Reseñas — 30 septiembre, 2014 at 9:00 am

Mowgli en el espejo (Olivier Schrauwen)

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Mowgli en el espejo (Olivier Schrauwen). Fulgencio Pimentel, 2014. Grapa de gran formato. 25 x 30 cm. Dos tintas. 56 págs. 10 €

De todos los autores pertenecientes a lo que hoy podemos llamar sin complejos vanguardia del cómic, Olivier Schrauwen es uno de los más inquietos y mutantes. Con una vocación artística que trasciende la necesidad estrictamente argumental que ha estado vinculada al cómic durante la mayor parte de su historia y con un conocimiento profundo de las vanguardias pictóricas del siglo pasado, los cómics de Schrauwen parecen ignorar deliberadamente no sólo los parámetros industriales del cómic masivo, sino también lo que convencionalmente se espera de una novela gráfica clásica. Ni en las historias del magnífico El hombre que se dejó crecer la barba (Fulgencio Pimentel, 2012), ni en «Greys», incluída en Terry (Fulgencio Pimentel, 2014) encontraremos una historia; puede que en Arsène Schrauwen I (Fulgencio Pimentel, 2014), hasta el momento posiblemente su mejor obra, sea la única en la que sí puede trazarse el mapa de una narración más o menos convencional. Pero me parece que la principal preocupación de Schrauwen se encuentra en otros aspectos.

Mowgli en el espejo es su última obra que se edita en castellano, de nuevo bajo el paraguas de Fulgencio Pimentel, y al leerlo se me ocurre que se sitúa, no sé si conscientemente, en algún punto entre el Arsène Schrauwen y las historias cortas de EL hombre que se dejó… Aquí se parte de un personaje y un escenario conocidos como recurso de eficacia inmediata para que el lector se sitúe; después hay una peripecia, Mowgli conoce a una orangutana que pare una cría, luego va encontrándose con diferentes animales, inicia una búsqueda… Pero lo central en este cómic es un concepto que luego intentaré explicar y, desde luego, la cuestión gráfica. Schrauwen está desatado y en su manera de mostrar el movimiento y la percepción subjetiva está tan expeditivo como siempre, aunque también es cierto que no se atreve a tanto como en Arsène Schrauwen, posiblemente porque ni está en su ánimo ni lo necesite. Prescinde de la línea cuando le apetece, baja y sube en la escala de la abstracción como suele hacerlo un dibujante netamente técnico, y se instala a sus puertas en la impresionante doble página con estructura de espejo del ecuador del cómic. La composición de página regular concentra la atención en su interior, y ahí uno puede disfrutar de un uso del color fantástico; saca oro puro de la aparente limitación de la impresión en naranja, azul y negro. Con ellos no sólo le basta para dotar de volumen y diferenciar planos en las viñetas, sino que también construye un curioso efecto cromático global cuando puntea en colores algunas páginas.

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Pero vuelvo al concepto del que hablaba antes, que no es otro que el del doble. No sé si es un motivo que pueda conectarse de alguna forma con la obra original de Kipling; puede ser, aunque no se me ocurre nada claro. En cualquier caso yo he leído Mowgli en el espejo como una búsqueda del otro que proyectamos al mundo desde nuestra visión de nosotros mismos: es decir, el doble sería una manifestación de ese otro inmadura, propia de una etapa de desarrollo incompleto. ¿Qué busca Mowgli? Primero se obsesiona —de manera perturbadora porque el sexo está de por medio— con una orangutana y su cría, primates que pueden imitarnos porque de hecho son casi nosotros. Pero no lo son, y tal vez por eso la oraguntana se aparta de él cuando aparece un lobo amigo y busca a un macho de su propia especie. Mowgli no parece entenderlo, pues se fascina con su propio reflejo sin percibir las diferencias entre la orangutana y él mismo. Luego inicia una búsqueda por la selva, oscura y majestuosa en la visión de Schrauwen, en pos de ese otro que a veces encuentra en las formas de una pared de roca y otra en el excremento saliente de un elefante. E incluso llega al siguiente paso lógico e intenta crear él al hombre a su imagen y semejanza, en una secuencia fantástica, verdadero punto álgido del tebeo. Mediante un golpe en la cabeza de Mowgli Schrauwen construye un final incierto, onírico, en el que no sabemos exactamente qué sucede más allá de que el chico encuentra otro ser humano —aquí sí habría una conexión clara con El libro de la selva—, pero el final es casi puramente gráfico, en un inteligente movimiento de Schrauwen: la trama no concluye, no necesita concluir. La clausura es visual, como no podía ser de otra manera.

¿Cómo llamamos a esto? Como género, quiero decir. ¿Comedia primitivista? Da lo mismo, claro. Es una historia que precisamente por ser muda pude profundizar en una pulsión preverbal, que podría definirnos: son pocas las especies animales que pueden reconocer su reflejo en el espejo, y ser conscientes, por tanto, de su propia identidad. Vida, muerte, sexo e identidad: Mowgli en el espejo trata todos esos temas presentes en la ficción desde sus inicios pero consigue un contraste tan violento como acostumbra al abordarlo desde la vanguardia más radical y el estilo de dibujo más inhumano del que es capaz.

Antes de terminar: la edición española de Fulgencio Pimentel incluye varias páginas inéditas respecto al original.