Opinion — 28 enero, 2015 at 9:00 am

FIRMADO MR. J (XXXV) Superman reconstruido

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portada superman el último hijo de la tierra

Desde su fallecimiento, el prestigio y el interés por la obra del guionista Steve Gerber (San Luis, 1947-Las Vegas, 2008) no ha dejado de crecer. En 2010, fue incluido a título póstumo en el Will Eisner Comic Book Hall of Fame y las reediciones de sus títulos más emblemáticos han aumentado notablemente en este tiempo, lo que ha permitido que nuevas generaciones de lectores se acerquen a un autor idiosincrático y fascinante como pocos.

            También en España, aunque con algo más de retraso, ha aumentado de manera exponencial la presencia de Gerber en librerías. Si recientemente hemos podido disfrutar de dos conocidas series escritas en la década de los setenta, Los Guardianes de la Galaxia y Los Defensores, y se oyen campanas sobre la posible traducción (al fin) de sus magistrales Man-Thing y Howard the Duck, llega ahora Superman: El último hijo de la Tierra, uno de sus últimos trabajos. El volumen publicado por ECC recoge los dos tomos prestigio de Superman: Last Son of Earth (2000) y su posterior continuación, Superman: Last Stand on Krypton (2003), todo ello dibujado por Doug Wheatley. Se trata de un precioso Elseworlds (otros mundos) que invierte la premisa original del personaje: en lugar de nacer en Krypton y ser enviado a la Tierra, este Kal-El es hijo de un científico terrestre que, ante la inminente llegada de un asteroide, pone al bebé en órbita alrededor de la Tierra. Desde allí, por extrañas circunstancias, acaba llegando al planeta Krypton, y, si nuestro sol transformaba al alienígena en un semidiós, las condiciones gravitatorias extraterrestres, lo convierten en tullido.

            El argumento responde a la idea, ampliamente expresada por Gerber en entrevistas y escritos a lo largo de toda su carrera, de que la verdadera esencia de Superman reside en su humanidad, en su fe inquebrantable en la justicia, y no en los dones que posee como superhéroe. No por casualidad, en la otra gran miniserie del personaje escrita por él, Phantom Zone, lo priva también de sus poderes, enviándolo a la dimensión carcelaria citada en el título. Pero que nadie se equivoque, El último hijo de la Tierra no es una disertación sobre el heroísmo, sino un tebeo de acción, y el hallazgo en Krypton de cierto anillo esmeralda nos permitirá disfrutar del superhéroe a lo largo de estas páginas.

Gerber cimentó su fama trabajando para Marvel (y después litigando contra ella), pero su auténtica pasión fue siempre Superman. Citaba entre sus mayores influencias la teleserie de George Reeves, Adventures of Superman, que lo marcó siendo niño; creó innumerables variaciones encubiertas del personaje, entre las que cabe contar al propio pato Howard y al delirante Wundarr; y, finalmente, logró el sueño de trabajar en la mitología del personaje. Además de los dos títulos ya citados, la bibliografía de Gerber incluye el número 97 de la cabecera DC Comics Presents yla miniserie A.Bizarro (1999), y participó también en dos series de dibujos animados distintas, la de Ruby-Spears (1988) y la de Warner Bros. (1997), que le granjeó un Emmy colectivo.

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