Mi relación con la marihuana es particular



Jamás escondiste el hecho de haberte drogado…

Formaba parte de la cultura de toda una época. Usé la marihuana como herramienta de trabajo, en dosis homeopáticas. Fumaba hierbas naturales, ni procesadas ni potenciadas. Una inhalación, incluso suave, me conectaba con otra percepción del mundo, de mí mismo, de mi reserva emocional, de palabras y de referencias. Mi relación con la marihuana es particular: empecé en México en 1956 por intermedio de artistas que me transmitieron una suerte de reglamento: solo usar la hierba para trascenderse y sobre todo jamás poner en peligro la integridad personal. Jamás me encontré en una situación de dependencia. Me desentiendo absolutamente de la forma, profana y perversa, en que el porro se expandió en las sociedades occidentales. Ver a amigos prenderse un porro a la mañana fue la señal de la deriva. Me dije: “¡Ah, bueno! Se acabó lo sagrado”. La marihuana es un amo un poco cruel, potente y peligroso, hay que acercarse con muchas precauciones y recelo.

Una entrevista que Clarisse Bouillet y Anne-Claire Norot realizaron a Moebius hace un par de años.


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