Reseñas — 4 septiembre, 2007 at 10:10 am

Pinche mundo (Benlloch & Blanco)

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Pinche mundo (Benlloch & Blanco). Polaqia, 2007. Rústica. 76 págs. B/N. 9,50 €


En cada nuevo trabajo Kike Benlloch demuestra ser uno de los guionistas con más inquietudes y más capacidad para plasmar sus historias en el papel del panorama nacional. Es sus cómics, sabe conjugar la historieta de género, que atrapa al lector merced a los códigos y referentes ya asimilados, con otros aspectos en ocasiones surreales, poéticos o metafísicos, herederos de los cuentos populares, que consiguen llevar el relato un paso más allá del simple ejercicio de estilo y estimulan la participación activa del lector que decide entrar en el juego y acepta el desafío a reflexionar, releer, interpretar y reinterpretar.

En Pinche mundo, historia gestada a lo largo de tres años con la colaboración de Bernal, Brais Rodríguez y el propio Diego Blanco, todos ellos afines al colectivo Polaqia, el motor superficial, la peripecia que sustenta la historia adopta la forma de road movie con tintes de serie negra, con todo lo que esto conlleva: el viaje mundano no es más que una excusa para mostrar el auténtico viaje, el interior. Benlloch aprovecha los elementos de la cultura pop que todos hemos mamado, con el cine norteamericano como referente principal, para meternos en la historia desde la primera página. Sin embargo, para introducirnos rápidamente en la historia sin tener que alargarse en explicaciones previas de cómo se ha llegado a ese momento concreto, el autor tiene que emplear unos diálogos forzados y poco naturales. Afortunadamente, a partir de la introducción ese aspecto mejora notablemente. La franja fronteriza entre Estados Unidos y Méjico es el enclave escogido por los autores para contar una historia que realmente es universal, una historia de reconocimiento y redención donde los fantasmas del pasado juegan un papel importante y donde los guiños a la rica cultura popular mejicana y sus desérticos paisajes complementan y enriquecen el viaje del protagonista. Se puede reprochar a Benlloch que la historia confunde, que los encuentros casuales son demasiado casuales, que toda la huída (o carrera hacia la elusiva meta) del protagonista y las decisiones que adopta parecen arbitrarias cuando no absurdas, pero el final del relato arrojará una nueva luz bajo la que releerlo y extraer nuevas conclusiones. En cualquier caso, tal vez esto no sea para todos los lectores justificación suficiente: el juego de engaños o metáforas que funcionan en una historia corta de final revelador no funciona igual de bien en una historia tan larga como esta, donde el lector tiene tiempo de sentirse defraudado por la falta de explicaciones y coherencia lógica del relato. En cualquier caso, aquellos que gusten de los desafíos y de la interpretación de símbolos tendrán una buena oportunidad de medir sus facultades en este tebeo, pero la eliminación de algunas escenas (se me ocurre por ejemplo, toda la parte referente al Coronel Flanders) probablemente habría beneficiado al resultado final.

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Conscientemente he dejado para el final el comentario sobre el trabajo gráfico de Diego Blanco, aunque evidentemente se entrelaza de forma indivisible a la historia narrada. La desolación de los parajes que reflejan la desolación interior del protagonista y su desamparo está retratada con pericia por Blanco con un trazo simple que consigue transmitir sensaciones como el peso de la luz o el vacío. El nivel de síntesis alcanzado por Blanco en los escenarios, bien documentados, nos transporta inmediatamente al emplazamiento escogido, y cuando se trata de reflejar secuencias oníricas o personajes perturbadores, el resultado es ciertamente interesante. Tal vez a los personajes del dibujante les falte expresividad, pero esto se compensa con una elección de encuadres acertada y epatante con una clara función expresiva y con muy interesantes metáforas visuales. La caligrafía de Blanco es capaz tanto de regalar destellos de poesía visual como de retratar imágenes realmente tétricas y sugerentes.

Nos congratulamos de la aparición de la colección de novelas gráficas Rompehielos bajo el sello de la autoedición de Polaqia, que esperemos siga ofreciendo obras interesantes que difícilmente tendrían cabida en otras editoriales y que ayudarán a que el público general pueda formarse un mapa mental más amplio del panorama historietístico nacional.

Hay una frase que reza que el viaje comienza cuando se regresa al punto de partida. En este tebeo de Kike Benlloch y Diego Blanco es más cierta que nunca, y tanto el protagonista como el mismo lector comenzarán, una vez volteada la última página, el auténtico viaje.

3
Bueno, este es el nivel medio que habría que pedir a cualquier tebeo


el tio berni


4 comentarios

  1. Berni, ¿lo has conseguido en el salón gallego o ya se puede adquirir en algún otro sitio de España? Tengo ganas de leerlo ^_^

  2. Lo compré en el Viñetas Desde O Atlántico, no sé si habrá llegado ya a las librerías.

  3. Distribuye SD, así que cualquier librería lo tiene al alcance. Si tenéis cualquier problema consiguiéndolo avisad en polaqia arroba gmail punto com. Gracias por la reseña, tío Berni. También a los Cretinos y a Álvaro Pons, y a Kalashnikov por las anteriores :-)

  4. ¡Ya he leído “Pinche Mundo” y me ha encantado! Es qué pena que no haya llegado a toda España “El acompañante…”