Un rollo pornográfico



De acuerdo, ¿cómo “aterrizaste” en los cómics?

Vi un anuncio en el Village Voice para ocupar un puesto como asistente editorial, y cuando llamé, la mujer no pudo decirme qué empresa lo había publicado exactamente. Naturalmente, asumí que eso significaba que era para un rollo pornográfico. En ese momento había terminado mi período universitario y obtenido un valioso título en Bellas Artes, y estaba sirviendo cócteles en algún club de jazz de la ciudad… por lo que de todos modos no estaba muy calificada para nada. Pero acababa de leerme una trilogía de Henry Miller, la que empieza con algo así como: “33 años de edad, la edad de Cristo crucificado, un fracasado en todos los sentidos de la palabra” en donde alguien está buscando trabajo sin ningún tipo de cualificación, y se siente intimidado por la altura de las torres de acero de Nueva York. Pero un día entra en un rascacielos de forma impulsiva, toma el ascensor hasta la cima, y mintiendo y hablando por los codos a alguno de los ejecutivos que se encuentran en el ático, (casi) consigue un trabajo. Así que pensando en ese descaro que se podía encontrar en el relato de Miller, me dije qué demonios, puedes poner la mierda a tu manera en un trabajo, incluso si este sólo fuese para escribir pornografía. Cuando llegué a la dirección que ponía en el anuncio, lo primero que vi fue un recortable gigante del Capitán América. Nunca me había leído un cómic de superhéroes y, por descontado, no sabía que eran una rica y compleja forma artística, pero sabía que quería trabajar en una oficina con un recortable gigante como ese.

Por lo que, recordando ese pasaje de Henry Miller, entré en la oficina de los altos ejecutivos y me puse a hablar por los codos, invocando a Nietzsche, McLuhan, Warhol y a cualquier otro que se me ocurriese y que hubiese conjurado a super-humanos, pop art o lingüística visual. A la salida, una mujer muy guapa llamada Virginia Romita me dijo: “Usted no fuma, ¿verdad?” Así que, añadiendo una mentira más a la pila, le dije que no. (Fumaba Winston, un paquete diario). Pensé que nunca volvería a saber nada de ellos, porque creía que mi mierda era transparente como el glaseado de una rosquilla, pero Jim Shooter (que fue quien me entrevistó) me llamó al día siguiente y me contrató. Quién sabe por qué, quizá pensó que la mierda es quien está mejor calificada para escribir comic-books. Por lo tanto dejé de fumar y servir cócteles, y comencé a trabajar para Marvel Comics.

E irónicamente, era una especie de trabajo pornográfico (es una broma).

Frog 2000 traduce al castellano una entrevista con Ann Nocenti de 2001.

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