Entrevistas — 14 diciembre, 2007 at 4:07 pm

Entrevista con Antoni Guiral

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Hoy se pone a la venta a de la mano de Ediciones El Jueves el libro Los tebeos de nuestra infancia: La escuela Bruguera (1964-1986), escrito por Antoni Guiral (Barcelona, 1959) y que sirve de una continuación natural de Cuando los cómics se llamaban tebeos: La Escuela Bruguera (1945-1963), publicado en 2003 por la misma editorial y autor. Este libro sirve para coronar un año 2007 especialmente productivo para Guiral, en el que ha recibido el Premio a la divulgación de la historieta en el Salón del Cómic de Barcelona y ha publicado nada menos otros cuatro libros: los dos primeros volúmenes de la serie Del tebeo al manga: Una historia de los cómics (Panini Cómics), El gran libro de Mortadelo y Filemón (Ediciones B) y Gin: L’artista elegant (Fundación Gin / Ajuntament de Sitges). Aprovechamos la ocasión para conversar con él sobre su segundo libro sobre Bruguera y, en menor medida, sobre sus otras publicaciones y actividades recientes y futuras.

Para ponernos en situación, ¿como definirías la “Escuela Bruguera” y su importancia en la historieta española?

Jopé, compleja pregunta para empezar, pero haré lo que pueda.

Terenci Moix, en su libro ahora retitulado Historia social del cómic, decía más o menos que la Escuela Bruguera es la formada por una serie de autores con unos trazos y características parejas que publicaron en la Editorial Bruguera, que se definen sobre todo por su reflejo de la realidad cotidiana. Creo que la definición de Moix es bastante acertada. Básicamente, al menos para mí, la Escuela Bruguera está formada por aquellos autores de una base estilística cuyo origen está en el tratamiento caricaturesco de la realidad, que aportan un dibujo fresco, limpio, de trazo ágil, bastante emparentado con el tratamiento tridimensional aportado por los dibujantes de animación de la época (al fin y al cabo, muchos de ellos pasaron por el dibujo animado). Aparta de ello, son autores que reflejan la realidad cotidiana desde una perspectiva más sociológica y con una visión bastante ácida, enmascarada e incluso distanciada, si quiere decirse así, por un tratamiento humorístico casi esperpéntico. O sea, les une una cierta forma de dibujar y de representar la realidad. Visto así, la Escuela Bruguera es aquella que se publica en los tebeos de la editorial entre 1947 y 1956, aproximadamente, aunque, por extensión, se utiliza, yo el primero, Escuela Bruguera para agrupar a todos los autores que publicaron en Bruguera, pero al menos desde 1957 hay diferencias esenciales entre ellos, y más a partir de 1970.

Su importancia en la historia de nuestra historieta es esencial. Ellos aportaron algunas pequeñas piezas maestras a nuestro patrimonio, consiguieron llegar a la gente de la calle con sus propuestas y, por supuesto, incidieron en muchas vocaciones de futuros historietistas.

¿Cómo surgió tu interés por realizar estos dos libros sobre Bruguera y la posibilidad de publicarlos? ¿Estaba pensada desde un principio como una obra en dos partes, o ha sido algo que ha surgido posteriormente?

La idea surgió en realidad cuando estaba preparando una clase para uno de los cursos que he impartido en la Universitat de Barcelona, cursos de verano. Revisando obras como Zipi y Zape o Doña Urraca, pensé que realmente hacía falta profundizar en aquella brillante etapa de nuestra historieta, aportar algo que, al menos, pudiera servir como homenaje a aquellos grandes autores.

Me planteé la idea del primer libro acotando el tiempo entre 1945 (año en el que Rafael González empieza a trabajar para devolver un tebeo como Pulgarcito al mercado) y 1963, básicamente porque me parecía que aquella era una primera etapa cronológica evidente en la historia de los tebeos de humor de la empresa, ya que a partir de 1964, y sobre todo por las legislación que empezaba a controlar los contenidos de las revistas infantiles y juveniles, se iniciaba otra etapa. Y lo cierto es cuando le presenté la idea a José Luis Martín éste no dudó ni un segundo en aceptar el proyecto y en apoyarlo en todo momento. Vamos, que Ediciones El Jueves ha sido básica a todos los niveles para que estos libros fueran realidad.

Lo del segundo libro estuvo de alguna manera en mi mente desde el principio, pero lo cierto es que de entrada la idea era quedarse con un primer libro, a la espera de cómo pudiera funcionar y éste y, luego, plantearse la continuidad.

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Tres páginas interiores de Los tebeos de nuestra infancia; haz clic para ampliar


¿Cual ha sido el enfoque, tratamiento y estructura que has querido dar a este segundo libro sobre Bruguera, y qué novedades has incorporado respecto a Cuando los cómics se llamaban tebeos? Por ejemplo, en aquel libro buena parte del mismo se dedicaba a repasar individualmente autores y series de Bruguera, algunas de las cuales seguramente volverán a aparecer en este segundo volumen…

La estructura es muy parecida, pero no idéntica. En este segundo libro la primera parte, la revisión histórica y de contenidos, digamos, está dividida por decenios, para intentar ser lo más clarificador posible. A diferencia del primer tomo, las referencias históricas no están aparte, sino incluidas en el texto central. Luego, como en el primero, me dedico a comentar las series que a mi juicio fueron más importantes por sus aportaciones, calidad o sencillamente por su popularidad, en aquel periodo y, finalmente, hay una revisión biográfica de los autores que creo mejor definieron aquella segunda etapa de la editorial con sus personajes.

Y, sí, se repiten series. Y se repiten, en algún caso, porque en el primer tomo hice trampa e introduje alguna que en realidad pertenece al segundo periodo (como Sir Tim O’Theo) y, por otro lado, porque hay series que también inciden claramente en este segundo periodo, por su popularidad y presencia en las revistas de Bruguera.

En el Cuando los cómics se llamaban tebeos insistes en varias ocasiones que la producción de Bruguera a partir del año 64 es “otra historia”. ¿Cuales son las diferencias más importantes entre ambas épocas de Bruguera?

Por un lado, la ya comentada legislación constriñe mucho el contenido de las historietas, ya que ejerce una presión a editorial y autores que no tenían antes, en el sentido de que entre 1947 y 1963, más o menos, la Dirección General de Prensa, o la Censura, era el único filtro oficial y, por lo que fuera, algunas tonterías no pasaron pero ciertos aspectos críticos de aquella sociedad de la posguerra fueron publicados. Aparte de esta especie de autocensura establecida por la legislación, recordemos que algunos de los pilares de la primera etapa fallecen tempranamente (como Cifré y Jorge) y otros desaparecen hacia la mitad de la década de los setenta (como Conti y Peñarroya), lo que implica la presencia de varias nuevas generaciones de autores que tienen otra forma de ver la vida o de entender su trabajo, sin que ello implique diferencias de calidad gráfica evidentes, pero sí en los guiones, que de alguna manera se “infantilizan”, posiblemente debido a lo que comentaba antes de la restrictiva legislación.

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Este segundo volumen incluye como complemento un DVD. ¿Qué contendrá este disco exactamente?

El DVD contiene imágenes, páginas, chistes, secciones, portadas, pertenecientes a la etapa de la que hablo en el libro. En realidad, el DVD ofrece una parte de la copiosa documentación gráfica que he recogido, y que de alguna manera no podía ser publicada en el tomo por falta de espacio.

En el primer volumen te centraste en la historieta de humor de Bruguera, dejando aparte los cuadernillos de aventuras, con El Capitán Trueno a la cabeza. ¿Tienen un hueco en este segundo volumen?

Realmente, las aportaciones de Bruguera a la historieta realista de género son importantes y copiosas, ya que por un lado están las series publicadas en las revistas de humor, por otra, las series de las revistas de géneros y, finalmente, los cuadernillos apaisados. En este segundo tomo hablo algo de ellas, pero realmente poco; están ahí básicamente porque los tebeos de humor publicaron mucho material realista, pero en principio éste no es el libro para un tema realmente amplio y complejo.

El periodo que abarca este segundo libro sobre Bruguera coincide con el periodo de tu infancia y juventud, con lo que básicamente estás narrando la intrahistorieta de los tebeos que tú mismo leías de pequeño, lo que supongo que habrás conllevado una mayor implicación sentimental. Además de dar pie a descubrir muchas anécdotas y curiosidades de tebeos, que posiblemente influyeron en tu formación sentimental…

Sí, eso era algo inevitable. En efecto, esos fueron los tebeos que me formaron sentimentalmente, sobre todo los que van de 1967 a 1974, y seguramente esa sensación se transmite en el libro, entre otras cosas porque me dejo llevar por tebeos o series que me impactaron más que otras, pero eso procuro dejarlo claro en el texto.

Visto desde fuera, parece especialmente apropiado que sea precisamente Ediciones El Jueves quien publique estos dos libros, puesto que es la editorial que se puede considerar “heredera natural” de la Escuela Bruguera, tanto por algunas características de las historietas del semanario como por su importancia en la producción propia nacional en nuestros días. ¿Qué similitudes crees que se pueden establecer entre El Jueves y las revistas de humor de Bruguera?

De entrada, la estructura de una revista basada en series de personajes fijos, aunque El Jueves, como semanario de humor, introduzca secciones de chistes y de textos referidos a la actualidad más inmediata. Luego, el hecho de que la mayoría de estos personajes sean también un reflejo de la sociedad del momento. Y, finalmente, el tono crítico en el que están basadas sus historias.

¿En qué autores del semanario crees que es más apreciable la “huella” de Bruguera?

En general, la influencia de Bruguera es apreciable en muchos de los colaboradores de El Jueves a lo largo de estos treinta años pero, claro, en unos más que en otros. De entrada, hay que recordar que El Jueves es una revista para adultos, mientras que la mayoría de los semanarios de Bruguera iban dirigidos, teóricamente, a un lector infantil o juvenil. Dejando de lado ese “detalle”, creo que quien más se acerca a la filosofía de la primera Escuela Bruguera son autores como Bernardo Vergara, Albert Monteys, Manel Fontdevila, Carlos Azagra, Kim y Jordi Bernet de entrada, pero también, y mucho Jose Luis Martín, Óscar o Mauro. Recordemos que los tebeos de Bruguera no publicaban sólo páginas de cómic; había chistes gráficos, chistes literarios y secciones de chistes temáticas, y algo de todo ello hay también en los autores citados.

Pasando ya a tus otros trabajos, para este diciembre está anunciado el tercer volumen (de un total de doce) de Del tebeo al manga: Una historia de los cómics, donde coordinas el conjunto de la obra y te encargas de escribir el texto principal que estructura y representa el cuerpo principal de cada libro, con diferentes colaboradores aportando piezas breves que lo complementan. ¿Cual está siendo la recepción de la colección hasta la fecha y cómo está resultando la experiencia?

De entrada, el tercer volumen aparecerá a finales de enero, ya que me he retrasado en la entrega. Hombre, la recepción está siendo bastante buena, la verdad. La profesión parece más o menos interesada en ella, y las ventas sin ser espectaculares van funcionando poco a poco. Por mi parte, la experiencia está resultando muy positiva, ya que, entre otras cosas, estoy aprendiendo muchísimo de la historia de la historieta, aparte de que estoy disfrutando como un enano con cada tomo. Lleva un trabajo realmente espectacular, pero los colaboradores están cumpliendo muy bien, y además trabajo muy tranquilo porque Alejandro Martínez Viturtia está siempre a mi lado, ayudando en todo el proceso.

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Panini Cómics ha anunciado recientemente que en 2008 publicará un cómic sobre el 11-M, cuyo guión estás escribiendo con colaboración con Pepe Gálvez. Un trabajo que ha sido una sorpresa, porque creo que llevabas bastantes años sin escribir guiones de cómic, salvo alguna pequeña historieta puntual. Cuéntanos un poco como surgió este encargo, como lo afrontáis y el enfoque qué queréis darle, porque es sin duda un tema muy delicado.

El encargo sale de Panini Comics, directamente, y a mí me parece que es un libro que hay que hacer. Complejo y delicado, por supuesto, pero creo que podemos dejar impreso algo que sea útil, que sea al menos un reflejo de algo terrible que lamentablemente forma parte de nuestra historia. El enfoque, de entrada, es partir de la sentencia para narrar los hechos ya probados, vamos, sin inventarnos nada, ser a este nivel lo más objetivos posible, pero no adaptando al cómic la sentencia, sino aportando un enfoque más dramatizado, más narrativo. Por otro lado, lo que nos preocupa sobre todo es honrar la memoria de las víctimas del atentado y de sus familias.

Aparte de lo ya mencionado, ¿en qué otras actividades y publicaciones sobre cómic hasta estado involucrado últimamente y qué tienes en perspectiva a corto plazo?

Pues sigo impartiendo cursillos sobre cómics para bibliotecarios y para maestros, que es una experiencia muy gratificante, porque te das cuenta de que a poco que saben de cómics, se aperciben de la importancia que podría tener el medio en su trabajo. De hecho, hace poco, y a instancias de un Centre de Recursos Pedagógics de Barcelona, confeccioné una bibliografía para una maleta de cómics que consiste, en efecto, en una maleta (dos en este caso, o no cabían), que va circulando por diversas escuelas para trabajar a varios niveles con esos cómics. También doy charlas por bibliotecas, tanto para adultos como a jóvenes, de temas varios, siempre sobre cómics, y coordino un club de lectura de cómics en la Biblioteca Tecla Sala de L’Hospitalet, otra buena experiencia, ya que te permite conocen puntos de vista sobre los cómics de lectores no habituales. En cuanto a publicaciones, estos últimos meses he ido publicando por entregas en la revista Dolmen una muestra actualizada del libro que me autoedité en 1998 Terminología (en broma pero muy en serio) de los cómics que, espero, volverá a aparecer en formar de libro en 2008. También está prevista para 2008 la reedición de alguna de las series que realicé con Jesús Redondo allá por 1990. Y, por supuesto, concentrado estoy en la historia de los cómics para Panini.

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Los tebeos de nuestra infancia: La Escuela Bruguera (1964-1986) se puede encontrar en librerías especializadas en cómic, en la FNAC, en librerías generalistas y en la tienda on-line de El Jueves. Es un libro de 360 páginas a color, editado en tapa dura a gran tamaño (24×32 cm) y con un DVD con extras, y que se pone a la venta con un precio de 38,00 €.

Entrevista realizada por Jose A. Serrano (Guía del cómic)

Nota de la redacción

Probablemente habréis notado que a lo largo de la última semana la cantidad de noticias relacionadas con el cómic español ha aumentado en Entrecómics. Ello se debe a la incorporación al equipo del blog de José Antonio Serrano, autor de la imprescindible Guía del Cómic. Nos complace pues darle la bienvenida aprovechando esta interesantísima entrevista que ha realizado a Toni Guiral, y estamos seguros de que su participación redundará muy positivamente en la web y que gracias a su trabajo podremos ofreceros mejores y más variados contenidos.

4 comentarios

  1. En fin, que puedo decir si no un enorme :-0 ante la noticia que acabas de anunciar, Tío Berni. Habéis hecho un fichaje de campanillas, ya que José A. Serrano, hoy por hoy, lo podemos considerar uno de los grandes profesionales todoterreno del noveno arte aquí en nuestro país desde su magnífica Guía del Cómic.
    Ya con esto sólo me resta quitarme el sombrero ante un blog como el vuestro que aumenta en calidad día a día.
    Nos seguimos leyendo.

  2. Bueno solo felicitaros por el blog y decir que para mí Toni Guiral es un maestro y sus libros publicados (que por cierto tengo todos) son un autentico tesoro para mí.

  3. Pingback: Sobre la colección « Clásicos del humor

  4. W Polsce nie ma obowi¹zku prawnego wymuszaj¹cego na producentach certyfikacjê wyposa¿enia placów zabaw na adekwatnoœæ spoœród normami. Jedynie szko³y a placówki podlegaj¹ce Ministerstwu Edukacji natomiast Nauki maj¹ zadanie kupowaæ produkty posiadaj¹ce certyfikat.