus


¿Te dio el Times libertad total para escribir lo que quisiera en Mister Wonderful?

En cuanto al tema, nunca dijeron ni una palabra, pero como he dicho, fueron un poco susceptibles sobre el lenguaje… su pequeño “libro de estilo” es muy importante para ellos. Aparte de “Jesús”, por ejemplo, no se me permitió usar la palabra “schmuck”. ¡Mad ha estado usando la palabra durante cincuenta años! No es que lo estuviera usando en el sentido yidis: “¡Guau, ese tío tiene una polla enorme!” [NdT: Schmuck es yidis para gilipollas, aproximadamente. Se puede traducir al inglés como “jerk” o “dick”, formas de llamar a alguien estúpido haciendo referencia más o menos directa al pene].

Podía haber actuado como un imbécil y decirles que iba a dejar la serie a la mitad, pero este era un muy buen encargo para autores de cómic. No quería ser el tipo que se lo cargó para los demás.

Supongo que tienes que aceptar las reglas del juego.

A veces eso puede ser bueno, me imagino. Estaba restringido… pero esa restricción al final ayudó al cómic. No se me permitía usar la palabra “Jesús”, pero una vez que afronté el tener que sustituirla, me centré más en lo que el personaje trataba realmente de decir -o no decir- y me di cuenta de cuánto se habían convertido en muletillas esos “Jesús”. El personaje principal era un tipo reprimido al que se le daban fatal las mujeres, de modo que cada vez que era más reprimido al no permitírsele liberar su frustración completamente, solamente empeoraba.

bye


Cuando trabajé en la película Ghost World, hubo restricciones que no te creerías. Por ejemplo, no se nos permitió mostrar un cuadro de Don Knotts –a menos que Don Knotts nos diera permiso. Todo tiene que ver con derechos, certificados, abogados. Queríamos que un personaje silvase Happy birthday to you –pero no podíamos a menos que pagásemos algo así como 10.000 dólares, de modo que eliminamos la escena.

En comparación, que no se te permita utilizar ciertas palabras en un cómic, no fue ningún trauma. Tienes que trabajar en el contexto que te ofrecen.

(…) Al principio de tu carrera, ¿te encontrabas con que a la gente le costaba etiquetarte? El tipo de trabajo que producías no era el típico estilo de cómic.

Todavía les cuesta. Me han llamado de todo, desde “novelista gráfico” hasta “novelista de cómic”, o simplemente “autor de cómic” [cartoonist]. Siempre he preferido “autor de cómic”, porque parece el menos ofensivo.

Solía decirle a la gente que era “dibujante de comic book”, pero me miraban como si acabara de pisar mierda y caminado a través de su alfombra oriental. Nunca supe cómo llamarme, pero siempre me opuse a la etiqueta de “novelista gráfico”. Para mí, es como un timo. Siempre pensé que la gente diría. “¡Espera un segundo! ¡Es sólo un comic book!” Pero ahora he desistido. Llámame como quieras.

¿En qué momento te diste cuenta de que la gente estaba empezando a entender realmente lo que significaba “novela gráfica”?

Para mí, hubo un cambio de actitud hacia 2001 o 2001, por la época en que se estrenó la película Ghost World. Ciudadanos medios como los vecinos de mis padres empezaron a decir, “¡Oh, haces novelas gráficas! ¡Me encanta Maus!” Unos pocos años antes, habrían pensado en mí como en el más bajo pornógrafo.

¿Cuáles fueron tus influencias cuando estabas creciendo?

Tengo un hermano diez años mayor que yo, y me dio una pila de cómics de finales de los ’50 y principios de los ’60 –un montón de cómics de horror y ciencia ficción, y superhéroes cutres.

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¿A cuál preferías, a Marvel o a DC?

Me gustaban los cómics de DC, como Superman’s Pal Jimmy Olsen y Superman’s Girl Friend Lois Lane, porque eran sobre gente real, con el material superheroico de fondo. Nunca me gustaron mucho en los superhéroes –salvo a una especie de nivel Pop Art. Nunca me gustaron las peleas. Lo que encontraba más interesante eran el romance y los intentos de sugerir una especie de realidad en este universo absurdo. Como el padre de Superboy todavía trabajando en el ultramarinos, aunque si hijo podría dominar el mundo –cosas así. Mis amigos eran justo lo contrario. Solían decir, “Dios, ¿A quién le interesa este romance? ¡Vamos a los puñetazos!”

Y, en realidad, ¿sabes lo que me gustaba incluso más? Gente corriente queriendo convertirse en superhéroes.

¿Y tal vez fracasando?

Oh, habría encontrado eso especialmente fascinante.

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¿Qué buscabas cuando eras joven y comenzaste a producir cómics?

Una especie de conexión con el mundo. Y, por alguna incomprensible razón, pensé que la mejor manera de lograr esto era producir mis propios comic books.

(…) ¿Con quién discutes tus ideas?

No lo hago –eso es parte de la diversión.

En el pasado he intentado captar las reacciones de la gente sobre si algo funciona o no, pero nadie es realmente honesto. Incluso cuando están siendo brutalmente francos, siempre hay otros factores involucrados. Tengo que guiarme por mis propios instintos.

Además, el trabajo se vuelve más específico si trabajas solo; más singular.

(…) [Sobre el lenguaje de las protagonistas en Ghost World] ¿Todos los escritores tratan de lograr eso, pero, ¿cómo lo conseguiste tú?

Estuve realmente interesado en la vida secreta de las chicas desde que estaba en el instituto. Siempre me ha fascinado esta especie extraterrestre. Me encantaban los ritmos de sus conversaciones, pero no estaba muy familiarizado con ello. A medida que envejecí y tuve realmente novias, siempre les preguntaba por historias específicas sobre cómo era a puerta cerrada.

También me ayudó el que tenía un lugar muy especial en mi corazón para Enid. Tengo gran afecto por ese personaje, aunque mucha gente del público vieron la película y el cómic como una sentencia judicial sobre Enid. Eso siempre me ha parecido raro.

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¿Por qué crees que pasa eso?

Tal vez encontraron a Enid demasiado susceptible de ser juzgada. Además, ella es parte de una clase del ocio, y sus problemas a duras penas son cuestiones de vida o muerte, a pesar de que ella se queja de cada pequeño detalle.

Para mí, Enid trata de crear una vida interesante de ua existencia potencialmente aburrida destapando –o en realidad manufacturando- la extrañeza bajo este aparentemente estéril mundo. Encuentro eso heroico.

Si Enid fuese realmente cínica, simplemente habría aceptado un trabajo de dependienta en su ciudad y se hubiese rendido. Su amiga Rebecca acepta un trabajo en una cafetería. Enid piensa que hay algo mejor para ella ahí fuera, y lo busca. Eso tiene que importar algo.

(…) Siempre he encontrado un ritmo cinematográfico en tus cómics.

Cuando hago cómic, no pienso en términos de ritmo cinematográfico. Los grandes cómics tienen su propio ritmo –eso es de lo que van. Es el pulso de la narrativa lo que les da vida.

Fíjate en Peanuts. Charles Schulz tenía ritmo perfecto en cada una de las tiras. Cada una de esas tiras tenía sus propios pulsos, y siempre funcionaban. Robert Crumb también tiene ese talento, como lo tenía Harvey Kurtzman.

Si quieres triunfar realmente como autor de cómic, tienes que hacer más que crear imágenes impactantes.

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(…) ¿Cómo capturas tu propia realidad?

Personalmente, tengo que ser consciente de mi propia manera de ver el mundo. No trato de reproducir el modo en que realmente es el mundo tanto como el modo en que yo lo imagino. Años atrás, los dibujantes tenían un “archivo morgue”, que contenía fotos de cada referencia imaginable: coches, radios, botes, edificios. Pero yo no quiero nada así. Para mí, es mucho más valido recordar el aspecto de algo.

Por ejemplo, si quisiera dibujar un Starbucks, podría tomar una foto y después calcarla. Pero lo que realmente quiero es una impresión interna del aspecto de un Starbucks.

(…) Tuviste una infancia inusual, y me preguntaba si después afectó a tu escritura.

Cuando era niño, pasaba mucho tiempo con mis abuelos maternos. Mi abuelo, James Cate, era un profesor de Historia en la Universidad de Chicago, y tenía un montón de amigos interesantes. Su vecino de al lado era Enrico Fermi, que ayudó a crear la bomba atómica. Saul Bellow era un colega, al igual que Norman Maclean, el autor de A river runs through it and other stories, que fue su mejor amigo durante muchos años.

Estos tipos se sentaban en el apartamento hasta dios sabe cuándos –puede que fuera hasta las tres o cuatro de la mañana- y simplemente hablaban.

(…) Mi padrastro, que probaba coches, murió en un accidente en Elkhart Lake, Wisconsin, cuando yo tenía cinco años. Te garantizo que el accidente, hoy, no sería nada –habría salido andando del coche sin problemas. Pero en aquel entonces los coches no estaban tan reforzados.

Nunca olvidaré los detalles de aquel día horrible. Supongo que esto me dio mi primera idea de mortalidad –supe, incluso a esa edad tan temprana, que las cosas podían ir muy mal, muy rápidamente.

(…) ¿No crees que Ghost World o Art School Confidential o tu serie para The New York Times atraen a una amplia audiencia?

Supongo que depende de tu definición de “amplia audiencia”.

Hay un libro que salió hace más de diez años –un índice del 50 aniversario de los miembros de la National Cartoonists Society. Es un libro de fotos y biografías cortas de cientos de autores de cómic americanos de los viejos tiempos, y por alguna razón, unos pocos “jóvenes” –yo tenía 37 en aquel entonces- no miembros, como yo, fueron incluidos.

Hay docenas de fotos de esos viejos excéntricos sonriendo con esa estúpida expresión exagerada en sus caras. Pero puedes ver la tristeza bajo la superficie. Es un documento muy tétrico. Mi amigo Chris Ware me dijo que él tuvo que esconder su copia del libro, porque no podía soportar mirarlo.

¿Qué es lo que encuentras tétrico en él?

Todas esas vidas desperdiciadas tras el tablero del dibujo; décadas en una tira diaria que nadie recuerda.

¿Cuál es la lección para ti? ¿Que no quieres acabar así?

De alguna, manera quiero acabar así –esa es la parte patética. Miro ese libro y me fascina ser parte de él. Es como el final de El resplandor, cuando la cámara hace un zoom sobre esa foto de grupo con Jack Torrance en la fiesta de gala de los años ’20.

Hay algo genial en convertirse en ese tipo.

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En la prensa

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Imagen extraida de Anotaciones


El Catálogo de Novedades ACME ofrece muchas cosas a sus lectores en su propia e irónica autopublicidad, pero si hay algo que el comprador de este libro tiene asegurado es lectura para toda la vida. Son sólo 110 páginas, pero el ACME no hay quien se lo lea de pe a pa. Yo, desde luego, no he sido capaz. Pero no me preocupa, aún soy joven.

Santiago García escribe sobre el Catálogo de Novedades ACME de Chris Ware en ABCD.

¿Cómo fue la experiencia al ver el trabajo final?

Jillian: Creo que debe haber sido una sorpresa para Mariko… Me había dado el guión y yo tuve dos años para trabajarlo y no hubo correcciones, no le fui mostrando lo que iba haciendo… Realmente, no hubo consultas. Estaba prácticamente terminado y todos lo vieron cuando hubo que hacer el arte final. No hubo tanta colaboración en ese sentido, no fue un trabajo conjunto.

Mariko: Creo que hay algo emocionante en trabajar así, sin saber necesariamente cómo será la pieza final. Yo he hecho muchísimo trabajo en colaboración, en el que sabes qué es lo que va pasando… Y en este caso son como dos historias que se encuentran; yo sabía qué era lo que había escrito, pero aún no sabía qué es lo que Jillian iba a añadir… Creo que es genial. Es uno de los pocos medios en los que aún se puede hacer esto, así que hay que aprovecharlo.

Gabriela Pedranti entrevista a Jillian y Mariko Tamaki, autoras de Skim, en ABCD.


Impresiones y recuerdos

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Cuando miro y leo tus trabajos, suelo pensar que están muy cerca de la perfección artística, algo que me parece complicado de expresar en palabras.
En otras ocasiones, me da la impresión de que tu excelente arte visual dificulta un poco que nos identifiquemos con los personajes. ¿Dónde crees tú que está la perfección y en qué medida es algo a lo que quieres llegar?

Bien, ahora mismo busco la mayor claridad visual posible con lo que los argumentos (que también son claros) sean tan fáciles de seguir como yo pueda conseguir. Esa perspectiva es simplemente una elección artística; otro dibujante podría elegir que sus sentimientos influyeran en las imágenes a la hora de dibujarlas (por ejemplo dotando al dibujo de un tono más expresivo).
Hasta el momento yo he elegido reflejar mi propia experiencia perceptiva en la que veo las cosas de una forma relativamente clara y afilada, y solo cuando las impresiones se convierten en recuerdos se convierten en algo confuso, emocionalmente vacilante y engañoso. Llegué a este camino de trabajo hace muchos años, cuando todavía dibujaba en tinta y pensaba, lo cual supone una razón para ser expresionista, que los cómics eran esencialmente algo que leer, no que mirar, y leer requería una claridad para que el lector se sintiese totalmente absorbido. En otras palabras, no estoy seguro de si las novelas de Hemingway serían más emocionalmente expresivas si se hubieran impreso directamente en su formato manuscrito, con todas sus correcciones y anotaciones intactas.

Joan S Luna entrevista a Chris Ware en 13 Millones de Naves.

[Vía: Es Muy De Cómic]