Reseñas — 28 julio, 2010 at 9:40 am

En mis ojos (Bastien Vivès)

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Portada
En mis ojos (Bastien Vivès). Ediciones Diábolo, 2010. Cartoné. 136 págs.Color. 17,95 €


Exorcismo.

Ésa fue la primera palabra que se me vino a la mente nada más acabar esta nueva obra de Bastien Vivès titulada En mis ojos, editada con gran calidad por Diábolo. Tanto si es una obra autobiográfica, como pura ficción o una mezcla de ambas, está más que claro (o al menos lo es para esta lectora) que se trataba de sacar algo del interior, de empezar a ver, a entender el mundo desde una nueva mirada y no con ésa que arrastra durante toda la narración: todo lo que los ojos del narrador alcanzan a ver es a ELLA, protagonista absoluta de la historia. No hay una sola viñeta en la que esta especie de voyeur se nos muestre. Todo su mundo gira alrededor de ella, y es, por tanto, ella quien con sus respuestas, habladas o puramente físicas, nos hace partícipes de todos y cada uno de los pensamientos de su misterioso y hechizado enamorado, de sus sentimientos, deseos, alegrías y preocupaciones. Él queda consciente y absolutamente relegado al sentido de la vista, a través del cual, recibe todas las sensaciones del mundo externo a su propia existencia, que queda anulada de modo explícito de la narración, sin medias tintas: él no es nadie si no es a través del vínculo que le liga a ella.

Interior
La edición, muy cuidada, a cargo de Diábolo, que ha apostado fuerte por este joven y prometedor autor.


Nos sorprende y nos reta Bastien Vivès con En mis ojos. Ya desde la portada, escandalosa, atrevida, saturada de color, nos viene a decir que no esperemos la serenidad acuosa de El gusto del cloro, pues aquí nos vamos a encontrar a un autor que llena sus viñetas de colores que recorren todo el arco cromático, pero centrándose sobre todo, en los rojos y naranjas, como si el color del pelo de su amada fuese el referente de su mundo, dato que se refuerza con el uso de viñetas “sin marco”: todo empieza y acaba en el espacio que ella ocupa, que delimita su cuerpo, como si nada más fuese posible más allá de su radio de acción.

Un exorcismo, sí, nos repetimos y reiteramos. Una obra para sacudirse de encima la abrumadora, roja y omnipresencia constante de ella, en la que seguimos con ávido interés todo lo que ocurre: todo es nuevo y atrayente porque todo es conocido y típico de la mayoría de las relaciones íntimas. Es esta visión personal lo que hace tan atractiva, interesante y única esta obra de Bastien Vivès, que vuelve a sorprendernos y encantarnos con una pequeña historia de gran altura. Y que siga así por mucho tiempo.


5 comentarios

  1. Es lo que comunmente se denomina “narrador omnisciente”, pero con la peculiariedad que nos aporta Vivès, tanto si es o no (o en parte) algo biográfico (como muchas veces suele suceder en obras donde los sentimientos están a flor de piel), de que el “protagonista ausente visualmente” es el narrador de la historia que visualiza pero narrándonosla en boca siempre de ella… y, posiblemente, ni lo sea, ya que lo que realmente ella piensa o los pasos que a continuación va a dar no nos son conocidos por nosotros e, incluso, me atrevó a decir, que ni del autor, como si de un hecho real, que haya ocurrido anteriormente, verdaderamente se tratara.
    Una nueva muestra del talento como narrador de este jovensísimo autor, dando siempre prioridad a la fuerza de las imágenes…

  2. Hola, Edu!!

    Tomo nota de lo de “narrador omniscente”, que será denominado comúnmente, pero que yo conocía el palabro!!
    ;)

    Muchas gracias!!
    y
    Besitos

  3. tebeazo, sí.
    Qué sencillo hace Vivés lo complejo, ¿verdad?

  4. Hola, Octavio!!
    Sí que es verdad: sí y sí!
    ;)

    Besitos

  5. @EduXavi – No, hombre, un narrador ominisciente no es esto. Un narrador omnisciente conoce todo lo que pasa, sea o no observado por los protagonistas. Si fuera omnisciente, el narrador sabría lo que le pasa a la chica cuando el protagonista no está, lo que piensa, etc.

    Esto sería un narrador protagonista, sólo que no le oímos hablar.

    Véase