Reseñas — 3 septiembre, 2015 at 8:00 am

Ms. Marvel: Fuera de lo normal (G. Willow Wilson, Adrian Alphona y Jacob Wyatt)

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Ms. Marvel: Fuera de lo normal (G Willow Wilson, Adrian Alphona y Jacob Wyatt). Panini, 2015. Rústica con solapas. 168 págs. Color. 15 €

Desde hace unos pocos años, los editores de Marvel han hecho evidentes esfuerzos por ampliar su público, especialmente desde que el éxito de las películas de Marvel Studios ha dado a conocer los personajes entre personas que jamás habían comprado un tebeo. Mientras Iron Man o Spider-Man se convertían en iconos multimedia y vendían millones de dólares en merchandising, las ventas de sus cómics ni se inmutaban, y ahí seguían, vendiendo lo de siempre, o cada vez un poco menos, a los mismos de siempre, el nicho hiperespecializado cuyo hábitat, la librería especializada, durará lo que dure ese público. Y luego, ¿qué? ¿Tiene salida la huida hacia delante que desde los años ochenta lleva protagonizando la industria? Tal vez sí, aunque seguramente no; lo que está claro es que, si nada se cambia, la sangre nueva no va acudir como por arte de magia. El problema de la gran industria del comic book ya ni siquiera es que se rija exclusivamente por la lógica capitalista; es que encima la aplica mal. No ha sabido adaptarse, ni reaccionar ante la pérdida de lectores. Ha seguido ofreciendo productos derivados de las fórmulas de siempre, con intrincados cross-overs que sólo alguien metido por completo en la lógica ficcional de estos universos puede disfrutar.

Sin embargo, Marvel parece haber intuido lo obvio: diversificando los enfoques de sus series se puede llegar a público que hasta ahora no estaba interesado en sus cómics. Ya no es posible una revolución, ni una vuelta a la época dorada del comic-book. Tal vez habría sido posible en aquellos ochenta, si entonces alguien lo hubiera intentando más allá de cómics franquiciados de la WWF o de Transformers. Pero tal vez estos coletazos tengan la llave de la supervivencia a medio plazo. Por eso, ahí tenemos series dirigidas a adultos que nunca han leído superhéroes —Hawkeye—, series dirigidas a antiguos fans que quieren un poco de lo de siempre pero sin complicarse la vida —Silver Surfer— y series para los lectores de Image —Moon Knight—. Por supuesto, el público juvenil, ese que dejó de comprar tebeos hace dos décadas, es uno de los objetivos obvios. El problema siempre ha sido que para hablarles a los adolescentes del siglo XXI no puedes contar con guionistas que pasan de los cincuenta y que están más preocupados por a) mantener la esencia del universo Marvel que conocieron cuando ellos eran niños, o b) darles a los fans más y más fan service, gozoso, pero endogámico. Y no se trata aquí de calidad, sino, simplemente, de ser nuevos.

Young Avengers fue una excelente serie para adolescentes de hoy, donde la comunicación a través de redes sociales, la diversidad de opciones sexuales y la verdadera cultura adolescente parecían reales, frente a las forzadas referencias de los guionistas veteranos, que, como es lógico, no llegan a entender las implicaciones emocionales de todo ello. Y de alguna forma creo que Ms. Marvel recupera ese camino e incluso perfecciona la fórmula. La guionista G. Willow Wilson, en su primer trabajo de peso para Marvel, consigue un personaje totalmente humano: una chica de dieciséis años que vive en Jersey con su familia, procedente de Pakistán. Kamala es una apuesta atrevida porque pocas veces el rol de protagonista lo había ocupado un personaje musulmán, y uno además tan alejado de los estereotipos del pasado —dos palabras: Caballero Árabe—. El dibujante Adrian Alphona no es, en mi opinión, ningún fuera de serie, pero acierta con el tono y tiene personalidad, que es algo que a estas alturas valoro más que la pericia técnica. Incluso cuando falla le encuentro algo atractivo. Y el toque caricaturesco es muy adecuado para personajes adolescentes y para los poderes de Kamala en especial, que consisten en la deformación de su cuerpo.

Se ha dicho de Ms. Marvel que es el Spider-Man de esta generación. Personalmente suelo poner en cuarentena este tipo de afirmaciones, pero después de leer el primer arco de la serie, el que acaba de publicar Panini, creo que hay algo de cierto y algo de falso en ella. No creo que pueda haber ya «un Spider-Man de esta generación», la verdad; no habrá un personaje de cómic que suponga ya lo que supuso Spider-Man a todos los niveles, que marque una época y genere todo un modelo mil veces imitado. Ms. Marvel no marcará el género como lo hizo Peter Parker, eso me parece evidente.

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Ahora bien, entiendo la frase en la medida en la que se ofrece una heroína con la que los chavales y las chavalas de 2015 pueden identificarse de verdad, como en 1963 pudieron los jóvenes varones blancos que leían tebeos encontraron en el marginado Parker un consuelo a su propia marginación. Por supuesto, el outsider del siglo XXI no puede ser un WASP, sino alguien que represente las tensiones de la multiculturalidad como hace Kamala. Más allá de eso, mientras que Parker fue durante los primeros quince o veinte números de The Amazing Spider-Man un auténtico paria acosado por los matones de su instituto, Kamala no es ni mucho menos una marginada social. No pertenece al grupo de las populares, pero tiene dos buenos amigos, una vida social activa —importante: más dentro de internet que fuera, pero es que así es la sociedad de hoy—, una familia que tiene sus cosas, pero que entra dentro de lo normal. Es tan feliz como puede ser una adolescente, y se percibe como muy real, con un importante trabajo por parte de Willow Wilson en los diálogos.

El tono tampoco puede ser el mismo que el de una serie de 1962, por supuesto. Spider-Man protagonizaba una tragicomedia con tintes grotescos, en ocasiones, un cuento donde el concepto de culpa era central y en el que el melodrama era el camino más rápido para tocar la fibra sensible del lector. Pero en Ms. Marvel todo es más despreocupado y menos angustioso, hay más luz, más alegría. Kamala tiene conflictos internos pero no se tortura por ello más allá de la cuenta, sino que, en realidad, disfruta de sus poderes y de la posibilidad de ser una heroína, porque, como es lógico, en el mundo Marvel actual lo de marginados y oprimidos no puede funcionar de la misma forma que en los sesenta: hoy pienso que es bastante evidente que si las personas con poderes existieran realmente serían celebridades. De hecho, la propia Kamala es fan absoluta de los Vengadores y de la Capitana Marvel, y hasta escribe populares fanfics sobre el grupo.

Dicho todo esto, también tengo que decir qe Ms. Marvel no me ha parecido un tebeo especialmente bueno o destacable, artísticamente hablando, aunque sea muy significativo por lo que dice de la industria y del público actual. Está funcionando como intento por atraer ese público nuevo —en uno de los correos de la edición original se publica una carta de una niña musulmana de diez años—, y es una lectura divertida y fresca, de eso no hay duda. Y seguro que su público adolescente la lee con más pasión que yo, como es lógico y normal. Me quedo con la química entre Kamala y Lobezno, pero también expreso una preocupación: la revelación del final de este primer arco parece que va a vincular a la nueva Ms. Marvel con el resto del universo Marvel de una forma más estrecha, lo cual no sé si es buena idea de cara a ese público nuevo que se acaba de acercar a la serie.

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