Reseñas — 28 octubre, 2011 at 10:39 am

Pagando por ello (Chester Brown)

by


Pagando por ello (Chester Brown). La Cúpula, 2011. Cartoné. 300 páginas. B/N. 26 €

Chester Brown es uno de los autores de novela gráfica más importantes de los últimos veinte años. Pero Chester Brown es también un tipo… peculiar. Y empiezo la reseña de esta manera porque ambas cosas las tendremos que tener en cuenta para analizar su última obra: Pagando por ello.

Pagando por ello trata justamente de lo que parece: es un relato autobiográfico de las experiencias de Brown como cliente asiduo de prostitutas durante varios años. Todo empieza cuando su novia rompe con él y entonces comienza a replantearse ciertas ideas asumidas sobre el amor romántico y el sexo. Y llega a la conclusión racional de que el primero no lo necesita y el segundo lo puede conseguir pagando. A partir de ahí, se esmera en contar todos los pormenores de sus experiencias con las mujeres a las que recurre, incluyendo los detalles más aparentemente nimios, así como sus pensamientos mientras lo hace, con un inteligente uso del globo de pensamiento, tan denostado en nuestros días, en lo que supone un ejercicio de sinceridad no diremos inédito —su amigo Joe Matt sabe mucho de eso— pero si realmente raro. Especialmente cuando está follando, a veces sus pensamientos son excesivamente duros, incluso algo despectivos si la chica no le gusta —“me siento mal por ella, pero no lo suficiente como para dejarle una propina”—, pero del mismo modo con otras entabla conversaciones naturales, e incluso, al final, mantendrá una relación regular con una de ellas. La obra se enriquece con las conversaciones que mantiene tanto con su antigua pareja, Sook-Yin, como con sus amigos Seth y el ya citado Matt en torno a la cuestión de la prostitución. A través de ellas Brown plantea un diálogo consigo mismo y con el lector que le sirve para defender sus argumentos sin caer en el monólogo doctrinario. Dando voz a las opiniones contrarias pretende argumentar sus verdades y dejar claro que son únicamente suyas. Y la verdad es que es un recurso que funciona muy bien; de hecho, en los apéndices finales, donde resume su posición frente a la prostitución, hace lo mismo: pone en boca de personajes estereotipados dibujados en pequeñas viñetas los tópicos usuales sobre el sexo de pago y los refuta en textos en prosa.

Para contar su experiencia y en última instancia plantear un debate que él cree necesario, elige hacerlo con un formato determinado: Pagando por ello es prácticamente un documental que busca la objetividad y huye expresamente del sentimentalismo. Y Brown puede hacerlo gracias al absoluto dominio que ha logrado de las herramientas que la historieta pone a su disposición. En cuanto a esto, sin duda estamos ante su obra más perfecta. Su trazo, depuradísimo, recuerda al excelente Louis Riel, un tebeo con mucho de documental, y del que también toma una serie de soluciones gráficas necesarias. Por ejemplo, las viñetas pequeñas, en plantilla de dos por cuatro —en unas páginas además que son pequeñas—, y el predominio casi absoluto de un plano medio, técnicas ambas que evitan la excesiva introspección psicológica y la caída en situaciones melodramáticas. Brown es frío porque elige serlo, porque necesita serlo para que su discurso y sus objetivos no se pierdan entre escenas morbosas que distraerían la atención y convertirían el tebeo en lo que no es. Por eso acertadamente dibuja las abundantes escenas de sexo con los mencionados planos medios y sin ningún tipo de erotismo, como si los personajes estuvieran hablando mientras toman un café.

Otro uso llamativo de los recursos del cómic lo encontramos en la manera en la que Brown guarda celosamente la identidad de las prostitutas: jamás vemos sus caras, ya sea por el encuadre de la escena o porque los cartuchos y bocadillos le tapan la cara, en el equivalente al pixelado que se usaría en televisión. Brown, como por otra parte es habitual en su obra autobiográfica, se dibuja siempre con la misma cara pétrea e inexpresiva.

El resultado que obtiene Brown me parece espectacular. El despliegue técnico, si bien no es ostentoso, es impecable, perfecto. Y la manera en la que el autor presenta sus tesis y plantea un debate, al tiempo que se expone a sí mismo y sus experiencias, no todas socialmente aceptadas, es novedosa por completo, y funciona sorprendentemente bien. Otros autores posiblemente habrían recurrido a un personaje que dialogara con el lector en primera persona, a la manera de ensayos en cómic como Entender el cómic o Alicia en Sunderland, pero Brown, apoyándose en su madurez como autor, encuentra un sistema inteligente y ágil, que consigue, por lo menos en mi caso, su cometido: realmente plantea preguntas en torno a la prostitución y hace que uno se replantee su postura personal al respecto, sean cuales sean. Este año va a haber mucha competencia, pero para mí, de momento, de lo mejorcito que se ha publicado en España, además en una edición impecable por parte de La Cúpula, totalmente fiel al original.

Etiquetas

13 comentarios

  1. Hola,excelente reseña,como siempre.
    Una duda:el cómic original tiene 272 páginas,pero la edición de La Cúpula tiene 300….Lleva algún material inédito que no lleve la edición americana?
    Un saludo!

  2. Gracias. No sé qué decirte, no había caído en ese detalle. La edición de La Cúpula la tuve ayer en las manos pero no me fijé en si había artículos extra… ¿alguien nos saca de dudas?

  3. A mí me pareció un ensayo bastante majo, pero un pésimo tebeo. Brown se ha empapado de libros sobre el tema (es un lector obsesivo de todo tipo de temas, en especial política, economía, historia y esoterismo) y ha hecho su propia aportación, poniendo toda la carne en el asador, por supuesto, porque es un artista honesto hasta las últimas. Pero para decir lo que dice aquí hubieran bastado unas sesenta páginas de texto. Lo que hace es renunciar a su talento (algo de eso había ya en Louis riel) y ofrecer un no-tebeo absolutamente errado. Otro jarro de agua fría para los que le tenemos en un altar. Me alegra mucho que los críticos cantéis sus excelencias, ojalá pudiera yo hacer lo mismo.

  4. Otra duda:el formato es tamaño pequeño,como NUNCA ME HAS GUSTADO?
    Gracias!

  5. Pilon, yo entiendo que Brown no quiere sólo exponer una tesis sino también su experiencia personal, por eso hay esa aparente repetición de escenas (que yo no creo que sea tal; cada prostituta es diferente, tiene su propia voz y ofrece puntos de vista nuevos). Pero lo que no entiendo es lo que dices de que es un “no-tebeo”. ¿Por qué no es un tebeo? ¿Cómo debe ser un tebeo? ¿Si es un ensayo no puede ser un tebeo? Me interesa mucho esto, la verdad, sobre todo porque dices que te gusta Brown. Yo veo una depuración técnica brutal, más que una renuncia a su talento.

    Donniedarko, es más pequeño incluso, un poco. Pero La Cúpula respeta el tamaño de la edición americana, o sea que es cosa del propio Brown.

    Un saludo a ambos.

  6. Gracias por la info,amigo Gerardo.
    Pues por lo que vale la edición española me lo pillo en inglés y el The Little Man: Short Strips, 1980-95,y ademas,me sobra algo de pasta y todo.
    Me quiero pillar el tomo 2 de American Splendor y con tanta novedad hay que buscarse las habichuelas como se pueda….Además así no se me olvida el inglés.
    Un saludo!

  7. Hola Gerardo. Puede que lo de no-tebeo sea una expresión poco afortunada, y lejos de mi intención querer explicarle a nadie lo que es un tebeo. Pero creo que Chester Brown renuncia en ese libro al lenguaje de los tebeos. No hablo solo de la racanería de recursos expresivos o de ese estatismo tan antipático de las figuras y los rostros, es que renuncia hasta a la belleza. Hablando de tal poeta, alguna vez he oído al crítico de rigor decir que en sus versos el idioma “canta y baila”. Los tebeos, como todos sabemos, tienen un lenguaje propio, que quizá está aún en pañales, pero es lo que nos importa, es lo que no hallaremos en otro medio; en este libro ese lenguaje del tebeo no es que no “cante y baile”, es que no está por ninguna parte, o está con cuentagotas, si quieres. Yo no encuentro aquí depuración técnica. La encontraba en muchas de las historias cortas que aparecen en The Little Man, incluso en las más tempranas, eso sí que era una escuela para dibujantes. Pero en aquel mismo libro tienes al final una historieta, “Mi madre era una esquizofrénica”, en la que se nota que Brown está más interesado en resumir una serie de ideas (un mogollón de lugares comunes provocado por la ingesta abusiva de manuales de antipsiquiatría, por cierto) que en ofrecer ese algo que da forma los tebeos, que desde luego no va a surgir unas docenas docenas de viñetas con un rostro hierático y algo de texto por encima. Ya sé que es un recurso muy conocido y todo el mundo tiene en mente varias obras maestras que lo utilizan a mansalva. Pero esa historieta era eso, y solo eso. Curiosamente, el autor dijo entonces que realizarla le había deparado más satisfacción que ninguna otra. Quizá es que estaba tan harto de los tebeos que le había resultado liberador librarse de ellos. La historia del arte está llena de absolutos maestros que llegan a odiar su oficio; sin ir más lejos, Velázquez, que al final de su vida quería dejar la pintura a toda costa pero estaba encadenado a ella para lograr ciertos privilegios de clase. Quizá Chester Brown, que seguramente no tiene más ambiciones que las meramente artísticas, no se dice la verdad y también odia un poco su oficio, de modo que ha decidido darle matarile a base de racionalizar las intenciones de sus tebeos hasta convertirlos en esquemas cada vez más estériles. Todo esto es especular a lo bestia, sí.

    No soy un purista de nada. Un “no-tebeo” como el “Jack” de Jerry Moriarty es magia pura. Me parece muy bien que el artista extravíe todas sus ideas preconcebidas, que ande nuevos caminos y lo que quieras, aunque casi con seguridad errará. Para eso está la tradición, para enseñarnos que todo puede salir mal dentro o fuera de ella, pero que cierta humildad no está de más. A Chester Brown le está saliendo fatal esa exploración, si es tal, que no lo creo. También es verdad que me parece uno de los dos o tres autores más dotados de toda la historia del cómic norteamericano, underground o no. Así que por muy trágico que me parezca verle firmar cosas tan flojas, cualquier día nos sale con lo mejor que hemos leído en la puta vida.

    Amén de todo esto, sí, el libro hace pensar (un rato, no mucho más) y su actitud es como siempre honesta al máximo. Puede que las putas sean el camino, claro que sí, pero La Cúpula no se va a jartar de vender esto por mucha campaña sensacionalista que haga, porque la gente no es tonta. Y de verdad, para hacer esto a Chester Brown le hubiera bastado un librito, que le hubiera salido modélico, y no le hubiera llevado cinco años de trabajo.

  8. Ahora te entiendo mejor, aunque siga sin estar demasiado de acuerdo.Hablas de la belleza, pero es algo tan relativo… yo si veo belleza en las páginas de Pagando por ello. Veo un trazo limpísimo y exquisito, veo viñetas de composición muy estudiada, y veo soluciones como la manera en que muestra los encuentros sexuales a las que no se llega por azar o por renuncia de las herramientas que el medio pone a su disposición. Creo que a Brown le costaría muchísimo llegar a esto, en realidad, aunque el resultado a ojos del lector parezca simple. Precisamente es lo que busca, y no era fácil. Por eso digo que me parece depuración técnica. El lenguaje del medio está al servicio del autor, y no al revés. El recurso del que hablo es perfecto porque permite al dibujante expresar exactamente lo que quería y no otra cosa. Ahora bien, si no te atrae el enfoque de Brown, supongo que ahí poco se puede hacer. Yo sólo creo que dibujar Pagando por ello al estilo de Nunca me has gustado (por ejemplo) habría sido un error.

    Un saludo.

  9. Yo, como Gerardo, también pienso que hay muchas soluciones narrativas ahí, aunque sean poco espectaculares. Porque de hecho, de lo que se trata es de huir de la espectacularidad y dar un tono de normalidad cotidiana al relato, no convertirlo en algo emocionante y morboso. La comparación que me viene a la cabeza (un poco llevada al extremo, lo reconozco) entre Pagando por ello y las historias que comentas en el Little Man sería la de Art Spiegelman en Maus y Breakdowns, respectivamente. En Little Man y Breakdowns se trata de expandir el concepto de las posibilidades narrativas de la página. En Pagando por ello y en Maus se trata de lo contrario, condensar estas posibilidades. No es casual que Pagando por ello tenga el tamaño que tiene. Ni que todas las viñetas tengan el mismo tamaño. Ni que los globos de pensamiento tengan tanta importancia, ni los planos medios, ni la inexpresividad de los personajes, ni que los capítulos acaben en medio de una página, sin necesidad de rellenarla de viñetas, ni que las viñetas que sólo contienen texto tengan la misma importancia que las viñetas dibujadas. Hay muchas decisiones narrativas conscientes ahí, y todas persiguen un mismo objetivo, que es contar la historia que quiere contar utilizando un enfoque muy concreto, un enfoque casi documental, alejándose en la medida de lo posible de lo subjetivo.

  10. Yo no creo que haya nada casual en Chester Brown. Si de algo peca precisamente, desde que dejó de improvisar sus Yummy Fur, es de exceso de cálculo. No espero de él vistosas o sofisticadas composiciones de página, porque siempre ha creído (y yo con él) que son artificiosas y casi nunca van a ninguna parte; lo que le importa es cómo fluye la narración, a través del diálogo y la planificación, de las viñetas. Por eso hace veinte años que las dibuja por separado y las ordena después -de ahí también los capítulos que terminan a mitad de página. Os doy la razón con que él sí que elabora las viñetas, aunque la fragmentación de su manera de trabajar va adquiriendo aquí tintes patológicos, solo tenéis que ver cómo dibuja cada viñeta, superponiendo cada detalle en sucesivas capas de papel traslúcido. También os concedo que el trazo es “limpísimo y exquisito”; es un dibujante soberbio, aunque esté empeñado en ocultarlo.

    También estoy de acuerdo en lo de “condensar las posibilidades narrativas”, está clara la intención, y en lo del “enfoque documental”, aunque creo que consigue todo lo contrario. Donde no os doy la razón es en eso del “tono de normalidad cotidiana” ni en que así se aporte realidad al relato: la realidad sí que es “emocionante” y “morbosa” y también todo lo contrario, pero es. Lo que no será nunca es esto que se nos ofrece aquí envasado al vacío, sin ritmo, sin pulso. Seth dice en el apéndice que Joe Matt y él llaman a Chester en la intimidad “el robot” (muy divertido pero eso hace pupita, esta cuadrilla no tiene fin cuando se trata de exhibir intimidades). Es una broma privada, pero está ahí por algo; lo triste es que podrían aplicársela cada vez más a sus tebeos. Este libro, mismamente, tiene la cadencia de un robot. No tiene gracia, Kraftwerk sí, pero esto no. A mí, qué queréis, me da verdadera rabia que este hombre se enrede así en vez de seguir siendo la fiesta que podría ser. Son muy pocos los que están tocados por la gracia como él para contar las cosas en forma de tebeo.

    “Nunca me has gustado” es su mejor libro, él mismo lo dice. Es el libro que, más que ningún otro, me hizo volver a leer tebeos hace década y media. Aparte de la disposición de las viñetas y de alguna solución gráfica (que aquí son siempre narrativas), es un libro limpísimo, con un estilo invisible, algo muy raro en los tebeos; solo lenguaje al servicio de una historia. Eso sí que era la tradición depurada. No se puede decir de este “Paying for it” que no hubiera funcionado “en aquel estilo”, porque aquel no lo tenía y este es solo eso, artificio, estilo, a veinte grados bajo cero, eso sí. Exagero solo para hacerme entender. Igualmente, compraré el libro de La Cúpula y lo volveré a intentar en cristiano. Me resulta bastante intolerable tener que aburrirme por mucha fe que le tenga a Chester Brown, pero así son estas cosas de los artistas.

  11. Entiendo lo que dices, Pilon. Por cierto, a mí también me hizo mucha gracia lo de “el robot”.

    El problema con la realidad cotidiana que muestra Brown es que es una realidad muy abstracta, no hay elementos realmente cotidianos que la anclen a la realidad de nuestro día a día, que nos la hagan recocible. Pagando por ello a veces parece más un ensayo que una historia, es cierto. A mí me gusta porque me apetece también leer cómics con ese enfoque, lo que no quita para que, desde un punto de vista más emocional, yo también prefiera Nunca me has gustado. Son cosas muy diferentes, y parece que Brown está tirando últimamente (Louis Riel, Paying for it) más por la vía “ensayística”, por así llamarla, aunque venga envuelta en un aspecto “novelado”. Pero creo que está muy bien que se explore esta vía, y está muy bien que lo haga un autor con el talento desmesurado de Brown.

  12. Pingback: Regalos de Navidad para puteros y profesionales - SexoMercadoBCN

  13. Pingback: El sexo con prostitutas convertido en cómic | Faqescorts