Opinion — 5 mayo, 2015 at 8:00 am

El pan nuestro

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‘Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos’. Citar a Dickens no es original, lo reconozco, pero me viene al pelo. ¿Qué pasa con los tebeos? ¿Qué hacemos con los tebeos? ¿Cómo arreglamos esto? Evidentemente, no voy a responder de manera taxativa ninguna de estas respuestas. Puede que ni me acerque. Pero mirad, soy dibujante de tebeos en la España de ahora mismo, y sucede que hay veces que todo esto me quita el sueño. Bueno, es un decir, pero que tardo un rato en soltar la pierna, mentira no es. Mira, seamos ordenados y vayamos por partes.

1. Esta España mía, esta España nuestra.
La crisis en las tierras infinitas de los tebeos de la DC se quedó en un chiste comparado con la tormenta desatada sobre nuestras cabezas de los últimos nisesabeya. No voy a revelar absolutamente nada a nadie, pero si ya es complicado ser fontanero o ingeniero en 2015, imagínate dibujante de tebeos. Un mercado loquísimo sin tejido industrial real, saturado por centenares de novedades mensuales que dejan a los libreros exhaustos y a los lectores con los bolsillos del revés. Un panorama desastroso en un país en el que cada vez se lee menos, y nosotros, erre que erre, dibujando tebeos sin descanso. Mea culpa.

2. ¿Se puede vivir de los tebYA ESTÁ BIEN DE PREGUNTAR LO MISMO, PERIODISTAS.
Eppur si muove, amigos. Milagrosamente, cada vez más dibujantes conectan con su público y agotan tiradas. Dibujantes que viven de las rentas de sus tebeos, y consiguen llenar la nevera y pagar el alquiler. Pero, ¿cuántos son suficientes? ¿Cuántos necesitamos para que la rueda gire a una velocidad razonable? ¿Y qué pasa con el resto? Ahí es donde quería llegar.

3. Nosotros.
Tras la cabeza del pelotón, un buen número de gregarios hacemos tebeos sin que estos nos reporten mucho beneficio. Condenados a dibujar porque la sangre que palpita en nuestas manos nos grita si no cogemos el maldito lápiz, soltamos nuestros tebeos en una arena cada vez más llena de cadáveres. Es imposible cuantificar nada: ni las horas, ni el esfuerzo, ni la retribución económica. ¿Cuántos nos quedamos por el camino? El mundo del cómic es una trituradora de almas. Espalda destrozada, ojos cansados, articulaciones hechas cisco, soledad asfixiante. Un mal paso y se te quitan las ganas de bailar. ¿Cuánto estamos dispuestos a aguantar? Muchos tiran la toalla y no vuelven a subir al ring. Los más fajadores agachan la cabeza y encajan los golpes como pueden, cada vez más cansados. Y aquí tenemos un problema. Creo firmemente que la edad es un grado para los tebeístas. Más años, más experiencia, más control, más madurez. Cuando salió mi primer tebeo, tenía 34 años recién cumplidos. Os aseguro que no pude enfrentarme a él antes. Y bien contento que estoy.

4. Pero… ¿a dónde demonios quiero llegar?
Bueno, bien-bien no lo sé, tal vez es una llamada a la esperanza. ‘Era el mejor de los tiempos…’, en fin, creo que andamos cerca. Cada vez hacemos mejores tebeos, cada vez nos acercamos más a un público del que o desconectamos, o sencillamente nunca conocimos. Tenemos que aguantar. Hasta cierto punto, tenemos que sacrificarnos. Seguir dibujando para que esto no se caiga. Apuntalar los palos del tinglado. Esto es muy duro, pero no creo que nos obligaran. Todos los que nos metimos en este negocio, los dibujantes, los guionistas, los editores, los libreros, los críticos, lo hicimos por amor a un arte incomprendido, marginal y esquinado. Un arte que hemos hecho crecer con nuestro maldito esfuerzo y que reclama su sitio en un mundo que siempre lo ha mirado raro.

5. ¿Tú no tendrías que estar dibujando?
Sí, pero dejadme que acabe. Y ojo, que ahora demando un imposible. Tenemos que estar unidos. Dejar de lado diferencias idiotas y echar el resto. La cosa está malísima, pero de esta solo nos salvamos nosotros. Necesitamos asociaciones fuertes que no sean plataformas de ambición personal. Necesitamos la redacción urgente de un libro blanco que delimite acciones concretas. Necesitamos un plan gubernamental de fomento de lectura de cómics. Parafraseando a Bill Hicks, ‘solo esparzo semillas’.

A ver si agarran.

Os quiero a todos.

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4 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo con tus palabras Pablo. Sobretodo con: ” Condenados a dibujar porque la sangre que palpita en nuestas manos nos grita si no cogemos el maldito lápiz”. Es algo que llevamos dentro, no es una moda. Y nos queda mucho por caminar si queremos (¿queremos?) en España una cultura/negocio de cómic como el de EEUU o Francia. Pero por pedir, con que nos respetaran y no nos ningunearan ya estaría bien. Eso si, moriremos con las botas puestas!

  2. Y yo juego al fútbol en un equipo de regional y quiero vivir de ello.
    También toco en un grupillo de música con los colegas y me gustaría vivir de ello y no pataleo.
    Son artes que se afrontan como hobbies y solo unos pocos pueden dedicarse a ello.

    Los demás, seguiremos haciéndolo por placer, no buscando lucro.

  3. bueno, allá cada uno, no? has leído el artículo?

  4. Hola, Pablo:
    creo que tú te respondes con tus propias palabras al decir que “milagrosamente, cada vez más dibujantes conectan con su público y agotan tiradas. Dibujantes que viven de las rentas de sus tebeos, y consiguen llenar la nevera y pagar el alquiler.” Ocurre que, simplemente, parece que tú no eres uno de ellos pero quisieras serlo y además crees que mereces serlo. Supongo que para empezar tendrías que encontrar tu nicho de mercado, ofrecer esa obra que le interese o haga gracia a un determinado publico y que éste empiece a seguirte, etc… Por ejemplo, Laura Pacheco comenzó en 2012 con su tumblr Let’s Pacheco cuando se quedó parada (es restauradora de arte), y día a día, tira a tira, e ilustración a ilustración, consiguió a un público, un interés por parte de una editorial que le publicó su primer libro, el interés de un suplemento dominical de tirada nacional, y ahí está… Algunos dirán que son historietas livianas, sin compromiso social, blablabla… pero se gana la vida con ello, oye.
    En cuanto a “un plan gubernamental de fomento de lectura de cómics”, yo nací en el 71, y el único “plan de fomento” que teníamos los niños en aquella década era: muchas horas de aburrimiento por delante y un tebeo para sobrellevarlas. Pero ahora eso del aburrimiento no existe entre niños que disponen de canales de TV de dibujos animados a todas horas, videojuegos en tablets o teléfonos, redes sociales, películas en DVD, internet… Y lo sé de primera mano por familia cercana: comparado con todo esas distracciones audiovisuales un tebeo es lo más aburrido del mundo para un crío de hoy en día, y luego dile tú a unos padres que le quiten todas esas pendejadas electrónicas a sus críos para que lean, cuando son ellos mismos los que están enganchados (excepto a los canales de dibujos animados, claro). Es triste pero es verdad. El aburrimiento es el principal agente del fomento de la lectura, no las campañas oficiales o las empresas que montan actuaciones musicales o teatrales, que existen para que los que las organizan se ganen la vida con ello honradamente, pero creo que sin el éxito que pretenden.