Reseñas — 27 julio, 2012 at 11:26 am

Reproducción por mitosis y otras historias (Shintaro Kago)

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Este artículo se escribió originalmente para otra publicación hace ya más de medio año sin conocer el contenido de Reproducción por mitosis. En cualquier caso, resulta pertinente como reseña al cómic recién publicado por EDT, cuya selección de historias entronca perfectamente con los temas tratados en el artículo, que se ha modificado muy ligeramente.



Reproducción por mitosis y otras historias (Shintaro Kago). EDT, 2012. Rústica. 216 págs. B/N. 12 €


Astérix y Obélix solían decir aquello de “Están locos estos romanos”. Una frase que no deja de ser el equivalente cómico de la manta de seguridad que Linus llevaba siempre consigo en Peanuts. Si los romanos están locos, será que nosotros no lo estamos. Y entre la locura que los galos atribuyen a los romanos y el occidental “es que los japoneses están muy enfermos” solo media un paso. Nos reconforta repetir este mantra, nos sitúa en un lugar conocido y seguro cada vez que accedemos a las expresiones más, llamémoslas, “extremas” de la cultura nipona. Desde esa distancia y de salud bien, gracias, consumimos puntualmente sus píldoras escatológicas y esquizofrénicas sin darnos cuenta de que no son el síntoma de la enfermedad que les atribuimos, sino la medicina reparadora. Y el doctor que hoy por hoy receta las fórmulas magistrales más eficaces se llama Shintaro Kago.

Shintaro Kago (Tokio, 1969) es un autor de manga –mangaka– con más de 20 años de cómics a sus espaldas que sin embargo apenas si se ha filtrado en el mercado occidental. Hasta ahora, el lector incapaz de descifrar el japonés disponía únicamente de alguna historia contenida en una antología de manga underground en Norteamérica y algún tomo recopilatorio en Francia y Grecia. Y, por supuesto, las socorridas scanlations que pululan por la red, es decir, escaneados de sus historias traducidos al inglés y maquetados por aficionados. La reciente edición de Reproducción por mitosis y otras historias por parte de EDT es una noticia gozosa, máxime cuando hace ya años que suspiramos por los huesos del nipón, aunque está por ver si el público español será capaz de asimilar las propuestas de Kago o si, en un golpe de irónica pero apropiada justicia poética, actuarán en su organismo como un potente laxante. Pero metamos las manos en la harina. O mejor dicho, en la mierda.

Kago vendría a ser al cómic extremo –y por extremo nos referimos a aquel en el que el cuerpo humano es un juguete deformable y la muerte un alivio– lo que Chuck Palahniuk es a la literatura actual. O lo que es lo mismo, un tipo que es capaz de ver nuestra idea más depravada, doblarla y ganar la partida. No está del todo claro si Kago va o no de farol, porque en alguna ocasión ha comentado que su insistencia en los temas de la mierda y el sexo sádico vienen dados por imposiciones editoriales. En Japón hay revistas especializadas y público interesado en tan edificantes temas, y no es de extrañar. La afición al sexo no necesita mucha explicación, y la coprofilia tampoco debería causarnos mayor estupefacción. El ser humano –casi todos los animales, en realidad– es poco más que un tubo. Damos una enorme importancia a nuestra boca y a todo aquello que entra en contacto con ella, y escondemos nuestro ano y aquello que por él transita. ¿Tal vez nos da vergüenza –o miedo– ver cómo nuestro cuerpo transforma aquello que ingiere?



Si hubiera que clasificar a Kago en un género, podría adscribirse al ero-guro, un movimiento artístico nacido en Japón en los años 20 y 30 del siglo pasado que se vertebraba alrededor del sexo decadente y enfermizo. En este sentido, Kago presenta puntos en común con otro gran mangaka, Suehiro Maruo, obsesionado con el Japón previo a la Segunda Guerra Mundial, con el sexo y con la corrupción física. Ambos comparten además cierto gusto por un ideal de belleza clásico en lo gráfico (más acentuado en el caso de Maruo) que contrasta con la brutalidad de lo representado y que nos hace viajar de lo sublime a lo infame en el espacio que separa dos viñetas. No es solo la temática y el estilo de dibujo, con bastante influencia de Katsuhiro Otomo en el caso de Kago, lo que acerca a ambos autores. Los dos se alejan de la celeridad y el ritmo frenético del manga más comercial para detenerse en la contemplación de la belleza que puede llegar a encerrar el horror, de la fascinación por lo macabro. Pero si Maruo triunfa con facilidad sobre Kago en lo que a preciosismo, sutilidad y profundidad psicológica se refiere, este último hace gala de una fantasía y un humor negro que le permiten abordar situaciones mucho más escabrosas sin caer en lo que podría llegar a ser considerado como directamente condenable. Kago coincide también con ese otro maestro del horror japonés que es Junji Ito en la búsqueda del triple salto mortal sin red, pero mientras Ito parece querer escribir historias que puedan llegar más tarde o más temprano al cine, Kago juega a la experimentación formal de una manera inaudita. No deja de resultar curioso que con unos mimbres tan de serie B como son el horror, la mutilación, el masoquismo y el excremento, Kago haya sabido destacar tanto por lo original de su tratamiento como por la deconstrucción del medio en el que trabaja. Sus páginas proponen malabarismos entre la superficie de la página, la tridimensionalidad del objeto representado, y las múltiples capas de metaficción que pueden finalmente englobar incluso al lector, rompiendo la barrera entre ficción y realidad. Al tiempo que pone de manifiesto el artificio en su obra, Kago señala el artificio de nuestro propio entorno.

Precisamente esa interfase, esa fina piel que separa el mundo que percibimos como real del mundo recreado en el arte, es en última instancia el discurso central de gran parte de la obra del mangaka. Como Agustín Fernández Mallo en su novela Nocilla Experience o, por qué no, como en la adaptación que de ella hizo al cómic Pere Joan, la búsqueda del límite se convierte en el impulso que da aliento a la creación, artística o no. Kago constantemente recurre a destruir la piel de sus personajes para hacer que lo estaba dentro pase a estar fuera y viceversa. Agujeros que traspasan cuerpos, cuerpos extraños que penetran orificios, orificios que reciben y expelen fluidos… En su serie Homunculus, desgraciadamente inconclusa en España, Hideo Yamamoto desarrollaba una idea fascinante. A través de la trepanación quirúrgica, esto es, un pequeño agujero en el cráneo que pone el cerebro en contacto con el mundo exterior, su protagonista era capaz de ver el yo auténtico de sus congéneres, la imagen de sí mismos que reprimían para poder encajar en una sociedad represiva. Yamamoto codificaba a través de esta metáfora la enfermedad de sus congéneres, de su sociedad, y la necesidad de la aceptación del yo interior para alcanzar la curación. Kago, con sus cómics mucho más salvajes, es más oblicuo -y socarrón- pero igualmente eficaz. Arengando a los lectores a romper los tabúes, a disfrutar de la representación del dolor, a rasgar la fina pero casi impenetrable membrana que enjaula nuestras bajas pasiones, a reírse de todo ello, Kago se erige en apóstol de la curación. Su medicina son las viñetas, sus pacientes somos nosotros. En el momento en que seamos capaces de leer sus páginas y reconocernos en ellas, habremos empezado a curarnos.

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12 comentarios

  1. Gran artículo, sobretodo la primera parte y gran noticia la de la publicación de este manga en nuestro país. Hace días que visito compulsivamente la web de glenat a la espera de ver pasar esta novedad de “próximamente” a “ya a la venta” cosa que ha ocurrido definitivamente hoy (porque hubo un cruel amago hará unos pocos días)
    En cuanto a la aceptación de este autor, creo que puede ser bien acogido aunque ya he leido en algun lugar por-y-para-otakus nombrarlo como ¿esto es una novela gráfica, no?” en un sentido que se me antojó peyorativo. Habrá que ver si vende más que Umez. Esperemos que si. Un saludo.

  2. Kago es un original hijo del cyberpunk y de la biotecnología. La integración y la relación entre la máquina y el hombre, algo que tiene mucha tradición en el mundo del manga de ciencia ficción pero que Kago lleva a otros géneros. Recuerdo la primera vez que vi esta idea, en el film “Videodrome”, de Cronenberg, antes incluso de la llegada de la era de la informática a España.

    La idea seminal de Kago, de la que parte el resto de sus ideas, parece consistir en darle otra vuelta de tuerca a eso de borrar las fronteras entre lo que consideramos máquina y lo que consideramos biológico (vegetal, animal o humano). Los objetos y los sujetos.

    Kago coge a un ser humano/vegetal/animal y trata su cuerpo como si fuera una máquina, lo somete a una disección, literal, sin contemplaciones -o con las mismas que tendría un mecánico desmontando un coche- y nos muestra que efectivamente desde un punto de vista fisiológico el hombre es un mecanismo, un objeto. Lo interesante de Kago es que lo hace desde un punto de vista amoral, totalmente desprejuiciado, permitiéndole así llegar a conclusiones que otros no se hubieran atrevido ni a explorar.

    La despersonalización del hombre y su conversión en mercancia es un tema muy de estas sociedades postindustriales actuales como la japonesa o como, no nos engañemos, la nuestra.

    Kago analiza friamente un cuerpo humano, un animal o un vegetal y los divide en sus partes funcionales más básicas. El mangaka luego establece símiles funcionales con máquinas igualmente diseccionadas. A partir de ahí el resto es reintegrar todas estas partes combinándolas de forma original y novedosa: máquina-con persona, máquina-con vegetal, persona-con vegetal, etc.

    Pero Kago no se queda en la disección del cuerpo físico, también ve los edificios como máquinas y su relación con las personas, pasa a la disección de las relaciones entre las personas y la sociedad y establece con éstas otros símiles con máquinas, vegetales, procesos, etc… todo muy a la japonesa.

    De su interés por el hombre como simple objeto al porno y sus derivados, hay sólo un paso,… pero en su caso particular es un paso novedoso, original e interesante, desde el punto de vista creativo.

    Tampoco echemos toda la culpa del gore y lo escatológico a la cultura japonesa. Ayer mismo vi una película canadiense muy poco recomendable titulada “Hanger” (Ryan Nicholson, 2009) y, bueno,… no la volveré a ver nunca más.

    A partir de aquí hay que empezar a ver al Kago empresario, el mangaka que intenta hacer animaciones y que produce merchandising gore a partir de sus mangas. Su eroguro (que como género es comercial y tienes sus lectores) parte de ideas originales pero se vuelve más convencional cuando el mangaka necesita dinero. Está claro que, en el futuro, para llegar a sus perlas habrá que tragar algo de mierda.

    Yo espero que la gente valore la obra de Kago más como autor personal que como perteneciente a un género que, como todos, tiende a la estandarización y a la repetición una y otra vez de los mismos tics, salvo excepciones.

    Me extraña que, aunque hayan pasado ya varios años desde que se conocen los scans de Kago, todavía no note su influencia en ningún autor español. Espero que no le estén dando la espalda a esta interesante vanguardia.

  3. He estado pensando en algún film reciente con coincidencias temáticas con los universos más originales (no los de género) de Kago pero no es fácil encontrarlos. En cambio con Suehiro Maruo no es tan difícil. Creo que quizás algunas escenas de Funky Forest, por ejemplo la de los instrumentos musicales, apunta a maneras de Kago:

    http://www.filmaffinity.com/es/film289381.html

    Saludos

  4. Supongo que esta película también entroncaría con lo que comentas:

    http://www.filmaffinity.com/es/film376408.html

    Y a lo mejor esto otro también:

    http://www.metalosis.com/

  5. Sí, Tío Berni, aunque creo Kago es un paso adelante respecto a ese films de ciencia ficción, terror u otros como Ghost in the Shell, también da un paso adelante respecto al tema de los implantes, al menos entendido de forma convencional. Hasta ahora los implantes en el cine se veían más desde un punto de vista científico-médico. Shintaro Kago los usa para generar el absurdo y el surrealismo, una visión que parece venir más del arte que de la ciencia.

    Tampoco creo que Kago esté muy interesado en las distopías (que siempre habían ido de la mano de esa relación hombre-máquina). Incluso creo que en su único manga de ciencia ficción, Superconductive Brains Parataxis, trata de distanciarse de otras integraciones de la máquina en el hombre (o viceversa) precisamente apelando al surrealismo en su manera de componer objetos-sujetos. Pero cuando Kago resulta más original es cuando lleva estas composiciones al terreno de la actualidad y muestra los problemas, o las enfermedades, de la sociedad japonesa actual.

    También es increible cómo Kago amplía el sentido de “máquina” a otros objetos que hasta ahora no se habían tenido tan en cuenta en el cine o el manga. Parece haberse leído libros sobre diseño de objetos y haber llegado a la conclusión de que cualquier objeto -hasta una taza- por el mero hecho de estar diseñado es una máquina y cumple una función y, por tanto, es susceptible de entrar en su juego de combinaciones.

    Por cierto, otra manera con la que Kago ha enfocado sus mangas:

    Todo lo artificial que está fuera del cuerpo humano (instalaciones sanitarias, una cafetera, etc) es, en cierta manera, una prolongación funcional del cuerpo humano y con eso juega Kago constantemente. Al fin y al cabo una biblioteca es una prolongación del cerebro humano.

  6. Hola!

    Buena reseaña Tio Berni y excelentes comentrarios Kagometria!

    Solo queria decir que aveces, aveces Kago se pasa de asqueroso…

    Todo lo que comenta Kagometria es real, adhiero, y por eso me gusta Shintaro Kago.

    Pero tiene historietas en donde abandona la exploracion formal por completo, y se aplica al gore mas horripilante. En esos momentos, que se yo…

    Me encanta Suehiro Maruo, y Hideo Yamamoto… pero el euro-guro del primero no deja de implicar una gran belleza. La bestialidad en el segundo tiene fines dramaticos.

    Lo que expone la entrada, el gore como remedio a nuestra enfermedad, es una idea que le sienta muy bien a Maruo. Pero las mencionadas historietas de Kago (las que no contienen ni exploracion formal ni el contenido filosofico que señala Kagometria) esas, son muy , muy feas.

    Tenia 40 o 50 scalations de este tipo, pero cuado lei esa de los pueblos que violan y torturan minitas y luego dejan que se pudran hasta que los gases putrefactos le hinchan el estomago para luego utilizar esos gasaes como medio de propulsion en una carrera en el rio contra las minitas hinchadas de otro pueblo… en fin, me hizo doler el estomago. No habia belleza, no habia enfrentamiento al inconciente. Era feo, horrible y punto. Cuando lei esa historieta elimine todo lo de Shintaro Kago de mi ordenador que no tuviera exploraciones formales, porque el euro guro por puro morbo, sin busqueda artistica, sin la belleza de maruo… nos daña.

    saludos

  7. la verdad, que esas historietas a las que me refiero fueran solo trabajos alimenticios para Kago, me resultaria de lo mas coherente… y explicaria la flata de fundamenteo artistico en ellas

  8. La escena de los instrumentos musicales en la película “Funky Forest” que nombré en un mensaje anterior (si no se llega hasta el final del vídeo no se entiende):

    http://www.youtube.com/watch?v=d0WTri-TNSM

    Sobre eso que comentas, jeremias ariel, de que a veces Kago se pasa de asqueroso, bueno, no siempre es fácil saber cuándo el autor está experimentando más allá de toda moral para obtener resultados interesantes y cuándo está sólo explotando el morbo. A veces son las dos caras de una misma moneda, sobre todo cuando el autor necesita dinero o cuando se vive en un mercado del cómic altamente comercial como lo es el japonés.

    Quizás desde el punto de vista del mundo del cómic llame la atención lo escandaloso y provocador de la obra de Kago pero si se echa una mirada a otros ámbitos, como por ejemplo la experimentación artística, se verá que ese tipo de posturas no son tan inusuales.

    Hay cierta manera de entender el arte que entiende que para explorar nuestra realidad desde un punto de vista artístico es necesario, por decirlo así, “descarrilar” de nuestro eje de coordenadas moral, desde el que habitualmente vemos las cosas, para ver el mundo desde otro eje, otra perspectiva, que permita una visión más global, o diferente, de las cosas. Esta manera de ver el arte considera que mostrar un mundo desde “el propio mundo” puede dejar puntos ciegos sin explorar y que sólo serán visibles desde otro eje de coordenadas más amplio (o diferente). Así, en mi opinión, se entienden carreras como la del artista Santiago Sierra. Recomiendo ver este vídeo para entender los resultados interesantes que puede dar el “descarrilar” de nuestro propio eje:

    http://www.rtve.es/alacarta/videos/metropolis/metropolis-santiago-sierra/945193/

    Yo me imagino a Shintaro Kago como a un mangaka interesado en visitar exposiciones, no tanto de pintura convencional y sí más de performances y de instalaciones artísticas contemporáneas. Estoy seguro que ha aprendido de eso para sus mangas. Es una nueva manera de entender los comics que, seguramente, también implicará una nueva manera de criticarlos, por parte de los teóricos del cómic.

    De todas formas, si miramos atrás en el mundo del cómic, se verá que de cuando en cuando ha habido autores que han “descarrilado” de su eje para ofrecernos algo nuevo, un nuevo paradigma:

    - Moebius alteró su manera de percibir el mundo para ofrecernos nuevos cómics, fue un cambio de ejes en la percepción de los sentidos.
    - Chris Ware dejó de lado las habituales y limitadas fuentes de información que solían influir en los dibujantes y buscó nuevas fuentes más exigentes que le permitieran el titánico esfuerzo de concebir una manera profunda de entender los cómics que entroncara con el arte, que pudiera ser entendible desde el mundo del arte, y no sólo desde el de los comics. En su esfuerzo, encontró herramientas nuevas que nos trajeron un nuevo cómic. Fue un cambio de ejes intelectual.

    - Shintaro Kago parece partir de un cambio de ejes moral para ofrecernos comics nuevos desde un nuevo paradigma. No digo que Kago sea un autor de la talla de los anteriores, eso sólo se verá con el tiempo, pero creo que sí está claro que en su obra hay la intuición de una nueva sensibilidad en el comic, de una nueva época que vendrá o que ya empieza a estar aquí.

    Siempre pensé que tras Chris Ware sería bastante difícil encontrar a un autor que aportara algo nuevo, ha dejado el listón muy alto. La mayoría de dibujantes que han intentado ser modernos se han ahogado en el paradigma de Ware. Para aportar algo nuevo se debía ser un autor de cómics muy sofísticado, multidisciplinar y con inquietudes inimaginables incluso por el propio Ware. Así que es lógico que aparezca en una sociedad altamente tecnificada y potencia indiscutible del cómic. Pero ya se verá si Kago llega a más. Por mi parte sí que creo que ha abierto una puerta creativa que ya nadie podrá cerrar y que aportará cosas positivas al cómic mundial, si la gente le hace caso.

    Yo recomiendo a todo el mundo comprarse un ejemplar de “Reproducción por mitosis” de Shintaro Kago. Os garantizo una experiencia nueva, nunca antes vivida, con un cómic.

  9. Solo puedo aplaudir y aplaudir, el artículo, los comentarios y por supuesto (por fin) la edición en papel (por fin) de Shintaro Kago.
    Kago aprieta la tuerca dejando en bragas a una enorme lista de supuestos apretadores de tuercas.
    ¡Y qué nombre más oportuno en castellano, el del historietista, para su potente, desbordante y escatológica obra!

  10. Kagometria, gracias por el enlace de Sierra: buenísimo.

  11. Comparto la idea de que Kago supone, o puede suponer, un nuevo referente en la exploración de los modos y la misma esencia de los recursos comicográficos. Ware es, ineludiblemente, un referente, pero Kago es, por latitud, por abanico temático y por sensibilidad, muy distinto, opuesto incluso, al autor de ACME.
    Si el poso comercial ( extreme, pero comercial en el paisaje editorial único que es Japón) se injerta felizmente en su adn o supone un hándicap a su capacidad inventiva, eso es lo que nos dará la medida de su talento. De momento, en “Reproducción por mitosis y otras historias” ya ofrece varias piezas magistrales, de un impacto prácticamente inaudito (hablo de sus mecanismos para narrar, no de su extremismo argumental, como ya se dijo, después de todo, dentro de una corriente, el eroguro más hardcore)

  12. Jordi Costa alucinando con Shintaro Kago, tratando de asimilar al mangaka mientras escribe sobre otra cosa:

    http://www.eldiario.es/Kafka/Remolinos-cabeza-Sasha-Grey_0_71393271.html

    Sólo es el principio de la kagonización de nuestra cultura heterodoxa. Veremos cómo estamos tras la publicación de los más de 20 tomos de obras de Kago que, espero, EDT vaya editando en nuestro país. Nos va a volver del revés a todos, como calcetines.

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