Reseñas — 20 diciembre, 2012 at 2:02 pm

Ahora que aún me acuerdo de todo (o casi)… (Romeu)

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Ahora que aún me acuerdo de casi todo (o casi)… (Romeu). Astiberri, 2012. Cartoné. 17×24 cm. 200 págs. B/N. 18 €

Carlos Romeu es uno de los humoristas gráficos imprescindibles de las últimas décadas en España. Su presencia en todo tipo de medios ha sido constante desde los años setenta, en los que participó en varias de las revistas satíricas de la transición —Por Favor, Muchas Gracias, Mata Ratos o El Jueves—, en algunos casos como fundador o director,  hasta 2011, fecha en la que fue despedido de El País tras colaborar en sus páginas ininterrumpidamente desde su fundación en 1976. Es una de esas personas que ha vivido de todo y que ha sido testigo de primera mano de momentos importantes en la historia reciente, especialmente en lo que respecta a la lucha por la libertad de prensa y expresión, y que ha conocido los entresijos de los grandes grupos de comunicación de la democracia. Por todo esto, desde que se anunció su publicación por parte de Astiberri, tenía muchas ganas de leer una autobiografía que prometía ser muy jugosa.

En Ahora que aún me acuerdo de todo (o casi)… Romeu repasa toda su vida desde sus primeros recuerdos de la infancia hasta el momento actual a lo largo de ciento ochenta y nueve páginas —más un acertado anexo de fotografías— para las que ha escogido un modelo narrativo sencillo: cuatro viñetas por página —salvo algunas excepciones— y en cada una de ellas un texto casi siempre prolijo con el que avanza el relato, de manera que el dibujo y los bocadillos funcionan, sobre todo, como chistes independientes, el contrapunto cómico al texto autobiográfico, que podría leerse de forma independente, en realidad. Pese al tono desenfadado de éste, la verdad es que la estructura fija de la página y la despreocupación por parte del autor por fusionar mejor texto y dibujos hacen que la lectura pueda volverse en algunos momentos un poco monótona, aunque sí consigue ser divertida e interesante.

Porque lo que cuenta lo es, sin lugar a dudas. Romeu arranca en su peculiar infancia en los cincuenta y recorre su adolescencia en los sesenta, sus inicios profesionales como dibujante en los setenta, y su consolidación como tal en los ochenta y noventa. Entremezcla la historia del país con la suya personal de manera muy acertada, así que el libro no sufre del ombliguismo en el que a veces caen las autobiografías. Al contrario, interesa tanto por la vida de Romeu, un tipo original y desenfadado, en su juventud una especie de bohemio a la española, como por todos los entresijos que cuenta desde la posición de privilegio que acompaña a su profesión.

Peo hay un punto en el que me ha decepcionado un tanto esta autobiografía; esperaba con ganas su visión de la transición, de la edad dorada de las revistas satíricas, de sus vivencias en sus redacciones… No es que todo eso no esté en el libro, sino que no se desarrolla apenas. Hay viñetas en él de las que podrían salir cómics enteros. Cuando uno ve desfilar a personajes como Vázquez Montalbán, Kim, Luis Vigil, Tom o Toutain, sabe que detrás hay una grandísima historia por contar, más allá de los apuntes que ofrece Romeu, por interesantes y reveladores que éstos sean. Romeu ha querido comprimir demasiado en poco espacio; preocupado por mencionar todos sus trabajos, no puede dedicarle más espacio a las fases de su vida que sin duda lo merecen.

Quizás por eso Ahora que aún me acuerdo de todo (o casi)… sube enteros cuando Romeu se centra en sus problemas de salud. El optimismo y buen humor con los que afronta su delicada situación desde hace años —con varias operaciones y tratamientos dolorosos— son encomiables, y a través de esas páginas descubrimos al Romeu más humano. El ritmo además se desacelera, y el lector tiene más tiempo para asimilar, para empatizar con Romeu y que lo que se cuenta deje un poso que antes, con la velocidad a la que se avanzaba, no era del todo posible.

Sin embargo, pese a los peros que pueda ponerle, es un libro importante, un cómic sincero y vitalista en el que Romeu hace un recorrido profesional y sentimental por su vida que no puede despreciarse. Es una obra, además, necesaria: necesitamos que haya más tebeos así, que los protagonistas de la historia del cómic español en general y la generación de Romeu en particular cuenten sus vidas y aporten su visión personal. En ese sentido, el valor de esta autobiografía está ahí, y se une a la obra de autores como Carlos Giménez o Ramón Boldú, auténticos pioneros. Espero que a Romeu le sigan muchos otros.

 

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