Reseñas — 5 junio, 2014 at 9:00 am

Pioneros del cómic. Monsieur Cryptogame y otras historias (Töpffer, Cham, Gustave Doré y Léonce Petit)

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Pioneros del cómic. Monsieur Cryptogame y otras historias (Töpffer, Cham, Gustave Doré y Léonce Petit) El Nadir, 2014. Cartoné 17 x 24 cm. 208 págs. B/N. 19 €

Siempre es grato echar un vistazo atrás para ver cuales fueron aquellas innovaciones que le dieron al cómic unas características formales como medio. Empezado con autores como Töpffer como hito autoral del nacimiento de la narrativa gráfica pasando por Cham, Gustave Doré y Petit. Eso es lo que nos encontramos en el volumen Pioneros del cómic editado por El Nadir, una compilación que empieza con un prólogo titulado  “Francia  después de Töpffer” a cargo de David Kunzle, uno de los investigadores del medio más reputados, en la que se encarga de situar las cuatro obras que componen este volumen en un contexto cronológico y de evolución del medio.

Creo que la intención de este título va mucho más allá de lo ilustrativo y lo curioso, existe tras él cierta idea de revisionismo sobre los inicios del cómic y la constatación de una serie de relatos como una forma de innovación narrativa que en su momento consiguió un considerable apoyo popular. El cómic, al igual que el cine, y esto es una reflexión personal, nació como un espectáculo para las masas. En el caso del cine como un espectáculo de barraca. En ocasiones nos olvidamos de mirar hacia atrás y volver a mirar al presente con esa frescura que nos aportan estos textos pensados para entretener pero que en esencia llevan cierta enseñanza moral y una descripción de la sociedad del momento, eso sí, con ciertos prejuicios sociales y nacionales.

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La primera historia de este volumen  es una constatación de ese hecho. Mr. Cryptograme (1845), de Töpffer, narra las desventuras de un lepidopterólogo que esta agobiado por su prometida, debido a lo cual inicia una fuga que no acaba nunca. Decide huir de esta en busca de paz y tranquilidad y, sin embargo, la huida en sí transcurre bajo dos parámetros: uno en el que una situación mala le lleva a otra peor y en el que en las pocas situaciones en las que el protagonista halla cierta estabilidad –una de ellas dentro de una ballena en la que se forma una microsociedad incluyendo un párroco– se van al traste rápidamente. El otro aspecto característico de esta obra son aquellas circunstancias creadas para hacer brillar los aspectos gráficos de la narración, entre las que destacan dos momentos: cuando empiezan a tirarse todos por la borda del barco, y poco después, cuando comienzan a perseguirse en otra embarcación y hacen a esta girar como una peonza. Mr. Cryptograme  tiene otros dos valores remarcables: la aparición del narrador, el violinista, como un personaje más dentro de la historia, y otro de carácter extratextual; esta obra fue dibujada y manuscrita a lápiz por Töpffer, pero las xilografías fueron realizadas por Cham y los texto hechos con tipos de imprenta.

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En cierta manera esto supone un relevo, porque si bien Töpffer es el gran conocido de este periodo de la historieta, Cham gozó también de bastante popularidad. En Impresiones de viaje de Monsieur Boniface (1844), Cham nos habla de otra huida, en este caso la de un individuo anónimo que decide escapar del país tras ser llamado a filas. Para ello cruza el Canal de la Mancha en dirección a Inglaterra. A partir de ahí la historia se debate entre una crítica a los avances tecnológicos del momento, en este caso centrado en las innovaciones en los medios de locomoción, y una burla descarnada de las costumbres de los habitantes de la pérfida Albión. Este relato guarda ciertos paralelismos con Töpffer no solo en la trama central de la historia, una huida, sino en hacer brillar por momentos lo gráfico por encima de lo textual.

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En el caso de Gustave Doré la obra integrada en este volumen es Los trabajos de Hércules (1847), enmarcada dentro de las parodias de obras clásicas protagonizadas por héroes. De este trabajo destaca principalmente, a parte de lo paródico, la integración de dos estéticas. Si por un lado el propio Hércules parece sacado de la antigüedad, el contexto que le rodea parece más bien contemporáneo, desde los cazadores o los pastores hasta los mismos monarcas. Quizás en ese juego de lo estético subyace cierta moralina sobre los valores de lo clásico y lo moderno en la sociedad que en ese momento está cambiando.

El último de los autores que aparecen en esta panorámica es Léonce Petit , con tres títulos: La leyenda del vendedor de cerdos, Una epidemia de salud y  Las tribulaciones del hermano Fructueux. Las tres forman parte de sus Historias campesinas, que como muy bien indica el título son narraciones que están localizadas en ambientes rurales en los que se nos narran pequeños cuentos aleccionadores, muy en la línea de los relatos pastoriles franceses de ese periodo.

Resumiendo, Los pioneros del cómic, reafirma la labor de esta editorial por recuperar los inicios de la narración gráfica en ediciones muy cuidadas y con buenos prólogos introductorios, pero es también una gran oportunidad de conocer y reconocer el trabajo de estos autores que empezaron a marcar las pautas de la narración gráfica en sus inicios.

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