Reseñas — 24 enero, 2007 at 4:10 pm

Los domingos (Mauro Entrialgo)

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Los Domingos (Mauro Entrialgo) De Ponent, 2006. Cartoné con sobrecubiertas. 48 págs. Color. PVP: 20 €


Este Los domingos de Mauro Entrialgo, editado de forma preciosa y preciosista por Edicions De Ponent, es un capricho. O al menos eso es lo que se me antoja a mí, en el buen sentido de la palabra, que también lo tiene: algo hecho con gusto, delicadeza, tacto, curiosidad y mimo, volcando todas las ganas, por el puro placer de hacerlo.
Así es como me parece que fue concebido este proyecto, aunque –por supuesto- ahí están ustedes con sus datos para sacarme del error o para confirmar la hipótesis.

Nos encontramos con un obra autobiográfica, pero no es un diario, ni un documental, ni un relato continuo de un tiempo y un lugar específicos: es un ahondar en la memoria para sacar postales, retazos, recuerdos fotográficos de su infancia que el autor ha ido enlazando y entroncando.
Así, en una primera parte, Mauro Entrialgo nos explica cómo llega al título de Los domingos: “Y entonces es domingo en el ánimo” nos dice cuando nos ha presentado su premisa. Desde ahí y a partir de la llamada de un amigo para comunicarle que su madre padece Alzheimer, empieza a recordar situaciones su propia abuela y de la memoria, o mejor dicho, antes de la posibilidad de su pérdida, pues como nos dice “no me puedo imaginar algo peor que se te diluya la memoria y, con ella, la propia identidad”. Después vienen los recuerdos de la casa donde vivió hasta los seis años y de la casa familiar en la localidad vitoriana de Armentia: “Larrinzar”.

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Todos estos recuerdos no vienen representados como lo que se podría suponer un cómic tradicional: una sucesión de viñetas con una historia que las conduce. Cada página es única, en la que aparecen un número diferente de dibujos aislados que ilustran uno o varios recuerdos específicos, que se dejan llevar por el curioso e intrincado curso propio de la memoria: tienen un origen común –la infancia del autor- pero derivan con los típicos detalles que hacen que los recuerdos sean singulares, intransferibles y únicos.
No cae Mauro Entrialgo en el sentimentalismo fácil ni en un lenguaje ñoño: cuenta las cosas tal y como las recuerda, pero pasadas por el tamiz del lenguaje adulto.
Los dibujos tienen un toque “naïf”, casi infantil, que acompaña perfectamente al propósito de ahondar en los primeros recuerdos de su vida.

Con todos estos elementos, el resultado es algo más frío y distante de lo que cabría suponer: es cierto que el autor sabe combinar drama, risa y situaciones que rayan el delirio con gran acierto, siendo el resultado un popurrí de recuerdos que quedan bastante compensados y equilibrados, pero que no terminan de implicarme como lectora.
De lo que no cabe duda es que será un precioso regalo, un capricho, para aquellas personas seguidoras de la obra de este autor.

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Interesante, pero no resiste una purga por motivos de espacio

Mar

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