Reseñas — 19 diciembre, 2011 at 12:03 pm

Aama: Olor a tierra caliente (Frederik Peeters)

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Aama: Olor a tierra caliente (Frederik Peeters). Astiberri, 2011. Cartoné. 23×31 cm. 88 páginas. Color. 20 €.

A Frederik Peeters le sigo la pista desde su ya lejano Píldoras azules, uno de los primeros tebeos suyos publicado en España y, en mi opinión, uno de los que más contribuyó y contribuye a la ampliación del público del cómic. Desde hace algunos años me llama la atención el camino que ha recorrido en su carrera, inverso al que es habitual encontrar en otros autores: pasó de una obra autobiográfica que le dio la fama a otras que se acercan más a algunos de los géneros más tradicionales: el policíaco en RG, la ciencia ficción de Lupus… sin perder, afortunadamente, ni un ápice de su calidad.

Aama: Olor a tierra caliente continua en esta línea, concretamente en la de la ciencia ficción, con planteamientos que por momentos recuerdan a la citada Lupus pero que se aleja bastante de ella, en realidad. En este primer tomo arranca una historia con todos los alicientes de la ci-fi espacial más clásica: naves espaciales, robots, bases científicas en planetas lejanos, implantes corporales… Y como mandan los cánones, ambientada en un futuro distópico, sucio y desalentador, no exento de cierta crítica a la actualidad, aunque sea un poco torpe: el mundo acaba de pasar por una “Gran Crisis”, se señala a grandes compañías como las culpables y, de paso, se han prohibido las religiones.

De la historia no hablaré mucho porque gran parte de la misma permanece sin contar al acabar este primer tomo, y porque tampoco es cuestión de reventarle el tebeo a nadie, pero sí diré que como es habitual en Peeters al margen de la historia principal, de la trama de ci-fi pura y dura, tiene una importancia fundamental las historias personales de los protagonistas. El autor nunca pierde de vista esa visión slice of life, sobre todo en el personaje principal, Verloc, pero también en su hermano Conrad.

Aama además es una historia llena de interrogantes y vacíos, empezando por la amnesia con la que parte Verloc, pero también por todo lo que rodea a la colonia científica a la que va a parar. Como primer número que es de una serie, aquí se plantean varios enigmas, y en eso el cómic es impecable: ahora hay que ver, claro, cómo se van resolviendo y si responde a las expectativas que genera, algo que casi nunca es fácil.

Pese al exceso de lugares comunes y tópicos del género, la mirada de Peeters y el enfoque centrado en los personajes consiguen mantener el interés, incluso aunque el género no guste demasiado. Sin embargo, creo que el mayor hallazgo de Aama es su estructura narrativa: la mayor parte de la historia es un enorme flashback que a su vez contiene otros más breves, de manera que se van llenando huecos en la memoria de Verloc —está leyendo su propio diario, en realidad— al tiempo que se le ofrece información al lector. Todo, siempre, con el buen hacer que es habitual en el autor, sus personajes sin fisuras, creíbles, humanos, su excelente dibujo, más detallado de lo normal, especialmente en los rostros, y un gran color que contribuye decisivamente a la cuidada ambientación de todo el tebeo, aspecto vital dado que hay mucha variedad en los escenarios.

El mayor pero que se le puede poner a este cómic es quizás que le falta algo de acción, pero también es cierto que esto se debe a que la historia acaba de arrancar, y, además, la única escena de acción que hay es una pasada que colma las necesidades de cualquier lector: un combate entre robots —uno de ellos el robot mono guardaespaldas Churchill, de los mejores personajes del tebeo— con clara influencia manga en la que Peeters se divierte de lo lindo y que me ha recordado, salvando las diferencias, a las que dibuja David Rubín en El héroe.

Como decía antes, ahora hay que ver cómo desarrolla Frederik Peeters lo planteado. Pero por el momento, tenemos una historia muy entretenida, con gancho y que promete, realizada con la maestría de uno de los autores europeos más interesantes del momento, que rara vez pincha en hueso.

4 comentarios

  1. Pues yo ya andaba mosqueado con Peeters, que tras el segundo RG parecía que por fin había entrado en el selecto club de los campeones de la Bd (lo siento, Píldoras azules y Lupus quedan un par de pasitos por detrás) y de repente va y se marca el Paquidermo, álbum estéticamente impecable pero aburrido y sin la gracia del juego que plantean las grandes obras onírico-crípticas, y por otro, el Castillo de Arena, una especie de remake actualizado y escorado hacia la “obra de tesis” de lo que ya hizo Buñuel en el Ángel Exterminador, pero que no llega, sobre todo en mala baba, a lo que plasmó el maestro aragonés. Se que es injusto comparar, pero yo no soy de los que distingue entre medios salvo que se trate de analizar cuestiones estrictamente intransferibles (y lo dejo así porque siento el aliento de Ware en el cogote).

    Y llega Aama, y para mí ha sido como un respiro, porque Peeters es de esos autores que quiero que me gusten (otro tanto me pasa con Rubín, también citado en el post), y a pesar de las decepciones, siempre compro todo lo que sacan.

    Pues eso, que Aama me ha gustado bastante, a lo mejor porque no esperaba nada o a lo mejor porque es un buen tebeo, que creo que lo es, no sólo por las virtudes que enumera Gerardo sino también porque a pesar del “deja vu” que siempre va ligado al género Peeters ahonda en una mixtura que ya estaba en Lupus y que va a contracorriente de las convenciones a las que estamos acostumbrados: Si en Alien se ponía en el haber que sus protagonistas eran camioneros y no héroes galácticos, en Aama tenemos a un anticuario de libros…

    También me gusta porque veo a Lem en muchas de

  2. Se ha cortado: “También me gusta porque veo a Lem en muchas de sus páginas (y no, no es contradictorio con respecto a lo que he dicho de Buñuel)”.

  3. Con Peeters me he dado cuenta de que genera opiniones muy encontradas en cada una de sus obras, es curioso. Hace poco me decían que Castillo de arena era de las mejores, luego Píldoras Azules hay gente a la que le encanta y gente que la odia… En Paquidermo estoy bastante de acuerdo, gráficamente impecable pero sosete.

    Lo de Lem, queda apuntado, sois ya varios los que lo veis. Yo he leído cuentos sueltos, pero lo tenía demasiado olvidado como para ver la influencia.

    Un saludo.

  4. El terreno del tebeo “sensible” es resbaladizo, y depende mucho del estado de ánimo con el que se lea y la carga de sentimentalismo que cada uno tenga instalada, por eso puede darse el caso de que obras menores lleguen a tener gran aceptación, pero también que grandes tebeos tengan su pequeña legión de detractores, o lo que es lo mismo, no todo el mundo ama a Taniguchi.

    El Píldoras lo tengo ya muy olvidado, pero recuerdo la sensación de estar ante un tebeo hecho para gustar, como de continuos subrayados musicales, y que se nota que quien mueve los hilos es un autor todavía primerizo.

    Y el Castillo de Arena, pues otro tanto, pero por otras razones: a mí no me gustan las obras de tesis porque me resultan viejas incluso antes de cerrar el libro, y no todo el mundo es Ballard o Golding.