Reseñas — 13 julio, 2016 at 8:00 am

VIP (Felipe Almendros)

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VIP (Felipe Almendros). Reservoir Books, 2016. Rústica. 21,3 x 29,6 cm. 456 págs. Color. 29€

«Para hacerlo peor necesitas esforzarte más» es una frase que aparece en un momento dado en VIP, la nueva obra de Felipe Almendros, que encierra una verdad profunda de su obra y de su actitud hacia el arte. Almendros, autor de Save Our Souls (Apa-Apa, 2009) y RIP (RH/Mondadori, 2011), con las que fue pionero del cómic de vanguardia español, también es pintor, y en esa faceta maneja un registro realista y academicista. Sin embargo, su trabajo en el cómic profundiza en la búsqueda de un lenguaje gráfico mínimo y simbólico, mal dibujado, para llegar a través del dibujo a verdades que no pueden verbalizarse. Y esa búsqueda no es nada sencilla, porque se encontrará con muchas dificultades en el camino, la menor de las cuales no es la incomprensión del aficionado y el crítico. Hoy puede parecer —al menos lo espero— que los grafismos que se apartan del realismo idealista o de la caricatura cartoonestán normalizados y se aceptan como una posibilidad más del medio, pero, desde luego, el panorama en España no estaba preparado para Save Our Souls cuando Almendros se decidió a autopublicárselo.

Pero es evidente que algo ha sucedido para que Almendros haya pasado de la autoedición a ser publicado por un gran grupo editorial como Random House —VIP aparece bajo el sello Reservoir Books—, y que esto haya sucedido sin que el autor renuncie a nada. Lo que hace Almendros podría insertarse dentro de la corriente de cómic autobiográfico o de memoria, pero al mismo tiempo es muy diferente a la mayoría de las grandes obras de la misma: él huye de la densidad literaria y de la verdad de los hechos, del testimonio como valor en sí mismo, para generar obras que nos parecen irreales, por el código gráfico que está empleando, lo cual le permite todo tipo de variaciones y desviaciones en su camino. Rubén Lardín ha dicho que Almendros entiende el género autobiográfico como «fantasía cósmica», y a Lardín siempre hay que hacerle caso. Hay una pureza en su trabajo muy directa, que nos hace llegar la emoción y la sensación como sólo el dibujo desnudo y crudo puede transmitirlas. Y, al mismo tiempo, siempre hay humor y desafío al lector. En cierta forma, su intento por explicar(se) procesos mentales complejos y entenderse a sí mismo es paralelo al que lleva años realizando Esteban Hernández, otro autor nada complaciente que no renuncia a sus exigentes objetivos. Sin embargo, las obras de ambos autores no podían ser más diferentes, lo cual demuestra más que cualquier otra cosa la riqueza del cómic español contemporáneo, en mi opinión.

Entrando a analizar VIP, uno se encuentra una obra desconcertante, por diferente. La presentación en un tomo de materiales y diseño groseros, cuya portada imita una revista de tendencias, nos predispone a encontrarnos algo kitsch, y así lo confirma parte de su estética, o el hecho de que el libro incluya una gafas de tres dimensiones para visualizar algunas secuencias. Es una decisión meditada que nos aleja del dibujo mínimo de Save Our Souls o RIP para entrar en un grandilocuente color pintado, brillante, que inunda todas las páginas donde antes había grandes espacios en blanco.

En ese mundo de color irreal y casposamente glamouroso, El protagonista de la historia, un trasunto del propio Felipe, arranca la acción abandonando la casa familiar para irse a vivir al centro de Barcelona, gracias a un trabajo no muy bueno como cartero. Como no puede permitirse gran cosa, acaba alquilando un camerino de un decadente club de alterne que sólo tiene un cliente. Felipe intenta a partir de entonces trabajar en su nuevo cómic, pero las circunstancias vitales no le son muy favorables y entra en cierta crisis creativa. A partir de ahí, se desarrolla un juego de espejos, donde la casualidad y el azar irá guiando una historia intuitiva, donde los símbolos se mezclan con la realidad en el mismo nivel de iconicidad, y, por tanto, de forma indistinguible. Esa intención de representar sensaciones y estados de ánimo a través de lo gráfico lleva a Almendros a eliminar las palabras, de forma que los únicos textos que vemos son diegéticos, a excepción de unos diálogos que se incluyen en una secuencia que nos permite un vistazo al futuro de los protagonistas. Uno de los méritos mayores de Almendros es conseguir que una obra muda se lea sin dificultad, sin que la falta de diálogos nos impida saber tanto de lo que está pasando y de cómo se sienten los personajes como si estuviera llena de textos. En cierta medida suple la ausencia de la palabra con las expresiones faciales de los personajes, pero hay mucho más: una sofisticación del lenguaje gráfico que consigue, realmente, que nos olvidemos de que no hay texto.

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Hay dos grandes temas en VIP —o, al menos, en mi lectura de VIP—, y ambos están ligados: la búsqueda de la identidad artística, que es en el fondo una identidad personal, y la influencia del artista y su obra en los demás. En las páginas de este libro, en un pirueta metaliteraria, la anterior obra de Almendros, RIP, salva la vida de un joven dibujante entusiasta de los superhéroes, que utiliza un ejemplar del libro para acabar con una araña que está a punto de picarle: tal vez una metáfora, no exenta de humor, de la capacidad sanadora del arte, y de la influencia que un artista puede tener en la vida de la gente a la que llega su obra. El joven dibujante inicia entonces una búsqueda obsesiva de Almendros, dificultada por el hecho de que RIP está firmado con el nombre de su padre. Paralelamente, en su trabajo de cartero —es decir: alejado de su faceta de artista—, el protagonista conoce a una chica con gafas de tres dimensiones de la que se enamora, pero que desaparece para siempre, de modo que sólo existirá en su cabeza, como símbolo y musa. Pero también conocerá a un niño sordo, que quedará profundamente impactado por Almendros y alterado por la visión de su camiseta de Joy Division.

A partir de ahí, las historias de los tres personajes se van cruzando y todo se desata. La locura se adueña del relato y cualquier cosa puede suceder, sin que sepamos nunca si estamos viendo uno de muchos mundos posibles, un sueño o historia imaginada, o simplemente una farsa. Almendros, que pierde el contacto con la realidad, decide convertirse en una estrella del pop, con la ayuda del dibujante de superhéroes, al que toma como discípulo / esclavo, y de la chica de las gafas 3D imaginaria. Inspirado en David Bowie, asume una estética glam y andrógina, y se pinta una polla en la frente. El enorme chiste se subraya con la inclusión de un CD en el volumen con el primer álbum de Philip Almonds, el nombre artístico anglófilo de Felipe Almendros; se trata de una colección de canciones de letra absurda, tomada de los chistes malos que el cómico que actúa en el club de alterne lleva en su chaqueta. Todo es una charada, y sin embargo funciona: por motivos que no viene al caso desvelar, y gracias a un viaje psicodélico para el que debemos utilizar las gafas incluidas en el libro, podemos ver el futuro de Philip Almonds, millonario, exitoso y solitario. El dibujante de superhéroes todavía sigue intentando simplificar su estilo, dibujar lo suficientemente mal para que su ídolo apruebe su proyecto.

El libro, plagado de soluciones gráficas alucinadas y alucinantes, que permite atisbos a viajes astrales y otros mundos, guarda momentos íntimos para amigos y familiares de Almendros, y funciona como un viaje de autoconocimiento que sólo es críptico cuando debe serlo: justo en el momento en el que nos niega la conclusión cerrada y nos permite elucubrar con lo que está pasando cuando, advertido desde el futuro, Almendros abandona a Philip Almonds y vuelve a pintar cuadros. La poderosa imaginería de VIP encierra secretos, algunos en la superficie, listos para ser atrapados por el lector, pero muchos otros están, en realidad, en el interior de cada uno de nosotros. Como una herramienta de autodescubrimiento que se ríe de los gurús y de la falsa autoayuda, VIP nos hace preguntas y, al mismo tiempo, ofrece un mundo lleno de signos de significados ambiguos. Hay pocas lecturas en el mercado actual más sugerentes y desafiantes que este libro distinto a todos los demás, divertido, extravagante y gloriosamente excesivo.

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