Reseñas — 6 septiembre, 2011 at 10:26 am

Alicia en Sunderland (Bryan Talbot)

by
¿POR QUÉ ME GUSTA ESTA COSA? HOY: ‘ALICIA EN SUNDERLAND’, DE BRYAN TALBOT.


Alicia en Sunderland (Bryan Talbot). Randon House Mondadori, 2010. Cartoné. 336 págs. Color. 24,90 €

Bueno, bueno ¿a quién tenemos aquí? A Bryan Talbot: dibujante inglés, de Wigam, autor de un par de tebeos de ciencia ficción de estos duros (Las aventuras de Luther Arkwright y El corazón del Imperio) y de una novela gráfica así como sensible (Historia de una rata mala). Para un servidor, tres rollos macabeos. Y lo que es peor, tres rollos macabeos ingleses. Truffaut decía que el cine inglés era el peor de Europa. ¿Y los tebeos ingleses? ¿Esos qué, eh?


Si tú, no te escondas, Bryan.


Aparquemos este vergonzoso intento de crear polémica (me batiría en duelo gustoso con todo aquel que se atreviera a hablar mal de, un poner, Strontium Dog, así que no os enfadéis, hooligans) para hablar del mamotreto que nos ocupa, una novela gráfica de trescientas veintipico páginas titulada Alicia en Sunderland, cuyo autor es (claro) Bryan Talbot. Cogedla con cuidado, no os hagáis daño en la muñeca. ¿Ya? Sigamos entonces.

La portada es lo suficientemente horrible como para echar para atrás al más pintado, pero ya que estamos, mejor la abrimos, ¿no? Si la hojeamos rápidamente, tal vez nos provoquemos un daño irreversible en las córneas, así que hagámoslo despacio. Los abigarrados diseños de página y la paleta de colores usada por Talbot coinciden con las visiones que me han asaltado en mis peores pesadillas: filtros fotográficos usados sin ton ni son, dibujos que parecen garabatos de un adolescente heavy en su pupitre mientras escucha a Manowar e infinidad de cajas de texto dispuestas con la misma elegancia que tiene un gag de Benny Hill.


¿Veis lo que os digo?


En este punto cabe detenerse un momento y reflexionar sobre la naturaleza de la historieta. Si el cómic fuera sólo un arte visual, nuestro buen juicio nos recomendaría quemar inmediatamente la copia de Alicia… que tenemos en nuestras manos. Sin embargo, los tebeos se miran y se leen. Y ahí enfrente hay mucho escrito, nenes. Algo nos querrá decir el bueno de Bryan. Así que al lío. Si a la Alicia de Lewis Carroll le horrorizaban los libros que sólo tenían texto, para nosotros, lectores de Talbot, el texto es una esperanza.

Aquí se obra el milagro. Porque lo que leemos en Alicia… es un viaje sensorial a través del tiempo y del espacio, un alambicado manifiesto que emerge del especiado potaje cocinado por Talbot con un mensaje desconcertantemente claro: las cosas no son como parecen. Tampoco este cómic lo es.

Así, cuando leemos Alicia… descubrimos que es una guía turística de Sunderland, una semblanza biográfica de habituales de la memoria popular británica como George Formby o Jack Crawford, una reflexión histórica sobre el cómic inglés, un curioso artefacto híbrido con espíritu teatrero y guasón, un grimorio experimental, una lección de historia del arte y hasta un anecdotario futbolístico… Una vidriera enajenada en honor de la obra de Carroll, verdadero motor de todo este apabullante tinglado. Porque, ¿quién fue el verdadero Lewis Carroll? ¿Podemos saberlo, o sólo creemos que lo sabemos? ¿Es posible la certeza de una fábula? ¿Y de nuestra vida?

Y lo que es más importante. ¿Cómo es posible que al final este tebeo mole tanto?

Etiquetas

10 comentarios

  1. Ay, no te mola Alan Moore pero te gusta ‘Alicia en Sunderland’!
    Bromas aparte, a mí se me hizo muy cuesta arriba su lectura, tardé horrores. Y mira que me interesaba el tema y no le tengo miedo a los tochos densísimos, pero no me enganchaba. Creo que fallaba al unir sus razonamientos e ir asociando ideas, y al jugar a ser Moore en lugar de Moore… Creo que se armó batiburrillo, acabo el tebeo y no tengo clara cuál es su tesis. No sé, tiene momentos, pero me pareció duro, duro.

  2. jojojo. a mí me conquistó la locura de la exposición. y como me chiflan las anécdotas (y aquí va una detrás de otra), pues sí, al final me lo pulí en dos tardes.
    ahora, que es una lectura dura, una jartá. y que el dibujo es una cosaaa… en fin, una cosa, claro, también. pero es la gracia de esta mini-sección! quién iba a decir que me iba a acabar gustando? pues eso.
    (con lo de moore, creo que este es más gamberro, y mira que es ambicioso, pero oye).

  3. Sí, justo, eso es lo que yo le achaco, va acumulando anécdotas, pero intenta darles continuidad, dotarlas de relaciones, construir un artefacto gigantesco a la Moore, pero yo me pierdo, no veo jamás a dónde quiere llegar. Y el dibujo, bueno, tiene alguna cosa interesante (entre tanto experimento es normal), pero a mí él como dibujante no me ha acabado de gustar nunca, demasiado “blando”, “redondito”.

  4. Pues ahora en serio: su primer Luther Arkwright es una maravilla. Yo añoro a ese Talbot. Mucho.

  5. Enhorabuena por el texto, Pablo. Yo soy muy fan de Talbot, tanto de sus obras anteriores (los dos Luther, incluso con el carácter a veces innecesariamente rebuscado del primero, y la Rata Mala, fascinante), y siempre me ha gustado como dibujante, y me encanta “su” Alicia, porque eso es lo que es este libro. “Su” Alicia. Ni la de Carroll, ni la de nadie más: la de Talbot, la de Sunderland. Coincido en que puede echar para atrás por lo abigarrado: al principio esa es la impresión que me dio a mí también, hasta que empecé a leerlo, y veinte páginas después, no podía soltarlo… pero si le das una oportunidad, te atrapa sin remedio. Un saludo a todos!

  6. a mí, mikel, jb, fans de talbot en general, ya os digo: no me va ‘luther…’ porque es demasiado dura para mí, en el sentido estricto de género. y aquí me he encontrado con un autor desatao. eso es lo que me atrapó. efectivamente, mikel, es ‘su’ alicia. ésa es la idea, gerardo, que late al final, más allá de la anécdota!

  7. Sí, eso recuerdo que lo dice al final, que Sunderland es el país de las Maravillas, pero no le acabo de ver la relación entre esa idea y todo lo que nos ha ido contando antes. Y ojo, que aún así yo disfruté con la lectura, aunque fuera pesada, porque me encanta Alicia. Pero tenía la sensación de que todo lo que contaba habría entrado mejor y habría sido más fácilmente estructurable para él en un ensayo de texto solo. Eso sí, en lo de desatado, ¡totalmente de acuerdo! El tío hace lo que le da la gana y en las páginas que le da la gana, se nota que se ha empapado del espíritu NG.

  8. Gran tema de los Shadows; respecto a Alicia, un gran tochazo difícil de asimilar en muchos momentos y muy interesante en otros. El collage tampoco ayuda mucho en la comprensión.

  9. Pablo, apúntame en el grupo de los que abrió el tocho y se le cayó un ojo al suelo y sigue buscándolo…
    Vamos, que sí, que el cómic es más que lo visual, pero cuando esa faceta abofetea y en la mesa tienes otras lecturas pendientes, es difícil insistir si la promesa única que tienes es que a lo que has ojeado debes sumar trescientas páginas ;)
    Dicho lo dicho, no es la primera vez que leo que la obra merece la pena pese a ser un potaje duro… algún día, cuando compre las gafas esas ultravioleta tan chachis del cantante de U2…

  10. Joder, Bryan Talbott es el gran tapado de esa puñetera isla. Anda que alguno no le debe ideas (y no miro a ningún pirado retrogrado con barbas e ínfulas de semidios que sólo sabe dar entrevistas en las que se queja y se queja porque parece ser el único modo en el que la gente le lea), anda que Luther Arkwrihght, El corazó del Imperio, o Historia de una rata mala no son obrones maestros, tantos o más como los que hayan firmado Morrison, Gaiman y otros.

    Y Alicia en Sunderland…es comic en estado en puro, que sí tío, que nos encantan los libros en los que expertos nos cuentan el desarrollo de la historia del comic (excluyo a Eisner o Mc Cloud pues estos están más allá del bien del mal), que nos encantan los blogs de gente que en su puta vida a hecho un comic pero es todo un profeta de la linea blanca, o de la perspectiva axonometrica, o de la madre que los parió a todos juntos.

    Buenos, pues Alicia en Sunderlan es un comic vomitado con muuucha intención por Talbot (sólo quién no haya leido nada de él puede pensar que las cosas pasan porque sí), y no se ciñe a los canones establecidos.

    Joder, que mierda.