Reseñas — 7 febrero, 2013 at 4:12 pm

Nela (Rayco Pulido Rodríguez)

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Nela (Rayco Pulido Rodríguez). Astiberri, 2013. Cartoné. 17 x 24 cm. 168 págs. Bitono. 17 €

Rayco Pulido Rodríguez lleva ya casi 10 años pariendo tebeos interesantes y Nela certifica que lo hace además siguiendo una curva de calidad ascendente. Además, el dibujante canario es uno de pocos que en cada tebeo se propone un nuevo reto narrativo que resuelve a base de pericia e inventiva gráfica. En Sordo, guionizado por David Muñoz, la sordera del protagonista implicaba una presencia mínima del diálogo que hacía descansar todo el peso del relato en el dibujo y la secuenciación. En Sin título. 2008-2011 planteaba un juego de espejos en el que se generaban ficciones dentro de ficciones que se hacían pasar por realidad y empleó extensivamente la fotografía para plasmar sus dudas y opiniones sobre los mecanismos de la narración y la manipulación de las sensaciones del lector. Sin embargo se me antoja que en Nela, con una apariencia muy ortodoxa, el desafío ha sido incluso mayor. Cuando muchos se acercarían a la adaptación de una obra literaria por sus valores intrínsecos, Pulido plantea la recreación en cómic de una novelita de Benito Pérez Galdós desde una perspectiva eminentemente gráfica, como si lo que realmente le interesase no fuese tanto la historia como la dificultad que supone vehicular las sensaciones producidas por unos iconos aprendidos (las letras) utilizando otros intuitivos y abiertos (las imágenes). No quiere esto decir que la trama o las ideas que contienen novela y cómic sean despreciables. Aunque se tratan con claridad y sencillez, conceptos como la religión, la ciencia, el clasismo y todo un ramillete de emociones humanas están claramente representadas aquí. Pero no es eso (o no es solo eso) lo que el dibujante quiere hacernos llegar a través de estas 168 páginas de drama emocional que transcurre en un Santander ficcionado de finales del siglo XIX.

Leyendo Nela no he podido evitar acordarme del Asterios Polyp de David Mazzucchelli. Ambas comparten dos clarísimas similitudes: una trama y un drama claros y meridianos (casi podríamos decir que básicos) desarrollados con un amplio despliegue de recursos narrativos y gráficos. Ahora bien, todo lo que en la obra de Mazzucchelli es alarde desmesurado, catálogo de virtuosismo y búsqueda de la originalidad, en Nela se transforma en contención y legibilidad, sin por ello perder un ápice de capacidad de sugestión. Como en el Vapor de Max, son el despojamiento en el dibujo y el simbolismo sutil y grácil los que aportan hondura a un cómic plagado de descubrimientos tan sencillos como las dos cestas sobre fondo negro entre las que duerme la protagonista. O el propio desgarbado y mutante personaje de Nela, que casi parece un préstamo de Gilbert Hernández y con el que logra que el tono dickensiano de la novela adquiera tintes de realismo mágico. O el despliegue para convertir Socartes –lugar donde transcurre la acción– y sus inmediaciones en lugares llenos de matices, colmando al lector con el gozo estético de un paisaje mediante su idealización gráfica. Sin duda, es muy afortunado el contraste entre la fluidez y riqueza visual de Pulido y la prosa decimonónica de Don Benito.



También triunfa el dibujante en aquello que tan bien hacía Osamu Tezuka, la cohabitación de caricatura y realismo con fines dramáticos, y hay muchos hallazgos en la sencillez de las texturas y la representación de luz y oscuridad, utilizados más con fines sensoriales que figurativos (y aquí me viene a la cabeza Jaime Hernández). Los dibujos, las secuencias, no tratan de representar el momento, sino el peso emocional y narrativo del momento. Precisamente por eso la versión de Pulido de la obra de Galdós es exitosa: no solo recoge sus palabras e ideas, sino que las transforma en algo nuevo, algo que se lee de otra forma y que despierta inquietudes de otro tipo. Las transforma en un cómic, y al hacerlo nos recuerda qué es exactamente lo que nos atrae de este medio y por qué nos provoca una fascinación tan profunda cuando nos hallamos ante un virtuoso, bien sea del dibujo, de la composición, de la planificación o de la secuenciación. Si tuviera que emplear un único adjetivo para lo que ha hecho el dibujante con Galdós, diría que este Nela es una auténtica adaptación a otro medio, no un simple volcado. Precisamente por eso mismo me chirría un poco ese epílogo de texto que sobre explica demasiadas cosas cuyo desentrañamiento debería corresponder al lector. Aunque quizá el problema no sea realmente este: no me desagradan ni los extras en los DVDs ni las ediciones literarias anotadas, pero en este caso he sentido que se me trasladaba bruscamente del terreno tebeístico que tanto había disfrutado al terreno literario, deshaciendo parte del excelente trabajo de adaptación que Pulido había firmado en las 150 páginas anteriores y que –a mi parecer– no necesitaba paños de ningún otro tipo.

No he querido adentrarme en el análisis, digamos, narratológico de Nela. Creo que, precisamente, al emplear como base una novela tan proclive a ello, el frente en el que combate este cómic es el de escapar de ahí para concentrarse en aspectos inherentes al cómic y ausentes en otras artes. A lo largo de la reseña he mencionado a muchos grandes dibujantes (y otros que no he mencionado me han rondado la cabeza), y no ha sido de manera inocente. Rayco Pulido Rodríguez está haciendo méritos para jugar en esa liga.


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1 comentario

  1. Me recuerda a Chester Brown en Louis Riel, tanto en el tipo de dibujo como en la disposición de viñetas. Tiene muy buena pinta.

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