Noticias — 6 diciembre, 2009 at 9:00 pm

Líneas de trabajo

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Ayudaste a Javier Pulido en el último número de Robin: Año Uno. ¿Necesitaba la ayuda de alguien debido a la fecha límite de entrega?

Sí, no podía entregar a tiempo ese último número. Basicamente eso es lo que sucedió. Querían a alguien que pudiera copiar más o menos su estilo. Querían que hubiera la menor diferencia posible entre estilos y Javier pensó que yo podría hacerlo. En aquel entonces yo necesitaba el trabajo, dado que había pasado bastante tiempo desde mi trabajo anterior, pero también estaba esperando un encargo por aquel entonces. Esperé aquel encargo durante medio año.

(…) Tomé el trabajo en Robin para ayudar a Javier con el número. Nunca he pensado en ese número como mío, en realidad, porque tuve que copiar su estilo y… o sea, mira las páginas. Son horribles (Fiffe ríe). Pero mucha gente me asocia con ese cómic, del que en realidad yo no formo parte. Sólo hice esas 18 páginas, pero en realidad la totalidad es de Javier… él trabajó muy duro en esa serie y se merece todo el crédito. Es su niño.

Un trabajo es un trabajo, ¿no? No parece que estés muy orgulloso de ese trabajo.

No, no de ese trabajo. No recomendaría a nadie algo así, pero en aquel entonces necesitaba el trabajo, así que lo hice. Esa es una de las razones por las que no estoy orgulloso de él. De alguna manera me ayudó, porque me obligó a dibujar en el estilo de Javier, y eso hizo que me diese cuenta de me había mantenido alejado de lo que realmente quería ser. Si te fijas en el trabajo que hice antes de Robin: Año Uno, llegué a un punto en el que, por primera vez en mi vida, dudaba de mí mismo. Pensaba que a los editores no les gustaba mi trabajo. Por primera vez empecé a desarrollar una inseguridad dobre lo que quería hacer, el estilo que quería adoptar y lo que quería conseguir. Así que lo que hice fue tomar el camino fácil y simplemente sobrepasarme con el acabado. Ya sabes, poner más líneas. Si te fijas en la historia corta que hice con Brian K Vaughn [Gotham City Secret Files #1] y el número de Robin [#81] antes de eso, había un montón de líneas y trama manual… básicamente porque me sentía tan inseguro que pensé que esa una forma de al menos asegurarme de que conseguiría otro trabajo.

(…) En lugar de pensar en lo que yo quería hacer, empecé a pensar en lo que el editor quería que yo hiciera. Lo que pensaba que nunca haría. Es gracioso, cuando miro atrás y me doy cuenta de lo que estaba haciendo, pero necesita conseguir un trabajo. En cierto momento creo que dibujé entre 60 y 70 páginas de prieba y luego me di cuenta de que no había manera de que desarrollase mis habilidades más allá simplemente haciendo páginas de prueba. Llegas a un punto en el que no vas a ninguna parte haciendo eso y necesitas conseguir auténtico trabajo. Necesitas trabajar a partir de un guión real y ver tus errores impresos para aprender más y avanzar. Y entonces es cuando llegué al punto en que antepusepuse lo que pensaba que quería el editor a lo que yo quería. Entonces llegó el cambio de estilo. Y cuando hice Robin: Año Uno redescubrí lo que quería hacer cuando me decidí a ser dibujante de cómics.

Michel Fiffe realiza una larga entrevista a Marcos Martín en The Beat. Traducimos aquí un pequeño fragmento.



Batgirl: Año Uno seguía ligeramente la tradición de Batman: Año Uno en lo que se refiere al tema. Sin embargo en lo referente al dibujo, ¿alguna vez fuiste consciente de estar tratando de no imitar la estética de Frank Miller y David Mazzucchelli?

Era consciente de que no había manera de que yo pudiera alcanzar ese estándar. También era, creo, un animal muy distinto. Ambas historias son completamente diferentes. Lo único que tienen en común es el nombre y el hecho de que tratan de ser una crónica del primer año de esos personajes. Obviamente, Miller, Scott Beatty y Chuck Dixon son guionistas completamente diferentes y obviamente yo no puedo compararme para naca con Mazzucchelli.

Todo el mundo tiene ahora un Año Uno, y todos son bastante diferentes entre sí, especialmente el de Batgirl. Pero pensaba que la editorial querría algo del estilo de las líneas austeras, marcadas de Mazzucchelli para ese Año Uno en particular.

Lo único en lo que pensé cuando empecé a trabajar en Batgirl respecto al estilo, fue en que quería que fuese más simple que mi material anterior. Trataba de encontrar mi estilo, supongo. En lo que respecta a la historia, para mí los cómics de superhéroes funcionan mejor cuando funcionan como metáforas. No me interesan tanto los proyectos basados unicamente en aspectos de la continuidad. Y lo que me gustaba de la historia de Batgirl era que en esencia era realmente una historia sobre una adolescente que estaba enfadada con el mundo, enfadada con su padre, y era fuerte y quería demostrar cuál era su lugar en el mundo. Creo que es un tema potente y algo con lo que la gente puede identificarse, y es lo que traté de transmitir. Muchas de mis decisiones estilísticas y narrativas parten de ese punto de vista. Por ejemplo, hacerla delgada y con más aspecto de chica en lugar de pechugona. Además, muchos de los aspectos superficiales, el estilo, tiene que ver con el coloreado, creo. Mucho de su atractivo y su carácter único viene del coloreado, pero fue muy diferente de cualquier otra cosa que se estuviera haciendo entonces. Y todo eso fue gracias a mi amigo Javier Rodríguez.



Te iba a preguntar sobre él.

Era amigo mío, y nunca había trabajado juntos antes, pero había visto su trabajo como dibujante de cómics y se coloreaba sí mismo. Pensé que los colores eran realmente buenos, y sabía que una de las cosas fundamenteles para hacer que el material funcionase de la menera que yo quería era controlar el coloreado de cierta manera, ser capaz de comunicarme con el colorista.

Para tener cierto control sobre las elecciones de color o para poder aportar algo.

No quería que el trabajo fuese a cualquier colorista. No importa lo buenos que sean, yo quería poder hablar con el colorista y poder hacerle saber lo que yo quería. Sabía que eso era posible con Javier, era bueno y podía hablar con él, y podíamos trabajar juntos. Basicamente eso es lo que quería. Quería trabajar con un colorista, no sólo… no quería que fuese… una cadena…

Una cadena de montaje.

Como una cadena de contaje, sí. Quería que fuese más personal.



El tuyo es un buen ejemplo de trabajo en un equipo próximo, en contraposición con freelancers aleatorios.

Porque para mí era un trabajo personal y había invertido mucho, quería a alguien que supiera que también invertiría mucho. No quería que fuera a algún… de nuevo, por buenos que sean, y hay algunos coloristas excelentes, nunca sabes cuál va a ser su aproximación. No sabes si van a aceptar el trabajo y decir, “bueno, tengo que hacer esto en un día”, o “esto no me importa”, o incluso puede que les importe pero la aprocimación que adoptan no es la que tú crees que debería ser. Me gusta involucrarme en todo el proceso. El rotulado, el coloreado, todo.

¿El rotulado también?

El rotulado hasta cierto punto. Yo mismo hago las indicaciones. El rotulado es vital para la historia.

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