Reseñas — 11 noviembre, 2011 at 12:55 pm

La muchacha salvaje (Mireia Pérez)

by

La muchacha salvaje (Mireia Pérez). Sins Entido, 2011. Cartoné. 106 páginas. Color. 20 euros.

Algo está pasando en el cómic español. Algo bueno, claro. Poco a poco van apareciendo nuevos autores que aportan necesarios nuevos aires, y los que han ido surgiendo en los últimos años tienen al fin las circunstancias adecuadas para soltarse el pelo y hacer los tebeos que siempre han querido hacer, incluso sin saberlo. Sí, es cierto que ninguno vende los cientos de miles de ejemplares que vendían las revistas de Bruguera. Pero, asumámoslo de una vez, ese mercado no va a volver jamás. Disfrutemos pues del presente, y del prometedor futuro, del ilusionante panorama plagado de autores con ganas y sin prejuicios, y de obras que rompen tabúes y airean el mercado, que olía ya a cerrado que tiraba de espaldas.

Y entre esos autores hay que contar, sin duda, con Mireia Pérez, y su obra ganadora del premio de novela gráfica de Fnac/Sins Entido: La muchacha salvaje. En ella recrea un pasado imaginario y mítico en el que la humanidad está en la bisagra entre el Paleolítico y el Neolítico, entre los cazadores/recolectores y los sedentarios. Y en ese mundo vive la protagonista, una quinceañera pelirroja y salvaje que se niega a recolectar o a dejarse montar por cualquier hombre. Y acaba marchándose de su tribu, y viviendo una aventura muy peculiar.

El estilo gráfico de Pérez, influido por Joann Sfar —pero no sólo; en este interesante vídeo habla de otros—, fluye con soltura y transmite alegría y libertad a espuertas. Éste es uno de esos tebeos en los que se aprecia claramente lo mucho que ha disfrutado el autor, y cuánto hay de él en la obra. La muchacha salvaje es muy divertido, y lo es sobre todo, porque Pérez se ha soltado, ha dibujado sin reglas, con descarada libertad. Si algo caracteriza al cómic contemporáneo, es precisamente eso: todo puede hacerse. Y eso se ha entendido a la perfección en este libro. Así, nos encontramos con viñetas y secuencias que sorprenden, por su efecto pero también por venir de una autora muy joven y que se enfrentaba por primera vez al reto de dibujar una historia tan larga. Casi cada viñeta en la que aparece la protagonista es una delicia, pero por poner un ejemplo concreto, personalmente la secuencia en la que intenta cazar a la rata me ha parecido brillante, además de tremendamente divertida.

Creo que es en esa libertad donde más se nota la influencia de Sfar, antes que en el trazo. Pérez deforma los rostros y los cuerpos y juega con ello para mostrar emociones y sentimientos, algo que es crucial porque en la historia hay relativamente pocos diálogos. De hecho, la protagonista no dice ni una palabra. La muchacha salvaje no deja por ello de ser un personaje magnético, porque simboliza la libertad absoluta, y la alegría de vivir, y porque tiene una sonrisa franca y enorme. Pero también porque es una mujer real, escrita por una mujer real.

Me explico: no creo que Louise Simonson, Devin Grayson o Ann Nocenti escriban sus tebeos desde una voz femenina, independientemente de la calidad de sus obras. Son autoras que remedan la voz masculina omnipresente en el mainstream y escriben para lectores masculinos. Por eso creo que una de las mejores cosas que nos ha traído la novela gráfica, o quizás que la novela gráfica ha rescatado del movimiento underground, es que tenemos voces femeninas escribiendo cómics. Tebeos escritos desde su sensibilidad, lo cual, evidentemente, no implica ni temáticas concretas, ni historias cursis, ñoñas o insoportablemente románticas. No tiene nada que ver con determinadas obras de la denominada literatura femenina. No son historias “para señoritas”, ni siquiera historias “para mujeres”: son historias para el lector que sepa apreciarlas, pero contadas, pues eso, con una voz femenina clara. Y La muchacha salvaje es un excelente ejemplo. La cuestión del género está tratada con desenfado y desparpajo, y hasta cierta mala leche. Y es muy significativo que el estatus quo se rompa y la felicidad no llegue a través de su restitución, como sucede en tantas y tantas historias conservadoras, sin ir más lejos en casi cualquiera de Disney: La muchacha salvaje es el anti Rey León.

Habrá quizás quien eche en falta algo más de acción. A mí sin embargo me ha parecido que algunos de los mejores momentos del tebeo son puramente contemplativos. Es un cómic para dejarse llevar. Es verdad que quizás algunos capítulos piden algo más de espacio, o que alguna idea habría podido desarrollarse más —por ejemplo, la manera en que los habitantes de la ciudad tratan a las esclavas nómadas que capturan, que me ha parecido muy atractiva—, pero creo que en conjunto es una excelente primera obra. Porque es original y libre, y porque Pérez sabe sacarle partido a su innegable talento y a su intuición, porque creo, o al menos así me lo ha parecido, que es un cómic muy espontáneo, y ahí radica gran parte de su atractivo, y de su acierto, aunque quizás el mayor de todos es dejarnos con muchas, muchas ganas, se seguir leyendo no sólo aventuras de la muchacha salvaje, sino nuevos tebeos de Mireia Pérez.

Etiquetas

22 comentarios

  1. Enhorabuena, Mireia.
    Que este tebeazo sea recordado como “el primero de todos los que sacó”!

  2. “Me explico: no creo que Louise Simonson, Devin Grayson o Ann Nocenti escriban sus tebeos desde una voz femenina, independientemente de la calidad de sus obras. Son autoras que remedan la voz masculina omnipresente en el mainstream y escriben para lectores masculinos”.

    Pero en el mainstream hay otro tipo de voces. Sin ir más lejos, Gail Simone o Trina Robbins. Este argumento enfrentado no sé si es el más acertado. La voz propia, ya sea en mainstream, under o indie, parte de la consciencia y de la posterior deconstrucción y reconstrucción de esa voz, se sea hombre o mujer. Estar alerta en relación a quién “sirve” tu discurso (servir, de servidumbre, no tanto de utilidad, aunque también) es algo que deberían plantearse tanto autores como autoras. Y Mireia esto lo ha hecho muy bien en esta obra ;)

  3. Bueno, quizás he sido demasiado radical. Lo que creo es que cuando uno hace un tebeo de determinados géneros la voz autoral queda tan subordinada que no siempre es fácil hacerla valer. No he leído nada de Gail Simone que recuerde ahora mismo, y Trina Robbins creo que sería un caso especial porque proviene del underground y fue una de las primeras autoras feministas, pero los ejemplos que he puesto me parece que no están expresando nada diferente. Ojo, que no digo que no sea una opción respetable, por supuesto que lo es. Nada obliga a ningún autor a seguir ninguna pauta. Pero es algo que echaba en falta en el cómic y que creo que está llegando.

    Un saludo.

  4. ¿Por qué cada vez que se reseña un tebeo realizado por una tía se acaba hablando de género en lugar de contenido?

  5. Hombre, yo hablo de contenido, sobre todo. La cuestión que comento sobre la voz femenina es sólo un párrafo, y lo hago porque creí que era pertinente, que el tema del género estaba de algún modo en la obra y lo que explico es una reflexión que tuve mientras lo leía. Nada más lejos de mi intención desviar la atención del excelente tebeo de Mireia. Simplemente es un tema que me interesa y del que he hablado otras veces (curiosamente, más en textos sobre cómics escritos por hombres).

    Un saludo.

  6. Emma, si ves el minidocumental de Mireia, ella es la primera en hablar de que es un cómic feminista.

  7. Ahí le has dado.

  8. La “voz femenina”, como concepto, es excluyente y muy poco preciso; más marketiniano, a día de hoy, que otra cosa. La voz ha de ser, sobre todo, “consciente”, ya sea el autor hombre o mujer. Y en el mainstream hay autores y autoras “hiperconscientes”, muchos de ellos venidos de los márgenes. Mi alerta saltó por esa generalización de género, donde las autoras como Nocenti o Simonson eran presentadas como esa excepción que, para colmo, repetía los roles asignados en las páginas de las que eran responsables (que no niego, pero no me parece preciso que, habiendo otras muchas mujeres que hoy guionizan mainstream dejando su personal huella, como pueden ser Gail Simone o Marjorie Liu, afirmes taxativamente, que las señoras que escriben superhéroes lo hacen para el gusto de los señores. Cierto es que la industria tiene sus reglas, pero el reciente debate nacido a la vera de la metida de pata de Lobdell con Starfire en el reseteo de DC, por ejemplo, nos puede servir para preguntarnos desde que perspectiva analizamos según que obras.

    Aplaudo la perspectiva crítica de género, desde luego, pero, tal y como apunta Emma Ríos, no solo para obras firmadas por mujeres, sino para todas las obras. Es por eso que no le veo sentido a hablar de “voz femenina” a estas alturas, y sí a hacer hincapié en el grado de consciencia del autor o autora sobre sí mismo y el mundo que le rodea. Y aclaro: Cuando me refiero a “voz consciente”, provenga de un autor o de una autora, estoy haciendo alusión, precisamente, a que no es una cuestión de género la de la voz, sino de honestidad y compromiso con la realidad, su realidad. De ahí que sí tenga sentido hablar de compromiso feminista, tal y como apunta Mireia en el video.

    La confusión viene, quizás, del uso de un término tan condicionado como “voz femenina”. Por lo demás, estoy bastante de acuerdo con tu relato/reseña.

  9. Nota: Voz femenina no se lo aplicarías, por ejemplo a Alan Moore, pero dudo que alguien niegue que el Sr. Moore es un feminista de pro. ‘La muchacha salvaje’ tiene un intención feminista y autoconsciente. Hablar de voces masculinas o femeninas lleva a equívoco, creo, tal y como ocurre con todas las generalizaciones de género.

  10. Ok, Del, ahora he entendido mejor lo que quieres decir. Efectivamente generalizo, y como toda generalización, lo que digo tiene parte de mentira. No niego que pueda haber autoras mainstream que no caigan en eso, hablaba únicamente por las que yo conocía, y debería haberlo dicho. Y, en todo caso, en realidad casi todos los guionistas de Marvel o DC, hombres o mujeres, no es que escriban para hombres, es que escriben para un perfil lector concretísimo, a estas alturas de la función.

    Dices ” La voz ha de ser, sobre todo, “consciente”, ya sea el autor hombre o mujer.” y ahí estoy totalmente de acuerdo, desde luego.

    Cuando utilizo el término “voz femenina” (“voz masculina”) lo hago a falta de otro mejor. Fíjate que señalo que eso no significa nada a nivel temático y lo alejo de clichés y tópicos. Es una cuestión de sensibilidad, ni siquiera tiene que ver específicamente con el sexo del escritor. Es una voz narrativa… Ahora que has puesto el ejemplo de Moore, ¿por qué no? Es “femenino”, creo, en obras como Lost Girls, Promethea o incluso en muchos aspectos en From Hell, tal y como yo lo entiendo.

    Por otro lado, ya decía antes que la cuestión del género la he abordado con relativa frecuencia, porque es algo que me interesa. Sin pensar demasiado, recuerdo un artículo que escribí sobre Predicador donde la analizaba. Vamos, que no me viene a la cabeza únicamente con obras escritas por mujeres.

    En todo caso, te acepto que el término está muy connotado y genera confusión. Lo que yo quería expresar es que echaba en falta determinadas perspectivas y formas de abordar las historias y que en los últimos años están apareciendo, afortunadamente.

    Un saludo.

  11. Añado: ante todo un autor tiene que ser bueno. Lo demás viene después.

  12. Gerardo:

    La reseña no me ha parecido la bomba, pero tus intervenciones posteriores sobre el tema de la voz femenina me han parecido impecables y muy interesante. A ver cuándo le hinco el diente a La muchacha salvaje…

  13. Mmm…

    No estoy de acuerdo en que la voz femenina de Nocenti no brillara en su trabajo. Creo que brillaba, y mucho, y que aportó una sensibilidad particular (también militante). Pienso en su Daredevil y en su papel de editora de X-Men y New Mutants con las chicas tomando el mando, y no desde un punto fetichista sino desde la madurez de los personajes. Los cómics que pasaban por sus manos no hacian que dejara a un lado ser mujer para cumplir con los preceptos del mainstream. Creo que su manera distinta de de hacer las cosas, destacaba, en primer lugar por su valía profesional y en segundo lugar, pero de manera no menos importante, por su perspectiva femenina. Lo mismo para Louise Jones/Simonson ( ¿alguien sabe su verdadero apellido?… joder… esto de los apellidos de las esposas en USA si que es machista…)

    Sin enarbolar “banderas” feministas (cómprame guapa, tambien soy mujer ) hacian un trabajo muy bueno, sin perder su identidad de género y sin dejar de ser feministas (ni femeninas?).

    Por otro lado me parece óptimo que el target “chicas” gane su espacio en un mercado con targets tan deleznables como “machos” o “tías buenas”, pero el target que más me gusta es:

    “cómics buenos independientemente de quien los haga, hechos por gente cívica para gente cívica, que están abiertos y desean disfrutar del más amplio abanico de opciones creativas y lectoras”.

    La conciencia de género, como la de clase, o social, política… SE NOTA! SE SIENTE!… no hace falta potenciarla para que exista… o puede ser que salga por todos los poros y sea tu impulso natural, pero me parece muy pobre si es el motor de una obra, o de un autor… O será que no necesito que me covenzan y no soy consciente de que la militancia es necesaria. No sé… dudo… mi mente se ofusca.

    Independientemente, estoy deseando hincar el diente a la muchacha salvaje, porque las historias de Mireia (en su blog, en El Estafador…) ya me cautivaron hace tiempo.

  14. Es una cuestión formal, lo de la “voz femenina”, que apela a una esencia construida. Y te lo comento porque, si te interesa la perspectiva de género, es algo que hay que tener en cuenta. El constructo, la programación de género del autor, cómo eso tiene su reflejo en lo que éste crea. Las palabras importan, mucho. Entiendo a qué te refieres cuando hablas de “voz femenina”, pero no es preciso y su semántica lleva a equívoco.

    El género negro, sin ir más lejos, está plagado de señoras literatas (PD James, Sue Grafton, Sarah Paretsky, Anne Perry, Alicia Giménez Bartlet…) que “matan” constantemente, una cosa como muy patriarcal (si me permites el guiño), y no se habla de una “voz femenina”, pero sí de una perspectiva crítica, incluso feminista en muchos casos.

    Lo femenino obedece a un constructo binario que, en los tiempos del capital, tiene más sentido, incluso, que en épocas más terribles. Es un concepto instrumentalizado si lo prefieres; performativo, que te diría la teoría queer. La sofisticación del género es algo muy interesante de analizar hoy día pues creemos que hay muchas cosas solucionadas, pero no nos damos cuenta que en vez de llevar corsés ahora la operación va por dentro. Bueno, lo que quería comentarte es que las herramientas que utilizamos, como lo son las palabras, también las heredamos. Cuestionarnos a qué o quiénes “sirven” esas palabras, a qué remiten (no solo los autores, también los que divulgan) es importante.

    Un abrazo!

  15. Pd. “A falta de uno mejor”. Me surge la duda ¿Qué es lo que, a tu modo de ver, contiene la “voz femenina”? ¿Qué la diferenciaría de una “voz feminista”, por ejemplo?

  16. “Louise Jones/Simonson ( ¿alguien sabe su verdadero apellido?)”

    Wikipedia knows! Mary Louise Alexander.

  17. > Lo mismo para Louise Jones/Simonson ( ¿alguien sabe su verdadero apellido?

    Sí, antes de su primer matrimonio se llamada Louise Alexander. Pero nunca ha firmado así, se casó con Jeff Jones bien jovencita, antes de publicar nada, y después del divorcio siguió usando el apellido Jones profesionalmente

    De hecho, el punto de separación de los nombre Louise Jones/Louise Simonson no coincide exactamente con sus matrimonios: usaba Jones cuando era sobre todo editora y lo cambió a Simonson cuando pasó a escribir guiones a tiempo completo, a pesar de que Simonson llevaba ya años siendo su apellido legal. Un intento de separar sus dos facetas profesionales con dos firmas distintas

  18. Es curioso. La Wondie de George Perez es de las más celebradas, pero no resiste un análisis de género sin que te salten unas cuantas alarmas y con Nocenti esto no pasa tanto. Por no hablar de la etapa Phil Jimenez (WW como mujer agenda) o del deseo de maternidad de las amazonas según Gail Simone, en mi opinión, uno de los resbalones de, por otra parte, una guionista arriesgada (Secret Six, Welcome to tranquility) y eminentemente feminista.

  19. Tomo buena nota de todo lo que comentáis, me parece un tema muy interesante, como decía. Para darle unas cuantas vueltas. Desde luego como apuntaba Agu “esa voz femenina” no puede ser únicamente algo tan simple como darle el liderazgo de un grupo a una mujer. Yo creo que va más allá. En todo caso, gracias a todos.

    Ah, sí quería decir de nuevo, porque no querría que quedará en segundo plano con este debate, que leáis el excelente tebeo de Mireia, que independientemente de la cuestión de género es un cómic divertido y muy bonito.

    Un saludo.

  20. Pequeña Del:

    Creo que eso de la “voz femenina” induce a error, tal y como apuntas. Bien pensado es muy ambiguo. Necesito pensarlo mejor para precisar mis argumentos pero ahora me es imposible, De todos modos, creo que si que tienes razón o al menos lo tienes más y mejor razonado de lo que yo lo tengo en estos momentos. Sería muy interesante leer algo estructurado, para tocar las palmas o debatir feroz, aunque deportivamente. ¡Un saludo!!

  21. Pingback: La muchacha salvaje – Nómada de Mireia Pérez | El blog de Metropolis Libros

  22. Pingback: La muchacha salvaje, de Mireia Pérez | Entre pícsels i bytes