Artículos, Varios — 24 enero, 2011 at 12:31 pm

TNY: Sempé (I)

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Incluir a Sempé en esta sección de autores de cómic que han ilustrado la portada de The New Yorker es prácticamente un capricho más que una realidad. Porque es cierto que Sempé es un excelente autor de chistes de humor gráfico, a veces utilizando incluso varias páginas e imágenes, pero si hubiéramos incluido este tipo de cómic (porque es cómic), habríamos tenido que meter en el saco a muchos otros cartoonists de la revista. Lo dicho, incluimos a Sempé porque nos gusta, porque nos apetece, porque su dibujo nos llega y su color nos emociona. La portada de la revista ilustrada por él más antigua que hemos encontrado data de 1978, y desde entonces suma ni más ni menos que 88 cubiertas. Como podréis ver a lo largo de toda la semana (porque esto hay que dividirlo en parte, claro), Sempé tiene una serie de señas de identidad que se repiten constantemente: el tembloroso dibujo, con figuras a veces casi inacabadas, a lo RO Blechman. La acuarela verde, amarilla, naranja. Las pequeñas figuras en un escenario que los sobrepasa y que nos sobrecoge. La infancia, la música, el baile, la naturaleza, el ciclismo… En fin, ya lo iréis viendo y esperamos que disfrutando.











4 comentarios

  1. Aunque particularmente prefiero a los Matotti, Clowes o Spiegelman, hay que reconocer que Sempé rompe reglas, por la (aparente) simplicidad y calidez de su obra y por saber transmitir esas ideas que apuntáis sin grandes aspavientos. Eso es GENIALIDAD.
    Ha sido una selección magnífica. Gracias por compartir.

    Un saludo.

  2. Por lo menos su libro “Monsieur Lambert” entra claramente dentro del comic, ¿no? Algo es algo…

  3. Excelente selección, muchas gracias por mostrarla aquí. He leído una entrevista reciente del Comics Journal con Blechman, en la que éste casualmente menciona a Sempé como a uno de sus favoritos.

    Realmente tienen mucho en común, como ustedes dicen: además de contribuir para el New Yorker y tener trazos similares, los dos empezaron sus carreras por los años ’50, y sus trabajos tienen un ingenio y una elegancia que son realmente “timeless” (por falta de una palabra más adecuada), como dicen los norteamericanos.