Reseñas — 25 septiembre, 2012 at 10:46 am

Rojo (VVAA)

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Rojo (VVAA). Autsaider Comics, 2012. Rústica en caja. 7,5×9,5 cm. 320 págs (16 cómics de 20 págs. c.u.). B/N. 12 €

Cada vez que pienso que a la edición en papel le quedan dos telediarios, aparece una obra que me quita la razón —y yo encantado—. La última ha sido Rojo, el proyecto de Autsaider Comics, nueva editorial capitaneada por Ata, que según contó en una reciente entrevista publicada en esta misma casa no va a publicar solamente tebeos, pero que ha elegido uno para arrancar la aventura. O unos, en realidad, porque Rojo es una cajita en forma de cubo que contiene dieciséis pequeños cómics.

            La idea es un bombazo, que dota de sentido a la publicación en papel. La experiencia de manipular la caja, abrirla, extraer el taco de tebeos, mezclarlos, leerlos en el orden que le dé a uno la gana, es gran parte de la diversión de Rojo. El contenido se fusiona con el continente, y la lectura analógica exprime sus posibilidades únicas, en el campo donde, de momento, lo digital no puede ganarle la batalla: en lo táctil.

            Los tebeos, no obstante, son relativamente convencionales en su formato, excepto por el tamaño. Son dieciséis historias sin ninguna relación, hechas por autores tan distintos que no sorprende la absoluta heterogeneidad de la colección, aunque la línea que impera es la del humor. Hay de todo, y eso implica que será rarísimo que cualquier lector no encuentre al menos tres o cuatro que le gusten de verdad. Porque además cuando nos paramos a ver la lista de autores, la verdad es que impresiona. Dibujantes consagrados como Darío Adanti, Paco Alcázar o Miguel Ángel Martín se mezclan con jóvenes como Nacho García, Juarma o Molg H., por lo que además de para pasar un gran rato de lectura Rojo sirve como nexo de unión de varias generaciones.

            La única premisa de la que todos partieron fue que el contenido de sus cómics tenía que estar relacionado con el color rojo. Pero a partir de ahí cada uno elaboró una historia con características propias y exploró el formato a su manera. Veinte páginas a ese tamaño obligan a la síntesis y al abandono de las normas narrativas más habituales. Adanti o Nono Kadáver —parte, como Ata, de Autsaider— optan por acercarse más al relato ilustrado, con viñetas a una página. Es la opción de varios más, que evitan así el amontonamiento de información en un espacio tan pequeño, aunque alguno hay que se lanza a eso y sale airoso, como Molina y su divertido «El club de la línea 1». Alcázar y Molg H. firman dos de los mejores tebeos, en los que optan por plantear situaciones desconcertantes, mientras que Nacho García opta por ofrecer varias microhistorias brutales, en su línea habitual. Otros crean historias más convencionales pero de un humor bastante bestia, como Roger o Furillo. Joan Cornellá opta por acercarse al absurdo más delicioso en «Plastilina roja», y Ata se mete de lleno en una excelente historia sobre la crisis que casi es ciencia ficción. Otro que me ha sorprendido ha sido Le Raúl, que a pesar del limitado espacio con el que contaba ha sabido encontrar la manera de experimentar con el collage y el uso de la fotografía.

            Rojo ha sido un éxito y ha agotado ya su tirada de quinientos ejemplares, aunque aún pueden encontrarse en tiendas especializadas. No me extraña la buena acogida del público, porque ya digo que es un producto muy cuidado y sobre todo muy original: la clave para destacar en el mercado y diferenciarte de los demás. La intención de Autsaider Comics es seguir publicando cajitas de diferentes colores en el futuro, lo cual hace la propuesta aún más divertida.

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