NonNonBa (Shigeru Mizuki)

NonNonBa (Shigeru Mizuki). Astiberri, 2010. Rústica. 416 págs. B/N. 25 €
El nombre de Shigeru Mizuki (Sakai-Minato, 1922) comenzó a sonar por aquí en 2007, cuando el Festival de Angoulême concedía su máximo galardón precisamente a esta obra, NonNonBa. Así llegó la noticia de que Mizuki era prácticamente una institución en el mundo del manga japonés, especialmente por su serie GeGeGe no Kitaro, una serie donde, como en la obra que nos ocupa, los yôkai -fantasmas y seres sobrenaturales del folclore japonés- juegan un importante papel. Tal era la fama de Mizuki en su país que su ciudad natal había inaugurado un museo en su honor, había decorado la “calle Mizuki” con un centenar de estatuas de bronce representando a sus personajes, y podía encontrarse en los supermercados un zumo de globo ocular inspirado en su obra. En 2009 Mizuki estuvo de nuevo presente en Angoulême con una exposición y con un importante galardón, ya que Operación Muerte obtuvo el Premio Patrimonio. En este libro Mizuki tocaba otro de sus temas habituales, la guerra. Con poco más de 20 años, Mizuki fue reclutado por el Ejército japonés para participar en la 2ª Guerra Mundial. Durante la contienda perdió el brazo izquierdo y, siendo zurdo, tuvo que aprender a usar el derecho para todo, incluido, evidentemente, dibujar. Y finalmente, en la segunda mitad de 2009, por fin Mizuki aterrizaba en España con Hitler. La novela gráfica, de la que ya hablamos por aquí.
Y ahora sí, de la mano de Astiberri, se produce el desembarco masivo de Mizuki en España, que comienza con NonNonba y continuará con Operación Muerte y su serie estrella, GeGeGe no Kitaro. NonNonBa es una obra publicada originalmente en 1977 en Japón que amalgama el retrato autobiográfico con la fantasía infantil y el mundo sobrenatural, protagonizada por el jovencito Mizuke, aquí Shige Muraki –su nombre auténtico es Shigeru Mura- atendiendo a la costumbre de modificar levemente el nombre del protagonista en las obras autobiográficas (“novelas del yo”) como también hacen Yoshihiro Tatsumi en Una vida errante y Jiro Taniguchi en Un zoo en invierno. Por cierto, también igual que le sucede a Taniguchi en su relato, Mizuki narra en esta obra cómo una chica enferma se convierte en acicate de su impulso creativo, y ambos mangakas son originarios de la prefectura de Tottori. Casualidades aparte, el resumen de NonNonBa podría ser el siguiente: Mizuki/Muraki descubre temprana edad por boca de una anciana vecina (NonNonBa) conocedora de todos los detalles sobre el más allá y sus moradores, los secretos y costumbres de los yôkai, y en la joven mente del autor las leyendas cobran vida y adquieren una verosimilitud tal que, además de convertirse en alimento para sus futuros trabajos, llega a mantener conversaciones con estos seres sobrenaturales, entremezclándose el mundo de fantasía con un mundo real en el que la niebla penetra en las habitaciones y todas las noches la luna es visible. Resulta llamativo el carácter casi benévolo que en última instancia demuestran todos los yôkai que pueblan el libro, sugiriendo una añoranza de la inocencia de aquellos terrores folclóricos cuando se comparan con los terrores post nucleares que han inundado Japón desde el fin de la 2ª Guerra Mundial.

Mientras los viejos (NonNonBa) y los niños –por razones opuestas- parecen encontrarse equidistantes entre el mundo real y el mundo imaginario, los adultos posan sus pies en la tierra y necesitan de otras ficciones para liberar su imaginación, como aquellas proporcionadas por el cine, negocio al que decide dedicarse el padre de Mizuki. Este es uno de los personajes más interesantes del libro por su estoicismo y visión romántica de la vida, y sin duda uno de los impulsores de la carrera profesional del protagonista: “Shigue, para emocionar a las personas no basta con la realidad”, espeta a su hijo. En el libro asistimos a la maduración de Mizuki, la base de su vocación y temas como historietista, su encuentro con la independencia, su deseo de lucha por lograr lo que considera justo y su negación del determinismo. El único pero que se puede argumentar a NonNonBa es la falta de recursos narrativos más efectivos. El libro completo transcurre en una sola marcha, sin momentos realmente dramáticos, sin tensión, sin desenlaces. La combinación de elementos que podrían haber convertido estas 400 páginas en una montaña rusa –monstruos fantásticos, precariedad familiar, amor infantil, enfermedad y muerte, prostitución, tránsito a la edad adulta- no pasa de ser una mera enumeración que no acaba de emocionar, y la utilización de Mizuki de lo que Scott McCloud llamaba “efecto máscara” –fondos muy realistas combinados con personajes caricaturescos- no termina de cuajar. En cualquier caso, la obra no está exenta de aciertos, como los pequeños detalles cotidianos –bonita anécdota la del dónut- personajes memorables, como el mencionado padre del protagonista, la verosimilitud de los escenarios y el ambiente infantil o el despliegue de imaginación en la representación de los yôkai (ejemplos de otros yôkai dibujados por Mizuki, aquí). Tras tantos años de sequía, bienvenido sea el manga “diferente”, y más cuando se trata de todo un clásico en su país de origen.

febrero 7th, 2010 at 2:50 pm
Con permiso, discrepo
Creo que precisamente uno de los grandes aciertos es el naturalismo a la hora de aceptar la memoria como un conjunto de recuerdos sin “montañas rusas”, sin presentaciones-nudo-desenlace, rompiendo esa estructura y buscando simplemente contar momentos de la vida. Y respecto a la necesidad de recursos narrativos más efectivos…¿por qué si con la sencillez funciona? ¿no pedimos a veces demasiadas montañas rusas?
febrero 7th, 2010 at 5:15 pm
A mí me ha gustado una barbaridad. Lo empecé con precaución, porque el «Hitler» me ha costado mucho tragarlo (de hecho, todavía no lo he podido acabar), pero éste me ha parecido la rehostia. Y estoy con Álvaro, me parece que no necesita montañas rusas emocionales para llegar muy hondo, creo que su virtud está en otra forma de narrar, desarmante por su sencillez. Para mi gusto , es un poco parecido a veces al Tatsumi de «Una vida errante». Y no me refiero, obviamente, a la similitud del tema, sino a la llaneza a la hora de contarlo.
En lo que comentas de que no cuaja el contraste entre la caricatura de las figuras y el realismo de los fondos, no sé qué decirte. Por una parte, comprendo la impresión que te produce: dos cosas que no pegan. A mí también me pasa. Pero por otro lado creo que eso no es (obviamente) un error o una frivolidad por parte del autor, y me parece un mecanismo que merece un poco de reflexión. Es algo, por cierto, muy propio del manga «serio» (Maruo) y que fuera del manga a lo mejor también lo practicara Hergé en algunos momentos (estoy pensando en superficies rugosas y texturizadas que contrastan con los personajes planos en «Vuelo 714», por ejemplo, aunque hablo de memoria y a lo mejor me traicionan los recuerdos). Vamos, que es un recurso llamativo y que nos choca, sí, pero a mí al final me ha acabado resultando sugerente. ¿Qué coño de sentido tiene?
Hoy es el día de «NonNonba», ¿no? Subís reseña aquí y en la cárcel, y yo tenía intención de hacer otro tanto, aunque me temo que me lo volverá a impedir el mogollón de trabajo que tengo encima, y así tal vez salgamos ganando todos.
febrero 7th, 2010 at 6:50 pm
Bueno, espero que se haya entendido que el tebeo me ha gustado, pero no, no me ha apasionado. Y es por el mismo motivo por el que no me apasionó Una vida errante y que comentáis ambos, que me ha faltado un poco no tanto de emoción como de intensidad en ciertos momentos. Por eso es muy posible que eso que yo señalo como defecto a estos tebeos no sea más que una preferencia mía y que peque de subjetivo, sí. Pero me ha chocado que nada tuviera repercusiones, que las desgracias se fueran sucediendo y los personajes nada, como quien oye llover.
Sobre lo del “efecto máscara”, que sí, se usa habitualmente en el manga… es que aquí es muy extremo. Está claro que es algo buscado y que tiene una intención: colocar en el “mundo real” a un personaje caricaturesco en el que nos podemos proyectar por su propia sencillez icónica. De esta manera, al menos en teoría, la identificación es total. Nosotros somos el personaje (en sentido figurado, claro) y nos encontramos en el mundo real. Pero a mí personalmente en esta obra me ha llegado a distraer bastante y a provocar un efecto anti-atmosférico. Es posible que sea cuestión de que aprenda a “leer” este tipo de recursos de otra manera.
Ah, por cierto, queremos leer esa reseña, Santiago.