Reseñas — 9 octubre, 2014 at 11:54 am

La casa azul (Tyto Alba)

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La casa azul (Tyto Alba). Astiberri, 2014. Cartoné. 17 x 24 cm. Color. 64 págs. 14 €.

Tyto Alba tiene ya en su haber un buen puñado de novelas gráficas, tanto como autor completo —Dos espíritus, cuya lectura aún tengo pendiente— como en colaboración —es coguionista de la excelente Santo Cristo y dibujante de otra gran obra, El hijo—. Tengo la sensación de que todas han pasado más desapercibidas de lo que habrían merecido, aunque el hecho de que siga manteniendo una producción tan intensa me hace pensar que el público responde a su talento.

En cualquier caso aquí tenemos de nuevo un cómic de Alba, La casa azul, que viene a confirmarlo como un autor sólido y un dibujante notable. La casa azul es una biografía subjetiva y casi podríamos decir que onírica de Chavela Vargas y Frida Kahlo, dos mujeres, dos artistas y dos personalidades arrolladoras. Es una materia tremendamente atractiva para un cómic, que además se ajusta a la perfección al estilo gráfico de Tyto Alba, uno de los autores españoles más afines a la Nouvelle BD. En las páginas de La casa azul hay ecos de Sfar o de Blutch, pero más bien lo que Alba toma de ellos, y de la corriente autoral que revolucionó el cómic francobelga en los noventa, es la libertad de composición, la ruptura de la unidad estilística del libro, el dibujo que se deforma expresivo, el color no local, la atmósfera construida a base de minucioso rayado manual. Aquella Nouvelle BD fue entre otras cosas una reacción ante los códigos cerrados de la BD que había alcanzado el éxito comercial y su dibujo perfecto y minucioso. Y muerto, en muchos casos. Hoy la revolución se ha integrado en el stablishment y ha venido a enriquecerlo con otras visiones y sensibilidades, porque se ha demostrado que tienen también un público receptivo. En España todo este proceso ha sido mucho más rápido y en ocasiones a contrapié, y casi puede decirse que estos estilos personales de dibujo no «académico» han sido una opción más desde el principio. Desde el principio de esta reactivación del mercado que ha protagonizado la última década, quiero decir.

Pero vamos a hablar de La casa azul, que a eso hemos venido. La historia arranca con un recurso de manual y, por qué no decirlo, excesivamente fácil. Un joven español, posible trasunto de Alba, llega a México para investigar acerca de la vida de Frida Kahlo. Encuentra el museo dedicado a la pintora cerrado, entra en un bar y allí conoce a Chavela, acodada en la barra. Le pregunta y ella comienza a narrar su historia en común con Kahlo y con su compañero, Diego Rivera. Es una forma rápida de meterse en lo que interesa y empezar a profundizar en la relación entre Frida y Chavela, a través de una biografía con hechuras de realismo mágico y una fuerte importancia del recuerdo como verdad más real que el hecho. Ésta es una de las cuestiones que más me han interesado de La casa azul: en las secuencias recordadas opera el ambiente surrealista del México de la época, cuya esencia capta el dibujo de Alba magníficamente, y en las secuencias del presente con la Chavela anciana en el bar son el vapor del alcohol y el humo del tabaco los que conducen al lector a un estado mental alterado, en el que la realidad se ablanda y vuelve dúctil. Lo que cuenta Chavela es su experiencia personal, es el pasado convertido en obra de arte a través de la imaginación de una genio. Hay un momento muy revelador en el que, comentando el asesinato de Trotski, a Chavela la interrumpe su interlocutor porque las fechas no cuadran. Ante esa especie de frenazo que pega la realidad del dato objetivo, Chavela reacciona con enfado e indiferencia: «Entonces, debió ser antes, ¿qué importa?». En su relato las contradicciones son certificado de veracidad en lugar de falsedad. En la memoria, ocho días pueden ser varios años. El mito y el cuento son más reales que el libro de historia porque surgen de nuestro interior. Chavela cuenta su historia, que es la la historia de Chavela. La que importa.

la casa azul interior

Precisamente es todo esto lo que permite a Tyto Alba contar el relato de una época y un lugar en los que coincidieron destacadas figuras del siglo XX, y donde el arte fue una verdadera forma de vida. Frida Kahlo, cuya vida estuvo marcada por el dolor físico que sufría, es retratada como una artista con una sensibilidad especial para retratarse a sí misma y a su mundo. Chavela, por su parte, aparece la mayor parte del tiempo como una jovencita que es testigo de las historias que luego contará al tipo que la aborda en el bar, pero Alba decide, acertadamente, hacerla protagonista de un epílogo contado en un tono más documental, con narrador en tercera persona, en el que se describe la última parte de su carrera, la que le deparó el reconocimiento mundial.

Todo lo que estoy contando hasta el momento son, en el fondo, decisiones narrativas que delatan a un autor reflexivo. La casa azul creo que no va a ser mi obra favorita de Tyto Alba de las que he leído, pero es un gran tebeo que se añade una carrera cada vez más sólida.

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