Opinion — 5 mayo, 2014 at 9:00 am

FIRMADO MR. J (XVII) El honor y la corrupción

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portada 47 ronin

A comienzos del siglo XVIII, en un Japón aún feudal, el señor Asano Takuminaganori, daimio de Ako, es convocado por el shogun y viaja a Edo para cumplir con la política gubernamental imperante, que lo obliga a pasar un año en la corte. Antes de partir, recibe los consejos de Oishi, su jefe de samuráis, que sabe que Asano es un “hombre de muchos talentos, pero (…) poca experiencia en la política de la corte”. Oishi le dice a Asano que encontrará corrupción y excesos en el palacio de Edo, y le sugiere que guarde sus opiniones sobre lo que vea y se concentre en realizar sus tareas y regresar pronto a casa con su familia. Una vez en Edo, Asano se une a otros daimios y comienza su instrucción en los protocolos imperiales, a cargo del funcionario Kira Kozukenosuke.

Lejos de ser un instructor modélico, Kira tiene por costumbre aprovecharse de sus alumnos, exigiéndoles sobornos económicos con los que aumenta gustosamente su sueldo. El choque entre el recto e idealista Asano y el cínico y deshonesto Kira está servido, y claro que Asano tiene todas las de perder. Cuando Asano se niega a pagar los sobornos, Kira lo humilla una y otra vez hasta que aquel pierde los estribos y ataca en público al funcionario, al que incluso hiere con su espada. Los actos del daimio de Ako suponen un ataque frontal (e insensato) al podrido sistema político de palacio, que se defiende de inmediato tildándolos de afrenta al shogunato. Con una caricatura de juicio, Asano es condenado a cometer seppuku, el célebre ritual japonés de suicidio. Como consecuencia, los guerreros de Asano se convierten en ronin, samuráis sin señor. Y Oishi comienza a planear una venganza contra Kira que haga justicia y restituya el honor de su daimio.

47ronin

Tal como escribe Mike Richardson, fundador de Dark Horse y guionista de 47 ronin: “La leyenda de los 47 ronin está basada en acontecimientos reales que ocurrieron en el Japón de principios del siglo XVIII. Desde casi el mismo momento, una versión dramatizada del incidente real, titulada Chushingura [historia de los samuráis leales], atrapó la imaginación de los japoneses y se explicó a través del bunraku (obras con marionetas) y el kabuki (teatro japonés tradicional)”. Richardson nos recuerda que existe incluso un dicho: “Conocer los 47 ronin es conocer Japón”.

El presente cómic es fruto de la obsesión del escritor con este mito nacional japonés. Durante décadas fue posponiendo el proyecto y, cuando al fin se decidió a realizarlo, estuvo barajando diversos artistas, pues “tenía que encontrar a la persona adecuada (…), alguien que estuviera familiarizado con las costumbres, las vestimentas y la política de aquel periodo”. En este sentido, la elección del gran Stan Sakai, reconocido por su fenomenal trabajo en Usagi Yojimbo, no puede ser más afortunada. Sakai dibujó con la maestría que lo caracteriza los cinco números que componen la miniserie 47 ronin, recopilados por Planeta en un solo tomito, atractivo en forma y precio. Una manera deliciosa, fresca y muy entretenida de acercarse a la leyenda.


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