No había algo parecido



Cuentanos algo sobre la historia de Stripburger.

La historia de Stripburger soy yo. Soy una de las fundadores y la única que siempre ha permanecido aquí y está todo el tiempo encima de todo esto. Mi papel en la revista ha sido distinto en distintas épocas. El primer número lo ideamos para que fuera un fancine de corte internacional que cubriera distintas manifestaciones de la escena alternativa, desde música hasta historieta. Llenar el contenido no fue ningún problema, estuvimos dos años recogiendo fondos para la impresión y algunos miembros de la redacción perdieron el ánimo. Después del primer número decidimos excluir aquellos temas de música que ya no eran actuales. Entró Boris Bacic en la redacción, el cual, de hecho, es además de Jakob Klemencic, uno de los principales iniciadores de la revista de Stripburger. Igor Prassel también aportó su grano de arena. En definitiva, todos los miembros aportaron algo importante al desarrollo de la revista. Ahora sacamos entre nueve y diez números al año, álbumes de autores eslovenos y traducciones.

Fundamos la revista de Stripburger porque entonces no había algo parecido. En la antigua república de Yugoslavia no había un medio para el cómic. Nos gustaba y nos sigue gustando hacer cosas que otra gente no hace o cosas que pensamos que deberían hacerse. Antes, como bien sabes, “el tebeo” estaba mal visto, era literatura supuestamente mal escrita e ideada para un público joven. Con Stripburger quisimos romper esos estereotipos y fomentar una cultura comiquera en nuestro país. Además siempre intentamos hacer actividades relacionades con el cómic como exposiciones, talleres, festivales, etc.

Santiago Martín entrevista a Katerina Mirovic, directora de Stripburger.


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