Entrevistas — 28 noviembre, 2012 at 11:54 am

Entrevista con David Rubín

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Año y medio después la publicación de la primera parte, mañana mismo se pone a la venta El héroe 2, conclusión de la épica aventura de Heracles en la versión de David Rubín. Esta segunda parte, más compleja y oscura, acaba de dar sentido a la primera al tiempo que ofrece una nueva visión del protagonista y su misión en el mundo. Un libro extraordinario que recupera el sabor de las mejores historias superheroicas sin necesidad de apelar a la nostalgia y en el que Rubín demuestra una evolución constante y una enorme talla como autor. A continuación, la entrevista que mantuvimos con él.

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Creo que has empleado casi cuatro años en la realización de los dos libros de El héroe. ¿Cómo ha evolucionado la historia durante este tiempo respecto a tu idea original?

Escribí el guión de los dos tomos de una sola vez, antes de ponerme a dibujar el primero, pensando en que sería un solo libro, con lo cual la columna vertebral básica no cambió mucho, desde un principio tenía clara toda la estructura de la obra, lo que pasaba en cada capítulo, su comienzo nudo y desenlace.
Lo que si ha cambiado son muchos de los pequeños engranajes que conformaban ese guión inicial, han pasado muchas cosas en mi vida, unas buenas y otras no tanto, desde que me puse en 2009 a trabajar en esta obra, y, lo quieras o no, eso termina reflejándose en tu trabajo. Por ejemplo, en el tomo dos hay bastantes alusiones a la crisis económica y social que lo está devorando todo. Creí necesario, y además la propia historia me brindaba la oportunidad, de hablar de ciertos temas, de utilizar, en este tomo dos, el cómic como el medio de comunicación que siempre he defendido que puede ser, de intentar mediante este medio remover la conciencia de la gente al tiempo que les ofreces una aventura que les haga pasar un buen rato.
Al igual que el dibujo evoluciona y mejora del tomo uno al dos, de un modo natural, o al igual que el propio personaje de Heracles evoluciona y va ganando mayor complejidad según avanza el relato, con el guión pasa lo mismo, evoluciona, cambia, se adapta y mejora según los tiempos que vives y las cosas que te afectan, un guión no es, ni debe ser jamás, algo rígido o dogmático, sino más bien una guía para no perderse en la realización de una obra que puede ser totalmente flexible y cambiar sobre la marcha.

En tu libro se aprecia un gran cuidado por el diseño, un diseño que combina lo moderno con lo clásico. ¿Por qué este especial cuidado por el diseño y qué crees que aporta a la lectura?

Potencia la lectura y lo que quieres contar, un diseño acertado y atractivo, tanto a nivel de página como del libro en sí, como objeto, hace que el contenido del libro cobre mayor relevancia. Ya puedes currarte el dibujo y el color de maravilla, y escribir una historia tremenda que como luego la cagues o te lo chafen con un mal diseño se va todo al garete. Yo por eso cuido siempre hasta el último detalle, desde el papel en dónde se imprime mi libro, si ha de ser tapa dura o rústica, al propio diseño gráfico del libro, para mi es algo tan importante como la propia historia, como el propio cómic que contiene, de hecho, en El héroe, el diseño es parte implícita de la propia historia, aporta datos, genera sensaciones en el lector, lo prepara para la lectura en la que va a embarcarse.



Y hablando de diseño, uno de los puntos fuertes de El héroe es el diseño de personajes, vestimenta, monstruos, maquinaria, edificaciones… Creo que esto entronca muy bien con Kirby, por ejemplo. Tener que diseñar todo esto, ¿ha sido más un reto o una diversión? ¿De dónde viene la inspiración para toda esta variedad?

Pues si te digo la verdad, en este libro no hice, en lo que a diseño de personajes se refiere, ningún tipo de trabajo previo, diseñé la apariencia de todos los personajes sobre la marcha, mientras dibujaba el lápiz de las páginas. Esto se debe, principalmente, a que pasé casi seis meses, de los cuatro años en los que tardé en realizar la obra, escribiendo solo el guión, y al terminar de escribirlo ya tenía bastante claro que pinta debería tener cada personaje. Luego siempre añades cosas nuevas sobre la marcha, por ejemplo, el personaje de Atlas no lo tuve claro del todo hasta el mismo momento de dibujar las páginas en las que salía, fue ahí cuando se me ocurrió como solucionar el tema de que sujete “la bóveda celeste”, que tenía claro que no podía ser como se cuenta en el mito, porque quedaría ridículo respecto al tono que elegí para recontar esta leyenda, y cuando por fin dí con la solución el diseño del personaje apareció como por arte de magia.
Tampoco realicé storyboard de ninguna de las páginas de la obra, ni en el tomo 1 ni en el 2, por un lado porque, como te digo, lo tenía todo bastante claro, y por otro, porque trabajar así pienso que le otorga una frescura, una fuerza casi primigenia a las páginas, y de ese modo lo que quieres contar en ellas se transmite con mayor intensidad a los lectores.

Es muy curiosa pero a la vez muy orgánica la mezcla que haces de la Grecia clásica con tecnología moderna, incluso futurista. ¿Te ha dado muchos quebraderos de cabeza integrar ambas cosas? ¿Por qué decidiste incluir todos esos elementos tecnológicos?

La verdad es que no, desde un principio tenía claro incluir anacronismos, el relato transcurre en la Grecia clásica, sí, pero no ha de ser la Grecia clásica de nuestra dimensión, no sé…
Creo que si racionas bien esos elementos anacrónicos, si los introduces en los momentos adecuados, si les das una función real, activa, en la historia, como es el caso, ellos mismos se integran con fluidez y el lector los asume sin problema, algo así, pero a otros niveles, ya lo había probado en un libro anterior, La teteria del oso malayo, en dónde animales antropomórficos se mezclaban con seres humanos, superhéroes, samurais… de un modo que no chirriaba, que no creaba dudas en el lector, que sumaba a la historia, y aquí, con esos anacronismos pasa lo mismo, no están puestos ahí por poner, por llamar la atención, sino que son parte necesaria y fundamental del relato que estás narrando, con lo cual hace que funcionen, que generen complicidad en el lector en vez de extrañarle o apartarlo del relato.
Además, quería huir como fuera del rollo peplum, del tema una y mil veces visto, y esto era uno de los varios ingredientes que incluí en la obra para conseguir tal fin.



En El héroe 2 hay bastantes referencias a los videojuegos, algunas totalmente explícitas. ¿Cómo se te ocurrió integrar esto en un cómic? Por otra parte, todo el asunto de los videojuegos también me ha recordado a Aventuras de un oficinista japonés, de José Domingo, con quien compartes estudio. ¿Tenéis conversaciones sobre la relación entre el cómic y los videojuegos?

Principalmente porque me gustan los videojuegos, tengo poco tiempo para jugar a la Play, pero cuando puedo le meto caña a la consola.
Además hay un capítulo en el tomo dos, el que transcurre en el Inframundo, cuando Heracles se enfrenta a Hades para conseguir el Cancerbero, que siempre me lo imaginé como una especie de videojuego donde el protagonista, Heracles, va pasando fases cada vez más difíciles, enfrentándose a “jefes finales de fase” cada vez más terribles, como ocurre en muchos videojuegos.
Con José hablo a menudo de videojuegos, pero más que de su interacción con el cómic, nuestras conversaciones son más en plan: “…¿Y tú como hiciste para cargarte al cabrón ese, que llevo tres días enredado ahí?” o “Si quieres conseguir la armadura mágica para poder enfrentarte al dragón tienes que hacer esto y lo otro…”, ¡ja, ja, ya ves, puro glamour!

Está bastante claro que El héroe es una carta de amor a los superhéroes, pero también lo es a sus creadores. ¿Qué ha pasado en el mundo de los superhéroes, por qué apenas existen ya nombres propios entre los creadores, personas que sean capaces de imprimir un sello personal y de emocionar con sus historias?

Me imagino que eso se debe a varios factores, el principal de ellos es el tema industrial, los guionistas que trabajan para Marvel o DC ahora saben que los juguetes con los que están jugando no son suyos, que si inventan tal o cual personaje y luego hacen muñequitos o una peli no verán un duro, lo mismo si crean una gran historia que sorprenda y siente bases, como pudo ser en su momento Born Again o La saga de Fénix Oscura. ¿Para qué? ¿Para que luego utilicen esas ideas en tal o cual película o las expriman hasta secarlas en este o el otro “macroevento” del año sin que ellos vean un duro y ni aparezca sus nombres en los créditos? Normal, las buenas ideas, los personajes originales se los guardan para sus creaciones en sellos independientes, donde ellos, los creadores, poseen el copyright de los personajes y las obras, y para las majors pues cubren expediente, en el mejor de los casos realizan un tebeo decente, entretenido y punto, que no pasa de ahí, que se olvidará al mes siguiente.
Sigue habiendo casos excepcionales, pero no dejan de ser pequeñas gotas de agua en un mar de mediocridad, aburrimiento y falta de originalidad.
Eso no pasaba con Jack Kirby, por ejemplo, ni con Jim Steranko, ni con Frank Miller, por ponerte tres ejemplos.
Hasta un tebeo deleznable como Holy Terror, de Frank Miller, posee mayor calidad que el 90% de lo que publica a día de hoy Marvel o DC.
Y en cuanto a los dibujantes, pues la cosa no es que mejore, para mi gusto la mayor parte de ellos son clónicos unos de otros, y usan fórmulas narrativas y compositivas supertrilladas y faltas de ambición e imaginación, los editores ya no buscan autores con garra, con cosas que contar y registros gráficos potentes y originales, les importan más los personajes que los autores, y eso se traduce en que lo que prima finalmente es la mano de obra; el profesional que cumple la entrega decentemente pero sin brillantez, y eso, aunque digno, se traduce en tebeos que podría firmar cualquiera, gráficamente desprovistos de personalidad y fuerza. Eso, unido a lo que comentábamos antes, a un guión falto de ganas y originalidad, se traduce en un tebeo de “usar y tirar”, en material mediocre y olvidable.
Y es una pena, en un género como el superheroico, debería estar penado el realizar tebeos aburridos y mediocres. A mí, personalmente, es algo que me cabrea mucho, ya que es el género que más amo dentro del cómic y lo han convertido en un lodazal de mediocridad.



En relación con la anterior pregunta, a mí me parece que con El héroe has demostrado que se pueden hacer historias de superhéroes respetando su historia y sus clichés pero ofreciendo a la vez algo nuevo y emocionante. ¿Dónde reside el secreto para conseguirlo?

Me imagino que por un lado en el hecho de que amo y conozco a la perfección el universo superheroico, es algo que tengo totalmente asimilado, pero por otro lado mantengo una posición crítica ante él, nada friki, y me doy cuenta de las cosas que no me gustan y no dejo que me den gato por liebre.
Además, siempre he intentado mantener una postura autocrítica y forzarme a buscar cosas nuevas dentro de mi propio trabajo, y ese inconformismo me lleva a intentar buscar nuevas fórmulas, no repetir esquemas ya realizados, por ello, si voy a hacer un cómic de héroes y aventuras desde un principio ya me planteo que sea algo nuevo y emocionante, que no sea más de lo mismo, quiero hacer el tebeo que a mí me gustaría leer, no el que tal o cual editor cree que a la gente le gusta leer.

En tus libros hay referentes muy claros, algunos incluso reciben sus homenajes, nombres como Jack Kirby, Jim Steranko, Frank Miller, Paul Pope, Frank Quitely, Osamu Tezuka o Shigeru Mizuki. Pero, ¿hay referentes menos obvios e igualmente importantes?

Si, claro, hay muchos, pero siempre intento que esos guiños funcionen a dos niveles, por un lado que los lectores que ya puedan conocerlos disfruten encontrándose con tal o cual cosa, pillen el guiño y lo disfruten pero, por otro lado, que dichos guiños no sean un lastre; no hay cosa que me cabree más que cuando leo un tebeo o veo una película en donde se hace alusión a tal o cual cosa para crear un guiño o un gag, para fomentar la complicidad del lector/espectador y ves como gran parte de la gente que lee o ve eso no lo pilla y se salen del relato, de lo que les están contando, desconcertados mientras otros si que lo disfrutan.
Y ya que lo preguntas, si, hay alusiones, más o menos evidentes a, por ejemplo, Akira Kurosawa, Terrence Malick, Andrei Tarkovsky, Stanley Kubrick, Morrissey, Chris Ware, Moebius, Charles Schulz o Nick Cave, entre otros tanto en El héroe uno como en el dos, pero quién las pille, pues genial y quién no pues no pasa nada, no entorpecen la lectura.



Si te parece, vamos a comentar algunos de los homenajes que más me han llamado la atención y me comentas por qué te ha parecido interesante introducir esa secuencia concreta en tu tebeo. Empezamos por el final del encuentro entre Heracles y Prometeo. A mí me ha recordado a esos comic books en los que veíamos a Spider-Man en una azotea sentado con la Antorcha Humana u otro de sus amigos hablando de sus cosas.

Pues si, hay algo de eso ahí, pero tampoco al 100%, en esa secuencia lo importante no es eso, sino que sirve para llevar a otro terreno durante unas páginas el relato y permitirle descansar un poco al lector de tanta acción, y además sirve para otorgarle mayor carácter a Heracles y prepararlo para la prueba gorda de ese capítulo, que será vérselas con Atlas.

Las peleas contra robots sin duda tienen un aire muy a lo Astro Boy de Tezuka, ¿no?

Sí, es intencionado, tanto al Astro Boy de Tezuka como al Mazinger-Z de Go Nagai, que es otro autor japonés que siempre me ha gustado mucho, de hecho en ese capítulo hay dos personajes que son un trasunto de alguien como podría ser Tezuka y uno de sus discípulos…

Hay varias secuencias en que los acontecimientos se explican a través de un mosaico de pantallas de ordenador, lo que me ha recordado al Batman de Frank Miller, especialmente al DK2.

Si, hay mucho DK2 tanto en El héroe 1 como en el 2. DK2 es mi obra preferida de Frank Miller en solitario, me parece un cómic inundado de libertad y fuerza por sus cuatro costados, tanto en su guión como en su dibujo, y, sobre todo, en el excelente uso del color de Lynn Varley, que ha sido referencia continua en mi para realizar El héroe.
De hecho ya he comentado en otras ocasiones que posiblemente nunca hubiera hecho El héroe o al menos no sería tal y como es esta obra si no hubiera leído –y entendido– DK2. Yo, y muchos otros autores, lo reconozcan o no, le debemos mucho a esta, la última y mejor obra maestra de Frank Miller.



Está claro que en muchas ocasiones Heracles es un trasunto de Superman, pero hay una parte en la que incluso se puede rastrear la referencia a Superman III, la película. Me refiero a toda la secuencia en la que vemos al Heracles “malo” y a su retiro a los confines nevados del mundo.

Si, eso es un guiño a esa secuencia de Superman III, es una secuencia que me impactó mucho de chaval y que a día de hoy me sigue impresionando, consiguieron de un modo tan inteligente y sencillo, tan solo usando el talento actoral de Christopher Reeve y oscureciendo paulatinamente, secuencia a secuencia, el traje del personaje que hace que siga funcionando como un reloj, es, además, la primera incursión, que yo recuerde, de la metafísica en algo de superhéroes, al menos desde un punto de vista lúcido e inteligente, antes de que llegara Grant Morrison y Alan Moore.
Y en El héroe quería reflejar en esa secuencia de “Heracles malo” –más que malo, “abandonado”– las sensaciones que a mí me asaltaron y me asaltan viendo esa secuencia de Superman III –por otro lado, de lo poco brillante que tiene esa película– mostrando qué le pasaría a la sociedad si Heracles decidiera dejar de ser lo que es y debe ser; un héroe.

Hay un capítulo en El héroe 2 que directamente es una especie de What if…?/Elseworlds. En ese capítulo hay un poco del Miracleman guionizado por Alan Moore, ¿no?

Si, ese capítulo al que te refieres es una especie de What if…?, pero sobre lo del guiño al Miracleman de Moore no sabría decirte, ya que por desgracia es una obra que nunca he leído, ya que nunca me ha caído en las manos, llevo años buscándola, pero no la consigo por ningún lado, a ver si algún día terminan con los litigios legales que hay con ella y la reeditan para que pueda disfrutarla, ya que mucha gente que la ha leído me ha dicho que es un tebeazo como la copa de un pino.



Me pregunto si durante la realización de tus libros, en algún momento, has concebido cada capítulo como un comic book independiente.

La verdad es que no, El héroe, pese a poseer estructura capitular no funcionaría nunca fragmentado en comic books, está pensado para que se lea así, en dos partes y de un tirón, si lees, por ejemplo, solo los dos primeros capítulos del tomo uno tendrás la sensación que estás leyendo un tebeo de aventuras bien facturado pero sin mayor pretensión, bien, vale, pero si lees el tomo uno entero, el último capítulo da una lectura diferente a todo lo anterior, hace que adquiera relevancia, es sobre todo, ahí y gracias a eso, cuando te das cuenta que no estás leyendo un cómic de aventuras al uso.
Además sería imposible que esta novela gráfica se fragmentara en comic books por capítulo, ya que cada uno de los capítulos que la componen tienen una extensión totalmente diferente, los hay que constan de 15 o 18 páginas, los hay de ventipico, los hay de cuarentaytantas o, incluso en el tomo dos ¡uno de los capítulos tiene 85 páginas de extensión!
Y es necesario leerlos así, cada capítulo tiene la extensión que necesita, ni una página más ni una menos, si se hubieran constreñido para salir en comic books, o en álbumes de formato francobelga, la obra sería otra, diferente, no sería lo que es y, desde luego, no sería mejor.
Por eso el hecho de que la novela gráfica funcione muy bien a día de hoy ha hecho posible que esta obra llegara a hacerse y a publicarse, algo como El héroe sería impensable hace 10 o 15 años, tanto por contenido como por continente.

Hablar del tema central de El héroe es complicado, porque sería tratar de desentrañar todo lo que significa el cómic de superhéroes, o a otro nivel, lo que significan las historias sobre héroes. Sin embargo hay un par de puntos que me gustaría tratar contigo. Por ejemplo, a menudo en El héroe se ponen en los platillos de la balanza el orgullo y la soberbia y la fina línea que los separa.

Es algo que, creo yo, no atañe solo al mundo de los héroes, sino que es algo que continuamente le ocurre a cualquier ser humano. Si te paras a pensarlo estamos continuamente bailando entre el orgullo y la soberbia, y en no pocas ocasiones cualquier hijo de vecino puede dejarse llevar, si no se vigila, y caer del lado de la soberbia, cosa que no es buena. A mi me ha pasado en ocasiones, y es algo que no quiero que se repita. Me preocupa mucho dejarme llevar por los cantos de sirena y perder los pies del suelo, y en una profesión como esta, en la cual en bastantes ocasiones te llueven halagos, es fácil, si no lo controlas, perder la cabeza y caer en la soberbia.
Digamos que esa parte del libro donde se hace referencia a ello es como una bronca a mí mismo, un recordatorio de lo que no debe volver a ocurrir jamás, y un aviso para navegantes, ya que en el fondo para mí este cómic, el cómic en general, es un medio de comunicación con terceras personas.



Otro tema importante es la rebeldía, en el sentido de tratar de escapar a la sumisión al destino, al statu quo.

Sí que lo es, sobre todo a día de hoy, en donde por fin la Gran Mentira ha quedado al descubierto. Lo único bueno que ha traído esta terrible crisis que nos asola ahora mismo es el haber destapado el gran engaño del milenio; un sistema social, político y económico creado por cuatro y para el beneficio de cuatro, donde la gran mayoría de seres humanos que poblamos la Tierra no tenemos ni voz ni voto, pese a que nos dicen que sí, utilizan esa “zanahoria” llamada “democracia”, que no es tal o que al menos, a día de hoy, ha perdido por completo su valor e ideal, para que estemos tranquilos y contentos, para que pensemos que “contamos”, te adormecen metiéndote entre ceja y ceja que necesitas tal o cual aparato para ser feliz y sentirte alguien, o utilizan armas de idiotización masiva como el fútbol o la religión para aplacar a las masas y hacer que aparten su atención de las cosas que verdaderamente importan.
El statu quo actual la verdad es que es una puta mierda, y aunque cada vez más gente se da cuenta de ello y sale a la calle para protestar sigue habiendo gente que, pese a estar igual de puteada y jodida siguen abrazándose al “amensiseñor” a este sistema caduco, injusto y corrupto, ya sea por pasividad o por miedo, y es algo que no entiendo, que, con la que está cayendo no me cabe en la cabeza que siga habiendo gente pasando de todo, aunque, por suerte, cada vez son menos los que siguen con la venda en los ojos.
Todo esto que acabo de relatar tiene cabida en El héroe, de hecho posee un peso importante en la historia, he hecho esta obra como si fuera un arma contra la idiotez y el pasotismo de la sociedad, una de mis pretensiones con El héroe es remover conciencias, hacer que la gente pase un buen rato con su lectura pero que al tiempo se cuestione determinados temas, tanto sobre la sociedad de la que todos formamos parte como de si mismos.
Creo que, tal como están las cosas, va llegando la hora de apretar el botón de “reset” y crear un modelo de sociedad, de política y economía diferente al actual, más justo, más ético y más humano, y esta obra es mi pequeño granito de arena para conseguir tal fin.

Ciertamente, hay varios momentos en El héroe 2, especialmente la conversación entre Heracles y Atlas, que se pueden interpretar en esta clave política.

Desde luego, hay mucha crítica en esta obra. El héroe es un llamamiento a la rebeldía, a cuestionarse el establishment, una denuncia vestida de aventura y acción sobre la sociedad en la que vivimos, que es una puta mierda de sociedad, dirigida por mangantes del tres al cuarto y totalmente injusta con el ciudadano de a pie. Una sociedad en donde a un tipo que solicita un curro de cajero en un McDonald’s le piden nivel alto de inglés mientras que el presidente del mismo país no sabe hablar bien ni el castellano y menos aún su lengua natal; el gallego. O una en la cual comer en el restaurante de lujo que ponen para los diputados es más barato que comer el plato del día en un bar o que llevar el tupper al comedor de un colegio es una sociedad que claramente no funciona.
Cada día nos bombardean con noticias de corrupción por parte de altos cargos políticos o empresarios que siguen haciendo lo que les da la real gana, viviendo como auténticos reyes de espaldas a la gente a la que, en teoría, deberían defender y que paga sus salarios millonarios y sus vidas de lujo a tutiplén, y creo que ya hemos tenido bastante con eso, es algo que me cabrea soberanamente y por ello decidí incluir una crítica a todo ello en el libro.
Cuando veo en las noticias o escucho declaraciones de grandes empresarios, banqueros o políticos no dejo de pensar en ellos como si fueran grandes dinosaurios que saben que les ha llegado su hora, que saben perfectamente que tal y como están haciendo las cosas no son en nada útiles para la sociedad, más bien lo contrario, pero que aún así, o justamente por ello, se agarran con uñas y dientes a este sistema corrupto, infecto y decadente que actualmente está más que demostrado que no sirve para nada, al menos no si lo que se quiere es una sociedad justa. Y contra ellos, en esta obra, dirijo mi ira e intento remover conciencias.



El héroe también es una historia de padres e hijos, incluyendo en la ecuación a los autores de cómic como padres de sus obras. Siempre se dice que, a un nivel profundo, el hijo desea matar al padre. ¿Te ha matado de alguna manera El héroe? Me refiero a si la historia ha trascendido, ha llegado más allá de lo que tú pretendías.

Sí, me ha superado en muchos momentos, ha traído consigo cosas muy buenas que me han hecho crecer como autor y otras no tan buenas, que casi me hacen perder el norte como persona, pero he conseguido, no sin sufrimiento, salir adelante y vencerlo, lo que me ha hecho más fuerte. De todo esto hablo, sobre todo, en la segunda mitad del tomo dos. Digamos que Heracles ha llegado a ser, sin yo pretenderlo en un principio, un trasunto de mí mismo.
El Héroe es, posiblemente, la obra más personal que he hecho, en la que más me he desnudado ante el lector, la más sincera y visceral.

A diferencia de tus trabajos anteriores, las mujeres en El héroe –salvo en el caso de Diana– tienen un papel poco agradable: o bien son villanas, como Hera o Hypolita, o son meras comparsas sufridoras. ¿Es algo premeditado?

Es algo que ya estaba así en el mito original, y que decidí mantener porque me venía bien para la historia que quería contar. De todos modos creo que no hay un solo personaje, sea hombre o mujer, en esta obra que sea “agradable” sin más.
Todos poseen un lado oscuro, atormentado, de hecho, Heracles es el más oscuro de todos, el que posee más aristas y el que comete más errores, en el fondo, los personajes que sufren a su alrededor, son, en su mayor parte, víctimas del propio Heracles, su aflicción y sufrimiento están, de modo inconsciente o no, provocadas por él. Y de todos ellos el que se lleva la peor parte es el propio Heracles. Pese a su apariencia fuerte y su determinación de héroe, es posiblemente el más vulnerable de los personajes que pueblan esta obra, está continuamente en la cuerda floja, lo he creado como un ser que parte de la más pura inocencia y benevolencia, en los primeros capítulos, a la mayor de las oscuridades y tormentos en los que cierran el tomo dos. Es un sufridor nato, pero, por su condición de héroe, es un sufridor que, pese a ello, no se rinde nunca y avanza siempre hacia delante buscando soluciones, sepa dónde se hallan dichas soluciones o no, consiga llegar a buen puerto con tal o cual hazaña o no, ya que, como comento en uno de los pasajes del libro, “un héroe no es aquel que vence en una batalla, sino aquel que, aún sabiendo que puede que no venza, decide enfrentarse a ella”.



Tengo que reconocer que, a pesar de que ya habías advertido que El héroe 2 sería una historia mucho más oscura que la primera parte, me ha impactado mucho la brutalidad de algunas escenas, sobre todo en el primer y el último capítulo. ¿No has sufrido maltratando de esta manera a tu héroe y sus seres queridos?

Sí, ha sido duro escribir y dibujar, recrearme en unas escenas que transmiten tanto dolor y violencia, ya que no es violencia de risa, como de película de Hollywood, sino de la que hace que se te encoja el corazón. Pero creo que era totalmente necesario ese enfoque tan crudo para darle mayor fuerza y visceralidad a dichas secuencias, que son clave para la historia y para conseguir ciertos giros y avances en la personalidad y el modo de entender el mundo que rodea a un personaje como Heracles.
De hecho considero que el tomo uno de El héroe narra el nacimiento del héroe, como alguien llega a ser un héroe, y su gloria, y el tomo dos es, por el contrario, la caída del mito, la decadencia del héroe. Podría definirse esta segunda parte de El héroe como el via crucis de Heracles, la Pasión del héroe.

Las onomatopeyas son otro elemento que has cuidado especialmente, pero, ¿por qué onomatopeyas –y otros textos– están en inglés? Además, cobran una dimensión estética y narrativa muy importante, no son meras indicaciones de sonido sino que refuerzan la narración de distintas formas.

No todas, pero sí la mayoría. Por un lado porque es un idioma que el lector medio tiene ya asumido e interiorizado en lo que a temas de onomatopeyas se refiere, ya que lleva más de 30 años leyéndolas así en los tebeos de superhéroes, y, por otro lado, para internacionalizar más la obra; las onomatopeyas tienen en El héroe una importancia crucial, son parte de la narrativa, del dibujo, no meros pegotes para indicar sonido, como pasa en la mayoría de los casos, por ello, el utilizar el inglés las universaliza y hace que, de cara a ediciones extranjeras de la obra, no me las cambien y redibujen para adecuarlas a tal o cual idioma, que es algo que suele pasar, de este modo mantengo el control total sobre cada una de las páginas del libro.
Para mí las onomatopeyas son un elemento expresivo y propio del cómic, que no funciona en otro medio que no sea este, y que, por desgracia, a menudo se utilizan mal o infravaloran. A día de hoy en la mayoría de tebeos, sean del genero que sean, el dibujante no se ocupa de las onomatopeyas, igual que de los bocadillos, deja eso en manos de terceros, de un rotulista, que a veces hace bien su trabajo pero que en muchas otras ocasiones lo que hace es tapar el dibujo y dificultar la narración, en vez de aportar, de sumar, que es lo que debería hacer.
Fíjate en los tebeos de Kirby o Steranko, o en muchos mangas, la onomatopeya tiene una importancia crucial, expresiva y narrativa, que a día de hoy se está perdiendo en muchos tebeos. Yo lo único que he intentado en El héroe es dignificar este recurso, volver a otorgarle fuerza e importancia, darle peso en la propia historia.



Me ha gustado mucho la fusión que haces entre el cómic superheroico americano y el manga, no solo en el aspecto estético, sino también en el tono del libro. Introduces muchos elementos humorísticos y caricaturescos en el contexto de situaciones dramáticas. ¿No te ha resultado complicado, no se apartaba eso un poco del concepto más clásico de la historia heroica?

Es que en todo momento he pretendido alejarme de la concepción clásica de la historieta heroica, hacer algo nuevo, no una historieta más de héroes, y todos esos recursos ayudaban a conseguir eso.
No ha sido nada complicado, creo que el truco está en saber enlazar bien las tres tradiciones de cómic de las que he bebido durante toda mi vida; el cómic de superhéroes estadounidense, la BD europea y el manga, sin que pese más una sobre la otra, intentando que no se sepa dónde comienza una y termina la otra, esa mezcla de tradiciones tan diferentes solo puede dar lugar a algo nuevo, libre y, que pese a que el origen de esta historia es un mito bien conocido y mil y una veces visitado, hace que se muestre como algo nuevo hasta la fecha, crea un enfoque diferente que le da nueva vida y fuerza a la historia que quieres contar.

También hay una evolución clarísima en tu dibujo hacia un mayor realismo, una mayor definición y alejamiento de la caricatura, y en algunos acabados y encuadres te acercas mucho a Frank Quitely. Este nuevo enfoque gráfico, ¿estaba pensado desde el principio, desde El héroe 1?

No, he ido evolucionando y cambiando de modo gradual y natural sobre la marcha, mientras la iba haciendo.
La obra total consta de 550 páginas, por lo tanto es normal que, página a página, vayas mejorando como dibujante, encontrándote más cómodo y seguro contigo mismo y soltándote más.
Creo que es algo que va acorde con la propia evolución de la obra, pero de lo que no eres consciente mientras la estás haciendo, sino cuando ya la tienes acabada y echas la vista atrás y ves el camino que has recorrido y lo que has evolucionado gracias a recorrerlo.
Creo que es algo que le da vida a la obra y a los propios personajes y acontecimientos que en ella se suceden, es algo que ví, por vez primera en el que es mi cómic favorito de toda la historia, el Daredevil: Born Again de Frank Miller y David Mazzucchelli. Si te fijas en esa obra, el dibujo de Mazzucchelli va evolucionando, no es el mismo en el último capítulo que en el primero, avanza y evoluciona al tiempo que también lo hace el personaje de Matt Murdock, se libera de ataduras igual que el personaje que está dibujando, casi al tiempo, eso es algo que ya, desde la primera vez que leí esa obra, me fascinó.
Y para mi ha sido toda una alegría comprobar, cuando terminé de dibujar El héroe, que me había pasado lo mismo, en otro registro gráfico, claro está, pero se trata de lo mismo. Conforme avanzaba la obra me he despojado de miedos y corsés, y de determinados “tics” gráficos que llevaba arrastrando desde hace años, y lo hice de un modo inconsciente, orgánico, nunca pienso “esto voy a dibujarlo de tal o cual modo o con este u otro estilo” dibujo y ya está, y es el propio hecho de dibujar, y los requisitos que me pide como dibujante la propia historia que estoy contando lo que hace que, sin darme cuenta, vaya evolucionando, alcanzando cada vez más una voz gráfica y autoral propia, consolidándola.



La estructura y la trama de El héroe 2 son bastante más complejas que la del tomo anterior. La pregunta iría en el mismo sentido que la anterior. ¿Hasta que punto era algo premeditado y hasta qué punto se debe simplemente a tu crecimiento como autor?

En este caso sí que ha sido algo totalmente premeditado, escribí el guión, como ya he comentado, pensando en que saldría publicado en un solo volumen, por ello creé desde un principio una estructura de crescendo continuo, capítulo a capítulo, en donde en cada uno de ellos se va un poco más allá que en el anterior, en donde, poco a poco, se van desarrollando cada vez más subtramas y se va ahondando en la personalidad y la complejidad de un personaje como Heracles.
El comienzo del tomo uno es premeditadamente más naïf, porque también el personaje lo es, aún no es un héroe. Pese a haber nacido para ello y ser su naturaleza, aún ha de aprender, evolucionar, aún ha de convertirse en “el héroe” al que hace referencia el título de la obra. Al final del tomo uno, Heracles es ya, por fin, un héroe en su momento más álgido de apogeo, fama y fuerza, y el tomo dos narra la caída y el declive tras esa gran ascensión, lo que siempre, y esto es algo que ocurre en cómic, cine o literatura, es más interesante. No se por qué, pero tanto para los artistas como para los lectores suele ser más reconfortante e importante ver a personajes caer que alzarse, el sufrimiento de los protagonistas, en el fondo, es lo que hace que estos personajes de ficción cobren alma y hagan que el lector, y el autor, se identifiquen más con ellos.
La kryptonita es lo que hace cercano y humano a Superman, por ejemplo, su vulnerabilidad.

En los dos libros de El héroe te has permitido diseños de página muy inventivos y espectaculares, y me gustaría saber si decidiste hacer un cómic como El héroe precisamente para poder explorar esa vía, o si fue al revés, que una historia como El héroe te pedía todas esas filigranas gráficas.

Por ambas; desde un principio quería hacer algo difícil, diferente, algo que todavía no había hecho, y esta historia y la abundancia de escenas de acción me brindaban la oportunidad de ir más allá, de probar composiciones que nunca había hecho o visto en otro cómic, de aunar algo que creo imprescindible en todo buen cómic, unificar espíritu innovador y experimental con claridad narrativa. No sirve de nada que hagas experimentos formales complejos en la página si luego no se entienden o no conducen con facilidad la lectura, corres el riesgo de distanciar al lector, de que pierda atención en lo que le estás contando, de que se fije solo en la filigrana gráfica y compositiva y se olvide de la emoción que quieres transmitirle, por ello hice hincapié en todo momento en que la balanza entre lo experimental y la claridad narrativa estuviera siempre nivelada, eso, posiblemente ha sido el mayor reto al que me he enfrentado en esta obra; el hacer parecer fácil lo difícil, el que se pueda leer de un tirón y disfrutarla como un niño y luego, en una segunda lectura, ya fijarse en los engranajes complejos que conforman la narrativa de la obra.



Otro elemento que destaca es tu utilización del ordenador como herramienta de trabajo, que se integra muy bien con el dibujo, digámoslo así, manual. ¿Cómo de complicado ha sido dar con las teclas correctas para que la combinación no chirriase?

Creo que me he limitado a usar el ordenador para colorear sin intentar emular que es otra cosa, que por desgracia es lo que se ve a menudo, muchos coloristas usan el ordenador para recrear acabados que imitan el trabajo manual, o fotográfico, y yo creo que es un error.
Aprendí mucho como colorista estudiando el trabajo de color de Lynn Varley en DK2. Creo que es uno de los pocos tebeos que utiliza el coloreado digital bien, que no lo enmascara o no pretende hacer con él otra cosa o un tipo de acabado que podría conseguirse de modo manual. Es un cómic que posee un color que solo puede existir y funcionar en un cómic, y eso es algo brillante y osado, y es lo que yo he intentado conseguir en El héroe, un modo de usar el color por y para el medio en el que trabajo, el cómic, que no intenta que las viñetas parezcan fotogramas de una película o de animación, ni cuadros al óleo, sino que uso el color pensando plenamente en el medio en el que estoy contando la historia, y eso es lo que creo que hace que funcione, que, pese a buscar en ocasiones soluciones muy locas y extremas con el color o utilizar multitud de tonos vivos y llamativos estos no chirríen al ojo del lector, ya que funcionan en total sintonía con el medio para el que están siendo utilizados.

Hablando de crecimiento, ¿te has planteado retos específicos para la realización de El héroe 2? ¿Has completado con éxito tus 12 pruebas?

Creo que sí. Me planteé dibujar un montón de cosas que jamás había dibujado, encuadres que hasta la fecha no me había planteado, soluciones gráficas que nunca había usado o visto en otro tebeo para seguir una referencia y creo que he salido airoso de todas ellas.
También he mejorado mucho como dibujante y colorista con esta obra y, sobre todo, como narrador, gracias a terminar y llegar a buen puerto con El héroe me siento ahora más seguro conmigo mismo como autor, ya no le tengo miedo a lo que pueda venir tras esto, de hecho ya estoy embarcado en una nueva novela gráfica que será aún más compleja que El héroe y está llena de soluciones gráficas y narrativas que nunca he hecho y que irán más allá de lo que he mostrado en El héroe. Cada nueva obra me implica partir de cero, ponerme nuevas metas que me hagan crecer como autor y como persona, y esta nueva obra será un más difícil todavía respecto a lo que he hecho hasta la fecha, o eso al menos es lo que estoy intentando.
Ponerme nuevos retos es lo que hace que siga creyendo que este medio, el cómic, es un terreno en el que todavía se puede aventurar uno y descubrir en él parajes nuevos e inexplorados, por difícil y cuesta arriba que en muchas ocasiones se ponga el llegar a dichos terrenos vírgenes dentro del medio.
Además considero que, como artista, es una deuda que tengo con los lectores, ofrecerles cosas nuevas, hacer que cada nuevo libro sea una nueva experiencia, una nueva aventura, que les aporte algo. Yo, como lector, he crecido y evolucionado leyendo ciertas obras, lecturas que me han cambiado no solo mi modo de entender el cómic, sino de entender el mundo y la propia vida, y eso es lo que yo pretendo contagiarle a los lectores con mis libros, al menos pongo todo mi empeño en conseguir tal fin; que lo que les ofreces les aporte algo más que un buen rato de lectura.



El héroe 1 ya se ha publicado en Italia y en Francia, y me da la sensación de que si El héroe 2 llega a las manos correctas, la repercusión en el extranjero –y pienso en otros continentes– puede ser importante. ¿Estáis trabajandou en ellou?

Si, andamos en ello, hay conversaciones en marcha y tal, pero nada cerrado así que aún no puedo mencionar nombres de editoriales ni nada por el estilo, y a ver que pasa. No creo que solo con Francia e Italia se cierre el recorrido internacional de El héroe. El tiempo y el trabajo lo dirán. Tanto yo como Astiberri, que son los encargados de negociar los derechos internacionales de mi obra, tenemos mucha fé en El héroe.

Por último, ¿cuál es tu problema con los pájaros?

Los odio desde chaval, no se por qué, será un miedo atávico e irracional o algo por el estilo. Son unos bichos que no soporto, me dan asco, por ello en mis tebeos siempre juegan un papel cercano al malrollismo, a la putrefacción y a la carroña.



2 comentarios

  1. Pingback: Puesta de largo de EL HÉROE 2‏ | Es la hora de las tortas!!!

  2. Me sorprende que nadie deje ningún comentario. Es una entrevista magnífica que ha conseguido que me entren unas ganas terribles de hincarle el diente a El héroe. Respecto a los comentarios en clave política de Rubín sólo puedo decir que me congratulo de oír a tantos artistas hablando en el mismo sentido… ya es hora de que todos empecemos a expresar alto y claro de que lo que sucede en el mundo.

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