Reseñas — 12 enero, 2016 at 9:00 am

Brass Sun: La rueda de los mundos (Ian Edginton e I.N.J. Culbard)

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Brass Sun: La rueda de los mundos (Ian Edginton e I.N.J. Culbard) ECC, 2015. Cartoné, 208 págs. Color, 20,50€

Sin duda alguna uno de los paradigmas favoritos de la ciencia ficción son los viajes en el tiempo, la idea de trasladarse entre diferentes periodos de la historia vistos desde una perspectiva contemporánea. Los viajes entre mundos son una especie de sucedáneo del primero, ya que las “nuevas civilizaciones” son de alguna forma una representación de culturas pasadas y futuras que tienen como reflejo las de nuestra historia. Evidentemente también sirven para mostrar defectos, hacer crítica de la condición humana divagando en ocasiones sobre lo humano y lo divino. Esa es evidentemente una de las grandes bazas de la ciencia ficción y sus periferias narrativas.

Esa es la idea central que hace girar el espacio narrativo de Brass Sun: La rueda de los mundos, que parte de una concepción de construcción de universo preclara y sólida que, sobre todo, nos deja ver el paisaje que se establece con las relaciones entre personajes y de estos con los diferentes mundos que van visitando. En ocasiones el afán de los autores de ciencia ficción por describir los nuevos mundos, y su estructura social, sobrepasa de lejos las necesidades del relato no dejando que este avance ni dejando interactuar a los personajes. En ese sentido Brass Sun es un poco tosca al principio, solo lo justo para marcar las pautas bajo las cuales el relato se va a desarrollar; a medida que avanza el relato Edginton opta por la fórmula más sencilla dejarnos llevar de la mano de los protagonistas y descubrir los mundos que visitan con ellos.

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La estructura narrativa está íntimamente relacionada con la estructura de mundo. El universo es el de una maqueta mecánica de sistema solar en el que todos los planetas están encajados por los engranajes y los soportes que los articulan. Wren, la protagonista, debe ir de mundo en mundo para descifrar el origen de este mundo. Ella parte de un mundo en el que hay un repunte de conservadurismo en el aspecto religioso en el que se dedican a quemar “herejes”, término que encubre aquellos que cuestionan el sistema de valores dominante. Se trata de un mundo en el cual el conocimiento está secuestrado de manera intelectual, no sale del redil de los jerarcas. El segundo planeta que Wren visita está envuelto en guerras de poder entre hermanos que conspiran los unos contra los otros y que no se preocupan por el pueblo que gobiernan, en este caso el conocimiento está recluido en una gran biblioteca, protegida para que la sabiduría no salga de allí. El tercero es un mundo sin mucha estructura, presidido por lo fantástico. A través de este recorrido Wren se encuentra a Dios, un ser caprichoso que hace las cosas sin mucho sentido común y sin mucho orden: dejando que los mundos evolucionen a su libre albedrío.

Brass Sun: La rueda de los mundos juega con los parámetros básicos de la ciencia ficción contemporánea desarrollando mundos ricos en el aspecto visual y con una estructura muy sólida en el aspecto narrativo. Es un tebeo que busca, principalmente, entretener, pero por ello no deja de lado una de las funciones básicas de la ciencia ficción, hablar de nosotros a través de un relato fantástico y que cuestiona los sistemas de poder. Aparte del atasco inicial, uno de los aspectos más complejos de presentar el funcionamiento de un nuevo mundo es poner sobre la mesa las reglas bajos las cuales este opera, el resto de la obra funciona como un reloj: medida y con un tempo muy concreto.

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