Noticias — 13 junio, 2011 at 12:32 pm

El legado cultural

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¿La historieta ha de nutrirse de referencias directas a otras artes para alcanzar cierto estatus y reconocimiento popular?

Supongo que sí, igual que el cine tiene que hablar sesudamente de cosas sesudas y en el fondo obvias e inconsistentes para ser aceptado por los restos en retirada de una crítica poco equipada y apegada a modos pasados, o igual que en el cine y en la literatura el humor será siempre considerado un handicap. Todo esto es un poco una lacra propia del ámbito nuestro, del español y me temo que del hispánico en general, posiblemente también del italiano y el portugués, es decir de todas partes donde el catolicismo ha dejado su simpática huella, y se puede resumir en una sola palabra: Incultura. En el mundo anglosajón hace siglos que no se plantean (o apenas) semejantes polémicas, pero aquí seguimos en esas. De hecho irán a más, porque el buen ejemplo que venía de allá, la ironía y la curiosidad como armas primeras del creador, se va perdiendo poco a poco. El mundo anglosajón va a menos y eso se ve en sus productos culturales, se supone que será por la dictadura absoluta de lo audiovisual, el efecto de los rayos gamma sobre las margaritas y neuronas, así que nosotros, arrastrados por esa deriva, pronto estaremos a su altura sin habernos levantado un palmo. Y ya todo será una cuestión de etiquetas, como en el supermercado: Lo profundo, lo gracioso, lo artístico, lo lírico… La ultraviolencia inane para niños, los seriales de historia-ficción para abueletes terminales a la hora de la siesta, las películas de animación en 3D para toda la familia con pingüinos o morsas haciendo chistecillos sobre la oficina y el jefe o la incipiente celulitis de mamá morsa, etc. Y que nadie se salga del tiesto porque entonces no entra en el catálogo. De hecho ya casi estamos ahí.

En cuanto a la cuestión más concreta de si el cómic y otras artes consideradas populares o menores necesitan de la referencia supuestamente culta para recibir marchamo de calidad o respetabilidad, aquí ya no sabría qué responder. Seguramente sí, pero sólo en pequeñas y escogidas dosis, pues si uno quiere alcanzar ese estatus o ese reconocimiento popular que dices entonces debería amoldarse a los conocimientos previos de ese supuesto público masivo, dispuesto a reconocer o compartir esas referencias, y esos conocimientos previos, o para entendernos, esa cultura general a la que debiera dirigirse, es bastante estrecha, es poca y coyuntural, así que trabajando con eso en mente uno sólo añadiría viruta a la viruta, bodrios a los bodrios. Así que, resumiendo, pienso que es otra de las cosas que más vale ni plantearse. Uno debe poner en juego las capacidades y el bagaje que acarree: Si es un narrador sin demasiado background, sin demasiado conocimiento de lo que se ha hecho antes, entonces por fuerza se dedicará a contar de nuevo y a destiempo cosas que ya se contaron hace mucho y en general mejor y más atinadamente, pero como su caso es el de la inmensa mayoría de sus lectores, obtendrá un éxito inmediato y mundial por haber descubierto América en pleno siglo veintiuno. Si tiene alguna cultura y alguna humildad, en cambio, tratará de manejarse en la medida de sus posibilidades, que nunca son muchas, con el legado literario o artístico que ha heredado y del que es continuador, lo quiera y lo sepa o no, e inmediatamente será tildado de pedante, de ambicioso, de raro y de tarado.

Javier Mora Bordel entrevista a Santiago Valenzuela en La Bitácora de Maneco.

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