Opinion — 26 septiembre, 2014 at 9:00 am

FIRMADO MR. J (XXVII) La noche cae sobre Roma

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portada murena

La muerte del historietista belga Philipe Delaby en enero de este mismo año, cuando solo contaba 53 años, ha privado a los aficionados al cómic de uno de sus más grandes placeres: saborear el arte delicado y preciosista del genial dibujante, recrear la mirada en unas páginas que son puro deleite, sobre todo las que componen ese espectacular fresco histórico que es Murena. Todo fallecimiento prematuro es lamentable, y resulta especialmente triste imaginar cuánta belleza se queda en el tintero si el que muere es un gran artista, como es el caso. Nos queda, por suerte, el consuelo de la obra. Y a ella vamos.

A estas alturas de la serie, pocos habrán que no conozcan las bondades de Murena, aunque, por si acaso, les cuento que se trata de un prodigio historietístico, “ambicioso, documentado, apasionante, revelador” (en palabras de Javier Agrafojo), que transporta al lector a la Roma del emperador Nerón, allá por mediados del siglo I de nuestra era. Se ha loado especialmente el rigor histórico y el obsesivo realismo de Murena, y cierto es que ambos extremos son apabullantes, pero conviene también recordar que no estamos hablando de un ensayo histórico, sino de una fantasía, una novela gráfica, y es en los valores narrativos donde reside su verdadera fuerza. Las peripecias de Lucio Murena en la peligrosa Roma imperial son apasionantes, especialmente porque el dúo artístico ha sabido componer personajes tridimensionales, humanos y cautivadores, así como argumentos sofisticados y absorbentes. El resultado es un producto tan arrebatador como las viejas películas de romanos, pero sin uno solo de los tópicos de aquellas, que ya no se adaptan al gusto de los tiempos. Dicho de otro modo, el trabajo de Dufaux y Delaby permite una mirada exigente desde todos los puntos de vista: está bien cimentado, tiene una estructura sólida, un revestimiento funcional y un acabado exquisito.

murena 1

Como explica también Agrafojo: “La riqueza de la obra permite al lector solazarse con multitud de personajes y situaciones que lo sumergirán en un mundo antiguo y, sin embargo, familiar, dominado por la superstición, la codicia, la lealtad, el deseo, la crueldad, el amor… Un acto de nobleza puede quedar sepultado pocas páginas después por un arranque vesánico. No será raro que ambos puedan atribuirse al mismo protagonista. Dufaux, con mimos de archivista loco, dosifica la historia y la intriga. (…) Delaby recrea en amplios paneles las costumbres y apariencias de una civilización extinta pero viva a nuestros ojos”.

El noveno volumen, Las espinas, es también el inicio del tercer ciclo de la serie, que arranca con la reconstrucción de Roma tras el famosísimo incendio de Roma del año 64 d.C., con los sufridos cristianos como cabeza de turco de todo el asunto. Es un momento muy esperado por los seguidores de la serie, y también la ocasión ideal para asomarse por primera vez al mundo de Murena. Difícil será que prueben a leer el álbum y no salgan corriendo a hacerse con los ocho anteriores. Y más difícil aún que se arrepientan de ello.


3 comentarios

  1. Lo he visto alguna vez en las librerías, pero aún no le he hincado el diente.
    ¿ No hay ningún problema en empezar por el tomo 9, sin conocer los anteriores ? entiendo que sí.

  2. Yo leí en su momento hasta el quinto, creo recordar, y sí, la historia no se cerraba en cada tomo, no creo que sea fácil pillarla a la mitad.

  3. Javier Fernández

    Coincido con Gerardo en que lo suyo es empezar por el principio, pero mira, yo empecé la serie por la mitad y me enganché de inmediato. En este tomo 9 empieza un arco nuevo (veremos que pasa ahora, con el fallecimiento de Delaby) y creo que la historia se sigue bastante bien incluso sin haber leído los anteriores. Por cierto, Planeta sacó a principios de año el primer integral con los cuatro primeros tomos. La serie es realmente estupenda.