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Mamut: Mi primer cómic (Maxi Luchini y Ed)

Bajo este título se encuentra una colección de tebeos hechos para los primeros encuentros de los niños con la lectura de cómics.

La lectura tiene su propio código, la letra escrita, que hay que aprender para poder saber, disfrutar, conocer, responder, cuestionarse qué se encuentra tras esas líneas de extraños caracteres colocados en perfecta fila india horizontal. Pero antes de llegar a éste, los niños infieren el significado si la grafía va acompañada de ilustraciones, fotografías y montajes que se despliegan en tres dimensiones, por ejemplo. Y con anterioridad a esta simbiosis, sabemos que podemos contar una historia tan sólo con dibujos, significantes llenos de significado a tan sólo un abrir y cerrar de ojos.

Sabiendo todo esto, ¡qué buena idea la de Bang Ediciones que nos proponen, título tras título, que podamos ir enseñando a nuestros pequeños el placer de la lectura a través del placer de la lectura de tebeos. Para ello, nos ofertan diferentes colecciones dirigidas a diferentes lectores, entre las que encontramos la que hoy nos ocupa: Mamut, mi primer cómic, dirigida por Maxi Luchini y Ed, quienes realizan, desde luestro punto de vista, una labor que viene a rellenar un hueco descuidado por las editoriales de cómics en general: el tebeo, en contra de su coletilla de entretenimiento infantil está destinado, casi en exclusividad, al público adulto. La oferta de literatura infantil es enorme y muy variopinta y por eso mismo, los tebeos concebidos para niños deben ocupar su puesto dentro de esas lecturas tan amplias y abiertas.

Manu en la playa, de Diego Arandojo y Ed. Cartoné. 40 págs. Color. 13 €. Portada de la edición en catalán.

Federico. Tenis sobre hielo, de Maxi Luchini. Cartoné. 40 págs. Color. 13 €.

En el pasado Saló de Barcelona, conseguimos Manu en la playa, con guión de Diego Arandojo y dibujos de Ed, y también Federico, tenis sobre hielo, obra de Maxi Luchini, dos obras que cumplen con su cometido perfectamente: cuentan historias divertidas, disparatadas, cercanas e interesantes, con humor y ternura, a través de los recursos del lenguaje del cómic.

Hacer tebeos de estas características no es tarea fácil, ya que se cuenta sólo con los dibujos y ningún tipo de apoyo escrito (si exceptuamos alguna que otra onomatopeya y las risas) por lo que el guión debe estar milimetrado para que estos lectores primerizos no se pierdan; asimismo el dibujo tiene que contar lo que está sucediendo al tiempo que prepara al muchachito para el lenguaje propio del cómic: un equilibrado balance entre lo que se puede decir, sin decirlo y lo que hay que dejar a la imaginación personal, para cubrir lo que no aparece.

Ya sabemos que podemos llegar a ser pesados al regalar tebeos intentando captar fieles a la causa y sabemos, también, lo complicado que puede resultar tratar de convencer a un adulto para que lea tebeos. Comencemos, pues, por los pequeños de nuestro alrededor y tal vez consigamos algún que otro futuro compañero de fatigas comiqueras.

…y nos enseñó a volar

En verano de 2008, y a raíz del juicio por los derechos de Superman que enfrenta a DC y los herederos de Jerry Siegel, se hizo pública parte de la correspondencia mantenida entre el guionista y la editorial, una serie de cartas muy reveladoras sobre la relación entre ambos y su efecto en el primer superhéroe. Aquí tradujimos todas aquellas cartas (se puede acceder a ellas desde esta entrada, justo al final). A la luz de estos nuevos documentos y utilizándolos como base, realizamos un artículo sobre la creación de Superman por parte de Jerry Siegel y Joe Shuster, sus problemas con la editorial, los juicios que propiciaron que sus nombres desapareciesen de los cómics, su retorno en los años ’70 y su reivindicación por parte de sus pares y otros asuntos de índole legal. El artículo se publicó en la revista Dolmen #157 (diciembre de 2008), y lo recuperamos ahora con ligeras modificaciones y enlaces añadidos.

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La semilla

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, sólo es el mayor icono del cómic de la historia. Superman. Una imagen, un emblema, una idea tan arraigada en la cultura popular de medio mundo que basta con enseñar la S de su pecho a tu madre para que sepa a quien te refieres, aunque nunca haya leído un cómic. Desde luego, como concepto es fascinante, y da un nuevo par de alas al cómic cuando demuestra que el truco está en poner los límites de lo creíble siempre un poco más lejos. Más que eso, el nacimiento de Superman supone en cierta medida un gran paso en el camino de la maduración del cómic como medio… y a la infantilización de sus contenidos. Hasta ese momento, todos los géneros abordados por la historieta han sido géneros preexistentes, préstamos de la literatura o el cine, hasta que el primer número de Action Comics abre la puerta del primer género específico del noveno arte que después tomarían prestado otras artes. Un género enormemente popular hasta nuestros días y que ha reportado enormes beneficios a las empresas del ramo. Por otra parte, Superman es la piedra angular de un nuevo tipo de cómic que ya no se dirige a toda la familia, como el cómic de prensa, sino específicamente a un público infantil. Su éxito es tan absoluto que se llega a la conclusión de que son los niños el público principal al que debe dirigirse la historieta, y esto marca el destino del cómic durante muchas décadas.

Sin duda, la creación de Superman es digna de haber sido ideada tras largas sesiones de trabajo por un grupo de empresarios, publicistas y expertos fabuladores de historias. Y sin embargo, todo parte de la cabeza de un joven estadounidense hijo de emigrantes lituanos judíos, Jerome K. Siegel, Jerry Siegel para la posteridad.


Siegel y su mejor amiga de juventud, la máquina de escribir.


Nacido en Cleveland (Ohio) en 1914, Siegel es desde muy joven un gran aficionado a la fantasía y la ciencia ficción. De hecho, tras ser rechazados sus relatos por revistas como Amazing Stories o Science Wonder Stories, decide autopublicarse, algo que hoy puede parecer normal, pero que no lo es en 1929. Así, un muchacho de unos 14 años años reúne sus cuentos en un panfleto mimeografiado bajo el título Cosmic Stories y crea el que está considerado por muchos como el primer fanzine de ciencia-ficción de la historia. Este chico promete.

En 1931, Siegel conoce a Joe Shuster, un muchacho de su misma edad nacido en Toronto (Canadá), hijo también de emigrantes judíos y que comparte las aficiones del primero. Ambos adoran Little Nemo y Tarzan, y ponen manos a la obra para crear tiras de prensa como Interplanetary Police o Snoopy and Smiley con la esperanza de venderlas a alguna editorial.


El joven y apuesto Shuster.


También juntos lanzan en 1932 otro fanzine llamado Science Fiction: The Advance Guard of Future Civilization. Por el fanzine pasarían más tarde las plumas de Forrest J. Ackerman y Ray Bradbury, Mort Weisinger y, atención, Julius Schwartz, que llegaría a ser editor de Superman en DC. En el número tres del fanzine, de enero 1933, Siegel publica (bajo el seudónimo Herbert S. Fine) un relato ilustrado por Shuster, The Reign of the Super-Man. El relato está escrito en 1932 y supone la primera utilización conocida de Siegel del término “superman” (inspirado en el Übermensch de Friedrich Nietzsche), aunque su protagonista sea un villano.


Primeras págians de The Reign of the Super-Man.


Tras la edición de aquel relato, Siegel decide retomar la idea de Superman reconvertido en héroe, a la manera de su admirado Tarzan, pero más “súper”, más “sensacional”. Siegel se topa con el primer héroe de ficción creado exclusivamente para el formato de revista: Detective Dan, Secret Operative No. 48, de Norman Marsh. Lo publica Humor Publications Co., y precede en un año a la aparición en el mercado que habitualmente se considera como el primer comic book moderno, Famous Funnies.


El primer (y único) número de Detective Dan.


Siegel piensa que su Superman tiene posibilidades editoriales en este nuevo formato y junto a Shuster crea The Superman en forma de comic book. En esta versión de 1933, Superman no tiene aún su traje característico y es más un hombre de acción que un auténtico superhéroe, aunque los autores creen recordar que en algunas escenas, el personaje tenía una capa como la de Batman. A Humor Publications Co. le gusta el trabajo que presentan Siegel y Suster, pero los fracasos comerciales de otras series disuaden a la compañía de arriesgarse con un nuevo título a cargo de dos autores desconocidos. Shuster, enfadado, destroza todas las páginas, aunque Siegel logra salvar la portada, único documento gráfico de aquella aventura y en la que podemos ver a un Superman aún sin su capa y traje típicos.


Lo que queda del primer Superman de cómic.


Inspiración y transpiración

Tras este traspiés, durante la noche de un caluroso verano de 1934 en la que Siegel contempla el techo de su habitación sin poder dormir, la inspiración desciende sobre él. Se levanta de la cama a intervalos y escribe lo que sería el concepto casi definitivo del moderno Superman, el héroe con superpoderes venido de muy lejos. Por la mañana corre hasta la casa de Shuster y le comenta su idea de convertir a Superman en un auténtico superhombre y venderlo como tira de prensa. Al menos esta es la historia que el propio Siegel declararía más tarde, alimentando en cierta medida el carácter mítico de su personaje a través de este relato de inspiración súbita. Sobre estas ideas, Siegel escribe el guión completo de la que sería la primera historia de Superman, que realiza junto a Shuster en forma de tiras de prensa.


La pareja enfrascada en su creación.


Siegel era un muchacho tímido, introvertido y muy aficionado a los pulps de la época. Por eso no es raro que esa idea para su superhombre sea más que parecida a la que Philip Wylie desarrolla en su libro Gladiator, editado en 1931. En dicha novela, un inventor sintetiza un suero capaz de proporcionar a un humano la fuerza proporcional de una hormiga y la capacidad proporcional de salto de un saltamontes, “superpoderes” que aparecen también en la primera página de Action Comics #1. El protagonista de Gladiator tiene superfuerza, supervelocidad, piel a prueba de balas y en gran medida trata de ocultar a los ojos del público estas habilidades. ¿Os va sonando? Como curiosidad, Gladiator llegó más tarde al cómic de forma más literal. En 1976, Roy Thomas y Tony DeZuñiga adaptan parte de la novela en Marvel Premiere #9, y más tarde Thomas crea un personaje en la serie de DC Young All-Stars, Arn “Iron” Munro, hijo del gladiador original. Tal vez os suene más la adaptación de Howard Chaykin y Russ Heath, Legend, una miniserie de cuatro números editada en 2005 por el sello Wildstorm. También aparece un ejemplar del libro de Wylie en el apartamento de Hollis Mason, en Watchmen.


Como se anuncia en la portada, Hugo Danner, protagonista de Gladiator, es un “superman”.


No es Gladiator la única fuente de inspiración de Siegel, ya que Superman bebe también de Tarzan y Doc Savage (al que a veces se atribuye el calificativo de “superman”), John Carter of Mars (que salta grandes distancias en Marte debido a su menor gravedad) y en gran medida del cine de la época. Por ejemplo, el nombre de Metrópolis retoma el de la película homónima de Fritz Lang, y muchos de sus edificios nacen del recuerdo de Shuster de su Toronto natal. El propio nombre de Clark Kent surge de aunar los nombres de dos estrellas del celuloide de la época, Clark Gable y Kent Taylor. No es solo el nombre lo que los autores toman prestado de las películas. (…) Y, por supuesto, estaba inspirado en muchos de los héroes de ficción y los clásicos. En las películas mudas, mi héroe era Douglas Fairbanks Sr., que era muy ágil y atlético, relata Shuster en una entrevista. Así que creo que podría haber sido una fuente de inspiración para nosotros, incluso en su actitud. Tenía una pose que yo a menudo usaba al dibujar a Superman. Verás en muchos de sus papeles –incluido Robin Hood- que siempre se colocaba con los brazos en jarras y las piernas abiertas, riendo –sin tomarse nada en serio. Clark Kent, supongo, tenía un poco de Harold Lloyd.


Fairbanks y Superman, cortados por el mismo patrón.


También el traje de Superman encuentra su inspiración en el cine, especialmente en los disfraces de Douglas Fairbanks Sr. en películas como The Black Pirate, The Mark of the Zorro o Robin Hood. Siegel y Shuster piensan que una capa añade dinamismo al héroe cuando se mueve o salta a gran velocidad, e idean un emblema en el pecho, una S remarcada por un escudo casi triangular. Después, se dan cuenta de que la S también es la inicial de los apellidos de ambos.

Por supuesto, todo este mercado del entretenimiento al que Siegel es aficionado está basado en la figura del héroe en su lucha contra el mal, y conviene recordar que antes de que naciese la primera semilla de Superman, Mitchell Siegel (nacido Mikhel Segalovich), padre del guionista, falleció de un ataque al corazón provocado por un atraco a la tienda que regentaba. Así, muchas de las características del héroe kryptoniano están basadas en las propias vidas de Siegel y Shuster. Cuenta Siegel en una entrevista: Cuando estudiaba en el instituto, pensaba que algún día podría convertirme en periodista, y me gustaban varias chicas atractivas que, o bien no sabían que yo existía, o no les importaba. Así que se me ocurrió: ¿qué pasaría si yo fuese realmente tremendo? ¿Qué pasaría si fuera capaz de hacer algo especial, como saltar sobre edificios, o lanzar coches por los aires, o algo así?

Una noche, en la que me estaban viniendo todas las ideas, se me ocurrió el concepto de que Superman podría tener una identidad dual, y que en una de sus identidades podría ser sumiso y apacible, como era yo, y llevar gafas, como yo. La heroína, que ideé como una especie de chica periodista, pensaría que él era una especie de gusano; pero estaría loca por el personaje de Superman, que podría hacer todo tipo de cosas fabulosas. En realidad, ella estaba coladísima por él, y la gran broma era que el tipo por el que estaba loca, también era el gusano que despreciaba.


Dos hombres y un destino desde 1935.


Aquella heroína, Lois Lane, no sólo sería un elemento principal en la serie de Superman, sino también en las vidas de los autores. Shuster había contratado a una muchacha llamada Joanne Carter como modelo para sus dibujos, que se convertiría en la modelo para Lois Lane. Shuster comienza a flirtear con ella, pero finalmente es Siegel quien se lleva el gato al agua y la pareja acaba convertida en matrimonio en 1948. El periódico en que trabajan tanto Clark Kent como Lois Lane recibe el nombre de The Daily Star, a semejanza de The Daily Toronto Star, el periódico para el que Shuster había trabajado como vendedor a los 9 años en su Toronto natal y que en el que leía sus tiras de prensa favoritas. En 1940, DC pide a los autores que modifiquen el nombre y se convierte en el Daily Planet.


Lois Lane-Joanne Carter según los lápices de Shuster.


Siegel y Shuster presentan su creación, según sus palabras, prácticamente a todas las editoriales del país, y en todas son rechazados. A finales de 1934, Shuster atraviesa una etapa de desencanto y abandona el proyecto, pero Siegel continúa inasequible al desaliento y busca otros dibujantes para llevar a cabo su tira de periódico. Se pone en contacto con Russell Keaton, un dibujante de cierto renombre por su trabajo como ghost artist (“negro”, para entendernos) en las páginas dominicales de Buck Rogers y le ofrece el proyecto. Russell llega a dibujar varias tiras de prueba, pero finalmente no se embarca en esta aventura por considerar a Siegel demasiado “joven e inexperto”. Como curiosidad, en esta versión, Superman no llega a la Tierra enviado por su padre desde otro planeta, sino que lo hace a través de una máquina del tiempo desde el futuro.



Dos de las viñetas de Keaton, cortesía de James Vance.


Finalmente Shuster vuelve junto a Siegel y continúan su particular travesía por el desierto tratando de vender su tira de prensa a distintas editoriales. Aunque Superman no acaba de tener éxito, entablan relaciones con “Major” Malcolm Nicholson-Wheeler, propietario de National Allied Publications, una de las tres compañías que más tarde se fusionarían para dar lugar a DC, y debutan profesionalmente en New Fun, the Big Comic Magazine #6 (con fecha de portada de Octubre de 1935) con dos personajes, Henri Duval y Dr. Occult. Este último, cuyas historias se basan en la investigación de lo sobrenatural, presenta ya algunas características de lo que después conoceremos como superhéroe. (…) Jerry y yo vendimos nuestras dos primeras historias a DC Comics, recuerda Shuster. Una era sobre Henri Duval y la otra era Dr. Occult. Una estaba dibujada en papel marrón de envolver y la otra estaba dibujada en la parte de atrás de papel de empapelar de Toronto. ¡Y DC las aprobó, como si nada! ¡Fue increíble! Pero en DC dijeron: “nos gustan vuestras ideas, nos gustan vuestros guiones y nos gustan vuestros dibujos. Pero por favor, pasad las historias a tinta en buen papel”. Shuster pide el dinero a sus padres y compra papel de dibujo; es el primer papel “de verdad” en el que dibuja en su vida. Así, entre 1935 y 1938, Siegel y Shuster crean varias series para Nicholson-Wheeler, entre las que destaca Slam Bradley, personaje recurrente a día de hoy en el Universo DC y en el que encarnan algunas de las particularidades de su Superman, un poco a modo de prueba.


Siegel y Shuster bajo seudónimo firman esta historia de Dr Occult en More Fun Comics #16 (1936)


National Allied Publications llega a expresar su interés en publicar Superman, pero Siegel y Shuster rechazan la oferta. En aquella época, los comic books están muy mal pagados y los autores quieren publicar la niña de sus ojos en forma de tira de prensa en una compañía más importante, lo que les reportaría no sólo mayores beneficios económicos, sino mayor prestigio. Pero el mundo editorial es complejo y propenso a carambolas. Hay algunos sindicatos de prensa que, aunque no están dispuestos a publicar directamente Superman, quieren ayudar a los jóvenes. McClure Syndicate envía a Siegel y Shuster al editor Max Gaines, necesitado de cómics para publicar. A Gaines no le gusta la serie, pero sí a su editor subalterno Sheldon Mayer, que se queda con las historias de Superman para tratar de que alguien las edite. Por aquella época Gaines compra dos nuevas prensas en color, y la forma de amortizarlas es imprimir cómics sin parar. Ofrece a Harry Donenfeld, que ha comprado National Allied, imprimir Detective Comics, la serie de comic books, por un buen precio, pero éste rechaza la oferta. Gaines contraataca ofreciéndose para encontrarle nuevos cómics que publicar si acepta imprimirlos en sus prensas. Donenfeld acepta, entre otras cosas porque precisamente está buscando historias para lanzar un nuevo título, Action Funnies. Gaines habla con su editor, Mayer, que le recuerda que tienen todavía en cartera Superman. Es mejor que nada, replica Gaines, y envía las tiras de Superman y otras historias a Donenfeld con el beneplácito de Siegel. Vin Sullivan, editor de Donenfeld, queda bastante impresionado con Superman y da tres semanas a los autores para que trasladen las tiras de prensa al formato comic-book en una historia de 13 páginas. Siegel y Shuster remontan, recortan y añaden detalles a las dos primeras semanas de tiras, y presentan la historia definitiva. Reciben, por las páginas y los derechos sobre el personaje, un cheque de 130 dólares, y la historia se publica en abril de 1938 (con fecha de portada de junio) en Action Comics #1.


Portada de Action Comics #1, probablemente una de las más homenajeadas de la historia del cómic.


Al menos esa era la historia oficial hasta el momento, ya que en una entrevista reciente, Douglas Nicholson-Wheeler, hijo del editor original de National Allied, afirmaba que en realidad el proyecto de editar Superman en Action Comics ya estaba en la cabeza de su padre desde otoño de 1937, y que su concepto era más adulto y cercano al superhombre de Nietzsche, en concordancia con la época de depresión que vivía América. En cualquier caso, Nicholson-Wheeler (padre) se vio obligado a vender a Donenfeld su editorial antes de poder llevar a cabo su deseo (siempre según la versión de su hijo). El resto, es historia, y recientemente un ejemplar de Action Comics #1, con precio de portada de 10 centavos, se vendía por un 1.500.000 dólares.


El Mayor, ese hombre


Comienza la aventura

Las cifras de venta de un cómic concreto no se conocen hasta meses después de su puesta en circulación, con lo que los directivos de DC no saben inmediatamente si el nuevo personaje que tienen entre manos es un éxito o no. De hecho, después de protagonizar la portada de Action Comics #1, el superhéroe no vuelve a ocupar la portada -por deseo expreso del editor- hasta el número 7, y no lo hace de forma regular hasta el 19, con fecha de portada de diciembre de 1939. En todo caso, cuenta la leyenda que el contable de Donenfeld, Victor Fox, llega un buen día a las oficinas de DC a las 10 de la mañana, ve las cifras de venta de Action Comics #1, dimite a las 11, alquila una oficina en el mismo edificio, y a las 2 de la tarde ya está entrevistando a personal para lanzar una nueva línea de cómics de superhéroes. Desde luego, esto no pasa de ser una leyenda, pero sirve para ejemplificar la nueva veta de oro encontrada en la mina del cómic, y el práctico Fox lanza Wonder Comics a principios de 1939. La cabecera está protagonizada por Wonder Man, un superhéroe creado por Will Eisner ante indicaciones específicas de Fox. Tan específicas que resulta un plagio evidente de Superman y es demandado por DC. En el juicio, a Eisner no le queda más remedio que confesar el plagio y Wonder Comics no pasa del número 2. DC no está dispuesta a permitir que otros se lucren aprovechando el éxito de su personaje… ni siquiera sus creadores.


Portada de Eisner, también autor de la historieta principal, para el primer número de Wonder Comics, con fecha de portada de mayo de 1939.


Ya en 1938, autores y editores comienzan a percibir el olor a dinero que desprenden las páginas de Superman. Muy pronto se habla de llevar a Superman también a las tiras de periódico. En Septiembre, Jack Liebowitz, copropietario de DC, escribe una carta de contestación a Siegel: No había previsto que cuando te pedí que vinieras a New York para discutir el tema de la sindicación en los periódicos, querrías beneficiarte de la visita y tratar de subir tu precio por Superman. Debes tener en mente, Jerry, que cuando empezamos con Action Comics aceptamos pagaros 10$ por página, lo que representa 4$ más de lo que cualquier otro está recibiendo por cualquier otra serie en cualquiera de nuestras revistas. (…) Respecto a la tarifa de 25$ por reimpresiones, cuando Superman alcance la misma popularidad que Dick Tracy, Orphan Annie, Skippy, Mutt & Jeff y otras docenas de series de alto nivel, estarás en posición de pedir más dinero –y nosotros estaremos más que satisfechos de compensarte en concordancia.

En la misma carta, Liebowitz hace referencia a una reciente encuesta con la que DC pretende saber cuáles de las series que se publican en las páginas de Action Comics son las favoritas del público: De hecho hoy hemos abierto el resto de correo de la encuesta y hemos visto que aproximadamente el 25% indica a Zatara como su cómic favorito, al 20% le gusta Pep Morgan, al 15% Tex Thompson y sólo el 30% ha designado a Superman como su favorito, repartiéndose el resto entre las otras series de la revista, así que no te pongas tan chulo. Liebowitz continúa la carta en tono condescendiente, haciendo ver a Siegel que realmente es DC quien les está haciendo un favor a él y a Shuster, e incluso le amenaza con sustituirles en la serie. Siegel, tal vez amedrentado, contesta: Tu información sobre que ya estamos recibiendo 4$ y 3$ más por página que otros contribuidores nos da la perspectiva adecuada. Como he mencionado antes, Joe y yo agradecemos (especialmente tras haber trabajado con Nicholson) haber conseguido un buen trato con Detective Comics, Inc. Vuestros pagos son rápidos, vuestro trato amistoso y cortés -¡¿Quién podría pedir más?!


Segunda aparición en portada de Superman.


En Enero de 1939, Superman da el salto a los periódicos a través del sindicato McClure, lo que no hace sino intensificar los desacuerdos entre autores y editorial. Si en las primeras historietas en Action Comics Siegel y Shuster tenían una gran libertad creativa, fundamentalmente por la prisa de los editores en obtener material fresco, cuando la tira de prensa hace su aparición, DC refuerza su control creativo sobre el personaje en cualquiera de sus formatos. También es cierto que el salario para los autores aumenta hasta los 500 dólares por historia en el comic book. Me parece, por si todavía no te has dado cuenta, que tu éxito y el de Joe está limitado por cada error que cometéis, en particular respecto a la tira de periódico, escribe Liebowitz a Siegel en una carta de abril de 1939. Con la publicación de esa tira llegáis a una audiencia más amplia y más crítica, no sólo de lectores adultos, sino de los editores que parecen ver grandes posibilidades para esta tira, pero predicen un fracaso total si no realiza un cambio rápidamente. Para mí, dejando aparte cualquier comentario sobre vuestra calidad, tenéis el germen de una gran idea en Superman, pero necesitáis supervisión editorial constante y un alter-ego que pueda criticar y señalar pequeños detalles que no son apreciables por alguien de fuera y que pueden hacer que la tira tenga éxito o se hunda.


El círculo se cierra: de la tira de prensa al comic book para volver a la tira de prensa.


Con fecha de portada de verano de 1939, Superman obtiene su propia cabecera, aunque también sigue publicándose en Action Comics y en los periódicos. Al principio, Siegel y Shuster trabajan codo con codo. Trabajábamos muy unidos. Al principio, él [Siegel] se sentaba junto a mí en la mesa de dibujo, cuenta Shuster. Él tenía su guión y me describía la escena. Primero me leía la escena, y yo la absorbía y visualizaba. Y él decía: “Esto es justo lo que tengo en mente” o “hagamos algunos cambios aquí”. Incluso me describía las posiciones de Superman que quería y cómo debía actuar el personaje; era casi como un escenario de película. Él hacía prácticamente todo salvo dibujarlo –realmente lo visualizaba todo para mí, y yo lo absorbía.


La portada del primer número de Superman, basada en la splash de Action Comics #10.


Pero la presión de dibujar tantas páginas es demasiada para Shuster, que debe dejar parte del trabajo en manos de asistentes. Shuster sigue realizando todos los lápices de las figuras, aunque sea de forma esquemática, y dibujando a tinta la cara de Superman prácticamente hasta que abandona DC. No es la primera vez que Shuster utiliza asistentes. Ya lo hizo en Slam Bradley y Dr. Occult, y para la tira de periódico de Superman decide recurrir a uno de aquellos asistentes, Wayne Boring. Años después, Boring se convertiría en el dibujante “oficial” de Superman y uno de los responsables de su look clásico a lo largo de los años 50.

Whitney “Whit” Ellsworth, editor por aquel entonces de los títulos de Superman y más tarde productor y guionista en las series animada y de acción real de televisión basadas en el personaje, no está contento con las páginas de Siegel y Shuster, especialmente con el dibujo. En Enero de 1940, escribe a Siegel: (…) el dibujo ni se acerca a ser lo bueno que debería ser si queremos que Superman continúe siendo un éxito. (…) Entre tú y Joe tenéis que ser capaces de diferenciar lo que es bueno y lo que no, y debéis insistir en conseguir sólo buen material. Si un tipo en particular no es capaz de entregar [buen material], es cuestión de encontrar a alguien que sea capaz de hacerlo. Vuestro presente y futuro, como probablemente sabéis, está íntimamente ligado al éxito de Superman. Por “tipo en particular”, Ellsworth está refiriéndose a Boring. En otra carta de enero del mismo año, Liebowitz apostilla: Veo que eres bastante entusiasta acerca del trabajo de Mr. Boring. Recibimos las pruebas de la tira diaria que hizo y ciertamente nos impresionaron sus muchos defectos. Whit ya te ha transmitido estas críticas.


Boring en la tira de prensa a finales de 1939.


Superman ya es todo un fenómeno de masas. Comienza la producción de merchandising y se habla de un serial radiofónico. Los autores son entrevistados por el Plain Dealer, periódico de Cleveland, lo que no hace ninguna gracia a Liebowitz, que quiere mantener un control estricto sobre su personaje: También planeamos emprender varias licencias. En este sentido, tenemos que organizar un departamento de publicidad que maneje toda la información relacionada con Superman. Por tanto es importante que no concedáis más entrevistas. Podíais haber mencionado en vuestra entrevista que los primeros que vieron algo en la serie de Superman fueron Detective Comics, Inc., que compraron todos los derechos de la misma. También podíais haber dicho que tenéis un acuerdo muy satisfactorio con Detective Comics, Inc. como compensación por la transferencia de todos vuestros derechos, así que de ahora en adelante os prohibimos conceder ninguna entrevista relacionada con Superman y su desarrollo.


Siegel y Shuster en el Plain Dealer de Cleveland.


En Febrero de 1940, el serial radiofónico ya es una realidad. Sus emisiones popularizan buena parte de las frases, personajes y elementos que hoy en día asociamos al personaje. “It’s a giant bird! It’s a plane! It’s SUPERMAN!”, Perry White, Jimmy Olsen y la kryptonita son creaciones radiofónicas que llegarían más tarde a los cómics. La popularidad de la serie es enorme, alcanzando los mayores índices de audiencia de un serial de este tipo. Superman extiende su capa sobre el país, como se pone de manifiesto en esta otra carta de Liebowitz a Siegel en Mayo de 1940: Aunque estamos en negociaciones acerca de distintas licencias, ninguna de ellas se ha materializado todavía. Creo que ya te dije que los derechos para las películas se han vendido a Republic para ser desarrolladas como un serial de 13 capítulos. El precio que obtuvimos fue 8.000$, y aunque esta suma puede parecer insignificante hemos seguido adelante porque estamos seguros de que la publicidad que recibiremos como resultado de esta aventura nos ayudará materialmente a elaborar el proyecto para radio y para promocionar las ventas del material licenciado. Por cierto, Macy’s está construyendo para su desfile del Día de Acción de Gracias una figura de Superman de 4 pisos y medio de altura que costará aproximadamente 15.000$. Liebowitz también hace referencia al caso anteriormente citado contra la editorial de Victor Fox: Esta mañana hemos recibido la decisión de la Corte de Apelación sobre el caso que Fox llevó a una instancia superior. El veredicto ha sido en nuestro favor y la decisión tomada en la corte inferior se ha mantenido. Ahora estamos en proceso de examinar revistas de la competencia sobre si infringen los derechos de Superman, tanto en su traje como en sus hazañas. Al año siguiente, DC demandaría a Fawcett Publications al considerar que su Capitán Marvel es una copia de Superman, litigio que no sería resuelto hasta más de 10 años después, terminando prácticamente en tablas. Por desgracia para el Capitán Marvel, después tendría problemas con Marvel por su nombre y tendría que llevar en portada el título Shazam!… pero esa, es otra historia.


La figura de Superman de cuatro pisos y medio realizada por Macy’s para su desfile anual en 1940.


Por mucho que Superman se esté revelando como una mina de oro, desde la editorial no pueden permitir que sus estándares de calidad no se cumplan, y las críticas al trabajo de Siegel y Shuster son constantes. Por una parte, les enoja la tardanza en el envío de las historias, que les obliga a trabajar contrarreloj en su corrección e impresión, y por otra, el dibujo de Shuster y sus asistentes parece no agradar ni siquiera un poco a Ellsworth. El trabajo tanto en las tiras diarias como en las páginas dominicales era de nuevo bastante malo, escribe a Siegel en noviembre de 1940. Tuve que emplear todo el día, con mi mediocre talento, en intentar acortar algunos brazos simiescos y en eliminar algunos mechones extremadamente rizados en la frente de Superman, y en hacer a Lois más asexual. Las historias de la revista son incluso peores que cualquier cosa que tenga que decir sobre el trabajo sindicado. Incluso la historia de 26 páginas que te llevaste para corregir sigue pareciendo bastante mala. Devolvemos las dos portadas para Action Comics ya que no son para nada adecuadas desde el punto de vista de la idea ni de la ejecución. En el futuro, como hemos pedido en el pasado, por favor déjanos ver bocetos antes de hacer las portadas.

Lo cierto es que Ellsworth es un crítico despiadado. Ya en el pasado había mencionado “en esta viñeta Superman parece un poco gay”, o “este no es Superman”, pero en una carta a Siegel de febrero de 1941, se despacha a gusto en torno al aspecto de Lois Lane. Por qué es necesario sombrear los pechos de Lois y la parte inferior de su tripa con líneas verticales es algo que no podemos entender. Parece embarazada, dice Ellsworth. Murray sugiere que te las arregles para que tenga un aborto de modo que su figura vuelva a ser más parecida al plato delicioso que se supone que es. Es demasiado compacta y demasiado, demasiado desagradablemente sexy. Por favor, llama la atención de Joe y sus amigos sobre el hecho de que los mejores artistas en este campo dibujan a sus heroínas más o menos siguiendo una determinada fórmula que las hace parecer deseables y monas. Lo consiguen dibujando el pelo de forma bonita en lugar de hacer que parezca un nido de ratas. Además, hacen la cara bonita –y tratan de dibujarla igual cada vez. Además, dibujando los hombros más anchos que las caderas dan a la chica una calidad grácil que se pierde cuando el acento se pone en las caderas. También, la línea de la cadera se dibuja más alta de lo que sería en la vida real, y las piernas son más largas y delgadas. Generalmente no se intenta demostrar pictóricamente que la tripa femenina tiene cierta redondez, a no ser que esté confinada en un cinturón, y tampoco los pechos arrojan tremendas sombras en virtud a su calidad sobresaliente. Aunque las damas en Smilin’ Jack pueden ser muy apetitosas y excitantes, ciertamente no las apruebo para publicaciones como las nuestras. Sabes tan bien como yo contra que tipo de censura nos enfrentamos siempre, y lo cuidadosos que debemos ser. (…)Desde que he escrito la primera página, Mr. Jack Liebowitz ha visto los dibujos en cuestión y está muy insatisfecho con Lois. Dice que además de hacer que Lois parezca una bruja, parece que la habéis vestido usando el catálogo de Montgomery Ward. Sugiere Vogue, Vanity Fair y Harper’s Bazaar como mejores lugares donde documentarse sobre vestidos.


La “versión Whitman” de Lois.


De los aproximadamente 4.500 dólares recibidos por Siegel y Shuster en 1938, los autores pasar a cobrar unos 75.000 cada uno en 1941. También durante ese año Superman coprotagoniza una nueva serie junto al otro buque insignia de la compañía, Batman, en World’s Finest Comics, y los Estudios Fleischer producen los primeros capítulos de la serie animada, un éxito a todos los niveles.

El fin del sueño, el principio de la pesadilla

En 1943, Siegel es reclutado en el Ejército debido a la intervención de Estados Unidos en la II Guerra Mundial. En 1938, Siegel había ideado otro personaje, Superboy, una versión infantil-adolescente de Superman, que trató de vender en 1938 y 1940 a DC sin éxito. Sin embargo, en More Fun Comics #101, publicado a finales de 1944, la compañía introduce el personaje en su universo sin notificárselo a Siegel, que continúa en el Ejército. El personaje pasaría en 1946 a protagonizar la historia principal en Adventure Comics y, finalmente, en 1949 obtendría una cabecera propia. Evidentemente, cuando Siegel vuelve del Ejército en 1946, la situación es extremadamente tensa. Trata de crear un nuevo personaje para DC, Funnyman, que es rechazado y será finalmente publicado a finales de 1947 por otra editorial. Este hecho y la consideración de que el personaje de Superboy le ha sido robado, hace que Siegel escriba airado a Liebowitz repetidas veces. El 3 de Febrero de 1947, Liebowitz responde con una carta en un tono absolutamente belicoso y en la que se ponen de manifiesto algunas de las tiranteces entre el autor y la editorial. Por lo revelador de su contenido y su interés histórico, se reproduce aquí casi completa.

Me gustaría dejar constancia ahora de lo molesto del tono y el contenido de sus recientes cartas. He intentado ser razonable ante su irracionalidad, sólo para ser bombardeado con sarcasmo e insultos. Cuando volvió del Ejército, consideré que podría llevarle algo de tiempo reajustarse, y fui considerado con la situación. Mantuve varias conversaciones con usted, le di sinceramente la bienvenida y hablamos sobre la renovación de su contrato a punto de expirar. Expresé el deseo de que mantuviésemos una asociación duradera. Parecimos estar completamente de acuerdo y en armonía, pero tras regresar a su casa, sus cartas comenzaron a indicar un cambio de actitud.

Se quejó sobre la supervisión editorial, y sobre Weisinger y Schiff. Con el deseo de ser lo más cooperativo posible y deseando contentarle, designamos a Boltinoff para trabajar con usted. Pero, tan pronto como Boltinoff tuvo ocasión de criticar una de sus sinopsis, a usted ya no le gustó. Usted antes ya había abandonado la política de sentarse con el equipo editorial para discutir las historias –una política que reporta aceptaciones y una producción equilibrada. Usted declara en una carta que nuestros editores “pueden ayudar enormemente concediendo que sé más que ellos sobre Superman, y dejando de rechazar toda mi producción”. Parece olvidar que esos hombres son editores capaces, que su interés es producir revistas bien equilibradas que vendan, y que han sido capaces de hacerlo con una larga lista de revistas –incluyendo incluso muchas revistas de Superman y Action Comics con las que usted no tiene nada que ver. En conexión con esto, podría también señalarse que se le pagó por un material que no escribió mientras estuvo en el Ejército (una situación, por cierto, que se mantiene hoy en día) y se le envió sin que lo hubiera solicitado un cheque por la cantidad de 6.000$ al final de 1945 –un cheque del que parece no tener conocimiento, a pesar de que lo cobrase.

Las ventas de las revistas se han incrementado. El hecho de que los ingresos debidos a Superman a través del sindicato hayan caído mientras usted no estaba escribiéndolo, puede no deberse totalmente o siquiera en parte a pobres guiones, sino a cualquiera de muchos otros factores: (1) El volumen de negocio del sindicato durante la guerra se paralizó. (2) La falta de papel de periódico y consecuente falta de espacio causó la cancelación de muchas secciones, incluyendo cómics. (3) El sindicato McClure no realizó ventas durante la guerra. En realidad, debido a condiciones internas en el sindicato, ha habido poco esfuerzo en vender durante varios años.

En su carta del 27 de Enero declara que se siente preocupado por que se nos relacione con su serie Funnyman y cita nuestros precedentes en lo que llama “fracasos”. El hecho de que Batman y Wonder Woman no prosperasen como series en el periódico no disminuye su valor para nosotros. En lo que a mí concierne, son tan valiosas en cualquier momento como Superman, y mucho menos problemáticas. También se le debe recordar que en este momento National Comics no recibe ningún ingreso de la tira sindicada de Superman, ya que todos los ingresos van a usted y Shuster; de hecho, nosotros absorbemos los gastos editoriales de mantenimiento de derechos y pagamos por la rotulación y el coloreado de la serie.


No es fácil tomarse en serio a Funnyman.


Nunca indiqué que aceptaríamos su serie Funnyman, pero dado que su ego le indica que cualquier cosa que haga está predestinada al éxito, estaría interesado, sólo para que conste, en tener su nombre en una serie –distinta de Superman- de las muchas que ha desarrollado que haya gozado al menos de un moderado éxito.

Mi modo de decidir la aceptación o rechazo de Funnyman estuvo dictado por su insistencia en una carta formal enviada por usted y Shuster. En realidad, no me sorprendió descubrir que Shuster no estaba conectado con el proyecto de ninguna forma, dado que usted me había dicho en una conversación previa que él no tenía nada que ver con esto. Me parece que habría sido mucho mejor haber manejado el asunto de una manera abierta y sin secretos –aunque eso supusiese decirme, si ese era su deseo, que preferiría llevar la serie a otro sitio. Pudiera ser que no quisiera continuar su relación con nosotros más allá de los términos de su presente contrato; su carta del 25 de enero fácilmente podría haberse interpretado de ese modo. En cualquier caso, agradecería una declaración por su parte en sencillo inglés sobre lo que quería decir esa carta. No tengo ni el tiempo ni el deseo de permitirme banales juegos de adivinación.

Una posdata en su carta del 25 de enero dice: “¿Por qué quiere considerar legalmente Funnyman? ¿Por qué no TOMARLA descaradamente, como hizo con Superboy?” Es una actitud muy seria por su parte, por no decir insultante y posiblemente difamatoria. Superboy es meramente una extensión del tema básico de Superman, y tiene que ver con el mismo personaje a una edad más temprana, un período entre el momento en que el infante de Krypton llegó a la Tierra y el momento en el que ha crecido para convertirse en un hombre. Los poderes, el traje y los atributos físicos son idénticos a los de Superman porque Superboy es Superman, quien, según los términos de nuestro contrato con usted y Shuster, es propiedad de National Comics Publications, Inc. Al igual que cualquier otro personaje, principal o secundario, que aparece en Superman, es propiedad de National Comics.


Primera aparición de Superboy en la portada de Adventure Comics (1946), en un remedo caricaturesco de la portada de Action Comics #1.


Su ardiente deseo de aceptar más tareas como guionista parece de algún modo incompatible con el hecho de que usted nos ha proporcionado sólo aproximadamente un tercio del número de guiones de Superman necesarios para nuestros requerimientos de publicación regular. ¿Se debe esto tal vez a que, a pesar de hayamos tenido que comprar dos tercios de nuestros requerimientos a otros guionistas, se le pagó una considerable suma por guiones que usted no escribió?

Adjunto un cheque por la cantidad de 1.534,78$ junto con un recibo, que representa su mitad del porcentaje debido a usted y a Shuster por los beneficios radiofónicos y de licencia de Superman. Este cheque hace que sus ganancias en 1946 sumen un total de 25.465,07$.

Sobre el tema de un bonus, su actitud no me compele enormemente a hacer de tales regalos una política. Por tanto dejo la cuestión abierta hasta que Mr. Donenfeld vuelva a New York, lo que debería suceder hacia finales de febrero. Entonces discutiré con él esta y otras cuestiones referentes a usted.

Mientras tanto, agradecería que me escribiese sólo por motivos de trabajo, y de una manera profesional.

Ciertamente, en 1946 Siegel y Shuster están obteniendo aproximadamente 100.000 dólares anuales cada uno, pero consideran que no son más que migajas comparados con los millones de dólares que se embolsa la compañía. Así, en 1946, contratan a un abogado y al año siguiente interponen una demanda contra DC reclamando los derechos de Superman y Superboy. Para 1948, prácticamente han consumido todos sus ahorros debido a los costes que genera la demanda contra el gigante editorial, y casi huelga comentar que durante este periodo no reciben trabajo de DC. Como resultado del juicio, solo obtienen los derechos sobre Superboy pero, habida cuenta de su maltrecha economía, inmediatamente llegan a un acuerdo para venderlos a la editorial a cambio de 94.000 dólares para cada uno. Son despedidos de DC y, como parte del trato para cerrar el tema de Superboy, han de aceptar no volver a realizar una reclamación sobre Superman y que su nombre aparezca en películas y series de televisión como creadores del personaje pero no en los cómics.


Una portada aleatoria de Action Comics en 1948. Por supuesto, ni Siegel ni Shuster participan ya en la elaboración de estos cómics.


Como ya se ha comentado, Siegel y Shuster crean un nuevo luchador contra el crimen, Funnyman, que publica en 1947 Magazine Enterprises. La empresa ha sido fundada por Vin Sullivan, el antiguo editor de National que en los años ’30 apostase por Superman y convenciese a Donenfeld de su publicación. Sin embargo, las ventas no acompañan y la serie, que también se publica en forma de tira de prensa, cierra en 1948 tras poner seis números en el mercado. Tras esta pequeña aventura editorial sin éxito, Shuster prácticamente se desvanece del panorama, aunque algunos historiadores afirman que se dedica a realizar cómics de horror y trabajar como freelance, además de intentar abrirse camino como pintor de pop art. Recientemente Craig Yoe publicaba el libro Secret Identity, en el que recogía trabajos de Shuster de los años ’50 en el campo de la ilustración de relatos sádicos y eróticos. En cualquier caso, los problemas de vista que padecía desde siempre y que le obligaban a dibujar con la cara a pocos centímetros del papel, se van agravando con el tiempo. Hacia 1973 ya se ha quedado casi completamente ciego y en 1976 vive recluido en un centro de acogida.


Tras una larga búsqueda, encuentramos la que podría ser una de las pinturas de Shuster.


Siegel continúa trabajando para distintas editoriales durante algún tiempo, y llega a ser director artístico de Ziff-Davis en los años ’50. Pero su situación económica no es nada buena y en 1958 Joanne Siegel visita a Jack Liebowitz para pedirle que le ofrezca un trabajo a su marido: ¿De verdad que quieres ver en el periódico: El creador de Superman muere de inanición? Liebowitz entiende que no le conviene la publicidad negativa para DC y contrata de nuevo a Siegel, que escribe nuevas historias para Superman a partir de 1959. La editorial ha contratado a Siegel pero no tiene con él ninguna otra deferencia. Además de no ser acreditado, se le dispensa el mismo trato económico que a cualquier otro guionista empleado. Cuando Siegel reclama ciertos privilegios, DC le despide en 1966.


La muerte de Superman (1961), una de las memorables historias de la segunda etapa de Siegel en Superman donde tal vez el guionista esté expresando un deseo profundo y secreto


Durante ese período, Siegel también es acogido en Marvel, donde realiza algunos trabajos bajo su propio nombre y otros bajo el seudónimo Joe Carter. En 1965, es contratado por Archie Comics para lanzar una nueva línea superheroica, en un intento de la editorial de aprovechar el éxito de los cómics Marvel. También trabaja para el Reino Unido en la editorial Fleetway, para la que realiza guiones en The Spider entre 1966 y 1969. En 1968 encuentra trabajo en Western Publishing, donde realiza historias para Huey, Dewey and Louie Junior Woodchucks (es decir, los sobrinos del Pato Donald). Su relación con lo patos continúa más tarde en la revista italiana Topolino, donde publica historias entre 1972 y 1979.


Página original de The Spider, con guión de Siegel y dibujo de Reg Bunn.


El contrato inicial firmado por Siegel y Shuster con National concedía la editorial el copyright sobre Superman durante un período de 28 años. En 1966 se renuevan los derechos sobre Superman, y Siegel y Shuster deciden presentar otra demanda contra DC en 1967 para recuperar sus derechos. Tras varios años en los tribunales, en 1974 se resuelve que Superman fue un trabajo de encargo y DC vuelve a salirse con la suya. En 1973, la situación financiera de Siegel es tan precaria que ya ha tenido que vender su propia colección de cómics y trabaja como cartero, con un sueldo de 7.000 dólares al año.

1975 se convierte en un año crucial para los creadores de Superman. A principios de año, Siegel y Shuster pierden una nueva demanda contra DC por los derechos de su personaje. Sin embargo, la editorial insinúa que podría llegar aun acuerdo económico con los autores, por lo que éstos deciden no apelar. En octubre, ese acuerdo económico todavía no se ha materializado, y ante el anuncio de una superproducción cinematográfica basada en el primer superhéroe, Siegel explota y escribe una nota pública donde expone de forma desgarradora toda su frustración y maldice la película.

Se ha anunciado en revistas del espectáculo que está a punto de comenzar la producción multimillonaria de una película basada en el cómic SUPERMAN. Se ha declarado que se han pagado millones de dólares a los propietarios de SUPERMAN, National Periodical Publications Inc., por los derechos para usar al famoso superhéroe del cómic en la nueva película. El guión es de Mario Puzo, escritor de “El Padrino” y “Terremoto”. La película tendrá un reparto estelar.


Christopher Reeve, Superman.


¡Yo, Jerry Siegel, el co-creador de SUPERMAN, maldigo la película de SUPERMAN! Espero que súper-explote. Espero que los leales aficionados a SUPERMAN permanezcan alejados de ella en masa. Espero que todo el mundo, dándose cuenta del hedor que rodea a SUPERMAN, evite la película como a una plaga.

¿Por qué maldigo una película basada en mi creación, SUPERMAN?

Porque el dibujante Joe Shuster y yo, que co-creamos juntos SUPERMAN, no recibiremos un centavo del acuerdo por la película de SUPERMAN.

SUPERMAN ha sido una enorme fuente de ingresos durante 37 años. Durante la mayor parte de esos años, Joe Shuster y yo, que creamos el personaje SUPERMAN, no hemos obtenido nada de nuestra creación, y a lo largo de esos muchos años, nosotros hemos pasado necesidades, mientras que los editores de SUPERMAN se hacían multimillonarios.

(…) Los editores de los cómics de SUPERMAN, National Periodical Publications Inc., mataron mis días, asesinaron mis noches, apagaron mi felicidad, estrangularon mi carrera. Considero a los ejecutivos de National asesinos, monstruos locos por el dinero. Si ellos, y los ejecutivos de Warner Communications, que posee National, tuvieran conciencia, remediarían las injusticias infligidas a Joe Shuster y a mí.

(…) Jack Liebowitz, miembro del Consejo de Dirección de Warner Communications, nos apuñaló a Joe Shuster y a mí, Jerry Siegel, por la espalda.

Arruinó nuestras vidas, deliberadamente, a pesar de que Joe y yo creamos SUPERMAN, que ha enriquecido a Liebowitz y sus socios.

Liebowitz es extremadamente rico gracias a SUPERMAN. Pero Joe Shuster (el dibujante) y yo (el guionista) no hemos recibido nada del extraordinario éxito de SUPERMAN durante la mayor parte de los 37 años en los que nuestra creación SUPERMAN ha sido una gran fuente de beneficios para National Periodical Publications Inc., que es propiedad de Warner Communications.

Joe está parcialmente ciego. Mi salud no es buena. Ambos tenemos 61 años. La mayor parte de nuestra vida, mientras Superman tenía un enorme éxito, ha transcurrido en la necesidad.

¿Cómo nos empujó el traidor Liebowitz a esta trágica situación? J. S. Liebowitz se me presentó en una carta fechada el 1 de diciembre de 1937, en la que escribía que nos daba su “completa seguridad” de que trataría conmigo “sin ningún problema como los que has experimentado en el pasado”. Previamente, yo había tenido tratos con un editor asociado suyo, “Major” Malcolm Wheeler-Nicholson.

(…) En el primer año de publicación de SUPERMAN, mientras SUPERMAN ganaba una fortuna para sus editores y se convertía en un éxito absoluto, Joe y yo ganamos menos de 15 dólares a la semana por cada historia de SUPERMAN.

Se nos pagaban 10 dólares por página de comic book. Eso era 5 dólares por página para Joe y para mí. Cuando me enteré de que SUPERMAN era un éxito, como Oliver Twist pidiendo más puré, solicité a Liebowitz que nos pagasen a Joe y a mí más que migajas por nuestra creación, SUPERMAN.


Dibujo satírico de Wayne Boring realizado en 1973. De izquierda a derecha, Jack Schiff, Jack Liebowitz con Jerry Siegel y Joe Shuster, Herbie Siegel y Mort Weisinger. Clic para ampliar.


Llegado a este punto, Siegel cita la primera carta de Liebowitz que ya hemos trascrito, comentando todas las falsedades contenidas en ella y lo que después serían promesas incumplidas por parte del editor. Sigue así: Creímos en las promesas de Liebowitz y que no tendríamos que preocuparnos por los derechos, sino confiar en su integridad personal.

Liebowitz violó nuestra buena fe, que había estimulado con solemnes declaraciones y promesas de integridad por su parte, escritas y verbales; trató con nosotros injustamente, violando sus promesas de proteger nuestros intereses.

Siegel continúa citando cartas de Liebowitz y declarando que hasta la demanda de 1947, DC nunca les informó de los beneficios generados por las licencias de Superman, como la radiofónica. Después cita el caso de Superboy, que DC publicó sin su consentimiento mientras servía en el Ejército, y cómo los tribunales le devolvieron sus derechos sobre el personaje. La nota continúa: Tres de las creaciones literarias más famosas en la historia editorial son Tarzan (creado por Edgar Rice Burroughs), Sherlock Holmes (creado por A. Conan Doyle) y Superman (creado por Jerry Siegel y Joe Shuster).

Edgar Rice Burroughs y sus herederos se han beneficiado enormemente de Tarzan. A. Conan Doyle y sus herederos se han beneficiado enormemente de Sherlock Holmes. Joe y yo no sólo hemos sidos engañados y arruinados por National, sino que por más de 37 años de publicación de SUPERMAN, no hemos recibido NADA por nuestra creación.

(…) Joe y yo sufrimos… pensamos en poco más, y nos hace desgraciados ver cómo nuestras familias también sufren.

(…) Cito una carta escrita por Joe Shuster: “Yo asumí, al igual que Jerry Siegel, que cuando firmamos con Detective, se nos trataría con justicia, que el “trato justo” estaba implícito en nuestros varios acuerdos con Detective. No previmos que se nos arrebataría nuestra creación, que eliminarían nuestros créditos en el título, y que un grupo de nuevos guionistas y dibujantes serían incorporados, primero para competir con nosotros y después para reemplazarnos. Todavía me resulta difícil entender cómo es posible que nosotros, los creadores de lo que se ha llamado “una de las historias con el éxito más fenomenal del siglo veinte”, hayamos sido total y completamente privados y sustraídos de nuestro trabajo por una red de tecnicismos legales y después abandonados.”

(…) La creación de SUPERMAN, más que cualquier otro hecho, fue responsable de la industria del comic book tal y como es hoy en día, creando empleo para dibujantes, guionistas, editores, ejecutivos y otros relacionados con la edición de comic books.

Desde su primera aparición, hace más de 37 años, nuestro personaje SUPERMAN es conocido como un símbolo de la JUSTICIA, el campeón de los indefensos y oprimidos, la maravilla física que habíamos prometido que dedicaría su existencia a ayudar a los necesitados.

(…) Oís hablar mucho del Sueño Americano.

Pero SUPERMAN, mientras en los cómics y películas lucha por la “verdad, justicia y el Sueño Americano”, se ha convertido para Joe y para mí en la Pesadilla Americana.

(…) Los editores de Superman nos han exprimido sin piedad a Joe y a mí para su enriquecimiento egoísta, robando nuestros ingresos y carreras derivados de Superman, por su codicioso deseo de monopolizar los frutos de la creación de Superman. Yo no puedo flexionar músculos super-humanos y destrozar los enormes edificios en los que esta gente codiciosa cuenta sus inmensos beneficios obtenidos a costa de la miseria que nos han infligido a Joe, a mí y a nuestras familias. Me gustaría poder. Pero puedo escribir esta nota de prensa y pedir a mis compatriotas que por favor nos ayuden negándose a comprar cómics de SUPERMAN, negándose a acudir a ninguna nueva película de SUPERMAN, o ver SUPERMAN en televisión hasta que esta gran injusticia contra Joe y contra mí sea remediada por los crueles hombres que se embolsan los beneficios de NUESTRA creación.

(…) QUÉ INFERNAL, NAUSEABUNDO SÚPER-HEDOR EMANA DE NATIONAL PERIODICAL PUBLICATIONS, INC. Esperamos que el público nunca olvide esto cuando vea al personaje de SUPERMAN, o los comic-books de National Periodical.

¿Sirve de algo la carta de Siegel? Si nos ponemos en plan supersticioso, el tema de la maldición sobre la película funciona demasiado bien, aunque tendríamos que aceptar también su retroactividad: Christopher Reeve (Clark Kent/Superman) paralítico y muerto a los 52 años, Margot Kidder (Lois Lane) con trastorno bipolar, Lee Quigley (bebé Kal-El) muerto a los 14 años… hay más, pero lo dejamos aquí para examinar algunas repercusiones más tangibles de las declaraciones de Siegel. Su carta despierta el interés de algunos colegas de la industria del cómic como Carmine Infantino, Neal Adams o Jerry Robinson. Robinson, por aquel entonces presidente de la Academy of Comic Book Arts recuerda: Inmediatamente llevé [el tema] a la National Cartoonist Society. Escribimos una resolución. Organizamos una conferencia de prensa. Lo llevé a la revista Guild y elaboré una resolución respaldada por ellos. Escribí a organizaciones de todo el mundo. Realmente orquestamos una campaña nacional –una campaña internacional, en realidad. Creo que sin eso tal vez ni siquiera hubiéramos logrado el acuerdo que logramos. Los creadores estaban en la indigencia y habían creado docenas y docenas de millonarios. [Warner] podría haber asignado [para Siegel y Shuster] una cantidad de dinero que les habría dado un futuro seguro por el resto de sus vidas sin ningún problema. Pero [Warner] estaba peleando hasta a muerte porque pensaban que si cedían una pulgada, estarían sujetos a otras demandas o litigios para devolver los derechos [a Sielgel y Shuster].


De izquierda a derecha, Joe Shuster, Neal Adams, Jerry Siegel y Jerry Robinson.


Warner Communications no puede permitirse la publicidad negativa generada en la opinión pública, y aunque declara que no tiene ninguna deuda legal con los autores, admite la deuda moral y además de volver a incluir la línea “creado por Jerome Siegel y Joseph Shuster” en los cómics de Superman (y en cualquier otro medio), decide conceder una pensión vitalicia a ambos de 20.000 dólares anuales, además de correr con los gastos de sus seguros médicos. Con el tiempo, la cantidad destinada a los autores va aumentando. Cuando Shuster muere en 1992, recibe de DC 85.000 dólares anuales, y Siegel recibe en 1996, fecha de su muerte, una cifra “de seis dígitos”.

Neal Adams, famoso por su lucha en favor de los derechos de autor, también tuvo mucho que ver en la campaña a favor de los creadores de Superman: Otros hacían millones mientras los creadores de Superman vivían cerca de la pobreza. Jerry trabajaba de empleado y Joe era un hombre legalmente ciego que vivía en el apartamento de su hermano durmiendo en un catre. Les conocí y luché por una pequeña parte de sus derechos cuando ambos habían alcanzado los 60 años de edad. La batalla duró meses y el acuerdo fue exiguo, pero les permitió vivir los años de vida que les quedaban de una forma digna. ¿Sabes qué era lo que más les preocupaba? ¡Que sus nombres estuvieran asociados de nuevo a su personaje, Superman! ¿Por qué? Porque eso es lo que eran como personas. Eran su trabajo.

Según Adams, DC también se benefició del acuerdo: Permitió que DC Comics y Warner tuvieran mejor opinión de sí mismos. A pesar del hecho de que hubiera tanta reluctancia en ocuparse de estos chicos y devolver sus nombres a su propiedad, me parece que todo el mundo salió beneficiado.


Adams rinde homenaje a Siegel y Shuster, a hombros de su genial creación.


En 1976, Jerry Siegel envía a su hija una carta que comienza así: Eres una persona maravillosa y una hija querida, y me has dado mucha felicidad. Me gustaría poder hacer mucho más por ti. Pero hay algo que puedo y quiero hacer de una vez. Ese algo al que hace referencia es un regalo, ni más ni menos que fotocopias de las primeras tiras de periódico de Superman realizadas por él mismo y Joe Shuster en 1934 y que terminarían siendo parte del material que apareció en Action Comics #1. También le envía como regalo los guiones originales mecanografiados para las que habrían sido segunda, tercera y cuarta semanas de tiras de prensa. Siegel se despide de su hija de esta guisa: La mayoría de creadores de propiedades literarias de éxito dejan legados valiosos a sus herederos. Lamento que debido a mi inexperiencia esto no sea cierto en tu caso. Pero me siento contento de que este material original en el que Superman se creó inicialmente haya sobrevivido a lo largo de los años, y te lo entrego, mi querida hija Laura, con la esperanza de que algún día seas capaz de comerciar con él por todo su valor y lograr algún beneficio material de ser la hija del creador de Superman.

En 1986, Julius Schwartz, en aquel entonces editor de DC, ofrece a Siegel guionizar un número especial de Superman. Se trataría de “la última historia de Superman”, una historia que serviría de bisagra entre el Superman hasta entonces conocido y el nuevo Superman tras las Crisis en Tierras Infinitas y el lanzamiento de la miniserie de John Byrne El Hombre de Acero. Siegel declina la oferta, y la historia, con el título ¿Qué le sucedió al hombre del mañana? la llevan finalmente a cabo Alan Moore y el veterano Curt Swan.


El hombre del mañana.


Tiempos modernos

Tras su muerte, los herederos de Siegel (su viuda Joanne y su hija Laura) han continuado luchando en los tribunales para recuperar sus derechos. Acabado el segundo período de vigencia del copyright sobre Superman en 1994, presentan una nueva demanda en 1997 para obtener los derechos sobre el personaje, que se hace efectiva en 1999 (hay una ventana legal de cinco años para este tipo de reclamaciones).
Por otra parte, Shuster no dejó descendencia, con lo que la posibilidad de reclamar derechos tras su muerte desaparecería. Sin embargo, nuevas leyes permiten que sus herederos realicen la reclamación del copyright tras 75 años de la creación y Mark Peary, sobrino de Joe Shuster, comienza en 2003 los trámites legales para reclamar los derechos que le corresponden en 2013.

En referencia a Superman, los Siegel ya han ganado la primera batalla, cuando en 2008 un juez fallaba a su favor concediéndoles el 50% de los derechos de copyright dentro del territorio de Estados Unidos del material contenido en Action Comics #1 de forma retroactiva desde 1999. La clave ha sido la demostración por parte de los demandantes de que Superman (y en concreto la historia presentada en Action Comics #1) no fue un trabajo de encargo, sino que ya existía antes del acuerdo de publicación con DC. Los herederos de Siegel continúan su litigio, tratando de demostrar que existen otras historias creadas con anterioridad al acuerdo con National publicadas por ésta y, en última instancia, obtener el copyright de todas las historias guionizadas por Siegel. En teoría, ahora mismo los herederos de Siegel podrían realizar su propia edición de Action Comics #1 en Estados Unidos (entregando la mitad de los beneficios a DC)… ¿o no?


Superman rompe sus cadenas, portada de Fred Ray de 1941.


El tema es, evidentemente, más complicado, ya que además de las leyes sobre el copyright hay que tener en cuenta aquellas respecto a las marcas registradas, que se renuevan cada 10 años pero que no tienen fecha de caducidad mientras continúe su comercialización. Y DC tiene registrados varios conceptos derivados de Action Comics #1 (por no decir todos), como la S del pecho de Superman, su logo, el planeta Krypton o Lois Lane. En estas condiciones, los herederos de Siegel tendrían problemas para poner en el mercado cualquier cosa parecida a Superman. Los herederos de Siegel reclaman tener también derechos sobre la marca registrada, pero ese aspecto todavía no ha sido resuelto por los tribunales. De hecho, independientemente de los derechos que los herederos de Siegel y Shuster logren recuperar en los juzgados, tras 95 años de su creación, el material artístico pasará al dominio público, aunque seguirá siendo vigente la marca registrada, lo que casi de seguro permitirá que DC y, llegado el caso, los herederos de los creadores, continúen ejerciendo un control total sobre el personaje.

Los jueces tampoco han determinado cuánto del universo actual de Superman se puede considerar como una nueva creación alejada de los conceptos de Siegel y Shuster, lo que introduce otro elemento de incertidumbre sobre cómo puede llegar a beneficiar la reversión de derechos a los herederos de los creadores o sobre si podrían, por ejemplo, vender Superman a Marvel. Por no mencionar el baile de Supermanes en el Universo DC con sus múltiples universos…

Todo el asunto referente a Superman es tremendamente complicado legalmente hablando y, aunque se puede especular, serán las resoluciones judiciales las que determinen el futuro del personaje. El lío legal no acaba aquí, ya que también hay una demanda en marcha interpuesta por los herederos de Siegel referente a los derechos de Superboy. En 2006, un juez declaró pertinente la petición de copyright sobre Superboy realizada por los Siegel en 2004, pero en 2007, el mismo juez que se encarga del caso Superman, dictó una sentencia contraria a la anterior. Actualmente, el juez ha propuesto que ambas partes negocien para llegar a un acuerdo referente a Superman y Superboy, y en caso de no hacerlo, el asunto de Superboy se resolverá tras resolver el concerniente a Superman.

DC no siempre se portó bien con los creadores de Superman. Sin embargo, nos gustaría terminar con dos notas positivas, aunque tuvieron que llegar con la muerte de los autores. En 1992, en los cómics DC pudo verse una esquela a página completa con la leyenda:

Joe Shuster: 1914-1992
El mundo del comic-book ha perdido a un gran artista y a un auténtico pionero. Será profundamente recordado. – Jerry Siegel

Cuatro años después era la esquela de Siegel la que ocupaba las páginas de DC:

Jerry Siegel: 1914-1996
Miró al cielo.
Se atrevió a soñar.
Nos dio un icono.
Y nos enseñó a volar.



Calatayud al habla



El pasado 21 de enero se celebró en el Espacio Sins entido la presentación de la exposición Peter Petrake. De los 70 al siglo XXI, una muestra de los originales Miguel Calatayud para la obra que daba título al evento. Además de disfrutar de la contemplación de los originales, durante la presentación se pudieron escuchar las alocuciones contextualizadoras de Jesús Cuadrado, Pedro Porcel, Fausto Isorna y el propio Calatayud. Todas ellas resultaron sumamente reveladoras, pero por su especial interés transcribimos aquí la del autor.

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Fotografía de Pedro Villar


Resulta que por indicación de Fausto [Isorna] y Gemma [Sesar], los editores y verdaderos padres de este invento, yo tuve que hacer una especie de epílogo, porque, para los que no conozcáis la obra, esta obra es inacabada. Es decir, la revista Trinca dejó de publicarse y yo dejé de dibujar exactamente en la página en que estaba en aquel momento. Y no hice ni una página más, y de eso hace cuarenta años. Entonces, he de decir que considero de gran valor editorial tomar la decisión de editar un asunto que está sin terminar, querido Fausto.


Cubierta del álbum recopilatorio editado por Doncel en 1971


Yo, en mi apunte de epílogo defiendo incluso que por qué no… una película a la que faltara el final podría ser interesante. Igual podría ser más interesante que si tuviera el final, porque cada cual puede aportar, con imaginación y ganas, posibles finales. Una periodista me preguntaba ayer… una periodista de intenet, me pasó un cuestionario de preguntitas y empezaba con la siguiente, que venía a decir algo así como, “¿Esto que publicas ahora, que ya tiene cuarenta años, es una espinita que tú tienes clavada en el corazón?” Todo así muy folclórico, muy… ¿verdad? Entonces, yo le respondo en esa entrevista que nada de eso. Este material corresponde a un momento, a una época, a unos años… y sigue perteneciendo a esos años, ¿eh? Lo único que ocurre es que esa especie de resurrección en realidad no se debe a una propuesta mía, sino que esto casi ha dejado de ser mío, es de vosotros, indudablemente, y en este caso de El Patito Editorial. Es El Patito el que toma la iniciativa. Yo no los conozco, ellos están en una ciudad tan maravillosa como es Santiago de Compostela, y yo estoy al lado de la Albufera en el Mediterráneo. Total, que es decisión de ellos buscar ese material. Conectan con Pedro [Porcel], amigo común, Pedro hace las presentaciones, se provocan las conexiones… De manera que esto no es una propuesta mía. Es decir, no es que yo haya buscado una editorial y haya conectado con El Patito Editorial, sino que yo creo que quizá Fausto, en su juventud casi primera, acudió a los kioscos a nutrirse de la revista Trinca, y él tenía una experiencia… tenía una realidad en el sentido de que observó algunas revistas de estas. Por otra parte, ellos piensan -Gemma está incluida, ella es la editora realmente-, bueno ellos piensan que esto puede tener una actualidad.



Pero, de alguna manera, yo le decía a esa periodista hoy, “ni espinitas en el corazón ni sufrimientos de ningún tipo”. Eso es un material que está en unos archivos, en unas carpertas, protegido de la luz, del tiempo inclemente valenciano. Se me han llegado a estropear, no en una riada, afortunadamente, porque últimamente no ha habido, pero sí que de vez en cuando el agua entra por un balcón que tengo allí, y no estas páginas, pero algunas sí que se han deteriorado por no tenerlas envueltas en plástico. Bueno, afortunadamente lo teníamos todo. Se habían perdido tres o cuatro originales. Si observáis los originales hay algunos con manchas de tinta, incluso hay uno que tiene un quemazo de cigarrillo… porque en aquellos tiempos, aunque se hacían pruebas de impresión, tenían la manía de que los originales tenían que ir a parar tanto al taller de lo que ahora llamamos impresión, pero que entonces se llamaba fotomecánica… entonces esto llegaba a la fotomecánica, luego pasaba a la imprenta, y si teníamos suerte se nos devolvía con todo tipo de deterioros. Bueno, ni que decir tiene que Fausto, como grafista y especialista en este tipo de cuestiones, ha hilvanado lo que estaba deshilvanado, ha repasado todas las cuestiones, y yo creo que el resultado es excelente. Vamos, yo estoy muy contento con esto. Sobre todo porque me he mantenido al margen. Yo le mandé el material tal y como estaba. Ha habido que reproducir algunas páginas de la propia impresión de la revista, que no era buena, porque entonces había un problema con el negro, se retocaba todo, etcétera.



Como cosa anecdótica tengo que decir que algún amigo que también guardaba esto en la memoria, fantástica, porque esto suele aburrir cuando recuperamos cosas… Os habrá pasado a todos. En un momento determinado hemos visto un paisaje, hemos visto un interior, hemos visto algo… volvemos cuarenta años después y dices, “bueno, esto no era tanto, para el recuerdo que yo tenía”. Y este amigo mío se puso a mirar y decía, “pues la verdad es que los colores no son…” Es decir, es un poco, no el deterioro del tiempo, sino que el recuerdo que él tenía no le cuadraba con la realidad de aquello. Porque, evidentemente, yo la técnica de trabajo que tengo en estos momentos no es la misma que era hace cuarenta años. Jesús Cuadrado, hace cuarenta años, me decía, “vaya birria que tienes de bocetos, no sirven para nada”, y yo le decía, “no, si yo los tiro”. Porque entonces uno era joven. Y el arco iris lucía con cierta frecuencia. Y respirábamos. Pese a las condiciones expuestas por Jesús primero. Luego, no eran años de libertad, pero la libertad se suplía con una especie de espíritu de superación. Sabíamos que aquello no tenía que durar siempre y de alguna manera tratábamos de anticiparnos al menos en la estética, en la intención estética. Total, que yo no cuidaba las cosas. Yo era muy joven y también muy atrevido, porque yo cogía, hacía así un borradorcito… De hecho quería también incluir el proceso de trabajo en este álbum, algún bocetito, pero es que no conservo nada. Yo me atrevía a… además, empezaba por la primera viñeta y acababa por la última, una cosa que ahora no me entra en la cabeza. Pero claro, yo era en parte… la valentía de ser joven, uno está en posesión de lo que haga falta, y os digo esto porque claro, yo ahora me reencuentro con esto después de cuarenta años sin sacar el material de la carpeta, y uno también dice, “hombre, tendríamos que haber…” Pero también, esa especie de ingenuidad… porque este trabajo tiene mucho de ingenuo. No porque vaya dirigido a chicos o a niños, que esta es otra discusión que yo tuve…



Yo trabajaba en una revista de una editorial que era para niños, que se llamaba El Ballenato. Esta gente tenía una colección de prestigio, La Ballena Alegre, que todo hay que decirlo, recuperó la buena literatura infantil en aquellos tiempos. Con ilustradores, [Celedonio] Perellón, estaba [Lorenzo] Goñi… había gente muy interesante. ¿Qué ocurre entonces? Que yo pienso que esto de Trinca iba a ser como continuidad de El Ballenato, porque nadie me contó la historia. Dijeron, “a partir de ahora tienes que hacer una aventura de acción”. Pues dentro de lo que cabe, vamos a hacer eso. Claro, evidentemente no era lo que ellos esperaban. Hubo problemas con los lectores, sobre todo. Lo curioso es que el director de la revista, recibiendo cartas de chicos y chicas indignados, porque decían que esto era una tontería, ese era uno de los comentarios… Pero curiosamente, este director, que era jesuita además, jesuita casado con una japonesa, este hombre acabó publicando en la revista cosas que de alguna manera se parecían a esto. Es decir, él renegaba de esto, pero luego le llegaba un material, que como dice Pedro en el prólogo y yo estoy de acuerdo, no acampaban no por calidad, pero evidentemente no existía la invención quizá que existía en esto. Es decir, allí había un espíritu de aventura, luego de una secuencia vendrá otra, y continuará y todo. Y en esos otros intentos, bueno, pues había ese formalismo de tintas planas y todo eso, pero no existía el espíritu de la narración.


A pesar de todo, el regreso de Petrake mereció portada en 1973.


[Pedro Porcel]: La diferencia es que en tu caso hay un acercamiento al pop desde unos presupuestos muy… entendiendo lo que estás haciendo, y los otros los que hacen es imitación formal.

Efectivamente. Se dejaban llevar un poco por esta cosa de la forma. De todas formas a mí me decían aquello de “esto es muy rompedor” y tal, y yo les decía, “bueno, ¡pero si esto es Roberto Alcázar y Pedrín!”. Lo he dicho siempre, cuando me venían con historias de estas yo decía, “no hombre, ¿ves? El chico, la chica o el chiquito que le acompañan, los malvados, y es que no hay más, ¿no?” Además yo defendía este tipo de historia, porque me parecía que formaba parte del espíritu de… Aquí siempre han estado el humor y este tipo de cosas, ¿verdad? Entonces, bueno, pues era de alguna forma, trasladar esto, como dice Pedro, a unas formas que conectaban con el cine de animación, con la publicidad de la época, esto de los colores planos, las portadas de los discos… Porque además me interesaba especialmente todo esto. Ahora lo valoro más, claro ha habido una evolución y tal. Deciros también que, lo saben aquí en Sins entido, yo lo que había expuesto aquí son cosas de actualidad, que son las que me apetece enseñar a nivel de original. Pero esto, que ha sido consecuencia de la publicación del álbum, pues tampoco me parece mal. Así, nos reunimos aquí y es un motivo más de alegría. Y ahora le voy a ceder la palabra a Fausto Isorna. Él ha sido en este caso un creador también, porque le ha dado forma al asunto.



El máximo de emoción con el mínimo de líneas



Bueno, os habréis ido fijando que he ido derivando también, en el trazo y en todo, cada vez a un minimalismo y a una limpieza máxima. No sé por qué, pero a mí me parece que lo máximo a lo que puedo aspirar como dibujante es a conseguir expresar el máximo de emoción con el mínimo de líneas. Y hacia ahí voy. De hecho es la única cosa que tengo mínimamente clara en mi vida artística y creativa. Todo lo demás, repito, cada vez que llego a un cruce cambio de dirección.

Estas palabras las pronunciaba Max hace unas horas en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, dentro de las jornadas UCMCÓMIC. A continuación, más extractos de su charla.



Os podría decir muchas cosas chulas de este cartel, porque me las dijo a mí Kiko Veneno un día. Un día me cogió por banda, mucho después de que yo hubiera hecho el cartel, y me dijo, “Max, tío, ese cartel que nos hiciste… Ahí está toda la historia del rock’n’roll, tío.” Kiko estaba ciego, pero yo también estaba ciego. La verdad es que yo recuerdo que me lo argumentó todo perfectamente, y que todo encajaba y tenía sentido. Lo malo es que no me acuerdo de nada. (risas) Y él, probablemente, tampoco. Pero bueno, en todo caso, a mí gráficamente me encanta y además creo que fue una bonita manera de resolver el hecho de que dos músicos, que cada uno de ellos había tenido una carrera distinta, de repente se juntaban para hacer una serie de conciertos. Fijaros que os he hablado al principio de los cruces, las encrucijadas, etc. Muchas de las composiciones de mis ilustraciones forman una X.



Esta fue una portada para la revista The New Yorker, la primera que hice de las dos que he hecho. Es decir, de las dos que me han publicado, porque he hecho unas cuantas más que no me han publicado. Es como muy complicado publicar allí, pero por otro lado, se intenta. Es la revista que creo que mejor paga en todo el mundo y es una revista que sale semanalmente desde hace… desde el año 1914, o 1920 o así, sale interrumpidamente siempre con ilustradores en la portada, y para mí fue tocar el Olimpo. Este es también uno de mis trabajos preferidos. Y hablaba de copiar… no lo he traído aquí, pero si conocéis un cuadro de El Bosco… ¿es El Bosco o es Brueghel? Uno que es Cristo llevando la cruz, donde solo hay rostros, básicamente, y la cruz. Es el rostro de Cristo cargando la cruz y cantidad de caras mirándole mal. Caras facinerosas y tal. Pues yo para esto me inspiré en todas esas caras. Y realmente si tuviéramos al lado el cuadro, veríais con claridad lo de las caras.



Anécdota curiosa: en The New Yorker, ante la primera versión que yo les mandé, me dijeron, “son todos blancos, aquí faltan negros, hispanos y judíos.” (risas) Y dije, “vale, no hay problema. Negros, hispanos, judíos, vale.” Lo mando otra vez y me dicen, “los judíos no pueden tener la nariz aguileña. Los negros no pueden tener los morros gordos.” ¡Joder, qué coño queréis que haga! Fue mi primer topetazo con la corrección política.



Y después de esta época, de repente, me harté otra vez más de todo esto, es decir, llego a otro cruce y digo, “ahora voy para allá.” Y dije, “tengo ganas de hacer lo contrario, absolutamente.” Algo divertido, delirante, con colores alegres, con mucho humor y con mucho desmadre. Y al mismo tiempo, y ahora voy a lo de los personajes, pensé, “me he quedado sin lectores.” Lo que es cierto, me había quedado sin lectores porque había dejado de publicar cómics y porque con estos que estaba haciendo cada historia era de su padre y de su madre. Y entonces pensé, “si quiero seguir haciendo cómics, necesito lectores que los lean. Que los compren. Y eso solo lo voy a conseguir si creo un personaje que enganche.” Y así fue como creé a Bardín. Sin embargo, tenía muy claro que no quería caer en algo que me pasara como con Gustavo y Peter Pank, que me llegara a cansar. Así que me planteé una especie de experimento que no sabía si era posible, que es que el personaje no tuviera personalidad en cierto modo. Porque fijaros, eso no solo me pasa a mí, le pasa a todo el mundo que trabaja con personajes. Fijaros cómo son los lectores de cómic que cuando Hergé, después de muchos años dibujando a Tintin, decidió cambiarle los pantalones bombachos por unos acampanados a la moda en esos años, los lectores se pusieron furiosos.”¿Cómo nos tocas a Tintin?” Es que no le podía tocar ni los pantalones. Y eso es un fenómeno que se da mucho en el mundo del cómic. El lector fan de un personaje no tolera que el autor le cambie nada. Entonces, yo quería evitar esto a toda costa, y me pareció que la única manera era crear un personaje sin personalidad, un personaje que fuera dúctil, que fuera útil para cualquier tipo de historieta, para cualquier género de historias, fueran de humor, de terror, absurdas, de humor negro, poéticas, cualquier cosa, algo de lo que yo pudiera echar mano continuamente.

Como ni yo mismo tenía muy claro de qué iba a ir este personaje, me dediqué a foguearlo en base a hacer historietas muy cortas para todo tipo de publicaciones, desde fanzines hasta periódicos en los que, cuando alguien me pedía una colaboración, yo le enchufaba una historieta de Bardín. Y cuando vi que empezaba a tener sentido, no el personaje sino las historias, cuando empezó a estar claro que ahí había algo de fondo que unificaba todo, fue cuando me decidí a publicar primero un comic book, de 32 páginas creo que era, que me auto edité yo mismo.



A Chris Ware le mandé un mail un día sin haberlo conocido nunca, y le dije, “mira, soy un dibujante español, me interesa mucho lo que haces, tengo aquí una revista y me gustaría publicar historietas tuyas. Podemos pagar una miseria, pero no sé, tú dirás.” Y el tío me contestó muy amablemente diciendo “vale”. Bueno, no dijo solo “vale”, me preguntó “¿quién va a rotular mis historias?” Y entonces yo le dije, “lo voy a hacer yo.” Y entonces me dijo, “te voy a enviar las plumillas que uso yo. Para que lo hagas igual.” (risas) Y la verdad es que me mandó un paquete con reproducciones grandes de la historieta que yo le había pedido, que era una historieta en blanco y negro de uno de los primeros Acme Novelty con una nota que decía “te adjunto dos plumillas para rotular.” Pero lo cierto es que yo abrí el sobre y allí no había nada. O se le olvidó meterlas, o se cayeron por el Atlántico. Pero en el sobre no estaban las putas plumillas. “¿Y ahora que coño hago yo?” Intenté buscar un rotulador con el grosor adecuado y me entrené un poco para hacer su letra. Me rotulé la historia, acabé loco. Pero se lo enseñé y el tío me dijo, “muy bien, muy bien, nadie me había rotulado tan bien.” Y digo, “uf, gracias. Gracias, maestro.” (risas) Y a partir de entonces le hemos ido publicando algunas historias, siempre las he rotulado yo. Siempre me ha felicitado, porque es un tipo sumamente amable, aunque huraño. Es muy amable, siempre me ha felicitado por como las rotulo, pero yo he llegado a odiar también aquello… Dije, “yo no vuelvo a rotular a Chris Ware. Cada vez es peor. Cada vez pone más letra y más pequeña el hijoputa.” (risas) Dije, “no aguanto más.” Y justo en ese momento me llaman de Planeta diciéndome si quiero rotular el Jimmy Corrigan. Les mandé al cuerno. (risas) Y esa es mi relación con Chris Ware. Lo he encontrado un par de veces por ahí, en festivales, y bueno, es amable y atento pero es imposible sentarse a tomar una caña relajadamente con él y tal. Hace unos meses estuve en Chicago, intenté que me concediera audiencia, pero no hubo manera. El hombre está muy ocupado siempre. No me extraña, haciendo lo que hace. La única manera de hacer lo que hace es evitar a los pesados como yo.



Y bueno, sí, su influencia en mí ha sido bastante grande. Yo, como todos, he quedado deslumbrado por lo que hacía este hombre y he hecho lo que he hecho siempre. Cuando alguien me gusta mucho, ya lo he dicho, intento adoptar la parte de novedad que aporta y que a mí me puede servir. Yo creo que sobre todo se ha notado en el tamaño de las viñetitas. Él hace muchas páginas con muchísimas viñetas… se ha notado bastante en algunos experimentos que he hecho narrativos a través de la página… Pero vamos, yo creo que no he abusado para nada de eso. Hay gente que me decía que Bardín se parecía a Jimmy Corrigan. Yo no lo veo. Vaya, es pequeño y cabezón, sí, pero… Yo Bardín lo inventé antes de haber visto los Acme, y para mí Bardín viene de la escuela Bruguera, es una evolución de eso.


Los libros de Blur

Hace ya casi un año que mencionamos por aquí a Blur Ediciones y su decisión de publicar gratuitamente online en su blog la mayoría de libros que también editan en papel. Ahora que la creciente calidad de los reproductores de imagen digital comienza a avalar las voces que auguraban un futuro incierto a las ediciones tradicionales, es curioso comprobar cómo una editorial no tiene miedo a “regalar” una copia de sus productos en internet mientras vende en la liberría una copia del objeto físico. Por supuesto, la viabilidad del producto tradicional pasa por la calidad de la edición y por su condición artística como objeto. Y esto Blur lo tiene claro. Sus libros no son grandes ediciones en tapa dura, ni tienen papel satinado y esas cosas. Sus libros son más bien pequeñitos (16 x 11,5 cm), libros que se pueden llevar en un bolsillo, con su papel reciclado y su textura. También son libros baratos, por 6 euros te puedes hacer con un ejemplar de un libro que posiblemente es “edición exclusiva y limitada”. Desde que escribimos aquella entrada que enlazamos al principio de esta entrada, donde señalábamos algunos libros de historieta que se podían leer gratis online, Blur ha seguido editando, además de muchas otras cosas, libros relacionados de una u otra forma con la historieta, como por ejemplo La cebolla asesina. Sexo, mentiras y armas de destrucción masiva, de Javirroyo o El cementerio de la familia Pis, de Mauro Entrialgo. Pero sus dos últimas obras publicadas todavía no están online, así que vamos a hablar un poco de ellas.


ROTULANDO IN SPANISH. LETTERING EN ESPAÑOL, de Nono Kadaver
Rústica. 80 págs. B/N y color. 6 €

Hablando de libritos atípicos, este tal vez no se lleve la palma, pero desde luego que estaría entre los finalistas. Blur ya había editado antes a Nono Kadáver, en concreto un libro de retratos/caricaturas: Mugshots/caretos, pero el que nos ocupa ahora ni es un cómic, ni un cuaderno de viaje, ni un libro de ilustración. Tal vez, si acaso, se asemeje a esto último, ya que este libro de título doble (todos los textos aparecen en castellano e inglés) contiene, ni más ni menos, que las rotulaciones de Kadáver para distintos cómics de autores extranjeros. Al rotular los títulos y onomatopeyas de historietas de otros dibujantes, el creador de Toni Bolinga realiza un ejercicio de dibujo “controlado” cuyo resultado, fuera del contexto para el que ha sido concebido, es fascinante. Ver esas tipografías que emulan los títulos de Peter Bagge, Daniel Clowes, Robert Crumb, Johnny Ryan, Joe Sacco y Gilbert Shelton sin el acompañamiento de sus correspondientes viñetas, les confiere una nueva dimensión como obras de arte aisladas. De hecho, el mismo contenido de los textos rotulados, lo que se dice, contribuye a esta sensación de estar asistiendo a una obra con entidad propia: “Mi suicidio”, “¡El deporte sólo es sexo!”, “Pastel de crema, duro entre los duros”, “¡Un chungo feliz!”… Un libro muy interesante y un objeto de colección para fetichistas.


DE UN TIEMPO A OTRA PARTE, de Javier Vázquez
Rústica. 64 págs. B/N. 6 €

Javier Vázquez ya daba guerra en la revista Madriz a mediados de los años 1980 y más tarde en Medios Revueltos. En una entrevista publicada en Urich en 1991 hablaba de la diferencia entre el cómic y el cine y declaraba que “la viñeta es preciosa, es un instante, el tiempo detenido”. Sobre cierto tipo de cómic en general y sobre su trabajo en particular, decía, “Yo no lo llamaría, necesariamente, poesía, simplemente literatura desligada de la presión del significado. Es significante en estado puro. Pero es poesía, me parece. La función de la metáfora. (…) No hay UN significado; la ilusión de que existe un significado es una ilusión idealista, que probablemente tiene su encanto, pero que yo no comparto”. Estas declaraciones, el propio título de la obra y la cita de Rose Macaulay, “es un libro para que maten el tiempo aquellos que lo prefieren muerto”, son todas las coordenadas que hacen falta para orientarse en este libro/cómic/viñetario con muchos caminos pero sin señales ni destino fijo. Tras un comienzo en falso en que se insinúa una narración más o menos unívoca (aunque sugerente), el autor suelta de la mano al lector para que vague, a su manera, por el bosque de significados que son las páginas de este libro. Porque efectivamente, en De un tiempo a otra parte (ese título tan de cómic, tan de unir los dos conceptos que lo definen) Vázquez atrapa instantes, muchas veces de manera casi fotográfica, y los subvierte dotandolos de significados mediante textos (casi) aleatorios. En este ejercicio de funambulismo sin red, Vázquez traspasa constantemente, hacia uno y otro lado, la fina líneaque separa lo absurdo de lo irrisorio. Nunca 64 páginas contuvieron tantas historias.


Arno



Ayer se celebraba el cumpleaños póstumo de Charles Addams, y hoy es el turno de celebrar el que había sido el 105 cumpleaños de su compañero en The New Yorker, Peter Arno, uno de los nombres más reconocibles de la publicación y por tanto de la viñeta humorística.

Nacido Curtis Arnoux Peters Jr, Arno estudió en Yale, y en sus chistes se evidencia el gusto por retratar los usos y costumbres de la alta sociedad de la época. Hijo de un juez, el futuro dibujante mostraría durante su juventud distintas aptitudes artísticas, desde las musicales a las literarias, aunque finalmente acabase escribiendo su nombre en la historia gracias al cómic. Guapo, rico y con confianza en sí mismo, el talento como humorista de Arno dio lustre desde el año de su nacimiento, 1925, y durante 43 años, a The New Yorker, una publicación dirigida un público de cierto nivel social y educativo que conectaba perfectamente con los indolentes y frívolos chistes del dibujante. Algunos atribuyen a Arno el mérito de inventar el one-liner (chiste sin palabras acompañado en su base de un pequeño texto que completa y redondea el sentido de la viñeta), aunque él mismo se encargó más tarde de desmentirlo. Su propio estilo de dibujo parece una extensión de su propia persona: elegante, preciso, seguro, y con un importante sentido del diseño, de la composición y de la economía visual.

Arno publicó habitualmente en The New Yorker hasta la fecha de su muerte, y además de influir enormemente en muchos de los autores de viñetas humorísticas, su sombra se alarga hasta el día de hoy en la caligrafía de autores como Seth, que en La vida es buena si no te rindes fabulaba sobre un ignoto autor de viñetas cómicas cuyo trazo, según se puede apreciar en los chistes que se le atribuyen al final del libro, tiene mucho que ver con el de Arno.

Hoy mismo, Mike Lynch escribe una interesante entrada sobre Arno en la que comparte alguna anécdota sobre su método de trabajo y su apreciación del mismo, y en Hairy Green Eyeball y en esta cuenta de Flickr pueden verse varias de las viñetas de Arno. Pero antes de ir a verlas, podéis echar un ojo a estas otras, escaneadas del libro The complete cartoons of The New Yorker (Black Dog & Leventhal, 2004).





























Addams



Hoy habría cumplido 98 años Charles Addams, creador de la famosa Familia Addams y de más de 1.300 viñetas de humor desde 1937 y durante cinco décadas para The New Yorker, la revista que ha marcado la tendencia durante mucho tiempo de la viñeta humorística en Estados Unidos.



Hace unos años, Valdemar editó un bonito libro, La familia Addams y otras viñetas de humor negro, una antología donde se recogían algunos cientos de estas viñetas protagonizadas por la familia Addams, por niños sádicos, por exploradores y arqueólogos en apuros, por científicos perplejos, por matrimonios al borde de un ataque de nervios y por otros personajes igualmente estrafalarios en su rol de seres cotidianos enfrentados al absurdo. Ahora, Valdemar ha realizado una nueva edición de aquel libro en tapa blanda y pequeño tamaño (y precio), un libro que no conviene perderse no solo porque Addams sea un clásico del género comparable (a su manera) a Peter Arno o Sempé, o porque fuera él el inspirador de Gahan Wilson, o porque diera lugar a la conocida familia-franquicia. No, conviene no perderse este libro sobre todo porque es divertidísimo, porque en el humor macabro y absurdo de Addams rezuma casi siempre un aire de inocencia, porque su habilidad como dibujante es excepcional y sobre todo porque maneja de una manera portentosa la interrelación entre imagen y palabra en estos chistes “mudos” con una frase a pie de imagen. Sobre este último punto, transcribimos un párrafo del prólogo de Óscar Palmer, también traductor de la obra:

Como bien explicaba M Thomas Inge en su artículo The New Yorker Cartoon and Modern Graphic Humor, “los chistes con una única línea de texto ya habían aparecido en prácticamente todas las primeras revistas de humor, tanto europeas como americanas, pero no con una voluntad tan sistemática de desarrollar todo su potencial cómico. Para que el one-liner funcionara a la perfección, el autor debía establecer claramente qué personaje era el que estaba hablando. De modo que, o bien el dibujo debía resaltar algún gesto verbal evidente por parte del personaje adecuado, o el texto debía sugerir en sí mismo y sin dejar lugar a dudas quién lo estaba pronunciando, dos principios cuya aplicación distinguiría inmediatamente las viñetas pobremente ejecutadas de las realmente trabajadas”.

Otro rasgo definitorio del one-liner, sin duda el más difícil de aplicar, y en el que reside todo su potencial cómico, es el de la simultaneidad. Tanto el dibujo como el texto deben funcionar simultáneamente a un mismo nivel, de modo que la conjunción de ambos produzca un efecto que ninguno de los dos habría tenido por sí solo. Es más, en el caso de los auténticos maestros del one-liner, suele ocurrir que ni el dibujo ni el texto tienen el más mínimo sentido por sí solos, y es al leerlos conjuntamente cuando, como por arte de magia, aparece la risa conjurada de una aparente nada. “Este último aspecto”, concluye Inge, “hizo a la mayoría de las revistas de humor contemporáneas del The New Yorker anticuadas e irrelevantes”. Charles Addams, que duda cabe, fue uno de los principales artífices de esta revolución.



En efecto, Addams demuestra un “oído” muy bueno a la hora de crear esa complicidad necesaria entre imagen y texto, recurriendo en contadas ocasiones a la que parecería la solución más obvia. Tampoco es esa la única cualidad de Addams, que en el chiste completamente mudo también brilla con intensidad, tanto en los casos en los que la imagen impacta de un primer vistazo como en aquellos en los que es un pequeño detalle (sobre el que el dibujante sabe llamar debidamente la atención) el que causa el efecto cómico (o surreal, o macabro, o…). Addams llegó a ser en vida una celebridad, estrellas de cine como Greta Garbo o Cary Grant querían conocerle y Alfred Hitchcock (como no) se convirtió en su amigo. Alimentó su propia leyenda negra, esa que decía que dormía en un ataúd, que recibía calaveras como regalo, que hacía picnics en cementerios y otras lindezas por el estilo. Puede que algunas fuesen ciertas, puede que otras no, pero lo que está claro es que sentía un fuerte interés por lo mórbido. Más ejemplos sobre su “leyenda negra”, en este artículo en The New York Times.

Y ahora sí, allá van varios ejemplos del trabajo de Addams, algunos presentes en el libro de Valdemar y otros no.












Ware diagramático

Muchos autores encuentran los recursos narrativos que buscan a base del método de prueba y error, lo que en ocasiones supone pequeñas variaciones sobre un mismo recurso hasta lograr el efecto buscado. Hoy día, al leer una de esas historias “diagramáticas” de Chris Ware puede sorprendernos su eficacía casi matemática a la hora de concatenar eventos de una manera no lineal, es decir, haciendo convivir en una misma página distintas líneas temporales, una de las marcas narrativas de la casa de Ware, posiblemente debido a la influencia de Richard McGuire y su seminal Here publicada en 1989. Presentamos aquí algunos de los primeros ejemplos en los que Ware utilizó la técnica de los “diagramas de flujo” y que presentan ciertas similitudes, si no en la peripecia narrada, sí en el sentido de la misma y en los artificios empleados. En primer lugar, una historia publicada en Duplex Panet Illustrated #2 (Fantagraphics, 1993), una antología de historias guionizadas por David Greenberger e ilustrada por distintos artistas.



Y en segundo lugar, una historia aparecida en el primer número de The ACME Novelty Library #1(Fantagraphics, 1993). Ambas historias fueron publicadas durante el mismo año (aunque no tenemos la seguridad de que esta última no se publicase previamente en otra revista o periódico), y varios elementos las relacionan claramente: el dibujo a gran tamaño de la casa en la que acontece la historia, el protagonismo de una anciana (Ware fue criado por sus abuelos), las flechas y uniones entre viñetas que dirigen el sentido de lectura y la narración paralela en otra línea temporal que parte de una mano y después muestra dos manos de distintos personajes unidas.



También es noticiable el acabado del dibujo de Ware, que ya apunta la limpieza y simplicidad de líneas de su obra actual pero que todavía muestra signos de acabado más “realista”, en el sentido de intentar dotar de volumen a algunos objetos mediante la trama manual, algo que ya ha abandonado en sus cómics pero que está muy presente en sus sketchbooks, cuando dibuja por el propio placer de dibujar sin intención de narrar una historia. Este cambio de registro gráfico responde a las necesidades narrativas de Ware, como él mismo confirmaba en esta entrevista, donde describía el aspecto de sus dibujos en sus cómics acutales de esta manera: “Gélidos, fríos y muertos, supongo. No lo sé. Trato de hacerlos lo más lingüísticamente simples posible de modo que sean fáciles de leer, del mismo modo que lo es Nancy, y me he dado cuenta de que si respondes a ellos como… o si miras, ahí está mi preparación en la escuela de arte, Dios. Uh, si los miras como dibujos, no son dibujos satisfactorios, no comunican mucha emoción como dibujos. De hecho, son malos dibujos. Pero es casi como si, tú no, tú no lees un libro tratando de extraer emociones de la fuente en que lo han impreso, tampoco. Lo lees por la historia; lees por lo que pasa en tu mente, y para mí los cómics son una especie de lenguaje mágico que tiene lugar ante tus ojos, y… Pienso que cuanto más detalle o más expresión pongo en las líneas de mi propio material al menos, esto no es cierto para todos los autores de cómic, por supues… no se vuelve más vivo por más que yo quiera.”

Por cierto, Ware también dibujo la portada de Duplex Planet Illustrated #15 (Fantagraphics, 1996), donde su acabado ya es mucho más parecido al que estamos acostumbrados a ver en sus tebeos y donde de nuevo el diseño juega un papel importante, desde el propio rotulado manual hasta el logotipo, donde Ware rinde homenaje al pulp Amazing Stories en un alarde de ironía, equiparando así aquellas historias fantásticas de ciencia ficción con las historias cotidianas y biográficas contenidas en Duplex Planet Illustrated.



Aunque estas historias tienen ya casi diecisiete años, Ware sigue explotando esta idea en su serie Building stories, donde un mismo marco espacial sirve como elemento conductor de un relato que en ocasiones comprende un amplio rango temporal utilizando diagramas y grupos de viñetas separados. Aunque tal vez es el más espectular, no es el único recurso de Ware para realizar este tipo de barrido temporal, como puede verse en este otro ejemplo de 1996. Por cierto, recordamos que podéis descargar las entregas de Building stories que Ware realizó para The New York Times desde estos enlaces. Además de estas páginas, Ware ha continuado la serie en The ACME Novelty Library #16 (2005) y de alguna manera su estructura se ha abierto paso también a través de The ACME Novelty Library #18 (2007). Y como muestra, un botón, precisamente del ACME 16, donde de nuevo nos encontramos con el edificio, la anciana y las manos unidas, aunque la narración es mucho más compleja y elaborada que en las historietas de 1993.



Yoshiharu Tsuge

“No voy predicando la religión ni tratando de cambiar el mundo. Es muy difícil para mí ajustarme al mundo, sólo intento descubrir cómo existir de modo que pueda ser diferente sin sentirme inseguro por ello.” –Yoshiharu Tsuge en Garo (1993)

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Yoshiharu Tsuge nace en Tokio en 1937. A lo largo de su infancia se siente atrapado y oprimido por el ambiente de pobreza familiar y la violencia de su padrastro y trata de escapar como polizón en un barco a los 14 años, pero es atrapado antes de embarcar. Estos hechos serían más tarde reflejados en la historia Umi e, uno de sus últimos trabajos, en 1987. A los 16 años comienza a trabajar como mangaka en el mercado de los libros de alquiler en parte para no tener que interactuar con otra gente. La depresión sobrevuela su vida desde joven: con poco más de 20 años intenta suicidarse al ser abandonado por su novia. La pobreza no ayuda a solventar sus problemas, y para sobrevivir llega a vender su sangre. Estos dos aspectos le acompañarán durante el resto de su vida.

Tras sufrir una de sus periódicas depresiones, deja de realizar obra propia y acepta un trabajo como asistente de Shigeru Mizuki. En 1966 comienza a publicar en Garo, dando un giro a sus historias y convirtiéndose en autor de culto y prácticamente inventor del cómic autobiográfico. Además de historias sobre su vida, Tsuge realiza historias basadas en sueños y en viajes. De hecho, durante su juventud viaja por Japón, recalando habitualmente en pequeños pueblos de sencillas construcciones alejados de las rutas turísticas. Escribe varios ensayos sobre estos viajes, acompañados de dibujos. Durante estos viajes se encuentra con campesinos y pescadores que más tarde protagonizan, directa o indirectamente, algunas de sus historias. En 1975 se casa, tiene un hijo, prepara una serie de televisión basada en sus relatos y abre una tienda de cámaras de fotos usadas. En 1982 cierra la tienda y dos años después comienza a colaborar mensualmente con la revista Comic Baku hasta su cierre en 1987. Dos de sus historias se han llevado al cine, Nejishiki y Munô no Hito. En la actualidad Tsuge no dibuja, ni está interesado en que su obra se publique en el extranjero.

A continuación traducimos algunos extractos del artículo que Beatrice Marechal escribió sobre Tsuge en The Comics Journal 2005 Special Edition (Fantagraphics, 2005) y que se puede leer completo aquí. Acompañando al texto, incluímos algunas de las historias de Tsuge traducidas al inglés. Una traducción al español de la seminal Nejishiki puede leerse cortesía de Marc Bernabé. Una edición en papel traducida al inglés de esta historia, en The Comics Journal #250.

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Cuando pedí a un editor un resumen rápido de la historia de los cómics japoneses, dibujó dos montañas: sobre la primera, escribió Osamu Tezuka, y en la otra, Yoshiharu Tsuge.

(…) A mediados de los años sesenta apareció la revista de cómics de vanguardia Garo, que pronto se convirtió en líder de la expresión artística en el cómic. El editor Katsuichi Nagai buscaba nuevos artistas y publicó un anuncio pidiendo a Tsuge que contactase con él. En febrero de 1966, Tsuge publicaba Numa en Garo, una historia que rompía en pedazos las convenciones habituales careciendo de conclusión y entremezclando sutilmente el erotismo con la muerte. Aunque hubo poca reacción por parte de los lectores y fans, algunos críticos apoyaron esta nueva forma de narrativa.

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Traducción: Meganeguard
Edición: Kotonoha


(…) Chîko, publicada en el número de marzo de 1966 de Garo, es la historia de un artista de cómic pobre y desempleado que vive con su novia, la cual trabaja por las noches en un bar para mantenerlos. Compran un pájaro como mascota, que alegra su vida diaria, pero el hombre lo mata en un acto inconsciente, malévolo. Declara que el pájaro ha escapado y su novia lo busca en vano. El modo en que Tsuge cuenta la historia apunta hacia el conflicto implícito: mientras que el hombre pasa la mayor parte de su tiempo dentro del apartamento, la mujer entra y sale libremente, dejando al hombre y al pájaro prisioneros y dependientes de sus cuidados. Mientras que las imágenes cuidadosamente delineadas y el ritmo del diálogo captan la atención del lector, las meditadas sutilidades de composición de la historia sugieren un subtexto subyacente.

Chîko está basado en sus propios recuerdos. Comparte características similares con un género literario llamado Yo-novelas, que se consideraban un género literario muy prestigioso (en oposición con el mero entretenimiento). De modo que cuando el crítico de cómic Susumu Gondô preguntó a Tsuge si tenía algún problema introduciendo valores literarios en una forma percibida primariamente como simple entretenimiento, él respondió: “No he pensado en ello. Por eso es por lo que puedo dibujar con naturalidad. En realidad, pensaba que podría ser interesante hacer algo usando hechos reales.” No todo en esta historia viene de las experiencias vitales de Tsuge, pero para los críticos e historiadores, era un Yo-cómic, y con el tiempo Tsuge se convertiría en la principal figura de este nuevo género.

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Traducción: Meganeguard
Edición: Kotonoha


(…) En respuesta a la pregunta de Gondô, “¿Qué significa para ti viajar?, Tsuge respondió, “No es sólo liberarse de la vida diaria, también es la relación con la naturaleza al convertirse uno mismo en un punto del paisaje.”

(…) Todas las “historias soñadas” de Tsuge son muy diferentes, tanto en estilo como en contenido, pero tienen motivos recurrentes, como los ojos y el agua. En junio de 1968, Tsuge escribió Nejishiki, basado en un sueño que tuvo dando una cabezada en el tejado de su apartamento. Este cómic causó un gran impacto entre los lectores, pero también entre los artistas. Pensaron que, o bien no tenía nada que ver con los cómics, que era una cómic de humor, o bien que era la prueba de que los cómics eran arte. Junto a Lîsan Ikka (junio de 1967), Nejishiki es uno de sus cómics más parodiados. Aunque hay varias posibles interpretaciones, es interesante observar cómo los personajes se mueven dentro de la historia y a través del dibujo. Mientras que casi todos los personajes permanecen sentados o tumbados, siempre en una posición estática, sólo el personaje principal camina. Pero, ¿adónde va? Viene del mar al principio y vuelve al mar al final. Algunos críticos argumentan que es una imagen arquetípica del nacimiento –el mar y la herida sangrante simbolizan el agua y la sangre respectivamente- mientras que la imaginería del río Estigia y su viaje en barca en el bote conducido por alguien que apenas se ve, representa la muerte. Sin embargo, esto puede ser ir demasiado lejos. En el mundo de Tsuge es fácil llegar a la conclusión de que nadie va a ninguna parte independientemente de cuánto se mueva, porque un camino es sólo un sustituto de la libertad. El personaje principal es curado de su herida, pero su experiencia vital le lleva de nuevo al mismo lugar, lo que tiene mucho que ver con la ontológica pregunta de Tsuge, “¿Dónde puede ir uno para sentirse libre?” Y en este punto de su carrera, la respuesta todavía era “a ningún sitio”.

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Traducción: Marc Bernabé


(…) En 1976, Tsuge empezó a guardar registros de sus sueños y creó cómics a partir de algunos de ellos; Soto no Fukurami es ejemplo de ello. Es un cómic muy extraño sin globos de texto, con una especie de personaje pictográfico, pintado en colores pastel. Trata del miedo al exterior, algo muy abstracto que consigue dibujar usando un color blanco muy suave –“Había una especie de ondulación brumosa, un extraordinario sentimiento abstracto dentro de mí que llamaría la noche, o el exterior.” Esta historia se centra en el “exterior” como terror, y el propio confinamiento que lleva a la muerte.

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Traducción: VyvyanWilde, Ani
Edición: VyvyanWilde
Una muestra de los colores originales, aquí


(…) Tsuge sufría de depresión crónica y cada una de sus crisis provocaba que se despreciara profundamente a sí mismo. Los cómics presentados en Comic Baku muestran esta depresión. Sanpo no Hibi (junio de 1984) o Aru Mumei Sakka (septiembre de 1984) presentan al personaje principal enfrentado a problemas de dinero o empleado como asistente de un autor famoso.

También, Ishi wo Uru (junio de 1985), Munô no Hito (septiembre de 1985), que se convertiría en una serie del mismo nombre, Torishi (diciembre de 1985), Tansekikô (marzo de 1986), Kamera wo Uru (junio de 1986) y Jôhatsu (diciembre de 1986) presentarían todas ella un personaje principal que se parecía a Tsuge en aspecto y edad, con hechos que reflejaban aquellos que él vivía en el momento.

(…) En el trabajo de Tsuge, la motivación de su personaje principal es un deseo contradictorio de separación y reconciliación. Su personaje busca nuevos paisajes y encuentros efímeros; permanece aislado de los otros empleando su tiempo en dormir o permaneciendo confinado. En un sentido más extremo, el personaje se rechaza a sí mismo y trata de desaparecer. Nada de esto alivia su mal, sólo es un alivio temporal. Busca alivio identificándose con la naturaleza, como un punto en el paisaje, pero también a través de relaciones con mujeres y especialmente a través de su relación estrecha con su mujer e hijo.

Tsuge fue capaz de crear un nuevo tipo de historia gracias a la política editorial de garo. Gracias a sus trabajos, los cómics en Japón son definitivamente una forma artística para adultos en lugar de entretenimiento exclusivamente para niños. Su influencia es enorme y amplia, incluyendo la tendencia comenzada en los años setenta de los cómics revelando los matices psicológicos de sus personajes y la libertad de los autores de cómic para expresar lo que quieren decir en lugar de seguir géneros establecidos. Todo esto es el resultado del trabajo pionero de Tsuge. En la historia de los cómics japoneses, Tsuge tiene su lugar en lo alto de la montaña.

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Historieta extra Hatsutake gari (Garo, abril de 1968), traducida al inglés como Mushroom hunting

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Hágase el murciélago. Fred recuerda

En 1986, Dwight Zimmerman entrevistó a Fred Finger, hijo de Bill Finger, para el fanzine Comic Interview #31. La entrevista se volvió a publicar en Alter Ego Vol. 2 #5 (TwoMorrows, 1999). A continuación ofrecemos una traducción de la misma en la que, aunque Fred Finger (fallecido a finales de los años ’90) comete algunos errores de bulto sobre el origen de Batman y otros aspectos, podemos acceder al retrato más humano de Bill Finger que hemos leído hasta el momento, y donde no sólo se enfatizan sus virtudes.

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¿Cuándo fuiste consciente de lo que hacía tu padre?

¿Escribir cómics? Desde que tengo uso de razón.

¿Cuál es tu primer recuerdo al respecto?

Probalemente cuando tenía menos de cuatro años. A pesar de que dicen que no deberías recordar mucho antes de la edad de cuatro años, yo tengo algunos recuerdos. El principal problema es que mis padres se separaron cuando yo tenía cuatro años y medio, de modo que yo no tenía mucha idea sobre de qué iba la cosa. Pero me quedaba con Bill los fines de semana y él se quedaba levantado toda la noche, y escuchaba la máquina de escribir durante toda la noche, y por la mañana había una pila de originales blancos y copias amarillas. Y cuando llegué a una edad en la que ya sabía leer, me pedía que los leyera para hacerse una idea de cuál sería la respuesta de un niño a una historia –ya sabes, si tenía sentido desde el punto de vista de un niño. Y si yo los encontraba demasiado confusos, intentaba trabajarlos con él de manera que alcanzasen el nivel de algo que un muchacho un poco sofisticado pudiera pillar. Pero creo que siempre supe que escribía cómics –principalmente porque siempre había pilas y pilas de cómics por casa, de manera que nunca tuve la necesidad de comprar un comic book. En realidad no sabía mucho sobre lo que pasaba en National en aquella época –la parte de los negocios y cosas así-, sólo sabía que mi padre estaba loco porque se pasaba hasta las tres o cuatro de la madrugada escribiendo a máquina todo el tiempo para conseguir tener algo para el lunes… lo que, en los siguientes años, descubrí que se suponía que era para el lunes anterior. Pero así era mi padre –lo dejaba todo para última hora.

¿Cuál era el método de trabajo de tu padre?

Brainstorming. Volvía de la oficina con la premisa para una historia y tenía una increíble colección de artículos y esto y aquello sacados de revistas y libros y tal que había ido coleccionando a lo largo del tiempo.

Sí, he oído que tenía un buen archivo.

Dios, sí. Quiero decir, había un archivo sobre pájaros… todo lo que tiene que ver con pájaros –apodos para pájaros, cantos de pájaro, cómo se hacen los reclamos para pájaros- todo. O trucos de cartas –todo lo que estuviera relacionado con villanos importantes- villanos de Batman, porque eso era principalmente en lo que estaba involucrado. Y volvía de la oficina y decía, “Bien, quieren una historia sobre el Pingüino haciendo algo raro con una exposición de pájaros y algunos pájaros exóticos haciendo esto y aquello y lo de más allá.” Y repasaba sus archivos y luego íbamos el sábado al Museo de Historia Natural y caminábamos por el museo durante horas. Y a mí sólo me interesaba ir a ver los dinosaurios y pasarlo bien y ver las rocas y minerales y las cosas que me interesaban. Sin embargo, acabábamos en el salón de los pájaros y Bill caminaba por allí muy silenciosamente mirando todos los pájaros expuestos y pensando en las cosas que quería usar como elementos en su historia. Y luego volvíamos a casa después del museo y el cine y la cena y todas las cosas que los padres divorciados hacen con sus niños. Y así es básicamente como lo hacía. O llamaba a un par de amigos suyos y venían y se sentaban y tomaban unas copas y hablaban –y tal vez venían un par de dibujantes y hacían algunos dibujos rápidos y jugaban con ideas y de ahí salía una historia.

¿Cuándo naciste?

Nací en 1948, así que estamos hablando de principios de los años ’50.

¿Te contó tu padre cómo se creó Batman?

Sí. Esta es la verdad, según mi madre, Portia Finger. Bill era un muchacho joven, en 1937, y conoció a Bob Kane en una fiesta en el Bronx –y era vendedor de zapatos- y Bob era un autor de cómic novato, haciendo lo que fuera en aquellos tiempos. Él y Bill hablaron de ciencia ficción y tal porque a los dos les gustaba leer ciencia ficción. Y Bill siempre había querido ser artista. Era un escultor regular, un dibujante no muy bueno, pero por lo que entiendo era muy creativo, y empezaron a charlar e intercambiar ideas, y Bob estaba trabajando en un personaje, Batman, y no tenía un concepto muy claro de cómo quería que fuese su aspecto, o cualquier tipo de historia para su personaje. Simplemente quería idear un personaje.

¿Tenía por aquel entonces el personaje un nombre?

Creo que era “El Murciélago” originalmente. Y había un problema con eso, porque había habido una película con Bela Lugosi titulada The Bat, y la gente ya lo asociaba con esa connotación de maldad –y no querían eso. Querían que Batman fuese un héroe, una especie de héroe fuera de la ley –lo que fue durante muchos años, inicialmente. No trabajó estrechamente con la policía hasta después del primer par de años –era un vigilante. De modo que Bob tenía esa idea, una especie de concepto básico, y Bill tenía un montón de ideas sobre lo que quería hacer con la historia –el pensaba, “Oh, genial, escribiré una historia –nunca he hecho esto antes.” Y se les ocurrió la primera historia de Batman. Y después de eso tuvieron que idear quién era su personaje –y por qué era así.

¿Qué hay del traje?

El traje original para Batman era un traje muy rígido, uno que no funcionaría para nada bien. La capa no era una capa, eran alas –no puedes pasar por una puerta con unas alas rígidas. Y en el sentido práctico, si este hombre estuviese balanceándose en una cuerda, el viento le llevaría en la dirección contraria si las alas fuesen rígidas. Los colores eran diferentes; tenía una máscara en lugar de una capucha. Con forma de diamante. Parecía más un gato que un murciélago.

¿Viste alguna vez la ilustración o la descripción?

Hace algún tiempo vi uno de lo dibujos originales en un libro –y no recuerdo qué libro- pero era muy diferente de aquello en lo que se convirtió Batman para cuando llegó a su fase clásica de los años ’40. Me cuestra recordar muchas de estas cosas porque todo esto sucedió antes de que yo naciese. Ya sabes, nunca conocí a Bob Kane.

Has mencionado el hecho de que tuviste en tu poder los archivos de tu padre durante algún tiempo.

Los tuve. Los tuve cuando murió Bill y tuve que limpiar su apartamento, y eran enormes. Era suficiente como para llenar un aparador. Y llamé a National y dije, “Mirad, tengo todo este material aquí.” Esto fue cuando murió Bill, en 1973 o 1974 –yo también me estoy volviendo un poco vago con la vejez. No estoy muy seguro. Y en la oficina nadie estaba interesado y no me podía imaginar por qué. Pensé que debería haber nuevos guionistas allí que estuvieran interesados en toda esta información sobre cómo desarrollar personajes y por qué las cosas sucedían como sucedían en las historias de Batman. Ningún interés. Y no es que estuviera intentado venderselos o algo. Simplemente pensaba que a alguien podían interesarle estas cosas porque eran interesantes. Me senté a releerlas como cuando era un niño. Me senté y las repasé porque ahí había cosas interesantes.

¿Dijo tu padre exactamente en qué había contribuido en la vieja versión de Batman?

Desarrolló el traje, desarrolló la historia de Batman –por qué decidió luchar contra el crimen; la muerte de los padres de Bruce Wayne; cómo puede hacer esto alguien sin tener trabajo- el batarang, la batcueva, el batmovil, la batseñal- todo eso salió de la pequeña fértil imaginación de mi padre.

¿Qué hay los villanos?

Los villanos. El Joker viene a la mente como el mayor rival de Batman. Él y Bob intentaban crear algo con la idea de un villano realmente extraño, y desarrollaron el personaje del Joker, pero todavía no tenían una cara para él. Y en Coney Island estaba el Luna Park y el Steeple Chase, y el Steeple Chase tenía una enorme cara pintada en la entrada. Y estaban en Coney Island, paseando, y Bill dijo, “¡Esa es la cara, esa es la cara!” –y así es como surgió la cara del Joker.

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El personaje al que hace referencia recibe el sobrenombre de “Tillie” (por el fundador del parque de atracciones, George C. Tilyou) y es todo un icono. En esta imagen tenemos a “Tillie” en 1908. De hecho, las entradas al parque de atracciones tenían este aspecto. Pero ha habido otros “Tillies”, como este, este, o este otro (que realmente recuerda al Joker, aunque parece moderno). “Tillie”, además de en murales, ha aparecido en anuncios y tarjetas, y Bruce Springsteen junto a la E Street Band se han fotografiado bajo su mirada de aprobación. Pero efectivamente, “Tillie” puede resultar bastante tétrico.


Lo que acabas de decir es muy diferente de la versión en la que, básicamente, Jerry Robinson mantiene que él ayudó a crear el Joker –que la cara del Joker en realidad salió de una carta de la baraja, un comodín…

Eso también es posible. He visto un montón de cartas de la baraja y nunca he visto una cara como la del Joker en ninguna. Tal vez hacían cartas distintas en lso años ’40, pero las Tally-ho todavía tienen el mismo aspecto ahora que cuando yo era un niño, y estoy seguro de que tenían el mismo aspecto veinte años antes.

¿Tu padre usaba sólo Tally-ho?

Bueno, no lo sé. Tally-ho, Biker… Básicamente todos son comodines registrados y tienen copyright desde los años ’20, porque sé que las cartas de juego americanas básicamente no han cambiado. Pero la cara en el Steeple Chase era muy distintiva –era una cara totalmente maníaca y era un payaso malvado de cara blanca. No tenía una sonrisa, tenía un aspecto malicioso.

¿Qué hay del aspecto de Conrad Veidt?

Creo que el aspecto de Conrad Veidt era el aspecto físico del Joker: los brazos largos, las manos larfas, la cara muy larga, y esa especie de tristeza en el personaje al mismo tiempo, porque el Joker, realmente, cuando te acercas a él, es un personaje muy triste. Quiero decir, ahí está, permanentemente desfigurado, sin ningún modo de revertir los efectos, y eso le volvió un poco loco, creo. Pero he visto algunas películas de Conrad Veidt y he visto de donde pueden venir algunos de los gestos. La cara vino de Steeple Chase.

¿Qué hay de los otros villanos?

El Pingüino fue una idea de mi padre y mi madre, cuando eran novios. En aquel entonces mi madre vivía en Albany, y Bill iba los fines de semana y los pasaba allí con ella y daban largos paseos y él decía, “Tengo una idea para una nueva historia y necesito un nuevo personaje y estos son los rasgos que quiero tratar en el personaje.” Caminaban a lo largo de la carrretera básicamente intercambiando ideas, y ella dijo, “Bueno, ¿por qué no haces que parezca un mayordomo inglés loco? Y haz que le encanten los paraguas. Y piensa en todas las cosas que puedes hacer con los paraguas –como espadas, bastones, y así.” “Oh, muy bien.” “¿Y por qué no lo llamas el Pingüino porque parece un poco un pingüino, con ese traje de mayordomo blanco y negro? Y si ese va a ser su nombre, ¿por qué no hacer que esté obsesionado con los pájaros?” Y así es como ocurrió –el evangelio según mi madre. Y tiendo a creerla en cosas como esa. Dos Caras fue una idea que salió de Jekyll y Hyde. Un montón de personajes se desarrollaron a partir de fuentes clásicas. Pero los más distintivos eran definitivamente irreproducibles en cualquier otro sitio; sólo venían de la imaginación de alguien. Algunos personajes aparecieron y después desaparecieron durante años y luego aparecieron de nuevo porque de pronto era el momento correcto para recuperarlos –Dos Caras es uno de los que han entrado y salido de los cómics cada diez años. De repente ya no cae bien y luego cae bien y luego… En realidad es uno de mis personajes favoritos.

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Portada de Jerry Robinson para la primera aparición del Pingüino, en Detective Comics #67 (DC, 1942)


¿Hay alguna razón particular?

Porque está en todo el mundo. Todo el mundo tiene esa cualidad. El Dos Caras original, debido a lo que era –un fiscal del distrito al que arrojan ácido y se pasa al otro lado- es un personaje que despierta la compasión. Es alguien que es lo que es debido a un trauma. Y creo que eso lo convirtió en un personaje muy interesante, con el que puedes hacer mucho. Mientras que alguien que es simplemente malvado, como el Pingüino –el Pingüino no tienen ninguna razón para ser malvado; sólo es un hombrecillo perverso. Por el Joker puedes sentir compasión –pero era un criminal antes de empezar por lo que, pobre hombre, ya era perverso desde el principio. Dos Caras al principio no era malvado; por eso es el villano que más me gusta de todos –le ocurrió algo que le hizo cambiar. Todos los demás ya estaban en el otro lado. Un poco como Luthor en los cómics de Superman –no empezó como un genio malvado, empezó simplemente como un genio. Y pasó por sus traumas y de repente cambió.

¿Qué hay de Robin?

Robin. En realidad no sé cómo surgió Robin. Robin creo que fue idea de Jerry Robinson. En cada artículo que he leído sobre el origen de Robin, era un concepto de Jerry.

Kane se acredita como creador de Robin.

¿En serio? No creo que Bob Kane hiciera muchas historias de Robin en lo que a dibujarlas respecta. Para ese momento Jerry ya hacía la mayor parte del dibujo.

¿Jerry era negro de Kane?

Sí. Bob Kane tenía un montón de gente que trabajaba para él como entintadores, delineadores y todo lo demás que tiene que ver con realizar una ilustración. Y Bob básicamente tenía la decisión final, pero no hacía mucho a partir de cierto momento. Es decir, simplemente mirando los estilos te das cuenta. Mi amigo Ian, que a los 13 años era fanático de los cómics, podía distinguir el trabajo de Dick Sprang, de Jerry Robinson, de toda la otra gente que trabajaba para él. Y también pude diferenciar el trabajo de Kane, porque tiene un aspecto totalmente distinto. El trabajo de Jerry es mucho más fluido e ilustrativo; Bob siempre fue muy rígido, muy de comic book. Las ilustraciones de Jerry eran realmente buenas, y más activas. Conseguía imprimir flujo en una viñeta, mientras que cada viñeta de Bob Kane estaba enteramente contenida en sí misma –bueno, malo o indiferente, había cosas individuales, mientras que el de Jerry era un concepto de página; podías ver el desarrollo de la acción de viñeta a viñeta. Eran como fotogramas.

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Página original de Jerry Robinson para Batman # 11 (DC, 1942)


¿Qué hay de Batgirl?

Batwoman.

En realidad creo que se llamaba Batgirl.

No, Batgirl era su compañera, su sobrina.

Bueno, ¿qué hay de Catwoman?

Catwoman fue otras de esas raras ideas que Bill tenía sobre relaciones de amor-odio. Donde Catwoman realmente estaba enamorada de Batman, y Batman realmente estaba enamorado de Catwoman, pero estaban en lados totalmente opuestos y aquello no podía funcionar. Pero en las primeras historias en las que apareció Catwoman, estaban unidos románticamente –siendo ambos gente de la alta sociedad que se conocían sin el disfraz.

¿Conocían mutuamente sus identidades secretas?

No, nunca conocieron sus identidades secretas, pero ambos se conocían y frecuentaban los mismos círculos sociales. Batman conocía la identidad secreta de Catwoman pero nunca la reveló. Pero ella nunca descubrió que él era Bruce Wayne.

¿Tienes alguna de las historias de tu padre (guiones…)?

Ahora mismo no tengo absolutamente nada. Debido cómo National pagaba entonces a sus guionistas, Bill nunca ganó dinero escribiendo cómics. Las historias eran muy, muy baratas, y debido a sus rarezas personales sobre entregar siempre tarde, le fueron dando menos cómics a medida que guionizaba para ellos. Y cuando yo era un niño, había pilas y pilas de viejos cómics que me encantaría tener. Pero tuvo que venderlos para sobrevivir. Ya sabes, cuando limpié su apartamento pensé que encontraría cosas. Por eso es por lo que repasé todos los archivos, para ver si quedaba algo. Nada, nada de nada. Lo único que tenía eran los últimos cómics de modelos y no había un gran mercado para ellos, se vendían por 50 centavos el puñado. Lo cual era una pena, porque realmente los quería para mí, pero no quedaba nada. Tengo mucha amargura por ello y es un tema que me afecta mucho. Sentí una gran frialdad cuando les llamé para decirles que Bill había muerto. Hablé con Carmine Infantino –él era entonces el editor, y le entristeció mucho escuchar que Bill había muerto, pero realmente no tenía mucho más que ofrecerme en el sentido de ofrecer los archivos a alguien a quien le pudieran servir para algo. Y básicamente fueron muy fríos conmigo. Otro editor fue muy frío conmigo cuando hablé con él por teléfono. No me gustó ir allí.

¿Cuándo fuiste allí?

En octubre o noviembre de 1984, con mi amigo Ian, que nunca había estado en National Comics. Yo dije, “Genial vamos a Lexington Avenue”, y él dijo, “Ni siquiera sabes dónde están ahora”. Yo dije, ¿Qué quieres decir?” Y él dijo, “No están el 575 de Lex, están en el 666 de la Quinta Avenida.” Y yo dije, “Oh, el número de la Bestia, ¿eh? Y fuimos allí, entramos en las oficinas y dije, “Hola, soy Fred Finger.” Un editor salió y dijo, “Hola, ¿qué haces aquí?” Y yo dije, “Bueno, básicamente estoy aquí como turista. Tengo aquí un amigo que está muy interesado en los comic books, tiene una colección maravillosa, y quería venir y ver el lugar, y yo nunca he estado en vuestras nuevas oficinas –y cielos, es una oficina muy agradable.” Y el dijo, “Sí, ya que está aquí, tengo unos cheques para ti.” Y yo dije, “¿En serio? ¿Por qué?” Y él dijo, “Porque hemos reimpreso un montón de las historias de tu padre en los últimos diez años.” Y yo dije, “Oh, ¿en serio? Bueno, aquí está mi dirección. Si no los encuentras ahora no hay problema, envíalos por correo. ¿Cuánto pagáis?” Porque no me imaginaba cuánto podían pagar. Eran 100 dólares por historia en aquellos tiempos. Y ahora pagan por royalties 20 dólares por página –y la historia media es de 13 páginas.

Así que fuiste a casa de Ian y repasaste su colección.

Sí, porque él es coleccionista de cómics. Tiene un montón de reimpresiones. Y empezamos a revisarlas. Algunas tienen los créditos de los guionistas, otras no, pero conozco el estilo de escribir de mi padre. Siempre había cosas en esas historias que podías identificar. Y salí con una lista de al menos veinte historias y les llamé y dije, “Hola, no sé cómo está haciendo esto tu departamento de investigación, pero he encontrado unas 20 historias de Bill que se han reimpreso.” Y ellos dijeron, “Bueno, sólo pagamos los números desde 1976.” Y yo dije, “No, eso no es lo que me dijiste, en realidad. Me dijiste que pagabais por los números desde 1974, porque habíais reimpreso unas cuantas historias ese año como homenaje a Bill. ¿Y me estás diciendo que no vais a pagar los royalties de esas historias?” Y este editor dice, “Bueno, no. Yo estaba equivocado. No pagamos los números de 60 centavos. Sólo los de un dólar.” Y yo dije, “Vale, bien –estos son los números de 60 centavos, estos son los números de un dólar. Los números de 60 centavos llevan su nombre. ¿Dónde están los cheques?” Y él dijo, “Bueno, tienes que hacer toda la investigación.” Y yo no tengo el tiempo para hacer eso. Ellos tiene allí los cómics; tienen un departamento de investigación, y yo no quiero tener que acudir a un abogado –no quiero. Es caro, lleva tiempo, promueve sentimientos más amargos de los que ya hay. Y básicamente, la última vez que estuve allí me echaron de las oficinas –lo que me pareció un trato bastante grosero.

¿Cuándo fue eso?

Hace un par de meses. Entré y hablé con el editor y dijo, “No tengo nada para ti, así que ¿por qué no te vas? Y ¿qué estás haciendo aquí?” Y no creo que esté bien, no lo creo. Ahora mismo no tengo nada de mi padre. Ciertamente, no busco dinero –y no buscaba dinero cuando fui allí. Todo lo que hice fue ir allí inocentemente –sólo quería ver si quedaba algo. Y después al decirme que me llegarían royalties –y luego ni una sola palabra más- y luego que básicamente me echasen de una oficina, no es un sentimiento agradable. Y sé que están planeando muy en serio sacar una película de Batman el próximo año o así, y no quiero pasar por lo que los creadores de Superman pasaron para conseguir algún tipo de acuerdo financiero cuando salió la película de Superman. Porque si tengo que llegar tan lejos, lo haré –puedo causar muchos problemas en ese aspecto. Porque si contrato un abogado, un abogado haría que un departamento de investigación revisase todos los cómics que yo no tengo tiempo de revisar ahora mismo, y podría llamar a Jerry Robinson; tengo su número. Podría llamar a muchas personas si todavía están vivas ahora para corroborar que Bill nunca recibió el crédito que se le debía como guionista durante su vida, y ahora que ya no está aquí para luchar por sus derechos –quiero decir, simplemente se da por supuesto. Pueden poner todos los párrafos laudatorios que quieran en los cómics, pero eso no cubre el hecho de que él estuvo allí y que nunca recibió nada por su creación.

¿Cómo era la relación de trabajo de tu padre con Bob Kane?

No muy buena. Me imagino que si hubieran tenido una buena relación de trabajo, le habría conocido de niño cuando Bill era muy activo en el mundo del cómic. Y nunca conocí a Bob Kane. [Pausa] Lo hice. Lo conocí en las viejas oficinas de National. Una vez. Pero no tenían para nada una buena relación. Básicamente porque cuando Bill empezó a escribir, era un negro de Bob Kane, y cuando National descubrió que Bob no escribía su propio material, quisieron saber quién lo hacía y llamaron a Bill a la oficina y lo pusieron en nómina como guionista freelance, y creo que la relación se deterioró a partir de ese punto porque Bill, de pronto, tenía una gran libertad creativa y entonces floreció como guionista y no necesitaba pasar por Kane para cualquier cosa que quisiera hacer en una historia. De modo que llegó el momento en que Bob decía, “Me gustaría hacer una historia sobre esto y lo otro”, y Bill decía, “Vale, buena idea.” Se iba a casa, trabajaba en el guión, lo traía y esa era toda la relación entre ellos hasta donde yo sé. Sé más sobre el resto de guionistas y dibujantes en plantilla en aquella época de mi vida que cualquier otro –de modo que me imagino que trabajaba con ellos más estrechamente. No creo que Bob tuviera realmente mucho que ver con el desarrollo de Batman como personaje después de cierto punto, y ciertamente no para cuando llegué yo. Básicamente él simplemente revisaba las cosas y ponía su firma, y eso era todo. Leí una entrevista con Jerry Robinson en un fanzine que básicamente decía lo mismo sobre el trabajo de Jerry con Bob –que una vez que Jerry se convirtió en dibujante principal de Batman, nunca veía a Bob excepto para obtener un sello personal de aprobación- eso era todo. Mientras tanto, el Sr. Kane se sentaba y recogía un montón de dinero por poner su nombre en todas partes.

¿Sabías que es el consultor creativo en la película de Batman?

Sí. Lo cual está bien, estoy seguro de que se lo merece –pero si mi padre aún estuviese vivo, ¿estaría él en esa posición? No. Mira, subyacen un montón de problemas. Cuando hicieron la serie de televisión de Batman, a Bill le ofrecieron la oportunidad de ir a la Costa Este y ser consultor creativo en el argumento inicial y la primera temporada. Y no lo aceptó. Lo que fue una pérdida para él –por algún motivo, no lo hizo. Si lo hubiera hecho, creo que las cosas habrían sido muy diferentes, pero no lo hizo, y los “y si” no sirven de nada.

¿Cómo era tu padre como hombre, su personalidad?

¿Personalidad? Bill era un hombre callado, muy soñador, muy personal en su vida. Sin muchos amigos íntimos –sus hábitos de escritura impidieron un montón de amistades porque básicamente se encerraba durante días. Tuvo una serie de romances tormentosos con un par de mujeres cuando yo estaba creciendo. Mirando hacia atrás, tengo la impresión de que mi padre fue un hombre que no creció nunca, y para cuando se dio cuenta ya tenía su tercer ataque al corazón y estaba bastante cerca del fin. Nunca tuvo muy claros sus objetivos; era un tipo de persona que vivía con lo mínimo. Su creatividad se cruzó en el camino de su pragmatismo. Nunca entregaba un guión a tiempo; nunca pagaba a tiempo la manutención de su hijo, si es que la pagaba. Nunca echó raíces en ningún sitio. Recuerdo que en los primeros años tras separarse mis padres, Bill se mudaba constantemente. Y durante un tiempo se asentaba durante un par de años, y después volvía a mudarse. Y sé que mucho de aquello tenía que ver con el dinero, porque no ganaba suficiente dinero para estar en un sitio el tiempo suficiente, pero los últimos años de su vida la situación se volvió bastante mala. Los últimos diez años de su vida fueron horribles. Tuvo que vivir en pequeñas habitaciones de hoteles de mala muerte dentro y alrededor de la ciudad, muy deprimente. Como padre fue tan bueno como pudo ser. Me aficionó a un montón de cosas maravillosas.

¿Te apoyaba mucho?

Cuando estaba ahí me apoyaba, pero no estaba ahí lo suficiente. Y creo que tenía tantos problemas con su propia hombría, que yo nunca tuve realmente una fuerte imagen masculina. Él vivía en un mundo de fantasía. Es difícil de describir –no, no es difícil de describir. A mí me cuesta describirlo. Hice un curso de Life Spring el pasado verano, y uno de los ejercicios era imaginarte a tus padres en sus posiciones más típicas, y la única manera en que podía imaginarme a mi padre era tumbado sobre su espalda, soñando –y esa es la más fuerte, la más vívida impresión. Eso o peleando con una de sus novias cuando no estaba escribiendo. Y realmente llegó a un estado de sueño perpetuo, debido a sus esperanzas no cumplidas y objetivos no perseguidos –era débil.

Era un hombre débil. Que es por lo que yo ahora tengo problemas, porque si hubiera sido un poco más seguro, todo habría estado en orden y yo podría tomar lo que se le debe; al menos eso nos llegaría a mi madre y a mí ahora mismo. Pero realmente era un buen tipo y tenía mucho que dar –y realmente no sabía cómo hacerlo. Nunca tuvo la habilidad de ser un buen comunicador. Que es por lo que era un buen escritor, porque a nivel personal era terrible. Pero podíaponerlo todo en una página y era genial. Pasamos cada fin de semana de mi niñez en el Museo de Historia Natural; incluso cuando era demasiado pequeño para entrar legalmente, él me colaba dentro. Porque tenían regulaciones sobre lo mayor que tenías que ser para entrar en el planetario y é me colaba cuando yo tenía cuatro años. En aquella época no podías entrar si eras menos de seis años. Él me colaba bajo su abrigo. Yo tenía una colección enorme de dinosaurios y todo lo relacionado cuando era niño, y tenía un buen sistema de apoyo en el hecho de que yo quería ser artista y quería estar relacionado con la creación. De modo que tuve ese tipo de apoyo. Pero donde no tuve ningún tipo de apoyo fue en las relaciones interpersonales, y eso fue duro, eso fue muy duro, porque me convirtió en una persona muy introvertida atrapada en mis mundos de fantasía y un montón de “y si”, y no puedes relacionarte con el mundo de esa manera. A nadie le importan tus “y si”; sólo les importa el “ahora” y “dónde está”. Eso se veía en el modo en que se relacionaba con las cosas.

Era un posponedor de primera. Lo cual está profusamente recogido en cualquier entrevista sobre Bill, o cualquier artículo –nunca hacía nada a tiempo. Y siempre tenía una excusa –buena, mala o indiferente, siempre había una excusa. Supongo que eso es lo más triste sobre él, que nunca consiguió organizarse. Pero yo le quería, mucho. Ahora le quiero más, mirando hacia atrás, de lo que hice durante mucho tiempo, porque supongo que ahora soy mayor y puedo ver las cosas un poco más claramente. Puedo ver mucho de él en mí y sé cuando estoy siguiendo sus pasos. A él le gustaba jugar al gol –algo que yo no sé hacer. Le encantaba escribir a máquina –algo que yo no sé hacer. Todos los trabajos que he tenido que hacer para el colegio, siempre me los mecanografiaba él.

¿Te contó sus sentimientos sobre los comic books?

Odiaba los cómics. Escribió para ellos durante muchos años. Le gustaba escribir, pero sentía una especie de orgullo negativo por escribir cómics. Y escribió otras cosas, también. Escribió guiones para la radio, escribió artículos sobre bricolaje, porque le encantaba la carpintería y además era un buen carpintero. Escribió guiones de película horribles, incluida alguna que aparece cada dos por tres a última hora o por la noche, The green slime. ¿La has visto? Sobre esa gente que está en el espacio exterior y hay un pequeño germen que se convierte en esa gran cosa verde que si te toca te da una descarga eléctrica y te quema –una cosa horrible. Y escribió para Hawaiian Eye y 77 Sunset Strip y The Roaring twenties y todas esas cosas de televisión que salieron de Warner Bros a principios de los años ’60.


Tráiler para The green slime, dirigida por Kinji Fukasaku en 1968


Así que, ¿consiguió salir del mundo de los comic books?

Lo hizo, lo hizo. Y durante mucho tiempo dejó de escribir comic books por completo. Durante un tiempo estuvi escribiendo películas de entrenamiento para el Ejército de los Estados Unidos –esto fue a mediados de los años ’60. Para entonces yo estaba un poco cabreado con él, y dije, “Sabes, me gustaba más cuando escribías cómics porque al menos podía creer en ti, porque ahora estás escribiendo material que ni tú mismo te crees.” Pero aquello no duró mucho tiempo. ¿Cómo te sientes cuando eres una persona antimilitar y sabes que tu padre es pacifista y está escribiendo películas de entrenamiento para que los comandos vayan a Vietnam? No sienta muy bien. Tuvo un compañero de escritura durante un tiempo cuando hacía guiones de televisión y películas y así. Es otro amigo suyo que se perdió en el camino.

¿Qué es lo que más te gustaba de la escritura de tu padre?

Su sentido de la diversión. Cuando Bill escribía una historia, era una historia de comic book. Había diversión. Las bromas no eran tan insípidas como lo fueron cuando Batman cambió en los años ’60 después de la serie de televisión, cuando se convirtió en un comic book caricaturesco. Eran unos comic books que tenían sentido del humor además de tratar sobre luchadores contra el crimen y todo eso. Había algo divertido en ellos, el diálogo, las situaciones, las botellas de leche gigantes cayendo y estando llenas realmente de leche, los trenes eléctricos gigantes en los que te podías montar –ese tipo de cosas me gustaban- eran algo diferente de lo que había en los otros cómics de aquel entonces. Podías leer un cómic de Superman y a partir de cierto período todos eran la misma historia –extraterrestres que vienen a la Tierra para hacer esto; o Lex Luthor haciendo aquello; o combinar tres o cuatro villanos en una historia, ¿sabes? Pero los cómics de Bill tenían sentido del humor sobre la vida en la ciudad. Eran muy urbanos, eran en gran medida una visión de las cosas desde Nueva York en los años ’40 –no todo lo que reluce es oro, pero ¿hasta dónde tienes que rascar antes de encontrar la auténtica mierda?

Cuando entrevisté a Bob Kane, en realidad dijo que tu padre era uno de los grandes héroes no reconocidos de Batman y empezó a dar a Bill bastante crédito en la creación de Batman.

Eso está bien. Me alegro de oírlo. Tal vez sean tan amables de incluir un rótulo en su memoria en la película. Oh, llegados a este punto estoy seguro, porque se ha hablado tanto de Bill y de los guionistas de cómics y todo eso, que ya no pueden negarlo más –porque durante años Bob Kane estuvo básicamente voceando “Fue todo cosa mía; todo era mío”, y eso no es verdad.

¿Cómo reaccionaba tu padre ante esto?

Creo que eso hacía que tuviera incluso menos autoestima de la que ya tenía, básicamente, porque nunca pudo llegar más lejos.

¿Nunca se reveló?

No, mi padre tenía una columna vertebral muy débil. Como he dicho, estaba muy poco orientado hacia un objetivo; tal ver por haber crecido durante la Depresión. Estoy seguro de que yo también me aferraría a las cosas si hubiera crecido en los años ’30. Bill nació en 1914, así que cuando llegó 1933, Roosvelt empezó a poner en marcha todas las cosas que ayudaron a la nación a salir de la Depresión. Para entonces estoy seguro de que estaba bastante de vuelta de todo. Básicamente, no creo que Bill pensase nunca que los cómics llegasen al punto al que han llegado hoy en día. Tal vez en los últimos años de su vida empezó a ver que realmente había tirado mucho en lugar de intentar conseguirlo, pero para ese momento ya estaba muy apaleado. Volvió a escribir cómics en sus últimos años de vida, y sus historias ya no tenían el mismo encanto.. Batman había cambiado tanto como personaje en los seis o siete años que él no había escrito para ellos que le resultó muy difícil volver atrás y tratar de escribir como solía hacerlo. Así que una historia que le solía llevar una semana, le llevaba el doble, porque de pronto los valores de su historia ya no sonaban auténticos. Y, no sé, tal vez esa fue una de las cosas que contribuyeron a su fin –ya no podía hacerlo, y no sabía qué más hacer. Te pasas 20 años tratando de escribir algo y entonces paras y tratas de retomarlo y ya no funciona.

¿Sólo hizo Batman para National/DC?

No. Escribió y concibió Green Lantern durante muchos, muchos años. También escribía otras historias –The Hawkman, The Atom, Flash, Wonder Woman –cualquiera que estuviera en la casa de National. Ahí hay historias que él escribió. Sobre esas no tengo ni idea –sólo son parte de los pulps que se producían. Pero esa imagen que te he dado, la que está como ajada, tiene a sus tres personajes: Rusty, Green Lantern y Batman.

Rusty –no lo conozco…

Yo nunca he visto un cómic con Rusty and his pals –debió de ser una serie de muy corta vida. Creo que fue lo primero, aparte de Batman, que escribió. Eso fue para National. Tengo idea de que Rusty and his pals y un poco como Dead End Kids/Bowery Boys, algo que no tendría ningún tipo de aplicación en los años ’80.

De modo que no estás en contacto con el mundo del cómic para nada, aparte de acercarte a mirar a una estantería.

No, no lo estoy. Cuando Ian estuvo aquí durante un par de meses mientras remozaban el piso de su madre, metió en casa más comic books de los que había vuelto a ver desde que era niño.


Hágase el murciélago. Un negro llamado Moldoff

Otro testigo de excepción de lo que ocurrió entre bambalinas con Batman y sus creadores fue Sheldon “Shelly” Moldoff. Moldoff fue el primer asistente de Bob Kane, estando presente ya desde Detective Comics #27, el número donde se presenta a Batman por vez primera, y trabajando en la serie durante aproximadamente todo el primer año. Posteriormente los caminos de Moldoff y Kane se separarían, para volver a cruzarse en 1953, año en que Moldoff comenzó a dibujar Batman como negro de Kane, situación que se mantuvo a lo largo de casi quince años. De esta época datan muchas historias recordadas con agrado por los aficionados, firmadas por Bob Kane pero realizadas en realidad por Shelly Moldoff. En 1999, Moldoff era entrevistado sobre estos temas por Bill Schelly para Alter Ego Vol. 2 #5, entrevista que traducimos a continuación.

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Aunque quiero hablar sobre todo de tu etapa en la serie de Batman en los años ’50 y ’60, ¿puedes hablarme un poco de tu primer trabajo en la serie?

Empecé con Bob Kane allá por 1939. Yo fui su primer asistente. Cuando él y Bill Finger crearon Batman, yo trabajaba en las páginas y en las portadas. Entintaba, rotulaba, hacía los logos y cosas así. Acababa de salir de la escuela y ambos vivíamos en el Bronx. Alguien me presentó a Bob, y así es como empecé a trabajar.

¿Recuerdas detalles sobre cómo conociste a Bob Kane?

Él estaba buscando un asistente. Acababa de empezar Batman y necesitaba ayuda. Alguien mencionó mi nombre y me llamó. Fui allí y ¡ya está! Empecé a trabajar para él.

¿Habías hecho cómics antes de eso?

Pequeñas cosas. No mucho. Había hecho material para All-American Comics, y había vendido páginas de relleno a Vince Sullivan para National Periodicals. Las páginas de relleno que hice eran páginas de curiosidades. Podían ser sobre deportes, sobre estrellas de cine, sobre como batear. Casi cualquier cosa. Hice un montón de trabajo para Vince Sullivan, que era el editor que se hizo cargo de Batman y se había ocupado de Superman antes.

En aquel momento, ¿Trabajabas para Bob Kane fuera de las oficinas de DC?

Nunca trabajé en las oficinas. Siempre trabajé personalmente para Bob.

¿Trabajabas en un estudio en casa?

Sí, mi casa en el Bronx. En aquel momento Bob y Bill siempre estaban juntos en el apartamento hablando sobre Batman. Todos estábamos muy emocionados al respecto. Todos estábamos en la misma onda sobre los personajes. Todos contribuimos.

¿Cuánto duró tu asociación en los años ’40?

Casi un año, probablemente.

¿Por qué dejaste de trabajar para Kane?

Quería hacer mis propios personajes. Empecé a hacer Hawkman y otros personajes. Luego hice The Black Pirate para Sheldon Mayer en All-American Comics.

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¿Cuándo fue la siguiente vez que trabajaste en Batman?

No volví a ver a Bob hasta 10, 12 años después. Por supuesto, sabía que había tenido asistentes después de que yo me marchase. En realidad, creo que incluso tuvo un pequeño estudio entonces, con un par de artistas trabajando en él. Tenía un gran volumen de trabajo, ¿sabes? Jerry Robinson llegó justo después de que yo me fuera y se quedó durante varios años. Cuando me encontré a Bob de nuevo en 1953, dijo que necesitaba un negro. Quería a alguien que hiciera su Batman. ¿Estaba yo interesado? Yo dije, “Sí, vamos a hablarlo.” Llegamos a un acuerdo, nos dimos la mano y eso fue todo.

Entonces en cuando comenzaste tu intensa participación en el Batman de los años ’50?

Sí. Era junio de 1953, creo. Yo ya no era asistente. Era negro. Yo hacía Batman. Esa es la diferencia. Cuando eres negro, tú lo haces, y no dices nada.

Después de que tú tomases la serie, ¿se involucró de alguna manera Kane en el dibujo?

No. Hizo muy poco. Lo miraba, y después toqueteaba una nariz o una barbilla o algo así. Yo cogía el guión de él y después dibujaba ocho o diez páginas o lo que fuera. Hacía todo de principio a fin.

O sea que actuaba como, acaso, simplemente un editor.

Más o menos. Sí, sí.

¿Entonces se llevaba los dibujos y esa era la última vez que los veías?

Sí. Yo los llevaba a su casa. Por aquel entonces él vivía en un apartamento en Riverdale, junto al río Hudson.

¿Dónde vivías tú?

Yo vivía en Jersey, creca del Hudson. Iba allí y entregaba los dibujos. De hecho, él estaba casado por aquel entonces con una chica muy maja, Beverly, y nos veíamos mucho. Éramos amigos. Tenía una niña pequeña, Debbie. Y yo también tenía una niña pequeña. Solía traerla a mi casa para pasar el fin de semana. Éramos amigos. Nos vimos mucho durante los siguientes 15 años.

¿Tú y tu mujer estabais al tanto de las cosas de su familia y demás?

Oh, sí. Yo era más que un negro. Él siempre decía, “Eres mi mejor amigo.” Pero Bob era un tipo raro.

¿Cómo describirías su personalidad?

Tenía una personalidad muy buena. Era muy agradable. Era un tipo alto, delgado, con buen aspecto. Era un mujeriego. Ese era su fallo, ya sabes.

Algunos dicen que Bob Kane fantaseaba cuando era joven con ser Bruce Wayne –una especie de playboy.

Cuando me lo encontré de nuevo en 1953, ya estaba casado. Supongo que aguantó mientras pudo, y después una sola mujer ya no era suficiente, al parecer. Acabo divorciándose, luego se mudó a Sutton Place en Nueva York, y continué trabajando para él después de que se divorciase.

¿Tu relación con Batman fue siempre directamente con Kane?

Sí, yo trabajaba para DC a través de él. Al mismo tiempo, yo iba a National Periodicals, trabajando para Jack Schiff, Murray Boltinoff, George Kashdan y Mort Weisinger. Pero no en Batman.

¿Qué tipo de encargos hacías para ellos?

Hice Mr. District Attorney. Hice Blackhawk. Hice algo de Aquaman. Para Mort Weisinger entinté un montón de material de Curt Swan. Un montón de Superman.

¿Quién entintaba tu trabajo en Batman?

La mayor parte la hacía Charles Paris.

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Moldoff entintado por Paris en Batman #161 (DC, 1964)


¿Alguna vez sentiste el deseo de entintarlo tú?

Entinté algo cuando ellos se atascaban. A veces Jack Schiff me decía, “¿Puedes hacer esto? ¿Puedes entintarme esta historia?” ¡Y me daba la historia que yo le acababa de entregar a Bob hacía un par de días! [Risas]

¡Eso debía de ser un poco raro!

Nunca se lo dije a nadie. Tal y como yo lo veía entonces, ellos sabían que tenía un negro. Mientras el trabajo estuviera allí a tiempo, no les importaba. He leído artículos recientes donde se dice que era el “secreto peor guardado”, y todo el mundo lo sabía. No me lo creo. En los años ’50 y ’60 no creo que lo supiera demasiada gente. Después, los historiadores y fans y coleccionistas se empezaron a interesar en saber quién hizo qué. Se enorgullecían en ser capaces de reconocer estilos, y empezaron a identificar mi trabajo en Batman. ¿Me entiendes? Estoy muy agradecido a tipos como Joe Desris. Estaba en contacto con National Periodicals, y verificó muhcas de las historias que yo había hecho porque yo tenía documentado que las había hecho y le di esta documentación. De modo que cuando hubo reimpresiones de Batman, me las acreditaron.

¡Me parece fantástico!

Tengo que agradecer a esos fans e historiadores del cómic por ello.

¿Por qué tenía que ser un secreto tan profundo y oscuro en la época? Si DC estaba contenta con lo que Kane les entregaba, ¿por qué tenía que ser mantenido en secreto?

¡Eso es lo que quería Bob! Siempre dijo que él hacía el dibujo, ¿sabes? En realidad, he leído entrevistas con él, y siempre insistía en que él hizo la mayor parte del dibujo. Creo que hubo un artículo en Comic Book Marketplace sobre un pequeño producto de regalo que hizo para unas aerolíneas (creo que eran American Airlines). Bueno, él no hizo nada. Yo lo hice. En su cabeza, sólo eras una extensión de sus pensamientos o sus dedos. ¿Entiendes lo que digo? No le iba a dar crédito a nadie por nada. De hecho, yo hice su Corageous Cat and Minute Mouse.

¡No sabía eso!

Yo hice todas las historias, e hice todos los storyboards.

¿Te frustraba esto? Por supuesto, también tenías otros trabajos.

Yo estaba muy ocupado. Ocupado con mi propio trabajo, y ocupado con el material de Bob. Él decía, “Shelly, tienes una anualidad. Batman continuará para siempre.” De modo que aunque no era la parte principal de mis ingresos, era un cheque que sabía que era bueno y seguro y siempre venía. Trabajé para muchas otras editoriales. Trabajé para Fawcett durante unos cuantos años. Muchas de las series tenían ciclos. Vendían y estabas en la cresta de la ola durante un tiempo, y dos años después te cancelaban. Era un campo frustrante para un montón de dibujantes y guionistas porque no sabías lo que iba a vender o durante cuánto tiempo iba a vender.

Así que trabajar de negro para Bob Kane era una especie de trabajo seguro.

Batman era algo seguro. Siempre estuve seguro de que, al menos, siempre me llegaría algún cheque. Eso es lo que pensaba. No me arrepiento para nada. Me habría gustado tener mi nombre allí. Me habría gustado que me hiciera una mención o me hubiera dado crédito. Eso habría sido bonito. Pero Bob no era ese tipo de persona. Lo asumes, eso es todo.

¿Sabías quién escribía los guiones?

Oh, sí. Conocía a muchos de los guionistas. Los guiones siempre estaban firmados: Arnold Drake, Bill Finger… había bastantes guionistas. Sabía que Bob Kane había llevado personalmente a Arnold Drake a Jack Schiff, y acabó escribiendo bastantes de las historias a lo largo de los años. No sólo de Batman, ya sabes.

Por especificar un poco, me he dado cuenta de que una de las primeras portadas que hiceste en Detective Comics fue la presentación de Batwoman. ¿Diseñaste tú el traje?

Sí. Igual que Mr. Freeze y el segundo Clayface. Cualquier villano o personaje que entrase en la historia normalmente era ideado por el guionista. Yo creaba la parte visual. Así que cuando la gente me dice, “Tú creaste a Batwoman” o, “Tú creaste a Bat-Mito”, yo digo, “El guión requería el personaje.”

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Detective Comics #233 (DC, 1956), primera aparición de Batwoman


Pero tú lo visualizabas.

Yo creaba la parte visual. Yo hacía el traje. Yo decidía el aspecto de Batwoman y muchos otros personajes.

Permíteme hacerte una pregunta específica que puede parecer tonta. Cuando yo era un niño y leía esos cómics, siempre me fascino la manera en que se oscurecía el busto de Batwoman. Después me pregunté si se oscurecía por el Comics Code, o era un intento de quitar énfasis a sus pechos. ¿Había algo intencionado al respecto?

Tenías que ser cuidadoso. No querías que fuera demasiado sexy. En los años ’50 se volvieron más estrictos con las mujeres sexy como Phantom Lady y Sheena.

¿Estás de acuerdo en que el pecho oscurecido de Batwoman era un intento de restar importancia a esa parte de su anatomía?

No, yo no diría eso. Sólo era el diseño del personaje, en consonancia con el personaje, donde el negro debía ser predominante.

En esta época, las portadas, ¿se hacían antes o después que las historias interiores?

Normalmente el editor esperaba a que se hiciera la historia. Cuando tenía los lápicxes y miraba las distintas historias (podía haber dos o tres historias en una revista), elegía una idea y decía, “Usa al Batsabuenso en esta.” Hacía una sugerencia y después Bob me decía, “Jack Schiff ha dicho que ponga un gran granero al fondo, haz que sea tétrico”, o algo así, porque era parte de la historia. De manera que me decía si Schiff tenía alguna idea, y después yo lo dibujaba. Hice muchísimas portadas.

Me he dado cuenta de que la primera portada con Bat-Mito tiene lápices de Curt Swan. Pero las historia inicial era tuya. ¿Visualizaste tú primero a Bat-Mito y después Curt Swan vio los originales y dibujó la portada?

Sí.

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Detective Comics #267 (DC, 1959), primera aparición de Bat-Mito


He visto que Curt Swan y Stan Kaye hicieron una serie de portadas para Detective Comics a lo largo de la mayor parte de 1958 y 1959. Pero, ¿siempre se hacían primero las historias?

Sí.

¿También visualizaste tú el Batsabueso y a [la primera] Batgirl?

Eso es.

Cuando estábamos preparando esta entrevista, has mencionado que algunas de las portadas de Batman se habían conservado y convertido en muy populares. ¿Cuáles son las portadas que los fans te piden más que recrees hoy en día?

Diría que depende. Definitivamente, una de ellas es Robin dies at dawn! He recreado portadas protagonizadas por Clayface, el Pingüino, un par de variaciones distintas del Joker. Hice al Hombre-Cebra para alguien. Y además he hecho bastantes con extraterrestres. Cada persona tiene unos gustos distintos.

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Batman #156 (DC, 1956), conteniendo la famosa Robin dies at dawn!


Esta fue la época en que había muchos extraterrestres amenazando a Batman y Robin, también muchas transformaciones extrañas, como el Batman gigante, el Batman subacuático…

¡Algunas de las historias eran bastante raras! Jack Schiff estaba intentando encontrar lo que iba a vender. No era ni muy científico ni muy del espacio exterior. Sólo era… probar algo diferente.

Tu estilo por aquel entonces era muy agradable, y un poco caricaturesco [cartoony], pero muy apropiado para el tipo de elementos fantásticos que había en los comic books.

Pensaba que con ese estilo, un poco caricaturesco, era más fácil aceptar a un extraterrestre del espacio exterior. Hace que la historia sea agradable, interesante. Hoy en día están esos extraterrestres raros del espacio exterior, y están dibujados con mucho realismo y muy salvajemente. Yo no me lo creo. Para mí no parecen auténticos.

Encuentro ese estilo caricaturesco muy atractivo.

Para mí, eso es un “comic book”, ¿entiendes lo que quiero decir? Las historias de hoy no son “comic book”. Tipos como Neal Adams, que son artistas tremendos y trabajan a partir de fotografías y consiguen ser muy realistas, no dibujan en un estilo que (para mí) sea el mejor para los comic books. Por supuesto, también en los años ’40 y ’50 teníamos buenos ilustradores, pero dejaban su talento más o menos para portadas de discos o revistas pulp o ilustración de revistas elegantes, no para los comic books.

Estaban Hal Foster y Alex Raymond, pero hacían tiras de prensa.

Sus series estaban en el periódico. Verás que nunca hicieron algo importante en los comic books. Eran estrictamente autores de tiras de prensa. Aunque tuvieron su etapa en los comic books, allí nunca fueron muy populares.

Tu estilo en Batman me recuerda a ciertas tiras de prensa (distintas de aquellas que eran altamente ilustrativas). Está simplificado, casi codificado. El modo en que dibujabas las caras era un poco repetitivo, las mismas líneas todas las veces.

Entiendo lo que dices. Yo era un gran admirador de las tiras de prensa. Creo que a todos los dibujantes y probablemente a todos los guionistas les habría encantado hacer una tira de prensa, porque los artistas de periódico ganaban un montón de dinero. Y cuando estudias las series, tanto Li’l Abner, Mutt & Jeff, Barney Google o la que sea, encuentras que se hacían muy limpiamente y con muchas belleza. Mantenían a sus personajes siempre identificables. Tanto si era una visión de perfil, trasera, lo que fuera, siempre era lo mismo. Cuando te metes en un estilo muy realista como Neal Adams y otros de los chicos de hoy en día, pierdes eso. Es muy difícil de mantener. ¡No puede hacerse!

Yo aprendí a dibujar intentado hacer caras como la de Robin en el estilo de Sheldon Moldoff. Siempre eran las mismas líneas y siempre la misma aproximación a las caras, especialmente. ¡Me gustaba eso!

Sí, porque cuando lo mirabas, decías, “Ahí está Robin, o, ahí está Bruce Wayne” y eran parecidos. Ahora cada dibujante dibuja a los personajes con distinto aspecto en las series.

Hablemos un poco de Robin dies at dawn!,que se discute en un artículo separado en este mismo número de Alter Ego. En la precuela, donde Robin se encuentra a un personaje llamado Ant-Man, parece que Dick Grayson ya no se representa como con 13 o 14 años. Asiste a un baile de graduación, y parece más un chico de 16 años. ¿Hubo un cambio deliberado para envejecerlo un poco durante tu etapa?

No creo que realmente tratásemos de hacerlo un poco más mayor. Puede que fuera eso, que si estaba yendo a una promoción, tuviera que parecer que pegaba en el ambiente.

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Robin, el Muchachote Maravilla


De modo que tal vez era porque Dick estaba intentado actuar como un adulto.

Sí, sí.

Robin dies at dawn! es personalmente mi historia favorita de tu período en Batman. Tanto el guión, de Bill Finger, como el dibujo tuyo y de Charles Paris, son extraordinarios. ¿Te diste cuenta cuando te dieron el guión de que era algo especial?

No. Sólo otro guión. [Risas] ¡Eso es todo! ¡Si supiera lo que se va a convertir en popular, podríamos ganar un millón de pavos! Nadie sabe lo que le va gustar o va a aceptar el público o lo que se va a convertir en favorito.

Mirándolo ahora de cerca, con la ventaja de mirar retrospectivamente, hay ciertos elementos en esa historia que son excepcionales. Hay una viñeta donde un Batman llora en las sombras, y tiene el aspecto del Batman oscuro, tétrico de los primeros años ’40. Parece como si al menos supieras de alguna manera que este era un tipo de historia un poco diferente.

No hay duda acerca de que el dibujante siempre intenta representar el ambiente de la historia. Puedes hacer más con algunas historias, si tienes la oportunidad y lo “sientes”. Algunas veces simplemente funciona mejor. Todo está en el ambiente que tratas de crear al contar una historia.

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Batman sombrío


Hay un ambiente tremendo en esa historia. Hiciste un montón de paisajes extraterrestres, pero por alguna razón ese parece muy atmosférico e interesante. Pega mucho que sea parte de un sueño que está teniendo Batman. ¿Viste el coloreado que hizo Carl Gafford en la reimpresión de la historia en The Greatest Batman Stories Ever Told?

No.

En esa reimpresión, Gaffard recoloreó con tonos más oscuros. No muy, muy oscuros, pero más que en el comic book original, que en su mayor parte estaba hecho en tonos pastel. Es muy impactante. Realmente enfatiza el dramatismo de tu dibujo.

Hoy en día el coloreado está mucho más avanzado que antes. Cuando al colorista le llegó Robin dies at dawn!, lo hizo tan rápida y eficientemente como pudo. No dijo, “Voy a hacer una obra maestra de esto.” Simplemente hizo lo que pensaba que era un trabajo de aspecto profesional. Nadie sabía por anticipado que quedaría ahí para siempre. Si lo hubiéramos sabido, podríamos habernos tomado más tiempo con algunas de esas cosa, y ¿quién sabe? Tal vez no habrían sido tan populares si nos hubiéramos tomado más molestias. No lo sé. En aquel entonces, no pensé sobre ello.

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Fabulosos paisajes en Robin dies at dawn!


¿Tenías algún tipo favorito de historia? ¿Te gustaba dibujar a un villano particular o estabas contento con dibujar lo que tocase?

No veía ninguna diferencia. Los disfrutaba todos.

¿Cómo cambiaron las cosas cuando Jack Schiff fue sustituido por Julius Schwartz como editor de Batman y Detective Comics? ¿De qué manera diferente te aproximaste al dibujo bajo el “New Look”?

Intentamos hacerlo un poco más realista… ¡pero no demasiado! Bob no quería que pareciera Flash Gordon ni nada parecido.

¿Julius pedía un estilo un poco más realista?

Sí. Estaban entrando en la época más realista, ¿sabes? De modo que adapté mi dibujo para que fuera acorde a los tiempos. Estuve en la serie hasta 1967.

Veamos, de 1953 a 1967 -¡eso son 14 años!

Sí, casi 15 años.

Es mucho tiempo en una serie. ¿Hay algo que te gustaría decir al respecto como resumen? ¿Cómo te sientes ahora cuando miras hacia atrás, hacia tu trabajo en Batman, uno de los personajes más famosos de todos los tiempos?

Siempre estuve contento de estar involucrado en él. ¡Creo que es una gran serie! Es uno de los pilares de la industria del comic book, junto a Superman. No me arrepiento. Me habría gustado que Bob hubiera reconocido públicamente un poco mi contribución a la serie… y mantenido su palabra. Pero de pronto, al final de esa larga asociación, acabar sin nada me hirió un poco. ¡Nunca volví a verle! ¡Eso fue todo!

¿Nunca volviste a ver a Kane?

Nunca.

¿Puedes contarnos las circunstancias de la separación?

Volvamos hasta 1964 o un poco más tarde. Yo estaba haciendo Batman para Bob, y é también había empezado las tiras diarias y dominical para el Newark Star Ledger, que también hacía yo. Yo estaba cargado hasta arriba de trabajo. Y encima de eso, se le seguían ocurriendo ideas para juegos y merchandising. Bob siempre estaba pensando en algo. Luego me lo daba y decía, “Convierte esto en una presentación. Voy a ver si puedo vender un juego de cartas con Batman y el Joker.” Cosas así. Yo siempre estaba haciendo material adicional. Yo trabajaba realmente a tope. Era demasiado.

Al final, me rendí. Dije, “No puedo encargarme de todo, Bob.” Él dijo, “Estoy trabajando en un nuevo contrato [con DC]. Vas a ganar mucho dinero cuando esto se acuerde. Tú intenta aguantar.” Pero yo no podía con todo, de manera que al final él dijo que otro haría la tira de periódico, y yo sólo me tendría que centrar en la revista. Bob me debía un montón de dinero, porque decía que no se podía permitir pagarme por todo el trabajo adicional, pero que finalmente lo tendría. Luego un día me llamó y me dijo, “He firmado mi contrato.” Y yo dije, ¡Genial! ¿Cuándo empiezo a cobrar?” Él replicó, “El único problema es que todo el dibujo lo va a hacer la oficina de ahora en adelante, y yo no tengo nada que ver. Ellos se van a encargar de eso.” Yo dije, “¿Dónde me deja eso?” Él dijo, “Me siento fatal, pero no habrá trabajo para ti.” ¡Ese fue el final! ¡Acabó justo así! Todo se acabó.

¡Debió de ser un shock enorme!

¡Lo fue! Yo dije, “¿Cómo puedes hacer esto? ¿Todas esas promesas…?” Él simplemente dijo, “Bueno, me siento fatal.” Ese fue el final. Se acabó.

¿Nunca volviste a trabajar para DC en algo relacionado con Batman?

No, nunca.

Del modo en que acabó, ¿te cuesta mirar atrás hacia todo ese período?

No, ya no me molesta. La gente dijo, “Tenías que haber contratado a un abogado. Tenías que haber tenido un contrato.” Bueno, no lo hice y eso es todo. Como dice mi mujer, “No mires atrás. Tuvo su función y ahora tienes el aprecio de los fans. Vas a una convención y se acercan a darte la mano, sacarse una foto contigo, y decirte cómo crecieron con tu trabajo, y cuanto les gustaba. Esa es tu recompensa.” Te podría contar muchas historias, muchas de ellas desternillantes, sobre Bob Kane y su madre y su familia, porque pasé mucho tiempo con ellos. Voy a trabajar en un libro en el que cuento muchas de esas cosas…

Espero que lo hagas. Estoy seguro de que será muy esclarecedor… y muy divertido. Gracias por hablar con nosotros, Shelly.

Ha sido un placer.


Hágase el murciélago. Batman y yo

En 1989, coincidiendo con el estreno de la primera película de Batman dirigida por Tim Burton, Bob Kane escribió su autobiografía en colaboración con Tom Andrae. Kane dedica el libro (entre otros) a la memoria de Bill Finger. Extractamos y traducimos prácticamente todo el tecto relacionado con el origen de Batman, donde, además de incurrir en contradicciones varias, admite al fin (tras su negativa en aquella famosa carta) la participación importante de Finger en el nacimiento del Hombre Murciélago. Es interesante notar que entre aquella carta (1965) y este texto (1989), apareció la Enciclopedia de los Cómics de Jim Steranko (1970)… donde se hace relato contrastado de la auténtica historia. Paradójicamente, cuando en este libro Kane relata el origen de Batman, reafirma en muchos puntos la versión de Steranko (desmintiendo por tanto anteriores declaraciones en las que no atribuía ningún papel relevante a Finger) e incluso copia, de manera literal, muchos párrafos.

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Vince Sullivan jugó un papel importante en mi vida. Un día tomamos una copa y le enseñé algunos dibujos de Flash Gordon que había hecho. Yo era muy bueno copiando, y me dijo, “Sabes, Bob, tu material es parecidísimo al de Alex Raymond. Podrías pasarte al material superheroico.” Yo había estado haciendo cómic de humor, como he mencionado, y Sullivan dijo, “Hay un personaje llamado Superman de Siegel y Shuster, y están ganado 800 dólares a la semana por cada entrega.” Yo sólo estaba ganando 35-50 dólares a la semana por aquel entonces. Dije, “¡Dios mío, si pudiera ganar ese dinero!” Sullivan continuó. “Estamos buscando otro superhéroe. ¿Crees que se te puede ocurrir uno?” Eso fue un viernes. Yo dije, “¡Para ganar esa cantidad de dinero, tendré uno para ti el lunes!”

De modo que durante el fin de semana diseñé una especie de superhéroe desnudo en la página, con una figura que parecía Superman o Flash Gordon. Coloqué una hoja de papel transparente encima de manera que podía crear nuevos trajes que me agradasen. Entonces, POW! Me vino como una ráfaga –como el viejo cliché de una bombilla eléctrica encendiéndose sobre la cabeza de un personaje de caricatura cuando tiene una idea. Recordé el dibujo de Leonardo da Vinci de una máquina voladora similar a un murciélago.

Siempre tuve una curiosidad insaciable sobre los orígenes de hechos famosos, incluida la inspiración para varios inventos. Cuando tenía trece años, descubrí un libro de inventos de Leonardo da Vinci –él creó la máquina de vapor, y los primeros elevadores de grandes pesos. No sólo era un inventor sin par, sino un pintor magistral, el pintor de la incomparable Mona Lisa de la enigmática sonrisa.

Yo estaba fascinado por todas las invenciones que creó Leonardo, pero lo que más me inspiró fue su máquina voladora. Se llamaba “Ornitóptero”, pero en realidad era el primer aeroplano. En realidad era un planeador –un trineo con unas grandes alas de murciélago unidas con un hombre en el medio. Se supone que sería capaz de volar saltando de una montaña, y Leonardo realmente mandó hombres a saltar de las montañas con este artilugio.

Pero al principio, incluso el maestro cometió un error. Había diseñado las alas de modo que aleteasen arriba y abajo como las de un pájaro en vuelo. El resultado fue que, cuando un hombre despegaba, quedaba suspendido en medio del aire y luego, como un dibujo animado, caía al suelo y se estrellaba. da Vinci perdió muchos experimentadores intrépidos debido a su error. Luego se dio cuenta de que las gaviotas planeaban por el aire porque sus alas eran estables. De mdo que estabilizando las alas de su trineo, los hombres eran realmente capaces de despegar desde la falda de una montaña y planear hasta abajo.

Tras descubrir este libro sobre da Vinci, había hecho algunos bocetos burdos de su máquina voladora y los había guardado en un viejo arcón. Lo había olvidado durante años –hasta ahora. Corrí al arcón, saqué los bates de béisbol, pelotas de baloncesto, patines y otra parafernalia que había guardado allí, y encontré los dibujos en el fondo. En uno de ellos había dibujado un hombre-pájaro u hombre-halcón, y también un hombre-murciélago. Supongo que estaba confundido sobre si el trineo parecía un pájaro o un murciélago e incluso había tachado las palabras “hombre-pájaro” y las había cambiado por “hombre-murciélago”.

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Los supestos diseños de 1934 de Kane basados en da Vinci. Nótese que a lo largo de la biografía, Kane miente también sobre su edad, haciéndose pasar por más joven de lo que es.


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Primeros diseños definitivos para dibujar la primera historia de Batman


Mirándolo ahora, el trineo de Leonardo claramente me parecía más un hombre-murciélago. En realidad, incluso había escrito una cita suya en mi dibujo –“Y tu pájaro no tendrá otro modelo que un murciélago.” De modo que cambié el hombre-pájaro por un hombre-murciélago, con el guión entre las palabras hombre y murciélago, y ese se convirtió en mi nuevo superhéroes. No eliminé el guión hasta unos pocos meses después de su primera aparición.

Mi segunda influencia para crear a Batman fue La marca del zorro. Una película protagonizada por Douglas Fairbanks Sr., basada en la historia de Johnston McCulley, La marca de Capistrano. Como he mencionado antes, yo era miembro de un club llamado Los Zorros, y llevábamos máscaras negras y tratábamos de emular las intrépidas acrobacias de Fairbanks. El uso del Zorro de una máscara para ocultar su identidad de Don Diego me dio la idea de darle a Batman una identidad secreta. Como el elegante y rico conde español, Bruce Wayne sería un hombre de acción bajo una fachada de decadencia. El Zorro cabalgaba un caballo negro llamado Toronado y entraba en una cueva y salía de un reloj de carillón en la sala de estar. La baticueva se inspiró en esa cueva en el Zorro.

No quería que Batman fuese un superhéroe con superpoderes. Tenía que ser original –sabía que a DC no le interesaría mi nuevo héroes si era demasiado parecido a Superman. Así que convertí a Batman en un humano corriente; sólo es un atleta que tiene las habilidades físicas de Douglas Fairbanks Sr., que era mi héroe favorito de todos los tiempos de las películas. En películas como El pirata negro, en la que se balanceaba de un mástil a otro en su barco pirata, sus acrobacias temerarias lo convertían, a mis ojos, en “acro-Batman”. Imité sus acrobacias en todos los primeros números de Batman. Batman hacía volteretas y tumbaba a diez tipos de golpe, y se balanceaba en una cuerda como Fairbanks.

La tercera influencia para Batman fue una película que vi cuando tenía catorce años llamada The bat whispers. Era un remake de una película muda llamada The Bat, que a su vez era una adaptación de una novela de la gran escritora de misterio Mary Roberts Rinehart. En la versión sonora de 1931, Chester Morris, que interpretaba a Boston Blackie en las películas, tenía un papel doble, era un detective que trataba de dar caza al misterioso Murciélago, y se revelaba que era el mismísimo asesino al final de la película. La historia contenía unos cuantos asesinatos que tenían lugar en una vieja mansión. Recuerdo su sombría silueta el muro cuando iba a matar a alguien. Lo atrapaban en el ático –llevaba un traje que parecía un poco el de mi primer Batman, con una capa negra y una cabeza con forma de murciélago. Esto hacía que pareciese un murciélago –muy ominoso. La película no sólo ayudó a inspirar el traje de Batman, sino también la batseñal, un prototipo de la cual aparecía en la pared cuando el Murciélago anunciaba su proxima víctima.

Irónicamente, inadvertidamente conocí a Chester Morris algunos años después, antes de que muriera. Era un vecino que vivía en Sutton Place, en Nueva York. Le había visto unas cuantas veces, pero por algún motivo no le había saludado. Le vi caminando hacia mí y decidí presentarme. “Hola, Chester”, dije. “Soy Bob Kane, el creador de Batman. He pensado que podría interesarte saber que me impresionó mucho la película en que interpretaste al archicriminal el Murciélago. Yo tenía unos catorce años cuando la vi y nunca pude olvidar el disfraz de murciélago que llevabas, y me ayudó a inspirarme en la creación de Batman.” Chester rió de corazón, encantado del recuerdo surgido en este encuentro casual de dos completos extraños tantos años después.

Las películas también contribuyeron a la atmósfera oscura, misteriosa, que trataba de evocar en Batman. Yo era muy aficionado a las películas de niño. Películas como Drácula, con Bela Lugosi –con la niebla serpenteando alrededor de los moros y el viejo y malvado castillo- dejaron en mí una impresión indeleble. El primer año de Batman estuvo fuertemente influido por películas de terror, y emulaba un aspecto a lo Drácula. También me encantaban las películas de misterio y los seriales; La Sombra en la radio fue una gran influencia.

Además de ir a ver películas, pasaba mucho tiempo de joven leyendo y copiando tiras de prensa. The New York Jornal tenía una serie que también influyó en mi creación de Batman. Escrita por Lee Falk y dibujada por Ray Moore, el Fantasma llevaba un leotardo ajustado gris con una capucha y una estrecha máscara negra para ocultar su identidad. Fue creado en 1936, dos años antes de que apareciera Superman, y fue uno de los primeros personajes de cómic en llevar un traje y tener una identidad dual. Fue el antecedente de los superhéroes.

Sin embargo, la cosa se complica. Tenía un amigo que también había ido a DeWitt Clinton llamado Bill Finger. No le conocí en el instituto –era un par de años mayor que yo. Le conocí en una fiesta después de graduarme. Solíamos andar por Poe Park, en Grand Concourse, un pequeño parque donde se encontraba la vieja casa de Edgar Allan Poe. Bill era entonces vendedor de zapatos, una profesión que no le gustaba. Era un gran aficionado a los pulps, como Doc Savage y La Sombra.

Cuando estaba dibujando Rusty and his pals para DC, necesitaba un guionista, porque estaba demasiado ocupado con las tareas de dibujo para también escribir la serie. Le pregunté a Bill si le gustaría escribir Rusty para mí y aceptó encantado. Poco después, dejó su trabajo a tiempo completo como vendedor de zapatos para serlo sólo a tiempo parcial y poder escribir guiones. Eso fue a mediados de 1938. Un poco después, creé otra serie para National llamada Clip Carson, sobre un valiente soldado de fortuna, y Bill también escribió esa serie.

Un día llamé a Bill y le dije, “Tengo un nuevo personaje llamado Bat-Man y he hecho algunos bocetos burdos, elementales, que me gustaría que vieses.” Vino y le enseñé los dibujos. Por aquel entonces yo sólo tenía una pequeña máscara de dominó, como la que después llevó Robin, en la cara de Batman. Bill dijo, “¿por qué no hacemos que parezca más un murciélago y le ponemos una capucha, y le quitamos los ojos y dejamos sólo las ranuras como ojos para hacer que parezca más misterioso?” En ese momento, Bat-Man llevaba un traje rojo, las alas, calzones y máscara eran negros. Pensé que el rojo y el negro serían una buena combinación. Bill dijo que el disfraz era demasiado brillante. “Hazlo de color gris oscuro para que parezca más ominoso.” La capa parecía dos alas de murciélago rígidas pegadas a los brazos. A medida que Bill y yo hablábamos, nos dimos cuenta de que esas alas se convertirían en un problema cuando Bat-Man entrase en acción, y las cambiamos por una capa, cortándola de forma ondulada para que pareciesen alas de murciélago cuando estuviese peleando o balanceándose en una cuerda. Además, no tenía guantes, y los añadimos para que no dejase huellas dactilares.

Pensamos que teníamos un ganador. Bill dijo que cualquier cosa tan original como para combinar a da Vinci, el Zorro y el Murciélago, tenía que ser un éxito.

Llevé mis dibujos a Vince Sullivan y le parecieron geniales. Pero mi jefe, Jack Liebowitz, no los entendía. Me preguntó, “¿Qué es un Bat-Man?”

Respondí, “Es un luchador contra el crimen que lleva un disfraz de murciélago.”

Él dijo, “Parece un poco misterioso y terrorífico; ¿crees que le gustará al público?” Yo dije, “Bueno, vamos a intentarlo.” Superman estaba funcionando bien, así que dijo, “Vale, vamos a intentarlo.”

Bat-Man apareció por primera vez en Detective Comics #27 (mayo, 1939), en una historia que escribió Bill titulada El caso de la asociación química. Yo firmé esta primera historia como Rob’t Kane, pero lo cambié por Bob Kane en la siguiente historia y en adelante. La portada mostraba a Bat-Man balanceándose en una cuerda desde un tejado cercano, agarrando a un hampón con una llave, y levantándolo del tejado mientras sus compañeros armados lo miraban al borde del desmayo. Tenía una capa que parecía unas enormes alas de murciélago, un vestigio de las alas de murciélago rígidas que le había dado originalmente. Ocasionalmente dibujé esas grandes alas de murciélago en las primeras historias para hacer que Batman pareciese terrorífico y amenazante, pero pronto abandoné esta práctica, ateniéndome a la capa de aspecto menos formidable que lleva ahora.

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Mientras estaba ideando lo que pensaba que era un concepto totalmente original, otro autor, desconocido para mí, estaba dando vida aun personaje sorprendentemente similar al mío. Después de que Batman llegase a los kioscos, un personaje llamado Black Bat apareció en la revista pulp Black Book Detective. Su traje recordaba al de Batman; llevaba una capucha, guantes con aletas, y una capa como de murciélago, pero su capucha era redondeada, no cubría su nariz y no tenía orejas. También carecía del emblema de murciélago en su pecho.

Irónicamente, el concepto de murciélago era puro accidente; su creador, Norman A. Daniels, originalmente le llamó Tiger porque tenía cicatrices como rayas en la cara, pero su editor quiso que cambiase el nombre para que pegase con el título de su revista, Black Book Detective. Por tanto, Tigre se convirtió en Black Cat.

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Si Black Bat no hubiera aparecido dos semanas después de Batman, en julio de 1939, me podrían haber obligado a acabar con mi nueva creación y literalmente volver al tablero de dibujo para crear un concepto enteramente diferente. Escasos sesenta días fueron la diferencia entre que Batman se convirtiera en una nueva súper estrella de los cómics y el ser condenado al olvido.

Aunque claramente les precedimos, hubo algunos momentos delicados. “Había una demanda pendiente”, recordaba Bill Finger. “Al parecer este personaje ya había sido escrito y dibujado. Whit Ellsworth (editor de DC) había sido escritor pulp para Better Publications. De modo que a través de la intervención de Ellsworth se pudo evitar la demanda. Estaban preparados para demandarnos, y nosotros para demandarles. Sólo fue una de esas tremendas coincidencias.”

Incluso Black Bat tenía sus predecesores; la idea del hombre-murciélago estaba en el aire a principios de los años ’30. Aunque no llevaba un disfraz de murciélago, un personaje llamado el Murciélago había aparecido en el número de Black Bat Detective Mysteries de octubre de 1933. Better Publications también publicaba otro héroe llamado el Murciélago en Popular Detective en 1934. Este Murciélago vestía traje de negocios y llevaba una capucha holgada con un símbolo blanco en la frente, y dejaba pegatinas de murciélago como tarjeta de visita. Se cree que ni más ni menos que Johnston McCulley, creador del Zorro, una de las inspiraciones de Batman, escribía el Murciélago de Popular Detective bajo pseudónimo. El nombre del Cruzado de la Capa incuso había sido anticipado; una inmensa criatura semejante a un murciélago llamado “el Hombre Murciélago” era enemigo de Spider en el número de noviembre de 1935 del pulp que llevaba su nombre.

Nunca ninguno de esos anteriores personajes murciélago, y tenían poco parecido con Batman. No me enteré de la existencia de Black Bat hasta después de haber creado al Cruzado de la Capa y se habló de una demanda. Pero DC y Better decidieron ignorar el problema, de modo que Black Bat continuó apareciendo en Black Book Detective y protagonizó sesenta y dos novelas hasta el fin de su publicación en 1953.

Bill Finger fue una enorme contribución en Batman desde el mismísimo comienzo. Escribió la mayoría de las grandes historias y fue influyente en determinar el estilo y género que otros guionistas emularían. Le llamábamos el “Cecil B. De Mille de los cómics”. Escribía una idea encontrando una foto de una foto de algo gigante o algo que pudiera convertir en gigante –la Estatua de la Libertad, una máquina de escribir gigante o una máquina de coser- y eso generaba la idea para una historia. Entonces construía la historia alrededor de esa cosa gigante. Él pensaba que tenía un aspecto grandioso el tener pequeñas figuras luchando en esos objetos gigantes. Era un buen escritor de misterio por su interés en los pulps. Yo hice de Batman un superhéroe vigilante cuando lo creé. Bill lo convirtió en un detective científico.

Bill era un escritor prolífico, pero, debido a que era un perfeccionista, tenía que sudar la mayoría de sus guiones. Su único fallo era su dificultad en entregar a tiempo; justo cuando habías desistido y estabas completamente frustrado, aparecía, muerto de cansancio, con excusas sobre por qué entregaba tarde. Normalmente le perdonábamos porque había producido otra clásica historia de Batman cargada de acción. Hubo otros guionistas en Batman a lo largo de los años, pero nunca capturaron el estilo y gracia de los guiones de Bill. Bill era el mejor guionista de la industria y parecía que estaba destinado a escribir Batman.

Trabajamos juntos en una relación muy compatible, como un equipo. Gran parte del mito de Batman de desarrolló de nuestra colaboración. Bruce Wayne, por ejemplo, fue una co-creación. Yo sugerí la identidad dual del Zorro y él también había visto el Zorro, de modo que eso también le influyó. El elegante y rico Don Diego, alter ego del Zorro, inspiró la fachada de Bruce Wayne de aburrido, rico desocupado y playboy. La aliteración de nombres –Buece Wayne, Bob Kane- fue probablemente una de las razones de que a Bill se le ocurriese el nombre. Hasta cierto punto, los dibujantes se dibujan a sí mismos o a gente que conocen en sus serie, de modo que yo dibujé a Bruce Wayne según mi imagen, cuando era joven y guapo.

Finger discutió su papel en la creación de la mística del murciélago en la Historia de los Cómics Vol. I de Jim Steranko:

“El nombre de pila de Bruce Wayne venía de Robert Bruce, el patriota escocés. Wayne, siendo un playboy, era un hombre de la nobleza. Busqué un nombre que sugiriese colonialismo. Probé Adams, Hancock… luego pensé en Mad Anthony Wayne.”

“Originalmente iba a llamar Civic City a Gotham City. Luego probé Capital City, luego Coast City. Luego ojeé la guía telefónica y encontré el nombre Gotham Jewellers y dije, “Eso es, Gotham City”. No la llamamos Nueva York porque queríamos que cualquiera, en cualquier ciudad, se pudiera sentir identificado. Por supuesto, Gotham es otro nombre para Nueva York.”

“Mi estilo para escribir Batman seguía el patrón de La Sombra. También de las viejas películas de Warner Bros, las películas de gángsteres con Jimmy Cagney, George Raft, Bogart. Siempre me gustó ese punto de vista dramático. Era un estilo completamente pulp. A veces me sobrepasaba, escribiendo frases como “la noche envolvía como un manto la ciudad”. Pero, de alguna manera, parecía funcionar.”

Ahora que mi largo tiempo amigo y colaborador se ha ido, debo admitir que Bill nunca recibió la fama y reconocimiento que merecía. Fue un héroe sin honores. Dado que llegó a la serie después de que yo hubiera creado a Batman, no consiguió el crédito. Sólo después, en los años ’70, después de que ya llevara tiempo sin escribir para la serie y algunas de sus historias se reimprimieron, recibió crédito. Nunca se me ocurrió darle crédito y él nunca lo pidió. A menudo le digo a mi esposa, si pudiera volver quince años atrás, antes de su muerte, me gustaría decir, “ahora pondré tu nombre ahí. Te lo mereces.” Hoy en día ponen el nombre de todo el mundo en las series, incluso los rotulistas, los coloristas y entintadores. Pero en los primeros tiempos, sólo los originadotes ponían sus nombres en las series, a pesar de tener negros guionistas o negros dibujantes haciendo sus series. Superman, por ejemplo, llevaba los nombres de Siegel y Shuster porque colaboraron en crearlo.

Me encontré con Bill un año antes de que muriera en 1974. Parecía enfermo y le pregunté por su salud. Me dijo que no se sentía muy bien, pero que no era nada que unas buenas vacaciones no pudieran curar. Nos sentamos en Central Park y recordamos el pasado. Bill estaba descorazonado por la falta de grandes logros en su carrera. Pensaba que no había usado su potencial creativo a tope y que el éxito había pasado de largo. Tuve que asentir, porque me di cuenta de que Bill podría haberse convertido en un gran guionista de la pantalla o tal vez un escritos de best-sellers en lugar de escribir historias de comic book anónimamente. Qué triste –un gran talento desperdiciado.

Nunca tuve control completo sobre la serie de Batman, y los editores imponían límites crecientes a lo que Bill y yo podíamos hacer. Durante el primer año, Batman había sido un vigilante sombrío que operaba fuera de la ley. En varios de los primeros números de Detective incluso llevaba una pistola. Tuvimos nuestro primer roce con la censura a causa del uso de un arma de fuego por parte de Batman en Batman #1. En una historia de ese número, tenía una ametralladora instalada en su avión y la usaba para luchar contra unos monstuos gigantes. Bill escribió esa historia; fue su idea, no mía. Estaba inspirada en los pulps de La Sombra en los que el héroe usaba dos cuarenta y cinco llameantes. No pensábamos que hubiese nada malo en que Batman llevase un arma de fuego porque La Sombra usaba una. Sin embargo, los lectores encontraron deplorable el uso de un arna de fuego. “Metí la pata.” Recordaba Finger. “Hice que Batman usase una pistola para disparar a un villano, e inmediatamente fui llamado por Whit Ellsworth. Él me dijo, “Que Batman no lleve una pistola nunca más.” Tenía razón.”

Los editores pensaron que convertir a Batman en un asesino empañaría su personaje, y que las madres pondrían objeciones para dejar a sus hijos ver y leer sobre disparos. La nueva política editorial fue alejarse del vigilantismo de Batman y llevarlo al lado de la ley. Lo hicimos miembro honorario de las fuerzas de la policía, fuera de la ley pero trabajando dentro de ella. Y, para evitar la violencia, hicimos de Batman un acróbata que usaba más sus habilidades físicas que las armas para vencer a los villanos.

Todo el clima moral cambió después del período 1940-1941, cuando apareció Batman #1; ya no se podía matar o disparar a los villanos. En realidad, esta historia resultó en DC preparando su propio Comics Code que debería seguir cada guionista y dibujante. Prohibía latigazos, ahorcamientos, apuñalamientos o referencias sexuales. Incluso la palabra “clic” se prohibió, porque la rotulación podía unir las letras (en mayúsculas).

Batman se alejó incluso más de la figura del vigilante cuando creé a Robin, el Chico Maravilla, para ser su compañero. Bill Finger recuerda la génesis así. “Robin surgió de una conversación que tuve con Bob. Como yo dije, Batman era una combinación de Fairbanks y Sherlock Holmes. Holmes tenía su Watson. Lo que me molestaba es que Batman no tenía a nadie con quien hablar, y era un poco cansado tenerle siempre pensando. A medida que avanzaba, me di cuenta de que Batman necesitaba un Watson con quien hablar. Así es como surgió Robin.”

“Bob me llamó y me dijo que iba a poner a un chico en la historia para que se identificase con Batman. Pensé que era un a gran idea.”

Robin surgió de mis fantasías de muchacho de 14 años, cuando me veía a mí mismo con un joven luchando junto a mi ídolo, Douglas Fairbanks Sr. Me imaginé que los jóvenes leyendo sobre las aventuras de Batman proyectarían sus propias imágenes en la historia y soñarían despiertos en luchar junto al Cruzado de la Capa como jóvenes hombres murciélago.

Pensé que todos los jóvenes querrían ser como Robin; en lugar de tener que esperar a crecer para convertirse en un superhéroe, querían ser uno ahora. Un osado carcajeante –libre, sin escuela, sin deberes, viviendo en una mansión sobre una batcueva, montado en el batmovil- que resultaba atractivo para la imaginación de cada muchacho del mundo.

El nombre se lo puse en honor a Robin Hood, que de niño me encantaba, tal y como lo interpretaba Fairbanks en la pantalla. Ambos Robins eran cruzados, luchando contra las fuerzas del mal. Robin Hood luchaba contra la injusticia en el Bosque de Sherwood en los tiempos del Rey Arturo, mientras que Robin luchaba contra el crimen contemporáneo en Gotham City. Incluso vestí a Robin con la casaca, capa y zapatos de la época de Robin Hood, y dibuje sus calzones como una cota de malla.

A Bill se le ocurrió el nombre del alter ego de Robin. “Dick Grayson vino de los pulps”, recordaba. “Frank Merriwell tenía un medio hermano, Dick, y Grayson vino de un libro que yo estaba leyendo, editado por Charles Grayson Jr. El nombre sonaba bien.”

Curiosamente, cuando llevé la idea a mi jefe, Jack Liebowitz, él no quería a Robin en la serie. Dijo que Batman ya lo estaba haciendo bastante bien él solo y no deberíamos cambiarlo. Jack también pensó que las madres objetarían frente a un chico luchando contra gángsteres. Tenía buenos motivos. Yo dije, “¿Por qué no lo intentamos durante un número? Si no te gusta lo podemos quitar.” Pero cuando apareció la historia, fue un exitazo: el comic book de presentación de Robin (Detective Comics #38, abril de 1940) vendió casi el doble de lo que Batman había vendido en solitario. Fui a la oficina el lunes después de recibir las cifras y dije, “Bueno, supongo que tenemos que sacar a Robin -¿verdad, Jack? No quieres a un chico luchando contra gángsteres.” “Bueno”, dijo mansamente, “Déjalo. Está bien. Dejaremos que continúe.”

La introducción de Robin cambió todo el tono de las historias de Batman. Un “carcajeante joven intrépido”, Robin aligeraba el tono de la serie y él y Batman podían entretenerse en burlarse y hacer bromas a la vez que vencían a sus adversarios. La brillantez del traje de Robin también servía para iluminar las imágenes y sevía como contrapunto para el sombrío traje de Batman. Lo que es más importante, la adición de Robin dio a Batman una relación permanente, alguien de quien preocuparse, y lo convirtió en un hermano mayor paternal más que en un vengador solitario.

Nunca pretendí conscientemente cambiar el tono de la serie; simplemente evolucionó a medida que escribíamos historias con Robin. No presenté a Robin para humanizar a Batman, sino que lo creé porque pensé que haría la serie más exitosa atrayendo a dos audiencias. Pensé que los chicos querrían a un héroe más luminoso y un tono más ligero, y se identificarían con un joven personaje como Robin, mientras que los adultos y adolescentes querrían un héroe serio y se identificarían con un adulto como Batman. De esta manera, atraeríamos a dos audiencias. Eso también generó un interesante equilibrio en la serie; como Laurel y Hardy, Batman y Robin eran un gran equipo.

Yo prefiero el primer año de Batman, cuando operaba en solitario y era un personaje más sombrío, pero no querría ver nunca al dúo permanentemente separado.

Junto a estos cambios, la apariencia de batman también evolucionó. Quería darle una apariencia más atractiva y hacerlo menos vampírico y ominoso. Comencé a dibujar la capucha más arriba, de modo que su cara se mostrase más, y le hice sonreír y parecer menos sombrío. Con el tiempo, también acorté sus orejas, que originalmente eran bastante largas y le hacían parecer de alguna manera satánico.

Desde los años ’70, Batman ha vuelto a ser el misterioso, oscuro vigilante que opera en solitario y Robin se ha marchado para protagonizar otra revista –The Teen Titans, bajo un nuevo nombre, Nightwing. Si hoy todavía estuviera en la serie, y yo todavía lo dibujase, tendría menos bromas y haría a Robin más serio. Las bromas se han ido de las manos. En los primeros años Robin ni era el bromista que últimamente se ha vuelto. Guionistas posteriores lo convirtieron en un bufón.

Sobre los subsiguientes “Robins” usados por DC en los años ’80 –todo lo que puedo decir es que no son el mismo personaje.

Hágase el murciélago. La anécdota de Drake

En su blog, Mark Evanier reproduce una anécdota narrada por Arnold Drake durante una convención de cómic referida a Bob Kane.

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Bob [Kane] había llegado al punto en que ya nunca dibujaba nada. De todas formas nunca había dibujado nada en los cómics de Batman. [Sheldon] Moldoff hacía de negro en todos, y cuando no era él, lo hacía algún otro. Lo único que creo que Bob dibujó nunca era cuando estábamos por ahí, en un restaurante o algún sitio, y una chica guapa se le acercaba y decía, “¿es usted realmente el hombre que dibuja Batman?” Entonces podía hacer un pequeño dibujo para ella, un dibujo grande si ella lleva algo escotado y se inclinaba para verle dibujar.

Un día, estoy en su casa discutiendo es idea que teníamos para una tira de prensa y él está hablando de quién deberíamos conseguir para dibujarla. Yo iba a escribirla e íbamos a encontrar a alguien para dibujarla. No estoy seguro de qué es lo que iba a hacer él, aparte de firmar. Le dije: “Bob, ¿no te resulta decepcionante haber dejado de dibujar? Una vez fuiste un gran artista.” No lo fue, pero tenías que hablar a Bob así.

Él dijo, “oh, no, deja que te enseñe algo.” Me llevó a una pequeña habitación de su casa. Era su estudio. Yo ni siquiera sabía que todavía tenía un estudio. Estaba preparado, con trípodes y cosas, y había cuadros, cuadros de payasos. Ya sabes de qué tipo. Como los que hacía Red Skelton. Sólo esos insípidos retratos de payasos, todos con una firma muy grande, Bob Kane. Estaba muy orgulloso de ellos. Dijo, “Estos son los cuadros que me van a introducir en el mundo del arte. Batman fue un gran éxito en un mundo, y estas pinturas pronto estarán en todas las galerías del mundo.” Pensaba que el Louvre iba a descolgar la Mona Lisa para colgar sus cuadros de payasos. No tuve valor para decirle la verdad.

Así que unos meses después, estoy en DC y me encuntro con Eddie Herron. Eddie era otro guionista allí y nos pusimos a hablar, y surgió el nombre de Bob. Eddie dijo, “¿No te has enterado? Bob ha sido demandado por uno de sus negros.”

Yo dije, “¿Cómo es posible? Shelly Moldoff demandando a Bob? Pero si tenían un acuerdo muy claro. Shelly sabía que no iba a recibir crédito ni nada…”

Eddie dijo, “No, no Shelly.” Bob estaba siendo demandado por la persona que había dibujado para él los payasos…


Hágase el murciélago. Billy y Bob

No sería justo dar una imagen de la personalidad de Bob Kane basada tan sólo en las declaraciones de aquellos que tienen motivos para estar resentidos con él. Sin embargo, a medida que encontramos más declaraciones de autores coetáneos de Kane sobre su persona, la primera impresión se reafirma. La mayoría de ellos comentan el poco gusto por el trabajo de Kane, su afición a las mujeres y la buena vida, y su hábito de plagiar. A continuación, un par de extractos de la biografía de Will Eisner elaborada por Bob Andelman, Will Eisner. El espíritu de una vida (Norma; 2008).

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El trabajo le duró sólo un par de meses, porque Billy [Will Eisner] se encontró por casualidad con su amigo del instituto Bob Kahn, quien se había cambiado el nombre por el de Bob Kane.

Más tarde, con la ayuda de Bill Finger y Jerry Robinson, Kane creó a Batman. Kane era más alto y delgado que Billy; se creía que era clavadito a los apuestos cantantes melódicos que arrasaban en las radios de la nación y que conseguían que las adolescentes se desmayaran. Nunca practicó ningún deporte y frecuentemente se quejaba de unos persistentes síntomas de resfriado, aunque sus amigos creían que, simplemente, era un hipocondríaco.

Billy Eisner y su familia vivían a una manzana de distancia de la Concourse, la avenida principal que atraviesa el Bronx; Kane, cuyo padre era un agente de seguros de éxito, vivía en un gran apartamento situado más abajo, en esa misma calle.

Eisner y Kane, que a menudo coincidían en las clases de dibujo del instituto DeWitt Clinton, se llevaban bien fundamentalmente porque Eisner envidiaba lo bien que se le daban las chicas a Kane, y Kane admiraba el talento de Eisner. El dibujo de Kane no es que fuera de lo mejorcito, pero él tenía mucha energía, era ambicioso y estaba dotado de un gran sentido del humor.

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Historieta de Kane de 1936 para Wow! What a magazine!


-Sinceramente –afirmó Eisner tiempo después-, como dibujante era pésimo. Pero era un tipo agresivo. Siempre era capaz de conseguir esas dos cosas que tanto queríamos. En esa época yo era mucho mejor dibujante que Bob, pero él era el que conseguía los trabajos y las chicas, por eso yo solía andar con él.

Casi todos los sábados por la noche salían juntos. Eisner estaba tan centrado en dibujar que nunca tenía tiempo de llevar una vida social que le permitiera conocer chicas, pero entonces Kane le llamaba y le decía: “Tengo una cita para ti.” Sus citas dobles normalmente conllevaban ir a bailar a lugares como el viejo Glen Island Casino, situado al final de Pelma Parkway.

Era 1935, la edad dorada de las grandes bandas de música como las de los Dorsey Brothers y Benny Goodman, y a estos dos jóvenes dibujantes les encantaba ir a bailar con las chicas al Casino.

-El problema con Bob –señalaba Eisner-, era que las chicas que traía eran siempre bonitas pero totalmente idiotas. Idiotas de veras, eran un ejemplo perfecto de los que Al Capp denominaba “la estúpida belleza americana”.

El comportamiento de Kane en los nightclubs era bastante predecible, muchas veces se quedaba sin dinero y Billy acababa pagando la cuenta. Otras de las cosas que solían hacer siempre que salían de marcha era alardear con las chicas de su talento para el dibujo. Daba igual lo que Kane dibujara, Eisner siempre lo hacía mejor. Aquello era una competición entre dibujantes; pero a las chicas eso les importaba un comino. A ellas les gustaba la música querían bailar y lo demás les daba igual.

Una noche en particular, ya de vuelta a casa, Kane le preguntó a Eisner:
-¿Cómo te ha ido?
-Bueno –respondió Eisner-, le he metido mano, un poco.

Lo que, en aquellos tiempos, estaba bastante bien para un alumno ya en los últimos cursos de instituto. Demasiado bien, de hecho. El siempre competitivo Kane nunca volvió a preparar una doble cita con Eisner.

Kane tenía muchas peculiaridades interesantes como artista y como persona. Una de ellas era una mera cuestión de vanidad: afirmaba ser cuatro años menor que Eisner, a pesar de que habían sido compañeros en el instituto DeWitt Clinton.

-Bob se enorgullecía mucho de que en el instituto sus dibujos llamaran más la atención que los de Will –señalaba Mark Evanier, guionista de cómics, de series de animación y estudios sobre las historia de los cómics-. Pensaba que Will era un genio. Bob solía contarme qué dos razones le llevaron a convertirse en dibujante, y ambas tenían que ver con las chicas. La primera era que cuando hacía un dibujo las chicas se arremolinaban a su alrededor; la segunda, que había clases de dibujo en las que uno podía dibujar mujeres desnudas. ¿Y en que otro lugar, a esa edad, uno podía ver mujeres desnudas?

A pesar de que Evanier conocía a Kane y le caía bien, nos dijo que cualquier historia que Eisner pudiera contarnos sobre Kane, probablemente fuese verdad.

-Bob siempre tuvo un lado un poco sórdido –afirmaba Evanier-. Bob era un vividor, siempre andaba buscándose la vida. Trabajaba lo menos posible. Bob era, sobre todo, un tipo que siempre pensaba en cómo sacar dinero de las situaciones que se le presentaban. Sus ídolos eran los tipos que hacían tiras de prensa. Pensaba que lo más maravilloso que había en el mundo era que vendieras tu tira, tuvieras éxito y contratases a gente para que la siguiera realizando mientras uno se tumbaba en una hamaca. En plan Ham Fisher, que jamás dibujó ni una tira de Joe Palooka. Bob consiguió vender a Batman, de ese modo puso una franquicia en marcha, y dejó que otras personas trabajaran por él (principalmente el guionista Bill Finger y el dibujante Jerry Robinson). Creía que lo de Will era increíble porque seguía dibujando. Will dibujó más a los ochenta años que Bob en toda su vida.

Pensara lo que pensara Kane sobre Eisner, nunca lo compartió con sus lectores en su autobiografía de 1989, Batman & Me. Kane y la persona que escribe junto a él el libro, Tom Andrae, sólo mencionan dos veces a Eisner en todo el texto, y se trata de referencias vagas (que en el periódico del instituto eran rivales) y de una frase de extensión. Encima, una de ellas era completamente falsa: Kane afirmaba que Eisner fue uno de los creadores de Wow! What a Magazine!, mientras que Eisner siempre afirmó que sólo había hablado con él sobre la revista, que es donde Eisner conoció a su futuro socio, Jerry Iger.

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Ese mismo año se estrenó la primera película de Batman de la era moderna, Kane apareció en la Convención Internacional de Cómic de San Diego para promocionar unas ilustraciones firmadas y numeradas que había hecho.

-Will estaba en mi stand y Bob estaba en el de al lado intentando vender sus ilustraciones –recuerda Denis Kitchen, el director de Kitchen Sink-. Ambos estaban siendo acosados por los fans. Cuando se produjo un momento de cierta calma. Kane apareció a través de la cortina que dividía ambos stands e insistió en que Will y él se fueran a tomar unas copas cuando la convención cerrara las puertas, recuerdo que cerraban a las 5 de la tarde. Will asintió con la cabeza. Antes de que Will se marchara con Bob a las 5:00, me susurró al oído, “¡Voy a recibir una llamada muy importante a las 5:15!”

“Un cuarto de hora después, fui obedientemente a aquel bar situado cerca de la convención –continúa contando Kitchen-. Pedí mil disculpas por interrumpirles y le dije a Will que le habían hecho una llamada muy urgente y que tenía que volver de inmediato al hotel. Le dio la mano a Kane y se fue. “Sólo puedo soportar a ese tipo quince minutos”, esa fue la explicación que me dio Will cuando ya estábamos fuera.”

(…) Una de las primeras personas a las que Eisner contrató fue a su compinche del instituto y reconocido Don Juan: Bob Kane.

-He de confesar que lo hice encantado –afirma Eisner-. Trabajó para mí poco tiempo antes de crear Batman para Detective Comics.

El primer cómic que Kane realizó para Eisner & Iger fue Peter Pupp. Se trataba de un plagio descarado de unos nuevos personajes: unos animales que habían sido inventados por un creador de dibujos animados llamado Walt Disney.

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Página de Peter Pupp, publicada en Jumbo Comics en 1938


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Respecto a esta última apreciación, el propio Kane afirmaría en el libro Batman & Me (Eclipse, 1989), co-escrito con Tom Andrae: “Yo solía copiar a todas horas la tira de periódico de Mickey Mouse de Floyd Gottfredson, y mi mejor serie para Eisner-Iger a finales de los años ’30 la hice en una especie de estilo Dysney. Se llamaba Peter Pupp“.

Hágase el murciélago. La versión Steranko

Una de las fuentes que más información ha aportado sobre el origen de Batman es la truncada The Steranko History of Comics, de Jim Steranko, editada en 1970. En el primer volumen se dedica un capítulo completo a Batman en el que se desvelan detalles sobre la participación de Bill Finger, Jerry Robinson y Bob Kane en la creación del personaje principal y otros secundarios. El texto de Steranko, largo, no tiene desperdicio, y está trufado de declaraciones de Kane, Finger y Robinson, siendo una de las fuentes principales de la mayoría de artículos sobre el origen de Batman que se escriben todavía hoy en día. De hecho, cuando se compara este artículo con las declaraciones de Robinson en su larga entrevista de 2005, es casi imposible encontrar alguna inconsistencia. Dado su interés, vamos a traducir el capítulo completo.

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Al rebufo del éxito de Superman, en DC llegó un nuevo triunfo. Si había alguna duda sobre su posición como números uno, esta nueva creación la borró para siempre. Individualmente, cada uno era impresionante. Juntos, eran un paquete irresistible de dinamita. Espalda contra espalda, aseguraron la popularidad de DC más allá de cualquier sombra de duda.

¡Cuidado, crimen! ¡The Batman ha llegado!

Apareció de la nada sin origen en Detective Comics (Mayo 1939) junto a series com Slam Bradley, Cosmo, Phantom of disguise, Speed Saunders y Dr. Fu Manchu. Balanceándose entre azoteas (sólo Dios sabe dónde fijaba su cuerda), era más murciélago que humano, su capa dibujada para recordar un par de grandes alas. En un abrir y cerrar de ojos, se asentó el tono para el siguiente año de aventuras.

The Batman (como se le llamaba entonces) centraba su atención en crímenes monstruosos y criminales de extraña naturaleza, aunque ciertamente ninguno superaba superficialmente su propia apariencia. El primer Batman era esencialmente el mismo de hoy en día con tres notables excepciones.

Su capucha negra mostraba unas orejas auténticamente amenazantes que encogían proporcionalmente en cada número a medida que Batman se alejaba de lo misterioso y entraba en lo ordinario. El cambio era una lástima, ya que las orejas añadían un exquisito toque de macabro que parecía muy apropiado para el personaje. Además, Batman lucía unas alas de murciélago erectas que fueron inmediatamente sustituidas por la capa convencional. También faltaban los guantes con aletas; en su lugar, Batman llevaba guantes normales. Eran, en realidad, lo único normal en él.

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Aspecto de Batman en su tercera aventura, en Detective Comics #29 (DC, 1939)


Su origen se contó en Detective 33.

Huerfano debido a que un matón disparó sus dos padres (en posteriores relatos, la mujer de Thomas Wayne moría de un ataque al corazón al verle morir a él), un Bruce Wayne de diez años prometía “vengar sus muertes dedicando el resto de mi vida luchando contra todos los criminales. Presumiblemente, llegó a la adultez en soledad. No intervino ningún orfanato. Ninguna historia mencionó nunca una educación en un internado. Tal vez usó la fortuna de su padre para contratar un abogado listo. Habiéndose convertido en un “maestro científico” y entrenado su cuerpo hasta la “perfección física”, Bruce se apoltronó en su silla. Con la mano en la barbilla susurró, “los criminales son supersticiosos, un grupo de cobardes, de modo que mi disfraz debe ser capaz de infundir el terror en sus corazones. Debo ser una criatura de la noche. Negro, terrible… un… un…” Y así comienza la gran tradición de momentos embarazosos en que los héroes buscan nombres que sus autores conocen desde hace meses. “Como si fuera un a respuesta, un inmenso murciélago atraviesa la ventana abierta”

“¡Un murciélago! ¡Eso es! Es una señal… ¡Me convertiré en un muerciélago!”

“Y así nace esta extraña figura de la oscuridad… este vengador del mal, THE BATMAN.”

Casualmente, tanto Superman como Batman son huérfanos. Ambos tienen identidades civiles; ambos llevan disfraces. Ahí terminan las similitudes. Batman era, en realidad, lo contrario del Hombre de Acero, un hombre de carne y hueso.

Superman era una atracción multicolor realizando actuaciones constantes para el público a precios populares. Batman era un oscuro y sombrío solitario trabajando fuera de la ley, fuera de la vista del público, acechando a su víctima sin piedad a través de resbaladizos callejones.

Superman podía escapar de cualquier sitio a puñetazos; no tenía que pensar. Batman contenía las únicas historias centradas en lo cerebral que no escatimaban la acción. El alter ego de Batman se alejaba del humillante Kent. Bruce Wayne era rico.

Superman nunca era herido. No podría aunque hubiera querido. Batman era herido constantemente. En un relato, un hampón, sospechando que le están siguiendo, descubre las huellas húmedas del cruzado de la capa que se dirigen hacia el maletero de su coche. El matón vacía en él su revolver. Seguro que era un truco. No lo era. Robin tuvo que tomar el caso.

Pero las diferencias llegaban más lejos. Temáticamente, las series eran opuestas. Superman había prometido “dedicar su existencia a ayudar a los necesitados.” La aproximación de Batman equilibraba la balanza, “prometo por los espíritus de mis padres, vengar sus muertes dedicando el resto de mi vida a luchar contra los criminales.” Mientras la motivación de Superman era una benevolencia altruista, la de Batman estaba basada en la venganza misantrópica. Uno resumía las cualidades humanas que un hombre puede tener, mientras que el otro reflejaba la inevitable naturaleza de sangre fría de la humanidad. La violencia y la maldad se vuelven contra sí mismas cuando Batman purga el submundo del crimen de los cómics.

La superstición y lo sobrenatural van codo con codo. Muy inclinado hacia una atmósfera teutónica, Batman conjuraba visiones de vampiros con su capa negra, aspecto tétrico y rendijas blancas para los ojos. Se movía a través de fondos cubistas con perspectivas retorcidas y ángulos paranoicos, de sombras y siluetas que daban pábulo a la idea de que era, realmente, más murciélago que humano. Vestido como un rico conde de día, emergía de noche como un Drácula para realizar fantásticas patrullas nocturnas en escenarios a la luz de la luna. No es arriesgado decir que la venganza convirtió a Wayne en Batman.

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Impactante viñeta de Detective Comics #37 (DC, 1940)


Superman había dado a DC su fuerza, pero Batman le dio el tono. Por supuesto, Superman era más impresionante, ciertamente más original, pero Batman era más fascinante. O te gustaba uno, o el otro, dependiendo de tu desarrollo psicológico. Una audiencia había estado esperando a Superman. Batman se había creado magníficamente a sí mismo.

La criatura de Bob Kane y Bill Finger, Batman, representaba una nueva escuela de héroes de cómic. Era una extención evidente de los pulps de La Sombra, Spider y Black mask detective. Era el siguiente paso en la progresión que creó Detective Comics… ¡un súper detective!

Sus dos creadores había asistido al instituto DeWitt Clinton en Nueva York. Kane, después de estudiar un curso de dibujo por correspondencia, comenzó su carrera en el estudio de Eisner & Iger en 1938, produciendo Peter Pupp para Jumbo Comics, Side streets of New York y Van Bragger para Circus Comics, Spark Stevens en Wonder Comics, luego historias de relleno para DC como Ginger Snap, Gumshoe Gus, Jest a second y Professor Doolittle. “Supongo que debo de tener tinta en la sangre, porque desde que tengo uso de razón he tenido un lápiz en la mano, y estoy seguro de que debo de ser el campeón de los dibujantes de todos los tiempos”, dice Kane.

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Páginas de Ginger Snap y Professor Doolittle


Finger también era de Nueva York, nacido el 8 de febrero de 1914, unos pocos años antes que Kane. En su adolescencia se mudó de Yorkville al Bronx, a unas pocas manzanas de Kane, a quien se encontró en una fiesta. Siguió una discusión sobre cómics.

Bill, por aquel entonces vendedor de zapatos, era un lector voraz, un hábito que había adoptado después de pasar un tiempo en la cama con la escarlatina de niño. Desde Frank Merriwell hasta La Sombra o Dickens, los había leído a todos. “Era un fanático de la ciencia ficción, las viejas historias en Wonder y Amazing, Hugo Gernsback y “Doc” Smith.” Kane quedó impresionado de la sapiencia literaria auto aprendida de Finger y la expresividad de su articulado lenguaje. Pidió a Bill que se encontrasen de nuevo más tarde en el Edgar Allan Poe Park para discutir una nueva serie que estaba desarrollando.

Esa serie, Rusty and his pals, en Adventure Comics, marcó la colaboración inicial entre la pareja. Rusty, Tubby y Specs vivían aventuras en cuentos de piratas y contrabandistas sacadas directamente de Tom Sawyer. La siguiente aventura de Kane fue más ambiciosa. Comenzó a lejarse del dibujo caricaturesco a un estilo de cómic más realista que se asentaría en su última serie previa a Batman.

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Página de Rusty and his pals


El editor Vin Sullivan había pedido a Kane una nueva serie de aventuras. Kane, por su parte, llamó a Finger, que recuerda, “Siempre me han gustado Las minas del rey Salomón de Rider Haggard, de modo que pensé que podríamos hacer un personaje del tipo del gran cazador blanco –uno cuyas aventuras le llevasen a todas partes, África, Sudamérica, cualquier sitio. Lo llamé Clip Carson.”

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Página de Clip Carson


Alto, moreno, guapo, Carson era un trotamundos deshacedor de entuertos en la tradición de Allan Quatermain. Tenía un sorprendente parecido con el dibujante, como pasaría después con Bruce Wayne.

Bill elaboraba sus ideas a partir de un archivo de guiones de pulps y películas similares a una de sus películas favoritas, Gunga Din. Su padre había aceptado exponer carteles de películas en el escaparate de su tienda, de modo que Bill podía conseguir entradas gratis para películas como The clutching hand, con Wallace Reed o Lone Star Ranger, de Tom Mix.

De pronto, Superman comenzó a despegar. Ultraman, Sandman, Crimson Avenger, todos tuvieron un reconocimiento similar pero carecían de la suficiente imaginación como para lanzarlos al estrellato. Pero ya se había dado la orden, la lógica era simple. Si se creaban suficientes nuevos héroes, seguro que alguno sería un éxito. Whitney Ellsworth acudió a Kane en busca de otro personaje disfrazado.

Inmediatamente comenzó a trabajar en una serie de bocetos, emplenado varias combinaciones de la fórmula del superhéroe tal como existía entonces. Kane dice, “El traje de Batman estaba diseñado para ocultar la verdadera identidad de Bruce Wayne. Recuerdo haber visto una película sobre 1926 llamada The Bat en la que un villano llevaba un disfraz de murciélago bastante impresionante. La principal diferencia es que yo convertí a mi personaje en un héroe. Pensé que ese impresionante disfraz sobre mi héroe, podría causar pavor y respeto en todos los villanos que se encontrase en sus muchas emocionantes aventuras.”

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Fotograma de The Bat, dirigida por Roland West en 1926


Finger recuerda a Kane telefoneándole para decirle que, “tenía una idea para un personaje llamado Batman, y quería que yo viese los dibujos. Fui donde Kane y había dibujado a un personaje que se parecía mucho a Superman, con una especie de… mallas rojas, creo, con botas… sin guantes… con una pequeña máscara de dominó, balanceándose en una cuerda. Tenía dos alas rígidas sobresaliendo, con apariencia de alas de murciélago. Y debajo había un gran signo… Batman.”

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Recreación del posible diseño de Bob Kane


Juntos, desarrollaron el Batman embriónico. “Tomé de la estantería el Diccionario Webster esperando que tuvieran un dibujo de un murciélago, y vaya si lo tenían. Yo dije “fíjate en las orejas, ¿por qué no copiamos las orejas?” Sugerí que dibujase lo que parecía una capucha. Probó con varias capuchas. Sugerí que bajara la parte de la nariz de la capucha para hacerlo más misterioso y que no mostrase los ojos para nada. Yo estaba muy influido por La Sombra y Doc Savage, El Fantasma, cosas así.”

Otras alteraciones cambiaron los colores de Batman al traje negro-azulado y gris de hoy en día. “No me gustaban las alas, de modo que sugerí que hiciera una capa y recortase curvadamente los bordes, de modo que ondulase tras él cuando corría y parecerían alas de murciélago. No tenía ningún tipo de guantes. Le pusimos guantes porque, naturalmente, dejaría huellas dactilares. No eran de tipo guantelete, eso vino más tarde. Discutimos el potencial de Batman. Mi idea era que Batman fuera una combinación de Douglas Fairbanks, Sherlock Holmes, La Sombra y Doc Savage.”

El trabajo de Kane en Clip Carson había educado sus sensibilidades artísticas justo lo suficiente como para permitirle enfrentarse al concepto de Batman, un tema como mínimo complicado. Comparado con series como Mandrake y Flash Gordon, el dibujo de Kane era primitivo, aunque con cierto encanto. Las deficiencias estructurales eran evidentes; la anatomía resultaba rígida, irreal; el acabado era pobre. Aún así, la traición involuntaria del realismo parecía añadir más que sustraer al romanticismo tétrico de la fórmula de Batman.

“Mis primeros ídolos en el campo de los cómics fueron Dick Tracy, Barney Google y Flash Gordon”, admite inocentemente Kane. Usó a Foster y Raymond como referencia para dibujar, y secuencias de Terry y los piratas de Caniff, pero sobre todo, estaba influido por el Dick Tracy de Chester Gould, especialmente en el estilo, lo que era particularmente evidente en los villanos de Batman. Kane demostró una importante sensibilidad en la forma visual.

Todo el mundo tenía enormes barbillas cuadradas y ojos entrecerrados. Los ladronzuelos llevaban gorras. Los malhechores de más importancia llevaban sombreros de ala ancha. Las futuras víctimas llevaban trajes estridentes que nos les sentaban bien. Los ricos llevaban chaqueta de esmoquin. Y los villanos invariablemente conocían a los mejores sastres. Kane creó unos bajos fondos de chulos con trajes a rayas y maleantes con hombreras y gomina en el pelo. Sus paisajes a lo Caligari delineaban un mundo de grandes lunas y largas sombras, perspectivas raras y gente más rara todavía. Batman se deslizaba silenciosamente a través de un claroscuro nocturno con la ayuda de un garfio y una cuerda.

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Batman se balancea a lo largo del Detective Comics #32 (DC, 1939)


El luchador contra el crimen encapuchado debutó en Detective 27 en un historia de 6 páginas titulada El caso de la agrupación química, formalmente firmado Robert Kane. El comisario Gordon aparecía en la primera viñeta. Finger empleó ampliamente su sentido del melodrama educado en el pulp. “Mi primer guión era una recreación de una historia de La Sombra. Pero no quería que Batman fuera un Superman; quería que Batman fuese herido. Todo lo que hacía estaba basado en el atletismo, o en usar su astucia y aguda observación.”

“El nombre de pila de Bruce Wayne venía de Robert Bruce, el patriota escocés. Wayne, siendo un playboy, era un hombre de la nobleza. Busqué un nombre que sugiriese colonialismo. Probé Adams, Hancock… luego pensé en Mad Anthony Wayne.”

“Originalmente iba a llamar Civic City a Gotham City. Luego probé Capital City, luego Coast City. Luego ojeé la guía telefónica y encontré el nombre Gotham Jewellers y dije, “Eso es, Gotham City”. No la llamamos Nueva York porque queríamos que cualquiera, en cualquier ciudad, se pudiera sentir identificado. Por supuesto, Gotham es otro nombre para Nueva York.”

“Mi estilo para escribir Batman seguía el patrón de La Sombra. También de las viejas películas de Warner Bros, las películas de gángsteres con Jimmy Cagney, George Raft, Bogart. Siempre me gustó ese punto de vista dramático. Era un estilo completamente pulp. A veces me sobrepasaba, escribiendo frases como “la noche envolvía como un manto la ciudad”. Pero, de alguna manera, parecía funcionar.”

Simultáneamente al nacimiento de Batman, otro héroe con similar disfraz, principios y nombre, apareció en escena (julio de 1939) en Black Book Detective, una de las principales cabeceras pulp de la época. The Black Bat protagonizó más de 50 novelas escritas por G. Wayman Jones.

El traje de The Black Bat era soprendentemente parecido al de Batman, incluida la capa y la capucha. DC estaba alucinada. “Casi se interpone una demanda”, recuerda Finger, “fue una extraña coincidencia. Whit Ellsworth había sido escritor pulp para Better Publications. De modo que a través de la intervención de Ellsworth se pudo evitar la demanda. Estaban preparados para demandarnos, y nosotros para demandarles. Sólo fue una de esas tremendas coincidencias.”

Otra coincidencia fue el hecho de que The Black Bat llevaba guantes con aletas, una característica del traje que Batman no desarrollaría hasta Detective 36, un año después de su creación.

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Portada para Black Book Detective protagonizada por The Black Cat (1943)


Batman apareció alternadamente en las portadas hasta el número 35. Después, oficialmente comenzó su reinado como némesis nocturna del crimen en DC. En el número 28 comenzó su hábito de dejar su tarjeta de visita junto a su vencido adversario al estilo del The Bat de Mary Roberts Rinehart. Para el número 29, su cinturón de utilidades se volvió funcional alojando cápsulas de gas. Los cinturones de utilidades, por supuesto, habían sido comunes desde hacía mucho tiempo entre los héroes pulp como Doc Savage y Captain Hazzard. Este número y el siguiente supusieron el primer villano con “nombre”, Dr. Death, de nuevo inspirado en una creación pulp del mismo nombre. “Los villanos se diseñaban a semejanza de aquellos de los pulps, extraños y alocados”, confiesa Finger.

Luego, inesperadamente, Ellsworth sacó a Finger de Batman y pidió a un competente abogado recién salido de la universidad que guionizase al nuevo personaje. Gardner Fox escribió las siguientes historias con una aproximación completamente nueva. Introdujo el interés amoroso por Wayne en la persona de Julie Madison, que fue inmediatamente situada bajo el control hipnótico del diabólico Monje. Batman la siguió a Europa es esta historia de 10 páginas e hizo sus primeros artilugios, el batarang y el batigiro, de su interminable lista de parafernalia.

En la historia, según iba siendo descendido dentro de un pozo de serpientes venenosas, golpea la palanca de descenso con su batarang, que después usa para romper en pedazos una araña de vidrio, utilizando los cristales rotos para cortar su trampa y escapar. La improbabilidad de una araña de vidrio sobre un pozo a duras penas iba en contra de la ingenuidad de esas primeras escapadas de Batman de trampas “inescapables” –su especialidad.

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Buen uso del batarang en está página de Detective Comics #31 (DC, 1939)


La continuación, sacada del primer Bram Stoker, empuja a Batman a una pesadilla de antiguos castillos, vampiros, hombres lobo y lo sobrenatural. De nuevo tratando de salvar a la chica, el luchador contra el crimen de la capa se encuentra a sí mismo enfrentado a lobos voraces. Con cápsulas de gas, batarang y un lazo de seda, escapa para perseguir al mortal Monje hasta su tumba. Después, en una escena como el final de Drácula, Batman abre el ataúd para revelar al cadáver viviente. “Nunca jamás dañarás un mortal”, promete Batman mientras vacía una pistola en el cuerpo inerte del Monje. Ha tomado la precaución de fundir una estatua de plata para hacer balas

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Batman demuestra estar versado en lo sobrenatural en esta página de Detective Comics #32 (DC, 1939)


La extraña aproximación era demasiado alejada de los gustos de la época, aunque mirando hacia atrás, permanece como uno momento único memorable de la cronología de Batman. Las siguientes historias eran más terrenales. Batman llevaba una pistola al estilo del Fantasma en la portada del 31 [NdT: En realidad, del 33], y dentro hacía uso de un automóvil que con el tiempo se convertiría en el elegante batmóvil. Un origen de dos páginas, después utilizado en Batman 1, apareció en Detective 33, el maloso de Batman, Hugo Strange debutó dos números después.

Durante este período, a Finger le pagaba Kane, y no fue hasta que media docena o así de números de Batman estuvieron terminados, que empezó a trabajar oficialmente para DC. Poco después, Mort Weisinger se unió a la plantilla de Batman como primer editor de Batman. Hasta ese momento, Finger simplemente había escrito las historias que se le ocurrían; ahora tenía una dirección editorial. Tras el éxito de Batman, su tarifa por página de guión era de unos 12 dóalres. Kane se beneficiaba financieramente de bonus periódicos de la siempre creciente cartera de DC.

Al mismo tiempo, Kane reclutó a su servicio a un asistente, Jerry Robinson. Se había acercado a Robinson, que estaba vendiendo helados tras el colegio, para preguntarle quién había decorado la chaqueta que llevaba. Kane quedó impresionado por el dibujo y le habló de la serie de Batman, sugiriéndole que podría interesarle ser su asistente en la serie. Robinson comenzó en septiembre de 1939. Tenía 17 años.

Robinson, que pretendía seguir la carrera de periodismo de Columbia, pronto fue atrapado por este entusiasmo y la popularidad de Batman. Trabajó con Kane, primero rotulando, después dibujando los fondos, y finalmente entintando. Robinson se desarrolló rápidamente, a menudo trabajando en Batman 15 horas al día. Su capacidad se expandía proporcionalmente a sus tareas, y pronto procedió a producir historias completas, la primera de las cuales fue Brothers in crime en Batman 5 [NdT: En realidad, en el 12].

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Primera página de Broters in crime, con lápiz y tinta de Jerry Robinson, en Batman 12 (DC, 1942)


Robinson aplicó un agudo sentido del diseño al vengador encapuchado. Fue responsable de dar a Batman un empujón adicional con la fuerza de su firme y detallado acabado. Batman se volvió más anatómicamente preciso, más estéticamente disfrutable que antes.

Robinson compartía apartamento en la Calle 33 con otro dibujante de DC, Bernie Kline. Habían instalado dos mesas de dibujo, una de las cuales era tan grande que podían trabajar en ella simultáneamente dos personas. El piso se convirtió en lugar de reunión de gente del cómic. Frecuentemente, media docena de dibujantes y guionistas, como Charlie Biro, Bob Wood, Mort Meskin y Whit Ellsworth, se reunían allí para terminar unas pocas páginas y discutir técnicas narrativas o lo que estaba haciendo la competencia.

Las páginas de cómic se apilaban por todas partes. Las paredes eran murales de cómics desde el suelo hasta el techo. Incluso la vieja radio que los mantenía en contacto con el mundo estaba cubierta con tantos dibujos, que sólo se veían las ruletas. Había dos sofás donde dormía el primero que los pillaba. El clan comía sobre baldosas arrancadas de la pared del baño. Si les parecía duro, nadie lo mencionó. Estaban demasiado atareados creando cómics de la Golden Age.

Como Finger, Kane y Robinson dependían de las películas para informarse y educarse en lo intrincado de la narrativa dinámica. “Fuimos a ver Ciudadano Kane una docena de veces”, confirmaba Robinson.

Entonces, la imagen de Batman cambió y se asentó en su propia atmósfera.

Dick Grayson, el hijo de unos acróbatas muertos en un accidente de trapecio, se convirtió en Robin, el Chico Maravilla en Detective 38, en abril de 1940.

Kane dice del personaje, “En mi subconsciente, yo quería ser como Robin cuando tenía su edad; un joven audaz intrépido, luchando junto a su ídolo, Batman (o, en mi caso, Douglas Fairbanks Sr.)”

“Me imaginé que Robin atraería a todos los chicos de su grupo de edad como una persona en la que identificar sus propias fantasías internas; porque, después de todo, ¿qué joven americano con sangre en las venas no querría unirse a Batman en el emocionante mundo del misterio y la aventura?”

“En lo que respecta al disfraz de Robin, lo diseñé basándome en Robin Hood.”

El traje de Robin con su chaleco rojo (el pecho rojo del petirrojo) y capa amarilla era funcionalmente desconcertante, advirtiendo su presencia con una efectividad que envidiarían los relaciones públicas. Ayudaba a explicar por qué el único chico de 12 años del mundo capaz de noquear a dos hombres maduros con facilidad, era constantemente golpeado por detrás.

Acostumbrado a servir de cebo a Batman dentro de una trampa mortífera sin escapatoria, Robin recobraba la conciencia a tiempo de escuchar el inevitable soliloguio del villano, que servía para clarificar las partes oscuras de la trama. Tras una típica escapatoria según la fórmula, el dúo dinámico mortificaba a sus oponentes con ocurrencias más paralizantes que sus puñetazos. “Talón por talón”, era una de las favoritas de Robin, mientras pateaba a los maleantes en la mandíbula sosteniéndose sobre sus manos.

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Robin, Acróbata del Mamporro, en Detective Comics #61 (DC, )


El autor Finger recuerda el origen del guardaespaldas de Batman así, “Robin surgió de una conversación que tuve con Bob. Como yo dije, Batman era una combinación de Fairbanks y Sherlock Holmes. Holmes tenía su Watson. Lo que me molestaba es que Batman no tenía a nadie con quien hablar, y era un poco cansado tenerle siempre pensando. A medida que avanzaba, me di cuenta de que Batman necesitaba un Watson con quien hablar. Así es como surgió Robin.”

“Bob me llamó y me dijo que iba a poner a un chico en la historia para que se identificase con Batman. Pensé que era un a gran idea. Me fui a casa y traté de idear nombres, docenas, como Dusty y Scamp. Cuando volví, Bob y Jerry me informaron de que ya tenían un nombre. Habían decidido llamarlo Robin. Siempre pensé que Robinson se había basado en su propio nombre, ROBINson… ROBIN.”

“Me fui a casa a escribir la primera historia. Le di un tirachinas porque pensé en David y Goliat en el sentido de que Robin sería pequeño comparado con el tamaño de los hombres normales. Pero pensamos que sería peligroso, así que sólo duró unos pocos números.”

“Dick Grayson vino de los pulps. Frank Merriwell tenía un medio hermano, Dick, y Grayson vino de un libro que yo estaba leyendo, editado por Charles Grayson Jr. El nombre sonaba bien.”

“Pensé desde el ángulo del hermano mayor, y entonces Robin se hizo un poco más fácil de escribir. Hacerlo humano era casi imposible, porque tenía que dar la réplica a Batman o hacerle preguntas sofisticadas.”

Robinson admite que Robin fue creado a partir de la imagen de Robin Hood “en un esfuerzo para humanizar a Batman.” Obviamente, fue un momento decisivo en la épica de Batman, terminando para siempre con la imagen de soledad y amenaza que tipificaba al primer Batman. Previamente, su personaje era tan extraño como los retorcidos enemigos con los que se encontraba. Después, la compasión entró en escena. Batman tenía que ser un ejemplo para el chico. La historia destacará la adición de Robin como uno de los puntos más sobresalientes e importantes de la serie. Ciertamente, Robin debe ser acreditado por cargar con gran parte del peso de la longevidad de Batman.

Batman apareció solo por última vez en su propia serie, primavera de 1940. Originalmente programado para Detective 38, un cambio de última hora puso en su lugar el origen de Robin. La splash inicial declaraba que el profesor Hugo Strange se había escapado de la cárcel. Tras liberar a cinco pacientes mentales de un sanatorio cercano, Strange los transforma químicamente en gigantes locos violentos que cumplen su voluntad. Bajo el influjo de Strange, asolan Gotham aterrorizando a la policía y creando el caos en el metro elevado a la grandiosa manera de Willis O’Brien.

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Caos en Gotham City en Batman #1 (DC, 1940)


Batman descubre su escondite y de un golpe hace que el villano atraviese una ventana (“Me pregunto si realmente este es el fin de Hugo Stange.”) y elimina a tres gigantes. Los otros dos están ya en camino hacia la ciudad. Batman les sigue de cerca con ayuda de su batiplano. Situándose frente al primer camión que transporta a uno de los monstruos, Batman desciende en picado con la ametralladora escupiendo muerte. “¡Por mucho que odie tomar una vida humana, me temo que esta vez es necesario!”, dice, mostrando los dientes.

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La secuencia mencionada, en Batman #1 (DC, 1940), continúa con el ahorcamiento del gigante


El último monstruo escala un edificio de oficinas intentando atrapar el elusivo batiplano en una obvia imitación de King Kong. Batman lanza cápsulas de gas causando la caída del hombre-bestia hacia su muerte abajo, en la calle.

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Si las balas no acaban con él, lo hará la caída, en Batman #1 (DC, 1949)


Los lectores encontraron el uso de una pistola por parte de Batman, deplorable. El guionista, Finger, asentía, “Metí la pata. Hice que Batman usase una pistola para disparar a un villano, e inmediatamente fui llamado por Whit Ellsworth. Él me dijo, “Que Batman no lleve una pistola nunca más.” Tenía razón.”

Esto resultó en DC preparando su propio Comics Code, que remitió a cada guionista y dibujante en plantilla. Entre otras condiciones, se declaraba que no habría latigazos, ni ahorcamientos, ni apuñalamientos ni referencias sexuales. Incluso la palabra FLICK estaba prohibida porque la rotulación podía unir las letras. Parece que otras compañías usaron también ese código para sus publicaciones.

El primer número de Batman fue incluso más notable debido a la aparición del villano principal del cómic, el Joker. Como príncipe payaso del crimen, era casi una estrella por sí mismo. El Joker era, en realidad, la creación individual de Jerry Robinson, “Pensé que ya había llegado el momento en que Batman necesitaba un villano superior con quien enfrentarse. Quería un personaje que personificase las cualidades de intriga y misterio, pero con un gran encanto visual. Debía ser sardónico y poseer humor, un elemento importante en su caracterización. Saqué la idea de una carta de la baraja.”

Desde el principio, los destellos de locura brillaron en los ojos de los adversarios de Batman. Dr. Death y Hugo Strange eran viejos conocidos entre los supervillanos que repetidamente mortificaban al luchador contra el crimen encapuchado. Monopolizando los mejores villanos de DC, la galería de villanos de Batman esta poblada por criminales descendientes de la dinastía pulp.

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Aspecto del Joker en su primera aparición, en Batman #1 (DC, 1940)


Pero primero y ante todo, estaba el Joker. Sacado de la carta de la baraja prácticamente sin cambios, este arlequín con la cara pintada de tiza, con su sonrisa psicótica y musgoso pelo verde, inyectaba a sus víctimas dormidas una droga que causaba la muerte en 24 horas. Después, públicamente predecía sus destinos. Las víctimas expiraban con una sardónica sonrisa mortal estampada en sus caras, la tarjeta de presentación del Joker.

El Joker operaba siguiendo extraños patrones irracionales, la lógica de los cuales nunca parecía evidente hasta la conclusión de la historia. Dejando un rastro de risa mordaz y locura, el elusivo payaso sólo podía ser vencido por el dúo dinámico una vez que una de sus tétricas bromas se volvía contra él. El Joker era el número uno, y todo el mundo lo sabía.

Finger había escrito las dos historias del Joker que aparecieron en el número 1, y confesó que el morboso bufón originalmente había muerto en la segunda historia.

Whit Ellsworth dijo, “Bill, estás loco; aquí tenemos un gran personaje.” De modo que se volvió a dibujar la última viñeta con una ambulancia y una línea de diálogo que decía que viviría, gracias a Ellsworth.”

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El Joker no muere y pasa a formar parte del mito de Batman en Batman #1 (DC, 1940)


Finger también recuerda llamar la atención de Kane sobre una foto que había recortado de la versión de Grosset y Dunlap del libro El hombre que ríe. Era una referencia perfecta de la película mostrando la boca de Conrad Veidt extrañamente estirada en una retorcida, tétrica sonrisa.

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¡Santos recórcholis, Batman, el parecido es asombroso!


Una multitud de otros villanos fueron exitosamente generados de la misma matriz. Como el Joker, Catwoman también pasó a través de Batman 1.

Una frenética mujer de ojos verdes con un disfraz de gato, blandía un gato de nueve colas y conducía un kittycar. Explotando cada ángulo felino, Catwoman usaba sus nueve vidas para convertirse en la primera mujer del crimen. Esto es, una mujer primero, una reina del crimen después. La vanidad de Catwoman era su primera motivación. Demasiado fiel a su naturaleza, se enamoraba de Batman y de Bruce Wayne, finalmente luchando codo con codo con el cruzado de la capa antes de volver a la atractiva emoción de las actividades criminales.

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Selina Kyle, una chica guapa en Batman #1 (DC, 1940)


El tercer miembro del triunvirato que incuestionablemente se situaba en el más alto nicho del pasillo de la infamia de Batman, era Dos Caras (Detective 66). Un atractivo asistente de fiscal del distrito, Harvey Kent, fue transformado en un retorcido ser humano atormentado por un criminal vengativo que arrojó ácido sobre la cara de Kent. La mitad resultó intacta. La otra mitad fue desfigurada en una máscara maligna de carne púrpura distorsionada. La cara rehizo al hombre.

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Dos Caras, tirando a feo en Detective Comics #66 (DC, 1942)


Dos Caras esta inspirado, obviamente, en el número de 1939 de La Sombra en el que se publicó Face of Doom, una historia muy similar. Este Jekyll y Hyde simultáneo también era una fotocopia del villano de Dick Tracy, Split-Face.

Dos Caras llevaba un traje en consonancia con su aspecto: la mitad era caro, con un buen corte, de un buen gusto impecable; la otra raída, arrugada y ostentosa. Dos Caras marcaba la mitad de una moneda de dos caras, el amuleto de la suerte del gángster que le desfiguró. La lanzaba al aire a la manera de George Raft antes de cada crimen para decidir si se quedaría él con el botín o lo donaría para caridad.

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Más desdoblamiento de personalidad en Detective Comics #66 (DC, 1942)


Este aspecto de conflicto interno y la dominancia alterna del bien y el mal, hizo de dos caras uno de los villanos más fascinantes producidos en los cómics. Dos Caras añadía todavía más color a su personaje adoptando el número “dos” como su símbolo personal del crimen. Robaría a los pasajeros de un carromato de dos ruedas o un autobús de dos plantas, robaría la recaudación de un teatro exhibiendo una sesión doble y escaparía en una motocicleta, bicicleta, u otro vehículo de dos ruedas. Su inventiva dentro de estas limitaciones autoimpuestas era a menudo impresionante.

La cirugía plástica puso fin a su carrera en la dualidad, pero no a la de muchos imitadores que cometían crímenes en su nombre. Otro Dos Caras nació cuando un actor recreando la vida de Harvey Dent (su nombre fue cambiado inexplicablemente) fue similarmente desfigurado por la explosión de una lámpara Klieg. El original volvió de nuevo cuando una explosión de dinamita destrozaba la cirugía plástica de Dent. El cirujano le había advertido que el trabajo no podría rehacerse.

Dos Caras simbolizaba visualmente su propio dilema, fuerzas diametralmente opuestas chocando de frente en la mente de un hombre. Consecuentemente, era el más sorprendente de los oponentes de Batman.

El actor de terror en declive Basil Karlo se ponía el terrorífico maquillaje verde de Clayface, su papel más famoso, y comenzaba a apuñalar frenéticamente a las estrellas de su antiguo estudio en Detective 40. Puesto bajo vigilancia por Batman y Robin, Karlo escaba repetidamente del manicomio local para convertirse de nuevo en el embozado Clayface.

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Clayface, un tipo con las ideas claras, en Detective Comics #40 (DC, 1940)


El Pingüino, ese pomposo maestro en emular a los pájaros de andar balanceante, usaba paraguas de todas las formas y tamaños para atormentar incesantemente al dúo dinámico por primera vez en Detective 58. El Espantapájaros era un profesor a lo Ichabod Crane que decidió que se encontraba en el campo equivocado. La escasez de alojamiento en el País de las Maravillas, hizo que Tweedledum y Tweedledee invadieran nuestro mundo con planes ingeniosos relacionados con su idéntica naturaleza. El Doctor del Crimen curaba a los criminales y prescribía curas para los crímenes mal planeados.

El Cavalier era un arrogante espadachín blandiendo una espada electrificada que robó por diversión. Edward E. Nigma, el Acertijo, era un psicópata que no podía comenter un crimen sin dejar una pista. Sus desconcertantes puzzles le llevaban siempre a prisión. El selecto grupo de criminales de Batman era un club altamente exclusivo. Conformaban la élite de los bajos fondos.

“El Pingüino salió de un artículo en el Saturday Evening Post sobre pingüinos emperador”, explica Finger. “Parecían ingleses en un club elegante. Decidí que el personaje tenía que tener dos cosas, un esmoquin con sombrero de copa, y un paraguas. Hice paraguas con artefactos, armas que le darían personalidad. Decidí hacer al villano divertido pero de una manera diabólica. Utilicé el tema de los pájaros. Compré libros sobre pájaros y coleccioné cientos de artículos como referencia.”

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El Pingüino en su segunda aparición, en Detective Comics #59 (DC, 1942)


“Catwoman también. National Geographic sacó un número genial sobre gatos. Usé eso, el Libro de Citas de Bartlett y el diccionario para inventar bromas sobre gatos. Muy metódico. Lo mismo con Dos Caras. Miré todo lo que tenía que ver con el número dos. La idea era tomar el personaje de Jekyll y Hyde. Dos Caras, por cierto, fue idea de Bob. Clayface lo sacamos de El Fantasma de la Ópera.”

Batman y Robin aparecían regularmente en World’s Finest, así como en Detective y Batman. En Superman 76, el hombre de acero unía fuerzas al dúo dinámico, revelando su identidad secreta a cambio de la de ellos. Esto promovió que los tres se mudasen a World’s Finest en el número 71, compartiendo dirección e invariablemente acudiendo al rescate los unos de los otros. Durante finales de los años ’40, Robin apareció en solitario en 65 números de Star-Spangled Comics.

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Stangers in the night dejan de serlo en Superman #76 (DC, 1952)


Por pura necesidad, el más perspicaz de los superhéroes, Batman, peleaba más con su mente que con sus músculos. Sus casos eran como partidas de ajedrez. Podía golpear una vez que estaba en posición, pero llegar allí requería intelecto. Su gran cantidad de parafernalia mecánica era una extensión de su mente y una emulación del radiofónico Green Hornet.

Hornet tenía a su fiel compañero Kato. Batman tenía a Robin. Pero además de su máscara y artilugios para luchar contra el crimen, Green Hornet también lucía una elegante y potente limusina que cariñosamente llamaba Belleza Negra. Batman no podía ser menos.

Un coche de gran potencia con un rayo pintado en su lateral, un descapotable azul y un convertible rojo oficialmente llamado “el batmovil” se contaron entre los primeros vehículos en transportar a Batman y Robin en busca de sus presas. El batmovil de 1941 finalmente hizo honor a su nombre mostrando súper-cargadores, una aleta dorsal y una cabeza de murciélago como parachoques delantero. Durante una persecución en 1950, el modelo de 1941 se cayó de un puente y quedó destrozado. Mientras estaba convaleciente en el hospital, Batman diseñó el nuevo Batmovil, que se utilizó para perseguir presas criminales a lo largo del resto de la historia.

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Detective Comics #30 (DC, 1939)


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Detective Comics #35 (DC, 1940)


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Detective Comics #48 (DC, 1941)


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Batman #5 (DC, 1941)


Este modelo era el arquetipo automovilístico que se convirtió en el batmovil clásico. Dotado de asientos envolventes, pantallas de televisión y radar, un parabrisas de plástico, una luz que proyectaba el batsímbolo, luces delanteras capaces de penetrar en la más densa niebla, antena de radar dentro de una monstruosa cola-aleta, lanzacohetes, una delantera afilada de acero para atravesar barreras y un laboratorio completo con una poyata de trabajo, banquetas y armarios, el batmovil parecía capaz de dilapidar la fortuna de Wayne sólo con las facturas de la gasolina.

Implementado a lo largo de la década, los guardabarros delanteros del Batmovil se hicieron cuadrados, y las puertas se sustituyeron por una cabina retráctil. El dinosaurio por fin fue cambiado por un deportivo y compacto modelo de 1965, el primer batmovil capaz de enfrentarse a las realidades del tráfico.

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Detective Comics #341 (DC, 1965)


El batiplano sufrió una similar evolución desde el batigiro, virtualmente un helicóptero con una enorme forma de murciélago, pasando por un aeroplano de dos asientos después modificado con un morro en forma de murciélago y propulsión a chorro, y hasta el batiplano II con morro de aguja, conteniendo prácticamente todo lo imaginable. Los efectos personales de Batman también incluían una plétora de varios batarangs, lazos, cinturones de utilidades, componentes y disfraces para todas las ocasiones.. Iba a necesitarlos todos y cada uno.

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Detective Comics #31 (DC, 1939)


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Detective Comics #48 (DC, 1941)


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Detective Comics #55 (DC, 1941)


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Batman #61 (DC, 1950)


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Batman #167 (DC, 1964)


Batman y Robin raramente combatieron contra los poderes del Eje, siendo la mayor excepción el serial de Columbia de 1943, Batman y Robin, que relataba sus esfuerzos contra el Dr. Daka y los esclavos del sol naciente. Lewis Wilson y Douglas Croft eran los protagonistas. En 1948, el dúo volvió a Columbia en Las nuevas aventuras de Batman y Robin, donde Robert Lowery y Johnny Duncan ponían en jaque las actividades criminales de The Wizard.

Cuando Weissinger dejó el cargo por un tiempo al entrar en servicio, puso como sustituto a Jack Schiff. Dick y Dave Wood empezaron a escribir parte de la saga de Batman, luego Don Cameron añadió sus talentos literarios. Cameron desarrolló el hábito de escribir divertidos notas en sus guiones como “¡Y entonces Batman, el torpe estúpido, deja caer la caja…!” Él y Finger una vez planearon una parodia llamada Batmitzvah y Robinowitz, el Chico Maravilla, con Bruce Weinstein. Era muy parecida a la versión de Mad Comics de años después titulada Batboy y Rubin.

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Batboy y Rubin en Mad #8 (EC, 1953), por Harvey Kurtzman y Wally Wood


Bill Finger todavía reinaba como preeminente guionista de Batman. Aún cuando frecuentemente entregaba tarde sus historias, trabajaba duro, a menudo sudando un guión hasta el último minuto, a veces escribiendo guiones completos en una noche. Finger tenía una maravillosa literatura visual y siempre escribía para el dibujante. Había desarrollado un sistema que sería usado por otros, incluyendo a Weisinger, que reconoce a Bill como su maestro en los recovecos de la narrativa.

“Empecé a acumular material, un archivo de localizaciones y ocupaciones. Compraba copias de Popular Science y Popular Mechanics que cubrían cualquier tema imaginable. Los adjuntaba y le daba esos dibujos a Bob Kane junto con la historia. Una vez encontré un artículo sobre una máquina de escribir gigante utilizada en una exposición de una feria y la usé en un guión. Eso empezó las historias de cosas grandes. Eran mis fondos. Hacía a Batman ir de la A a la B en una viéta y de la C a la D en la siguiente. También coleccionaba material sobre argot, argot profesional, y lo hacía parte de mis artilugios para Batman.”

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Batman #52 (DC, 1959)


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Batman #115 (DC, 1958)


“La batcueva salió directamente de Popular Science. Tenía un dibujo de un corte transversal de hangares subterráneos y cómo los aviones se podían sacar con poleas. Recorté eso y dije, “Por Dios, esto es genial.” Y le di el dibujo a Bob. El lo copió línea por línea, añadiendo estalactitas y estalacmitas para darle el toque misterioso.”

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Las estalactitas debieron de ser más tarde de Batman #12 (DC, 1942), donde todavía la batcueva no tenía nombre


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El nombre de Batcueva se lo ganó en la tira de prensa de Batman el 29 de octubre de 1943, aunque el dibujo fuese el mismo


“Batman era un personaje complicado de escribir. Tenía un libro de artilugios con pequeñas curiosidades junto al argot. Si estaba haciendo una historia sobre el ferrocarril, intentaba encontrar algunas cosas sobre el ferrocarril que la gente no supiera y usarlas como pistas o puntos importantes de la historia.”

El aspecto general de las páginas era oscuro e intrigante. Viñetas de extrañas formas encajaban metafóricamente en patrones de puzzle. Esquemas, abarrotados de cajas y flechas explicativas, añadían el aspecto denso y diagramático tan apropiado para una serie de detectives.

Tras unos poco años, otros prestaron sus talentos a las aventuras de Batman a medida que aumentaba la demanda de historias. Jack Burnley, que creó a Starman e hizo una gran cantidad de trabajo para DC, dijo “Hice de negro en algunas portadas de Action, Adventure, World’s Finest, Superman y Batman. También hice el lápiz de todas las dominicales de Batman y algunas pocas tiras diarias. Charlie Paris hizo la mayor parte del entintado. Yo también hice el lápiz de unas pocas historias de Batman. Muchos entintadores querían trabajar siempre en mi material porque yo ponía cada detalle y no dejaba mucho detalle de los fondos para que lo pusiera el entintador a medida que avanzaba.”

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Don Cameron y Jack Burnley en Batman #25 (DC, 1944)


Bob Kane hizo los lápices de la tira de periódico y de algunas de las historias de Batman en World’s Finest, Detective y Batman. Bob tenía una imaginación maravillosa en sus diseños a lápiz, y su propio estilo era bueno para esa primera época de los cómics.”

Robinson empezó a trabajar sobre los diseños de Kane, finalmente realizando sus propias historias. George Roussos hizo fondos, rotulado y entintado. Fred Ray merió mano en unas pocas portadas.

A mediados de los años ’40, Paris entintaba los lápices de Dick Sprang. Hal Sherman y Curt Swan produjeron un ingente volumen de material. Edmond Hamilton, Al Schwartz, Otto Binder, Bill Woolfolk y otros más tarde, contribuyeron en los guiones de Batman. A diferencia de muchas series que decaen con la ausencia del artista original, Batman mejoró.

Alfred, el criado de Wayne, el canoso comicsario Gordon y Vicki Vale, chica reportera, jugaban papeles cada vez más importantes a medida que se acercaba el final de los años ’40. Historias de interés humano se abrieron camino en la serie. Cada Navidad, Batman salvaba al papá de alguien de una inmerecida sentencia a la silla eléctrica y le ayudaba a reformarse. Las historias eran genuinamente emotivas. Batman se convirtió en uno de los comic books mejor escritos de la década.

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Portada navideña de Win Mortimer para Batman #45 (DC, 1948)


Hacia mediados de los años ’50, la máquina de niebla de National se rompió y Batman se volvió menos atmosférico, luchando contra monstruos, extraterrestres, robots y lo-que-sea gigantes. El miso destino que cayó sobre Superman descendió sobre Batman. Batwoman, Batgirl, Bat-Mite y Ace, el batsabueso, fueron presentados.

Aún así, el carisma que rodeaba a Batman continuaba atrayendo lectores a pesar de que el contenido fue cambiando para tener mayor atractivo para los jóvenes. Generaciones continuaron atrapadas en su mundo criminal claustrofóbico, y el nombre de Batman se convirtió en sinónimo de cómics.


Diez años pasaron antes de que Batman recuperase su gloria original.

Hágase el murciélago. La carta de Bob

Bob Kane también ha dado su versión sobre la creación de Batman, por supuesto, y es justo que también sus palabras puedan leerse por aquí (aunque nos tememos que Kane no se hace ningún favor). Bajo estas líneas traducimos una una carta abierta que Kane escribió en 1965 a Biljo White, editor del fanzine Batmania, tras leer en la misma revista un artículo en el que se cuestionaba su autoría sobre Batman y se acreditaba a Bill Finger como auténtica fuerza creadora detrás del Hombre Murciélago. Finger acababa de hacer unas declariones al respecto en una convención de cómic.

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14 de septiembre, 1965

CARTA ABIERTA A TODOS LOS “BATMANÍACOS” DE TODO EL MUNDO

Querido Biljo:

Primero, me gustaría alabarte en tu dedicación en perpetuar la leyenda de “Batman” a través de tu “Fanzine” Batmania, en lo que creo que es un gesto muy constructivo de tu parte. Me gustaría que supieras que lo he estado leyendo con gran interés desde sus inicios pero debido a mi apretada agenda no he podido encontrar el tiempo para escribirte hasta ahora.

Ahora, Biljo, me gustaría dejar las cosas claras enfaticamente de una vez por todas sobre los muchos “mitos” y “conjeturas” que leo sobre mí mismo y mi creación, “Batman”, en tu “Fanzine” y otras publicaciones. Sólo puedo llamar a todas esas historias que leo sobre mí mismo “conjeturas”, poque la mayoría de ellas están escritas sin consultarme y sin consentimiento, y, por tanto, no pueden ser enteramente ciertas, porque ¿cómo puede un artículo sobre mí o sobre “Batman” ser la historia auténtica, cuando no se me consulta o entrevista? Luego, lo único razonable es que los escritores escriben lo que “creen” que es la verdad, habiendo recibido la información de segundas y terceras partes, fragmentada, de modo que lo que yo leo está tan distorsionado que no puedo creer que la persona de la que están hablando sea yo. (También hacen esto con las estrellas de cine que ni siquiera han entrevistado nunca.)

Es verdad, sin embargo, que se ha escrito mucho sobre “Batman” porque está públicamente expuesto en la prensa, pero se sabe muy poco de Bob Kane como persona, su creador, porque no he concedido muchas entrevistas. Aquí, por primera vez, directamente de boca del interesado está la historia auténtica desde dentro de mí mismo y de “Batman”, sin tapujos, y pretendo profundizar en los mitos sobre mí mismo y llegar hasta la auténtica verdad sobre la leyenda que es “Batman”, así que abrochaos los cinturones, Batmaníacos, porque empiezan los fuegos artificiales.

Podemos llamar a esta historia “Dentro de Bob Kane“, o “¡que se presente el auténtico creador de “Batman”, por favor!”

El Mito: Bob Kane no es el creador único de “Batman”. (He oído esto mil veces a lo largo de mi vida), que “Batman” realmente fue creado por Bill Finger, Jerry Robinson, Carmine Infantino, Jack Schiff, Julie Schwartz, mi editor, etc., etc., ¡y mi casero!

La Verdad: ¡Todo patrañas! Yo, Bob Kane, soy el único creador de “Batman”. Yo creé a “Batman” en 1939 y apareció, si mis recuerdos son correctos, en Detective Comics como una historia de seis u ocho páginas, y firme la primera historia “Robert Kane“.

Leí el artículo tuyo que me enviarte, “Si la Verdad se Supiera”, “Un Dedo [Finger] en Cada Argumento”, y me pareció que Daba la impresión de que Bill Finger y no yo había creado “Batman”, así como Robin y todos los otros villanos principales y personajes. Esta afirmación es fraudulenta y enteramente incierta. Eso es “mito”, y cito un extracto del artículo escrito por Jerry G. Bails, “La capucha y la capa, el cinturon de utilidades y los guantes fueron todas contribuciones de Bill [Finger].”

También, más adelante en el artículo, y de nuevo cito, “Bill también creó a Robin, por supuesto, pero también al Comisario Gordon (que apareció en la primera historia de “Batman”), Alfred el Pingüino, Catwoman, etc., etc.

Desafío a Bill a repetir esas afrimaciones delante de mí. Lamento haber estado ausente en la convención Comicdom para haber podido contestarle. La verdad es que Bill Finger se acredita mucho más de lo que se merece, y refuto la mayoría de sus afirmaciones aquí impresas. La verdad es que yo concebí la figura de “Batman” y el traje enteramente por mí mismo incluso antes de llamar a Bill para que me ayudase a escribir “Batman”. Yo creé el título, el diseño del logo, el formato y concepto, así como la figura y traje de “Batman”. Robin, el chico maravilla, también fue idea mía… no de Bill.

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La única prueba que necesito para respaldar mi afirmación es que si Bill hubiera sido coautor y hubiera concebido la idea, bien conmigo o antes de mí, entonces es seguro que tendría su crédito en la serie junto a mi nombre, al igual que lo tenían Siegel y Schuster [sic] como creadores de Superman. Sin embargo, sigue siendo obvio que mi nombre aparece en solitario en la serie, probando que yo creé la idea primero y más tarde llamé a Bill, después de que mi editor aceptase mi creación original.

(Atención Jerry G. Bails; la autoproclamada autoridad en “Batman”. Si Bill Finger creó “Batman”, como escribiste, ¿dónde está su crédito en mi serie? Brilla por su ausencia. ¿Entonces?)

Ahora, Biljo, en justicia para con Bill, admito que él tuvo influencia en ayudarme a definir la serie, y hay algunos personajes que creó Bill, distintos de mis personajes principales y muchos otros personajes que yo creé, incluendo el Batmovil. Han pasado 25 años y, sinceramente, a veces el tiempo hace la memoria borrosa y es difícil separar, en ocasiones, el mito de la verdad, así que no puedo culpar demasiado a Bill si a veces su memoria “se nubla”.

Para Jerry G. Bails: Debería demandarte por malinterpretar y distorsionar la verdad en tu “Artículo sobre Finger”, que afirma a voz en grito que Bill Finger fue el auténtico creador tras “Batman”, y no Bob Kane. Tu artículo es completamente tendencioso, cargado de mentiras alimentadas por las alucinaciones de grandeza de Finger.

Déjeme decirle, Sr. Bails, que antes de que escribiera tan engreídamente y con tanta seguridad sobre Bill Finger como auténtico creador y ‘tour de force” tras la publicación de “Batman”, ¿no cree que debería haber contrastado su información conmigo, de modo que hubierra podido verificar y clarificar los comentarios de Bill Finger? Después de todo, yo tuve que ver con “Batman”, ¿no cree? Pero, por supuesto, minimizó mi parte en la creación y maximizó la parte de Bill Finger sólo porque escuchó una parte de la historia -la parte de Finger. Estoy seguro de que ha oído que “dos lados en cada historia”. En cualquier caso, ahora ha oído mi versión. ¿Todavía está convencido de la inmortalidad de Finger?

Estoy enfermo y cansado de la gente que opina, como usted, que a lo largo de los años ha escrito historias distorsionadas e inciertas sobre cómo se creó “Batman” y por quién, recibiendo su información de fuentes poco fiables, cuando habría sido mucho más fácil llegar a la historia verdadera simplemente contactando conmigo, el único creador de “Batman”, lo cual se podría probar tan fácilmente como preguntando a mi editor o simplemente mirando al crédito solitario de “Bob Kane” en la serie.

También me gustaría declarar aquí, Sr. Bails, que aunque Bill Finger escribió literariamente los guiones en los primeros tiempos, escribió los guiones a partir de ideas en las que habíamos colaborado ambos y que muchos de los conceptos únicos y giros de la historia también surgieron de mi fértil imaginación, y que yo no era un simple dibujante marioneta, siguiendo el argumento de un guionista y sin contribuir en nada más que el propio dibujo.

Escribí muchas historias “silenciosamente” dando a Bill la premisa a desarrollar. (Estoy seguro de que Bill no mencionó este hecho).

Ya ve, también soy guionista, y eso es un hecho que el público general no conoce. La cuestión es que no tuve el tiempo para escribir literariamente y dibujar el cómic al mismo tiempo. Sin embargo, yo personalmente escribí muchas historias de mis primeras creaciones, Clip Carson, Rusty and his Pals, Ginger Snap, etc., incluso antes de que el Sr. Finger entrara en escena.

El Mito (continuación): El “New Look” de “Batman”. Se ha insinuado y en ocasiones afirmado abiertamente que yo no dibujo el “New Look” de “Batman”, que estoy retirado y fuera de escena. Muchos de mis fans piensan que Carmine Infantino se ha hecho cargo de la serie, y hay constantes menciones por parte de muchos fans en tu “Fanzine” que se preocupan de quién entinta la serie, quien hace el lápiz, quien lo rotula, etc.

La Verdad: En primer lugar, déjame aclarar que yo todavía dibujo el noventa por cien de todas las historias de “Batman”. Hago todas las historias de Batman Bimonthly, y comparto Detective Comics con Infantino, que dibuja las demás. Infantino ahora hace las portadas para “Batman” y Detective Comics. Sobre el entintado y rotulado, ni yo estoy muy seguro de quien termina mis lápices. Sin embargo, el resultado es bueno, así que no me preocupo.

Pero sé una cosa, que en la “Golden Age” de “Batman”, yo dibujaba, entintaba y rotulaba mi serie por mí mismo.

También me han preguntado a menudo si me gusta el “New Look” de “Batman” más que el antiguo. Mi respuesta a esa pregunta es, “¡¡Enfáticamente no!!” (Aunque hay ciertos aspectos del “New Look” que me gustan más). Creo que mi estilo original era mucho más único e individual, y era mucho más el “auténtico yo”. Tenía mucha más gracia [zing and schmaltz], y creo que cualquier “inmortalidad” que pueda tener “Batman”, viene de mi estilo original, que aguantó unos veinte años, y no el estilo del “New Look”, que sólo tiene un par de años, pero mejora constantemente. Creo que el “New Look” carece de la individualidad de mi estilo original, aunque es más ilustrativo y realista (como todos los demás). Sin embargo, “Allá donde fueres, haz lo que vieres” parece se el eslogan, de modo que ante la petición editorial de “ser acorde a los tiempos”, lo que quiere decir seguir a las ovejas que dibujan todas igual (como imitadores de Alex Raymond), accedí.

También he leído comentarios en tu “Fanzine” acerca de que el dibujo de Infantino es mejor que el mío en la serie de “Batman”.

Déjame decirlo así: Infantino, creo, es mejor ilustrador de lo que yo nunca me he preocupado en ser, mientras que yo todavía trato de combinar un poco de mi viejo estilo “semi-cómico” con el estilo ilustrativo del “New Look”. Creo que Carmine en un artista muy bueno, pero no captura la esencia de “Batman” para nada. En sus propias series, hace un trabajo excelente y es casi un artista demasiado bueno, creo, para los comic books. Debería haber sido un ilustrador de primera.

Hay un viejo dicho, “Los beneficios son para el vencedor” [To the victor belongs (sic) the spoils], y después de lo que se ha dicho y hecho sobre quién hace qué en la cadena de montaje de Batman, y no subestimo toda la ayuda que he recibido, estoy seguro de que en el folclore de la historia legendaria del cómic de nuestros tiempos, sé que Bob Kane y ningún otro será recordado como el creador de “Batman”.

El problema de se un “negro”, guionista o dibujante, es que debes permanecer bastante anonimamente sin crédito. Sin embargo, si uno quiere el “crédito”, entonces uno debe dejar de ser un “negro” o un seguidor y convertirse en líder o innovador. (Ahí debe de haber alguna moraleja para los jóvenes dibujantes y guionistas aspirantes).

[A continuación Kane anuncia que está a punto de emitirse una serie sobre Batman en televisión, la serie protagonizada por Adam West. Entre sus comentarios, encontramos las dos siguientes frases.]

(…) Aparecerán algunos de los villanos que yo creé, el Joker, el Acertijo, Catwoman, etc.

(…) ¿Sabías que creé a “Batman” unos diez años antes de que Ian Fleming crease a James Bond?

[La carta continúa, y a continuación Kane anuncia su nueva pasión: la pintura. Aunque esta parte no tiene que ver con Batman, la reproducimos porque más adelante leeremos una anécdota relatada por Arnold Drake bastante relacionada.]

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La segunda noticia emocionante que merece la pena mencionar es que estoy planeando una exposición individual de pinturas de Batman que expondré en New York City en una nueva galería en Carlton House llamada Paul Stooshnoff Gallery, en algún momento del próximo noviembre o diciembre.

(…) Será una especie de “Pop Art”, pero no exactamente. Las pinturas son oleos tridimensionales con apariencia casi real.

(…) Los precios de las pinturas serán bastante altos, pero cuento con que los mecenas del “Pop Art” los compren, y personalemente firmaré los catálogos por una pequeña cantidad, de modo que los más jóvenes puedan permitírselos.

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Un par de las pinturas a las que Kane hace referencia


Bueno, Biljo, viejo amigo, esto parece mi autobiografía, pero he pensado que este sería un buen momento para hablar de mí mismo, ya que creo que he permanecido en silencio demasiado tiempo acerca de mis puntos de vista y opiniones, y me que cansado un poco de escuchar lo que la gente que he dicho, junto con descontextualizaciones y distorsiones de la verdad.

Dado que este es el primer documento comprensivo firmado por mí mismo, permíteme sugerirte que conserves esta copia original por si los historiadores del folclore del cómic puedan considerarlo algún día de valor suficiente como para guardarlo bajo llave. Entonces podrán citar extractos del auténtico Bob Kane, en lugar de sacar su información de fuentes de segunda mano que son genuinamente falsas en contexto.

En el futuro, Biiljo, me gustaría que supieras que te nombro mi guardian no oficial de folclore y rarezas relativas a la Batmanía, y permíteme sugerir que si alguna vez quieres conocer los hechos exactos sobre mí o Batman, por favor, escribe a la fuete original, yo mismo, para obtener la verdad, en vez de suposiciones de terceros. Estaré muy contento de ayudarte a ti y a mis fans en el futuro con cualquier información que puedas necesitar.

(…)

Con mis mejores deseos,
BOB KANE

P.S. Agradecería que dedicaras tu próximo número a mi documento completo, y usaras todo el material que he aportado, dado que creo que es suficientemente importante como para ser contado a mis fans, de una vez por todas, habiendo sido todo lo honesto y sincero posible. Estoy seguro de que esta carta abierta será bienvenida por todos mis lectores, que nunca han escuchado nungún comentario real sobre el lado personal de Bob Kane, por Bob Kane.


Hágase el murciélago. El Joker

Continuando con las entradas relacionadas con Batman, su creación, Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson, traducimos otra entrevista con Jerry Robinson en la que habla sobre todo de la creación, evolución y distintas encarnaciones del Joker, un personaje fundamental en la mitología de Batman y que él mismo creó… o al menos eso es lo que Robinson siempre ha afrimado, aunque antes de pasar a la entrevista con Robinson vamos a ver lo que contestaba Bob Kane en esta otra entrevista con Frank Lovelace mantenida en 1994.

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Vale, entonces, Bob, ¿quién creó al Joker?

Bill Finger y yo creamos al Joker. Bill fue el guionista. Jerry Robinson vino con una carta del joker [el comodín de la baraja americana]. Así es como lo resumo. Pero se parece a Conrad Veidt -ya sabes, el actor en El hombre que rie [la película de 1928 basada en la novela] de Victor Hugo. Hay una foto de Conrad Veidt en mi biografía, Batman & Me (Eclipse Books, 1989). Bill Finger tenía un libro con una fotografía de Conrad Veidt y me la enseñó y dijo, “este es el Joker”. Jerry Robinson no tuvo absolutamente nada que ver con ello. Pero siempre dirá que él lo creó, hata que muera. Él aportó una carta de la baraja, que usamos durante un par de números para que él [el Joker] la usase como su tarjeta de presentación.

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De acuerdo, esa es la versión Kane, vamos ahora con la versión Robinson, bastante más extensa, que relataba este mismo en una entrevista previa a una charla en la Comic Con de San Diego. La entrevista original, en dos partes, la podéis encontrar aquí y aquí.

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El género al completo era bastante nuevo, como ya sabes. El género de los superhéroes acababa de empezar con Superman. Así que fue una gran tarea para Bill [Finger] producir tantas historias nuevas. En realidad estábamos creando todo el lenguaje de Batman e incluso de los propios cómics.

Mi objetivo era ser escritor. Hacer cómics sólo era una manera de conseguir dinero para pagar la universidad, pensaba entonces. De modo que acepté hacer una historia de Batman. Ambos estaban al tanto de que yo escribía. Había escrito mucho en el instituto antes. Las historias cortas eran mi formato favorito, y la sátira y el humor era las plataformas favoritas de mis historias. De modo que me ofrecí para hacer una historia, lo que Bob y Bill aceptaron rápidamente. Fue genial, porque eso libraría a Bill de hacer una historia. Después de que nos encontrásemos esa noche, volví muy emocionado por escribir una historia de Batman -hasta entonces sólo dibujaba -lo que encajaba con mis mayores ambiciones. Pensé, “Esto es genial. Entregaré la historia en mi clase de escritura creativa. Me acreditarán y me pagarán por publicar la historia.” Eso pensaba yo entonces.

Lo primero que pensé fue crear un villano que fuera -no usábamos la palabra supervillano entonces -un villano más grande que la vida, uno que fuera digno de Batman. Para situarnos, en aquella época acabábamos de salir de la prohibición y la depresión de finales de los ’30 y ciertamente de los primeros ’30, cuando yo formé mi propia mentalidad, de modo que, ¿quienes eran los villanos entonces? Eran los Dillingers, Pretty Boy Floyd, Machinegun Kelly. Eran pequeños ladrones de bancos, malversadores, secuestradores. Así que esos eran los villanos con las pocas excepciones del científico loco aquí y allá en los cómics de la época. Ahora parece obvio, pero en aquel momento mucha gente del mundillo pensaba que si el villano era muy potente -recuerda, estábamos centrados en Batman, esa era la nueva creación- que el villano sobrepasaría a Batman. Bueno, yo tenía un punto de vista diferente, y pensé que finalmente convencería a Bill como guionista. Así que eso es lo que me dispuse a hacer: alguien que pusiese a prueba a Batman y que fuese casi más interesante. Siempre pensé que los héroes eran esencialmente aburridos. Los villanos eran más exóticos y podían hacer cosas más interesantes.

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Primera aparición del Joker, en Batman #1 (DC, 1940)


Quería a alguien visualmente excitante. Quería a alguien que produjese una impresión imborrable, que fuese extraño, que fuese memorable como el Jorobado de Notre-Dame o cualquier otro villano que tuviese características físicas únicas. La otra cosa importante de la que me di cuenta es que, como pasa con muchos otros escritores, de alguna manera sacas las cosas de tus experiencias vitales. Aunque a los 17 ésta era limitada, yo tenía una vida previa a Batman. En mi propia familia, las cartas jugaban un gran papel, al menos social. Uno de mis hermanos -tengo tres hermanos mayores- era abogado, graduado de Yale, y mientras estaba en la universidad se convirtió en campeón de bridge, continuaqndo después de la universidad. De modo que siempre había cartas por casa. Debido a esa influencia inmediatamente pensé en la carta del Comodín [el Joker, en inglés]. Antes de eso, yo quería un villano que tuviera algún atributo que fuese contradictorio, que es algo que creo que tienen todos los grandes personajes. Para hacer a mi villano diferente, el sentido del humor lo haría diferente. Así es como se me ocurrió el nombre.

Los nombres, por supuesto, son muy importantes. Es una de las primeras cosas que tratamos de asociar con un personaje. AL menos yo lo hago. De modo que una vez que pensé en un villano con sentido del humor, empecé a pensar en un nombre, y el nombre “Joker” se me ocurrió inmediatamente. Estaba la asociación con el comodín de la baraja, y probablemente literalmente grité, “¡Eureka!”, porque sabía que tenía el nombre y la imagen al mismo tiempo. Recuerdo buscar frenéticamente aquella noche una baraja de cartas en la pequeña habitación del Bronx donde vivía y trabajaba. Afortunadamente la tenía, y tenía la misma imagen que el clásico, y esa fue la asociación. Así es como surgió el Joker.

Esa misma noche dibujé el primer boceto conceptual -que afortunadamente encontré al fondo de un cajón hace unos pocos años. Ahora creo que no tiene precio. Ahora está de gira en una exposición que he comisariado, por todo el país. He hecho la exposición titulada The Superhero: The Golden Age of Comic Books 38 to 50. Empezó en el museo de Atalnta. Ha ido a Detroit, Cleveland. Ahora está en el Museo Scerbel de Los Angeles. Ese original es una pieza preciosa en la exposición itinerante.

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Incluso en el primer par de décadas de vida del Joker su personalidad cambió bastante, en gran medida me imagino que debido al Comics Code, pero me pregunto qué piensas de la evolución del Joker a lo largo del tiempo.

Bueno, ha cambiado. Todos los personajes que tienen algun esencia, algún ingrediente que les hace memorables, pasan por eso. En algún momento es un tributo al personaje hacer que pueda crecer y evolucionar y todavía mantener su personalidad esencial. Ciertamente, el Joker es una hoja en blanco en que la desarrollar tu propia creación y añadir tus propios matices. Es un personaje que obviamente ha crecido y puede ser interpretado y reinterpretado. Ciertamente, en los cómics, un medio visual, eso es importante. Hay excepciones. Supongo que se puede decir que James Bond ha permanecido esencialmente igual. Otro que es esencialmente igual, Tarzán, de Edgar Rice Burroughs, se ha mantenido.

Incluso Superman ha permanecido igual. Les ha resultado más difícil mantenerlo debido a su invulnerabilidad. Han tenido que inventar nuevos talones de Aquiles para él. Nos editaba la misma editorial. Yo era muy buen amigo de Sielgel y Shuster, y manteníamos una especie de rivalidad amistosa. Yo siempre pensé que Batman era un concepto mucho mejor simplemente por eso. La debilidad de Superman era su invulnerabilidad, y yo pensaba que no duraría. Ya ves cuánto sabía yo.

¿Por qué este personaje en particular se ha mantenido con tanta fuerza? ¿Por qué es el número uno entre los villanos de cómic frente a todos los demás?

No sólo eso, hubo una encuesta en Inglaterra -villano número uno de toda la literatura, no sólo de los cómics.

Sé de qué encuesta hablas. Solía ser Drácula el que frecuentemente era el número uno.

Me impactó cuando vi esa lista, con Shakespeare y Dickens y demás. Pero en muchos sentidos es un poco dikensoniano.

¿Cuáles te parece que son esas características que han hecho duradero al Joker?

Dios, bueno, no sé. Si conociese la fórmula, ahora mismo tendría cinco Jokers. No, esa combinación, me temo, sólo surge una vez en la vida. Así que puedes analizarla, probarla y buscarle muchas explicaciones, pero eso es a posteriori. Si lo supiéramos a priori, tendríamos algo que no tiene precio.

Le han dado muchos orígenes al Joker, cómo llegó a ser lo que es. Eso no parece importar -sólo importa cómo es ahora. Yo nunca quise dar un motivo a su aparición. Lo discutimos, y Bill y yo nunca quisimos cambiar eso en aquel entonces. Yo pensaba -y él estaba de acuerdo- que eso elimina parte del misterio esencial. Que se cayó en un contenedor de productos químicos fue una explicación. Bueno, una vez que sabes eso, cualquiera puede caerse en un contenedor y quedar grotescamente desfigurado, y ya es otro Joker.

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Origen “químico” del Joker en La broma asesina (DC, 1988), de Alan Moore y Brian Bolland


¿Pretendías que el Joker fuese realmente malvado? Puedes tener un criminal que sea inteligente o loco, y luego puedes tener a alguien que parece que es la maldad personificada.

En versiones posteriores, hay muchos matices para el personaje. Los guionistas se tenían que centrar en uno u otro. Ese era otro elemento que pensé que era mejor dejar sin definir. No sabías si era un criminal psicópata o un loco criminal o simplemente raro, o cuál era excatamente su motivación. Pensé que era mejor dejar que eso evolucionara y creciese. Ese es uno de los elementos de una tira de prense que pensé que debía incorporarse en los cómics y he escrito sobre eso en la historia de los cómics (The Comics: An Illustrated History of Comic Strip Art).

En cualquier caso, en ese libro traté de mostrar cómo los cómics han evolucionado en parte junto a los lectores. A medida que los lectores crecieron y se hicieron mayores y tuvieron distintos puntos de vista, también los personajes de la época -los buenos personajes- crecieron y evolucionaron. Y así fue con el Joker. Evolucionó. Esencialmente es el mismo, pero ahora su personaje tiene muchos matices. De modo que hay espacio para crecer y cambiar. Si hubiéramos establecido definitivamente lo que era desde el principio, que era un loco criminal y tal y cual, habría estado cerrado en una caja. Creo que estuvo bien que no lo hiciésemos porque así era capaz de crecer y diferentes artistas han añadido su propia visión.

Es realmente precognitivo por tu parte haberte refrenado.

(Risas) Bueno, no creo que pensásemos, “esto va a ser genial para los futuros artistas”. (Risas) Fue genial para la serie en su momento, para nosotros y para los siguientes uno o dos números.

(…)

De las varias películas y series de televisión y animación, ¿hay una que destaque por haber hecho un mejor trabajo capturando el personaje del Joker?

Creo que sin duda destacan las interpretaciones de Nicholson y Ledger. Esas fueron interpretaciones únicas bastante diferentes. La de Nicholson era una versión más ligera que la de Ledger. Creo que él hizo una interpretación brillantísima. Mi mayor objeción es el guión, pero Nicholson lo salvó con su interpretación.

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Cesar Romero


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Jack Nicholson


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Heath Ledger


El guión también refleja lo que decías antes de que el villano puede hacer sombra al superhéroe en términos de presentación. El villano era especialmente potente en esa película en particular.

Sí.

Jerry opina que el mayor problema de la serie de películas de Tim Burton/Joel Schumacher fue el enorme número de villanos en las secuelas. Le han satisfecho mucho más las dos películas de Bale/Nolan.

Christian Bale hizo una interpretación muy buena. Me agradó cuando me dijeron que a Nolan y su hermano les gustó el concepto original del Joker y quisieron crear su versión a partir del original. Creo que atraparon parte de ello.

(…)

Se ha repetido la historia de que el aspecto del Joker salió de Conrad Veidt.

De El hombre que ríe.

El hombre que ríe, sí. Bueno es verdad y no es verdad. Lo que realmente sucedió es que Bob y yo nunca habíamos oído hablar de El hombre que ríe antes que Bill lo mencionara. Bill era aficionado a las películas raras, el expresionismo alemán. Conrad era un actor alemán muy conocido que llevaba consigo esa especie de aura. En esa primera reunión en que les enseñé el boceto del Joker, Bill dijo que le recordaba a Conrad Veidt en El hombre que ríe. Esa fue la primera mención al tema. Dijo, “os lo mostraré”, y en uno o dos días encontró uun recorte de Veidt en ese papel. Lo trajo y era sorprendente, se parecía mucho al Joker. Eso fue a posteriori. No tenía nada que ver con la carta de la baraja o con cómo ya llegué en primer lugar a esa imagen. De modo que eso ayudó a Bill a visualizar el personaje, porque estaba asombrado por el parecido. Así es como sucedió.

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Conrad Veidt en El hombre que ríe


Si lees al historiador de Batman, Birdwell, hizo una entrevista a Bill Finger donde dijo que no, que el Joker lo creé yo -un reconocimiento. Él puede ser acreditado, y Bob también, todos tuvimos un papel en el asunto. El concepto fue mío. Bill terminó ese primer guión a partir de mi descripción de la personalidad y lo que debería pasar en la primera historia. Él escribió ese guión, así que realmente fue co-creador, y Bob y yo hicimos las imágenes, de mdo que Bob también lo fue. Pero como dijo Bill, Bob no creó ninguno de los demás personajes salvo tal vez Dos Caras. Bill Finger era realmente el genio creativo de Batman. Él creó todos los demás personajes salvo el Joker, y creo que hizo más en Dos Caras de lo que admitía. Creo que a veces Bill era tan auto despectivo que no se acreditaba cosas que a veces hacía porque era demasiado asustadizo e inseguro. Es una tragedia. Murió en la ruina y sin ser acreditado. Por eso es por lo que instauré ese premio anual en San Diego al que se le dio su nombre, porque desde el principio debería haberse dicho que fue creado por Bob Kane y Bill Finger, como Siegel y Shuster.


Hágase el murciélago. Jerry Robinson recuerda

Han pasado ya 50 años y todavía queda quien piensa que Batman fue creado por Bob Kane. No es de extrañar, Kane se ocupo durante casi toda su vida de repetir por activa y pasiva que Batman fue una idea completamente suya, y se aseguró legalmente sus derechos como creador único. Sin embargo la historia es muy distinta, como muchos de los involucrados han declarado a lo largo de los años. Hace un tiempo ya mostramos un vídeo en el que Kane se atribuye la autoría absoluta de Batman, y desde entonces venimos recopilando información y preparando una serie de entradas en las que pretendemos dejar claro quién participó en la creación y definición de Batman y su universo (principalmente Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson, en una primera época), cuáles fueron las aportaciones estilísticas de Kane, y cómo se le consideraba dentro de la industria. Para ello utilizaremos, siempre que sea posible, las propias palabras de los autores. Jerry Robinson concedió a The Comics Journal #271 (Fantagraphics, 2005), conducida por Gary Groth. A continuación, la traducción de un fragmento de la entrevista.

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¿Así que empezaste a trabajar para Kane en el ’39?

Eso es.

¿Y a la vez estabas estudiando periodismo en Columbia?

Sí.

¿Tenía Kane su estudio en el Bronx?

Sí. Tenía un estudio en el apartamento de su familia en el Grand Concourse. Su dormitorio era su estudio. Yo conseguí una habitación a algunas manzanas de Bob. Alquilé una habitación a una familia.

De modo que estabais en el Bronx.

Sí, igual que Bill Finger.

¿Que hiciste para él al empezar?

Bueno, empecé directamente rotulando, y entintado fondos. En muy poco tiempo empecé a entintar el resto de figuras y aprendí a dibujar a Batman. Y creo que una vez acabado el primer años empecé a entintarlo todo.

¿Aprendías sobre la marcha?

Oh, sí, y a todas horas. Todos trabajábamos muy duro en esto… supongo que tal vez ellos hicieron más que yo, porque yo también tenía las clases en Columbia.

¿Y esto era en la casa de Bob?

No, yo trabajaba en mi habitación. Nos encontrábamos casi cada día, y muy a menudo con Bill. Salíamos a cenar o comer y hablábamos sin parar de cómics, de ideas para la serie y personajes. Yo creía que era parte del grupo. Por desgracia Bob no creía lo mismo, sobre todo sobre Bill. Debería haber reconocido a Bill como co-creador, lo sé, yo estaba allí. El Joker fue mi creación, y Bill escribió la primera historia del Joker a partir de mi concepto. Bill creó todos los otros personajes… El Pingüino, el Acertijo, Catwoman. Era muy innovador. Los eslóganes… el Dúo Dinámico, Gotham City… todo fue idea de Bill Finger.

¿En qué número entraste tú? El primer número ya debía de estar impreso para cuando tú te uniste.

Estaba impreso, y supongo que el segundo ya debía de llevar en producción algunas semanas.

Así que muy al principio… tercer o cuarto número.

Sí, fue muy pronto. Los números de finales del ’39.

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Viñeta de Detective Comics #36 (DC, 1940), con fondos de Jerry Robinson

¿Trabajaban Kane y Bill Finger juntos en casa de Kane?

No, Bill trabajaba en su propia casa. Nos reuníamos para hablar e intercambiar ideas.

¿Qué hacía exactamente Bill Finger? ¿Escribía la serie?

Oh, la escribía, todas las historias.

¿Desde el principio?

Desde el principio, tan pronto como Bob recibió el encargo, o la sugerencia, de crear un personaje para competir con Superman… era el mismo editor. Contactó con Bill inmediatamente. Ellos co-crearon la serie y Bill la escribió. Bill también contribuyó a los conceptos visuales y la personalidad de Batman, y también a las historias del origen de Batman y Robin.

Entonces, ¿por qué todo el crédito es para Bob Kane?

Bueno, Bob fue y lo vendió él solo a DC. Ya había hecho cómics para ellos antes. Nadie sabía que Batman iba a ser un éxito inmediato. La primera vez que vi a Bob, todavía hacía esas series suplementarias. Había hecho sobre todo humor. No era un dibujante de aventura. La única serie de aventura que había hecho se llamaba Clip Carson, en la que también trabajé yo. Otra fue Rusty and his pals. Cuando yo empecé en Batman también trabajaba en esas, Clip Carson y Rusty. Tras varios números las cancelaron para centrarse en Batman.

Luego, esencialmente, Kane tenía un mini studio compuesto por ti y Bill Finger y él mismo. Tenía el encargo de DC y él os pagaba a ti y a Bill Finger. ¿Es eso correcto?

Sí.

DC le pagaba, y el lo dividía como le parecía.

En efecto, eso es.

¿Cómo os pagaba, semanalmente o por trabajo?

Al principio era por página, como la mayoría de la gente.

Así que si entintabas una página, había una tarifa.

Bueno, era por historia. No quiero entrar en los detalles sórdidos, ¡sobre todo porque resultó que ganaba más vendiendo helados! Íbamos a dejarlo.

¿Tú y Bill?

Sí. Empezamos a recibir ofertas de todas partes en cuanto Batman se convirtió en un éxito. No podían tener a Bob, así que iban tras su equipo.

¿Otras editoriales?

Sí. En cuanto tuvimos otras ofertas y quisimos irnos, DC apareció y nos hizo una oferta para trabajar directamente para DC. Después del primer año y medio, tal vez, se produjo el cambio y dejamos de trabajar directamente para Bob. En realidad, le vi muy poco después de aquello.

¿Sucedió tan rápido, sobre un año o año y medio desde que empezasteis a trabajar para él?

Sí, por lo que recuerdo fue ese tiempo más o menos. Recuerdo que entramos en una oficina en el Times Building en Times Square. Bob la alquiló para que trabajásemos allí George Roussos y yo. Eso fue antes de que DC nos contratara. Contratamos a George para que fuese mi asistente, para entintar los fondos, lo que me dejaba más tiempo para hacer todas las figuras y algunos de los lápices. La oficina daba a Times Square. Cuando ves esas famosas fotos de Año Nuevo…

Por supuesto…

Estaba justo allí.

¿Qué año sería, cuando entrasteis en ese estudio?

Probablemente a mediados de 1940, o principios de 1941. Yo diría que para mediados de 1941 ya estábamos trabajando para DC.

¿Pero todavía trabajabais en Batman y DC os pagaba directamente?

Eso es, cuando cerramos ese estudio empezamos a trabajar para DC en el 480 de Lexington Avenue. De modo que esos fueron los pocos años que trabajé para DC, una época muy interesante. Al principio allí trabajaban Siegel y Shuster, antes de la ruptura. Jerry venía a veces y hacía sus guiones. Y Joe Shuster hacía el dibujo, y trabajaba en la mesa de dibujo de al lado. La mesa del otro lado era la de Jack Kirby. El siguiente escritorio era el de Fred Ray, que hacía esas portadas geniales de Superman, y también Congo Bill. Mort Meskin, que era uno de mis mejores amigos, que me traje de MLJ.

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Diseños de portadas de Fred Ray y acabados de Jerry Robinson para Batman #10 y Batman #11(DC, 1942)


De modo que DC realmente tenía una buena plantilla de dibujantes.

Oh, sí. Sí, tenían una plantilla grande.

¿Tú estabas en nómina o te pagaban como freelancer?

No, entonces estaba en nómina. Me ofrecieron un salario y cosas extra para hacer.

¿Y todos tus amigos dibujantes estaban en nómina?

Bueno, puede que variase. Algunos de ellos puede que trabajasen como freelancers.

¿Tenías seguro de salud?

No, creo que me hicieron un seguro de vida. No, no había algo como los seguros de salud en aquellos tiempos.

Permíteme que vuelva a la época en que trabajaste para Bob cerca de su casa durante un año o así. ¿Cómo era el ambiente y cómo era Bob Kane, y cómo trabajabais juntos?

Bueno, a mí me gustaba Bob. Era muy amistoso. Debo decir que tenía un ego bastante grande. Bill Finger, sin embargo, no lo tenía. Era muy callado, abnegado, modesto e inseguro. Su posición vis-à-vis con Bob le hizo más inseguro, porque mientras él estaba esclavizado trabajando en Batman, no recibía ninguna parte de la gloria o el dinero que Bob había empezado a ganar, que es por lo que iba a dejarlo.

¿Reconoció él que aquello podría ser injusto, en aquella época?

Bueno, por supuesto, ya no se lo puedes preguntar a Bob, pero eso habría que preguntárselo a Bob. Nosotros pensábamos que era injusto, por supuesto. Algo que nunca perdonaré a Bob es que no se ocupase de Bill o reconociese su papel vital en la creación de Batman. Como con Sielgel y Shuster, debería haber sido lo mismo, el mismo crédito de co-creadores en la serie, guionista y dibujante. Y Bill murió en la ruina. Imagínate, crear Batman y todo el dinero que ha hecho…
Tenía una esposa y un hijo, y pasó una época muy dura. Ni siquiera era apreciado, creo, por los editores de DC en aquella época.

¿Era él absolutamente consciente de la injusticia de la situación?

Por supuesto, nunca fue reconocido por Bob hasta después de su muerte, por desgracia. Él ayudó a definir al personaje de Batman e incluso el traje y todo lo demás.

¿Por qué crees que no fue más agresivo para hacer valer sus derechos?

No era un tipo agresivo.

¿Temperamentalmente?

Sí… e inseguro. Si hubiera obtenido ese crédito, eso habría reforzado su autoestima.

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Bill Finger


¿Y Bob era muy seguro?

Bob era ultra seguro, al menos en la superficie. No creo que en realidad fuera tan seguro… si lo hubiera sido, habría sido capaz de reconocer las contribuciones de Bill, al igual que las mías. Así que eso lo hizo difícil.

Empezamos, como he dicho, a tener esas ofertas. Tuve una oferta de Busy Arnold, que era uno de los grandes editores que empezaron a hacernos ofertas a Bill y a mí. Me ofreció hacerme editor en jefe de una línea de libros. Yo podía dibujar los personajes que quisiese. Mirando hacia atrás, me pregunto si hubiera sido capaz de hacerlo. Lo pasé realmente mal para tomar esa decisión. Pero todavía estaba muy metido en Batman. Estaba ahí desde el principio. El editor en aquella época, Whit Ellsworth, que me gustaba y con quien me llevaba muy bien, nos persuadió a Bill y a mí de quedarnos en Batman, ofreciéndome hacer mis propias historias. No tenía que trabajar con Bob.

¿Podías hacer tus propias historias de Batman?

Sí. Todavía terminé los dibujos de Bob durante un tiempo, pero terminé haciendo mis propias portadas de Batman e historias completas por mí mismo. Las historias que hacía, las hacía completas… lápices, tinta, fondos y, en ocasiones, incluso el color.

Siempre he pensado que Bob… Bueno, como sabes, tuvo un trato muy injusto, no se le apreció en su momento. Murió arruinado, nunca obtuvo crédito como co-creador de Batman.

Eso es exactamente lo que dijo Alvin Schwartz, posiblemente incluso con más énfasis. De hecho, él incluso atribuye mucha más autoría a Finger que a Kane.

Bueno, en lo que respecta a los guiones, absolutamente. Bob nunca escribió nada. Bill lo escribió todo, y ayudó a moldear y crear el propio personaje y casi todos los demás personajes. Así que no hay duda. Debería haber sido una colaboración igual, si no mayor, que la de Siegel y Shuster.

En un artículo sobre Finger, Schwartz escribió, “Por desgracia, Bob fue incapaz de conceder a Bill el crédito que merecía, no sólo por su propio sentido enfermizo de su valor personal y profesional, sino por acuerdo legal al que llegó su astuto y protector padre con DC en un momento en que DC se encontraba en negociaciones delicadas con el sindicato McClure y no se podía permitir tener a alguien agitando el tema. Ese acuerdo legal daba a Bob derechos exclusivos sobre Batman aunque era Bill quien aportaba la esencia de la idea de que alguna manera también consiguió convertir el dibujo amateur y distorsionado de Bob en una ventaja.” ¿Puedes comentar esto? ¿Cómo de cercano está esto a tu versión de los hechos?

Creo que fue más sencillo que eso. En aquella época, ni yo ni Bill nos reunimos con DC, con los editores. Vin Sullivan encargó a Bob que inventase un personaje para competir con Superman. Vin Sullivan era el director artístico, cargo que ocupó después Whitney Ellsworth, pero creo que era Vin Sullivan el que estaba allí entonces. Bob inmediatamente llamó a Bill para que le ayudase a crear el personaje, dar vida al concepto y escribir la historia. Bob lo llevó a DC y firmó y se presentó a sí mismo como único creador. Nadie supo nada de Bill o de mi hasta más tarde. Ya estaba firmado, ellos habían hecho un trato con él, y no querían tratar con nadie más si no era necesario. Nosotros trabajábamos directamente para Bob, en realidad, el primer año, año y medio. Luego Bill yo empezamos a recibir ofertas de otras editoriales. Todo el mundo quería tener a alguien que estuviera asociado con el éxito de Batman. DC finalmente se enteró de nuestra existencia y de que nos íbamos a otro sitio, y nos llamaron inmediatamente para que firmásemos con ellos, y tras eso trabajamos directamente para DC y no para Bob.

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Originales de dos de las portadas más conocidas de Jerry Robinson, para Detective Comics #69 (DC, 1941) y Detective Comics #71 (DC, 1942)


¿Se habría considerado como una ruptura de la etiqueta profesional si hubieseis soslayado a Kane e ido directamente a DC en cierto momento y dicho, “mirad, nosotros co-creamos Batman y nos gustaría tener nuestra parte de los derechos sobre el personaje”?

Bueno, nosotros nunca nos presentamos a nosotros mismo, al menos yo no, como co-creadores. Bill tenía legítimo derecho a decirlo, pero tampoco creo que lo hiciese nunca. Eramos naïve. No, no íbamos a ir y escucharon que el equipo de Batman se estaba desintegrando. Así que nos llamaron a los dos. Como he dicho, Busy Arnold me ofreció editar todas sus revistas, y yo podría hacer cualquier serie principal que quisiese, así que me encontraba realmente indeciso sobre si irme o no. Todavía tenía cierta ligazón personal, creó al personaje de Batman. Yo había creado al Joker, y ayudado a moldear a Robin, dándole el nombre. Bill, que estuvo allí desde el principio con la co-creación, quería marcharse. Finalmente fuimos persuadidos para quedarnos… con mucho más dinero, por supuesto… y nos quedamos en DC. Así es como fue la cosa.

Asumo que has leído la nueva historia de los cómics de Gerry Jones, Men of tomorrow. Hay una pequeña contradicción que me gustaría clarificar entre lo que tú has dicho antes sobre quién creó Robin y cómo lo cuenta Jones. Jones escribió, “Cuando Bill Finger pensó que a Batman le vendría bien un compañero [sidekick] con quien hablar, él y Robinson crearon Robin, el Chico Maravilla.” Ahora bien, tú contradices eso en una entrevista que concediste a Comics Interview cuando el entrevistador te pregunta, “¿Qué hay de Robin? Tú fuiste responsable de su creación”, y tú respondes, “No, no. No lo fui. No puedo atribuirme eso. Tal y como lo recuerdo, y Bill ha confirmado mi reconstrucción de los hechos, Bob y Bill tuvieron la idea de meter a un chico y discutieron la idea antes de que yo llegase.”

Sí. Eso es básicamente cierto. Creo que Gerry [Jones] fue muy preciso en sus entrevistas. Me entrevistó extensamente para el libro. Creo que hizo un trabajo muy bueno. En cualquier caso, sí, más precisamente, añadir a un chico estaba siendo discutido. Estoy seguro de que fue idea de Bill añadir un joven. Eso lo atribuiría a Bill sin dudarlo. Cuando yo llegué, ellos ya estaban discutiendo posibles nombres. De modo que me uní a la discusión sobre la creación. Todavía no había nada en papel, nada salvo la idea de añadir un compañero. Y sé que fue idea de Bill añadir un compañero por la discusión subsiguiente. El ímpetu venía del deseo de Bill de incrementar los parámetros del potencial de la historia y del drama. Vio que añadiendo un compañero se incrementaría el drama. También aumentaba la identificación de los lectores. Los chicos más jóvenes podían identificarse con Robin, lo que no podían hacer con Batman, y los más mayores con Batman. Incrementó el atractivo a muchos niveles.

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Portada de Bob Kane y Jerry Robinson para Detective Comics #38 (DC, 1949), primera aparición de Robin


¿Y estás seguro de que no fue idea de Kane?

No. Él le dio forma, como hicimos todos en la discusión, pero la idea de añadir ese personaje fue de Bill.
Teníamos una larga lista con unos 30 nombres, y seguíamos añadiendo otros. Los nombres son muy importantes para los personajes. Bill era muy específico con eso, al igual que Bob. La mayoría de los nombres, según recuerdo, eran de origen mitológico… Mercurio y otros. Ninguno de ellos me sonaba bien, ni a mí ni a ninguno de los demás, porque nunca nos pusimos de acuerdo en ninguno.

Mi reserva era porque pensaba que debía ser un nombre que evocase la imagen de un chico auténtico. No tenía superpoderes, tampoco los tenía Batman. Eso era lo que lo diferenciaba de Superman y los otros superhéroes. Yo pensaba que el chico debería ser igual. Y pensando en un nombre más humano, se me ocurrió Robin porque Las aventuras de Robin Hood era una de mis lecturas favoritas de juventud. Me habían regalado un libro de Robin Hood ilustrado por NC Wyeth… creo que fue un regalo por mi 10 o 12 cumpleaños. Era un libro muy grande y elegante para la época, muy elaborado, porque tenía ilustraciones a todo color, tal vez una docena a lo largo de todo el libro. Era el texto completo con planchas de dibujo a página completa. Las recordé porque las había repasado muchísimas veces de niño. Tenía una imagen de Robin Hood exactamente como Wyeth lo había dibujado con su traje, y eso es lo que aboceté rápidamente cuando sugerí el nombre de Robin, que pareció gustarles, y después les enseñé el traje. Y si lo miras, es el traje de Wyeth, según lo recordaba, porque no tenía el libro para mirarlo. Pero es bastante preciso: los falsos calzones, el chaleco rojo, sobre el que añadí la pequeña “R” como correspondencia al murciélago en el pecho de Batman. Cuando empecé a rotular la serie, cada texto de apoyo que hacía empezaba con una letra en blanco sobre un círculo. Así que pensé en eso para el chaleco.

¿Habías visto el Robin Hood de Doublas Fairbanks?

Si lo hice, no lo recuerdo.

Entonces probablemente viste la versión de Errol Flynn.

Recuerdo a Errol Flynn, pero mi imagen vino de la ilustración de Wyeth… de eso estoy seguro. Lo tengo en mi biblioteca. Era un libro muy especial para mí. Lo llevaba a cualquier sitio que me mudase.

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Ilustración de NC Wyeth para la portada de Robin Hood and His Adventures (E Nister/EP Dutton & Co, 1903)


Schwartz tiene una teoría acerca de por qué Bill Finger no era más agresivo para obtener sus propios derechos. Una de las cosas que decía es que Bill tendía a posponer las cosas, y siempre entregaba tarde. ¿Es eso verdad?

Sí, muy a menudo entregaba tarde. No era porque dejase las cosas para última hora. Puede que fuese eso en parte. Todos dejamos las cosas para última hora a veces, supongo. Su problema con las fechas de entrega… Bill era un artesano. No podía entregar algo a menos que alcanzase su nivel de perfección. Trabajaba mucho sus guiones, y no era un guionista fluido. Algunos guionistas escriben con mucha facilidad y producen mucho. Otros, algunos de nuestros mejores guionistas, sudan cada palabra. Bill pertenecía a esta última categoría. Trabajaba mucho los guiones y no se le ocurrían con facilidad. Cada vez trataba de hacer un trabajo creativo. Ellos no lo apreciaban. De modo que si no era capaz de entregar en las frenéticas fechas de entrega, era comprensible. Para ellos, eso era lo principal. Si entregabas a tiempo, eso era lo más importante. Demasiado a menudo él no lo hacía.

Schwartz tiene una explicación más sicológica, y me gustaría conocer tu opinión al respecto. Él decía que la relación de Finger con sus padres era muy turbulenta. Escribió, “Siempre sospeché, una vez que llegué a conocer bien a Bill, que de alguna manera, simbólicamente, había ideado este método para librarse de sus padres imaginativamente, en el origen de Batman, cuya explotación de Bill ya había sido percibida y comentada en las oficinas de DC mucho antes de mi llegada algunos años más tarde. Probablemente fue Jack Schiff quien me dijo que los padres de Bill esperaban para arrancar de las manos a Bill el cheque tan pronto como lo recibía en la oficina.” Y después continúa escribiendo, “La incapacidad de Bill para entregar a tiempo constantemente se debía claramente a una retención rabiosa, una tendencia a retasar y juguetear con la idea de una historia mucho después de pasada la fecha límite. En un sentido más profundo, su rabia no expresada le hacía difícil concentrarse en una única tarea. Una vez que tenía la idea de una historia completa, la mera tarea de escribirla se convertía en demasiado aburrida.” ¿Crees que hay algo de cierto en todo esto?

¿Quién sabe cuál es la auténtica verdad sicológicamente? Eso es especulación. Creo que todos nosotros podemos encontrar rezones sicológicas y motivos en las reacciones de cualquiera. Yo no habría llegado a esas conclusions, y yo le conocía bastante bien. Yo le conocí antes que Schwartz y Schiff, y después. Puede que esas fueran las observaciones de Schwartz, pero no las mías… ni jamás oí algo así de boca de Bill o de nadie más en aquella época.

Una última cosa sobre Bill. Era un tipo muy dulce y amable. Nunca se admitieron sus contribuciones, y se le relegó a un segundo plano, y eso no ayudó nada a su autoestima. Creció su falta de confianza en sí mismo, aunque no se reflejó en su trabajo, que continuó siendo de primera categoría. Pero no tenía confianza, y los editores y todo el mundo en DC y Bob se aprovecharon de esto. Era una pena verlo. Recuerdo muchas veces cómo se me revolvían las tripas cuando los editores de DC echaban la bronca a Bill por retrasarse con un guión, aunque fuese maravilloso, si llegaba un día tarde. Era embarazoso y denigrante para Bill.

¿Trataban los editores de DC así a todo el mundo, o se cebaban particularmente en Finger?

Creo que trataban a otros así, pero se cebaban particularmente en Bill. Creo que se convirtió en una especie de chivo expiatorio. No soy quién para sicoanalizar a los demás, pero me parece que había algo de resentimiento, tal vez por su habilidad, su libertad. Ya sabes, ellos mismos eran editores y guionistas frustrados, desde Mort Weisinger a Jack Schiff; creo que disfrutaban ejerciendo su poder. Esa sólo mi sensación interna.

Es raro que fuese tan pasivo como era o tan inseguro como era y que fuese tan cultivado e inteligente.

Sí, pero no tenía apoyo. Recuerdo una entrevista con Bob donde incluso negaba que Bill hubiera escrito ningún guión… y los escribió todos. Si se le hubiera cuidado un poco más, reconocido, eso hubiera reforzado su autoestima. Puedes aguantar tanto que empiezas a no creer en ti mismo.

Mi impresión sobre la industria de los cómics, especialmente entonces, es que la gente se aprovechaba de cualquiera que se pudiera aprovechar.

Bueno, eso es cierto en muchos casos. Éramos todos muy naïve entonces. Pero Bill fue siempre, como sabes, un escritor muy versátil. Escribió para televisión y muchas otras series de cómic, también. Cuando tomé un apartamento por primera vez en el Upper West Side, lo compartía con otro guionista que escribía para televisión, y colaboraban en un montón de guiones para la primera televisión. Así que solía trabajar en mi casa muy a menudo. Eso fue incluso después de que nos separásemos. Eso fue años después de Batman.

¿Qué años fueron esos, aproximadamente?

Probablemente los ’50, y tal vez a principios de los ’60.

¿No murió relativamente joven? ¿Y fuisteis buenos amigos hasta su muerte?

Sí, y también conocía muy bien a su mujer, Portia: muy inteligente, una mujer adorable. Estaban muy enamorados al principio. Yo estaba con él cuando la cortejaba. Ella venía de, creo que de Albany o Rochester. Recuerdo muchas veces que estábamos por ahí cenando o comiendo y él decía, “Tengo que llamar a Portia”, y se encerraba en una cabina telefónica. No podíamos sacarlo de ahí. Hablaba en la cabina durante media hora cuando estábamos de camino para cenar. Después se mudaron a Nueva York y les visitaba en su apartamento del Village, y a menudo salíamos a cenar.

¿Se fue haciendo más seguro a lo largo de los años?

Creo que probablemente un poco. Escribió para multitud de sitios, pero nunca fue capaz de salir del agujero financieramente. Nunca pudo sacar dinero al nivel al que escribía.

Has dicho que cuando estabais con Kane en su casa, hablabais constantemente de cómics. ¿Cuál era vuestra actitud hacia los cómics? ¿Los veíais como una forma artística? ¿Cuál era la actitud de vuestro grupo?

No creo que pensásemos en ello en esos términos grandiosos. Creo que eso habría sido asumir demasiado. Por otra parte, fue una época emocionante. Cuando lo estás viviendo en tus propias carnes, no piensas en esos términos tan grandilocuentes -que estuviéramos creando una forma artística. Sólo lo hacíamos. Pensabas que iba a ser genial hoy, y mañana, y el año próximo, pero cinco años o décadas después, ¿quién sabe? Cuando eres tan joven no piensas en cinco años vista. Y todos nosotros éramos muy jóvenes. Yo era el más joven, con 17 o 18 años -pero ellos también eran muy jóvenes. Eso era parte de la vitalidad de la industria.

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Jerry Robinson con 18 o 19 años


¿Qué edad tenía Bill Finger en relación a vosotros dos?

Bill creo que tal vez era uno o dos años mayor que Bob, luego como mucho tendría 25, 26. Unos siete y ocho años mayor de lo que yo era. Muchos de los demás también eran jóvenes -Simon y Kirby, Siegel y Shuster. Era una indistria joven. Era como el principio del cine. Todo lo que hacías lo estabas inventando por primera vez. Imagínate la primera vez que un cámara hizo una toma panorámica. La primera vez que hicimos una viñeta que atravesaba el ancho de la página o hicimos algo de acción detenida o tiempo condensado, todas esas cosas que hacíamos. Recuerdo que la mayor reafirmación de nuestro arte llegó cuando salió Ciudadano Kane. Nos volvimos locos con Orson Welles y esa película. Creo que Fred Ray tenía el record de haberla visto unas 35 veces. Yo creo que la vi unas 20 veces. Nos sentábamos uno al lado del otro y mientras dibujábamos recitábamos escenas completas de la película.

Eso fue en 1940…

1940 o 1941. Recuerdo específicamente estar en plantilla.

No lo veíais en términos tan exaltados como “arte”, pero estábais al tanto de las técnicas.

Sí. Creo que vimos una fuerte relación entre los cómics y el cine. No conocía a nadie en Nueva York -iba en metro a la Universidad de Columbia y volvía de nuevo-, de modo que Bill Finger me llevó de la mano. Realemente fue mi mentor cultural. Me llevó a museos, el Metropolitan Museum y el MoMA. Me intgrodujo en el cine extranjero, que fue una gran influencia.

¿También había, acompañando a la emoción de ser pioneros en una forma artística, una frustración por no poder ir más lejos en términos de escritura y temas y demás?

No creo que pensásemos en ello en esos términos, no más de lo que un ilustrador de libros que es famoso por sus bestsellers para niños necesariamienta piensa en escribir una novela. Piensan que lo que están haciendo es una auténtica contribución y un trabajo literario. Creo que nosotros estábamos emocionados por lo que estábamos haciendo. Muchos artistas decían siempre, “Bueno, me gustaría hacer una tira de prensa algún día, o un libro, o algo.” No era porque quiseramos hacer algo que estuviera necesariamente en un plano superior, en ese sentido -al menos no lo era para mí. Después de un tiempo, quería hacer cosas diferentes de las que estaba haciendo.

¿Tendíais a hacer una distinción cualitativa entre el material que estabais haciendo para Batman y tal vez algo como lo que estaban haciendo Milton Caniff, o lo que estaba haciendo Eisner en The Spirit?

No pensábamos en ello así. Pensábamos que trabajar para un periódico tendría un ritmo más relajado que el frenético campo del comic book.

Voy a leer otra cita de Schwartz, que es bastante dura. Me gustaría conocer tu opinión al respecto. Dime si crees que es exacta o no. Él escribió, “Es interesante remarcar que, cuando Whit Ellsworth, editor en jefe de DC, fue a Hollywood a hacerse cargo de las series de Batman, fue incapaz de librarse de sus propias ambiciones literarias, que abrigaba secretamente bajo sus responsabilidades en el cómic. Y día lo reconoció ante mí y el editor Jack Schiff en privado, cuando se unió a nosotros en medio de una sesión de guiones y de pronto estalló, “¿Durante cuánto tiempo pueden seguir escribiendo esta mierda hombres hechos y derechos?” [Robinson ríe] Ahora bien, lo que cita Schwartz me parece una mezcla de resentimiento e ira. ¿Experimentaste tú algo de eso, o viste algo de eso?

No, nunca vi esa cara de… Pero ya sabes, si te tomas una expresión… Estoy seguro de que en sus momentos de desesperación, Shakespeare decía, “¡No voy a seguir haciendo estas comedias de mierda!” Eso pasa cuando un artista ha rebasado las fechas de entrega y está realmente cansado. Creo que lo que me ha molestado más que cualquier otra cosa es la constante repetición de hacer al mismo personaje una y otra vez, el mismo concepto. Según mi experinecia, los años creativos están al principio, el primer par de años, cuando estás creando al personaje, su personalidad, toda la atmósfera de la serie y el reparto primario. Luego puedes añadir nuevos personajes y nuevos giros. Pero después de eso, es el trabajo de un muy buen guionista y dibujante -artesanos. Entonces es cuando me aburrí. Por eso lo dejé. No me veía el resto de mi vida haciendo lo mismo.

Quería ilustrar libros. Quería hacer viñetas editoriales. Quería hacer un montón de otras cosas -escribir libros, pintar, fotografía- no porque fuese mejor o peor, sino porque era un nuevo reto. Pensaba que ya lo había hecho todo en ese campo. En realidad, cuando estaba haciendo una tira de prensa, me preocupaba que se hiciera demasiado popular y no fuese capaz de dejarla. No es fácil dejar medio millón o un millón de dólares o más, si es una tira popular. Conocía a Caniff bastante bien. Después de 40 años, todavía estaba esclavizado detrás del tablero. No tenía más vida que la tira. Pero la amaba. Yo la amaba, pero no habría amado hacer lo mismo durante 40 años. Esa era mi perspectiva.

Esa actitud o esa ambición era algo inusual, porque un montón de artistas continuaban haciendo lo mismo una y otra vez.

Oh, lo sé. Creo que es increíble que consiguieran mantener el nivel de entusiamo. Fíjate en Sparky Schulz por ejemplo. Le conocí durante mucho, mucho tiempo, y estaba tan entusiamado hacia el final de su vida, y tal vez incluso más, como al principio. Lo hizo todo él mismo. No tenía la ambición de hacer otras cosas, aunque disfrutaba de las adaptaciones de Peanuts a películas de televisión. Lo mismo se puede decir de Milt Caniff. Su vida fue completamente absorbida por su tira. Eso era una prueba de las grandes cosas que habían logrado con sus tiras. Hace falta esa clase de devoción.

Por supuesto, con Sparky y Peanuts, creo que él estaba personalemente involucrado de una manera en la que no puedes estar con Batman.

¿De qué manera?

Es una tira que explora su propio ser existencial de una manera que ningún guionista podría hacer con un personaje como Batman.

Pero era el trabajo de un solo hombre, lo cual también valoro. Por eso la animación, por ejemplo, nunca me ha atraído, aunque he tenido muchas ofertas para hacerla. Hice una película de animación en Rusia. Era una película de una hora, Stereotypes -cómo cada país, la URRS, los EEUU, se veían mutuamente durante la Guerra Fría. Yo era codirector artístico junto a un ruso. El director era Yefim Gamburg. Fue una experiencia fascinante, pero nunca me atrajo porque había demasiada gente involucrada. Me gusta concebir algo, escribirlo, dibujarlo, pasarlo a tinta, rotularlo, lo que sea. Hacerlo todo. Creo que eso es lo que le gustaba a Sparky. Se sentía orgulloso de escribirlo todo. No tenía asistentes de dibujo ni nada de eso.

Absolutamente.

Caniff no lo hacía. Hizo la mayor parte él mismo furante mucho tiempo. Al final tuvo que tener asistentes, dado que era una tira de aventura, diaria y dominical, y escribirla… Es imposible hacerlo sin un asistente. Lo descubrí cuando traté de hacerlo durante dos años en la tira Jet Scott para el sindicato Herald Tribune.

Por supuesto, Caniff hacía tanto como para establever su autoría, incluso teniendo asistentes, ¿no te parece?

Oh, sí. Él metía mano. Nunca se lo pasó a otro. Algunos lo hacían y simplemente tenían sus negros. Puedo hablarte de series de aventura donde el tipo nunca hizo nada. Y series cómicas también.

Permíteme que retome el tema de Kane y Finger. Finger era un tipo educado.

Oh, sí, aunque educado a sí mismo -no creo que llegase más lejos del instituto, tampoco, pero era extremadamente leído. Lo leía todo. Nueva York era el centro de la cultura estaounidense, de modo que me llevó a librerías y, como he dicho, museos y películas. Llegué a sentirme muy unido a Bill. Él y Portia vivían en el Village, así que les veía a menudo. Iba a su apartamento a cenar cuando yo todavía estaba soltero. Portia actuaba un poco como una madre para mí. Era una mujer adorable -muy brillante, también.

No tenía tanta relación con Bob. Bob era como un playboy. Le encantaba ir a nightclubs y estar rodeado de mujeres. Era una especie de guaperas. Podía ver por qué resultaba atractivo para algunas mujeres. Era muy charlatán y…

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Bob Kane a principios de los años ’40


¿A lo Stan Lee?

No, Stan era más natural que Bob. ¿Por qué encuentras una relación?

Charlatán. Verbo fácil y bonhomie.

Bueno, en ese sentido, sí. Mucha gente no tiene en gran consideración su dibujo, pero yo pensaba que tenia algo. Era rudimentario, pero de alguna forma funcionaba en su beneficio en la serie. No sabía mucho de perspectiva y anatomía, de modo que tenía que improvisar. Él era un dibujante cómico, y es una transición dura pasar de dibujante cómico al dibujo ilustrativo, a hacer una serie de aventura.

¿Quieres decir de una perpectiva humorística a una perspectiva aventurera?

Al revés, puedes hacerlo. Más tarde fui ilustrador de 30 libros, libros de tapa dura, para varias editoriales. Después hice una serie de humor. Fue una transición muy fácil para mí. Pero en el otro sentido es difícil. Sé que para Bob fue una transición difícil de hacer, y creo que considerando las circunstancias lo hizo muy bien. De modo que, gracias a eso, yo era capaz de pulir su trabajo después. Tenía buen gusto contratando asistentes, ¿verdad?

Por supuesto. ¿Tenía Bill Finger otras ambiciones aparte de escribir cómics?

Sí, escribió para televisión. Escribió, creo, guiones de radio. No tuvo mucho éxito. Creo que si le hubieran acreditado en Batman, eso le habría dado chaché, y podía haber llegado más lejos, aunque hizo un ontón de otras cosas para muchas editoriales. No era fácil para él, la escritura. Como he dicho, algunos escritores escriben con sangre, sudor y lágrimas. Bueno, ese era Bill. Era un artesano. Todo tenía que funcionar. Trabajaba en la serie mucho más allá de lo que DC consideraba necesario por aquel entonces. Por supuesto, nosotros trabajábamos en el dibujo más de lo que se nos pedía. Cuando intentas hacer algo bueno, primero te tienes que satisfacer a ti mismo.

¿Cómo colaborabais? ¿Escribía Finger el guión completo primero y luego vosotros tomabais el guión y lo dibujabais?

En ocasiones discutíamos ideas para historias o situaciones. Otras veces él se iba por su lado, y otras veces trabajaba sobre ideas básicas que habíamos discutido. Pero él hacía el guión completo. Tengo uno que va a estar en la exposición The superhero, que he comisariado para el Breman Museum de Atlanta. Apuesto a que es el único guión de Finger que ha sobrevivido. Supongo que lo guardé porque yo mismo ilustré ese guión en particular.

Era un gran escritor visual. Podría haber escrito grandes obras de teatro. Sabía lo que funcionaba visualmente y un montón de guionistas no lo sabían. He colaborado con otros cuyos guiones he tenido que re-escribir porque no funcionaban. Pero eso el que hacía a Bill tan grande. Si estaba haciendo una historia basada en un velero o un barco de guerra o lo que sea, se documentaba, y añadía toda la documentación al guión, particularmente cualquier cosa visual para los dibujantes. Organizaba la acción de modo que todo funcionase. Si Batman de descolgaba de la cubierta A hacia la cubierta D, o de la grua del un carguero, allí estaba. Quedaba bien porque estaba guionizado apropiadamente.

He conocido a muchos guionistas de aquella época que no hacían eso o no estaban acostumbrados a hacerlo.

No. Nunca he visto a nadie más adjuntar documentación así a un guión. El guionista lo inventaba y el dibujante lo falseaba. Si era algo que el dibujante tendría que saber, tenía que indagar él mismo si tenía tiempo para hacerlo. La mayor parte de las veces lo hacíamos de cabeza porque no había tiempo para mucha investigación. Pero Bill no hacía eso. Obviamente, eso lleva tiempo. Eso es duro. Eso lleva un tiempo que la mayoría de guionistas no dedican. Estaban en cadenas de producción.

¿De dónde crees que venía esa imaginación visual? ¿Le gustaban las tiras de prensa? Creo que le encantaban las películas.

Sí, lo leía todo. En cuanto conocí a Bill, nos entendimos inmediatamente. Yo lo veía como a un escritor y como a alguien muy bien educado, muy leído y que conocía Nueva York. Él leía muchísimo. Cuando no estaba escribiendo, debía de estar leyendo, porque estaba versado no sólo en los clásicos, sino también en cultura popular, desde los pulps hasta las tiras de prensa. No había nada de los que no charlásemos.

Después de que Finger entregara el guión, ¿Bob hacía el dibujo a lápiz?

Sí, al principio hacía el dibujo a lápiz y yo lo entintaba. Poco después, pupongo que en cuanto tuvo confianza en que yo sabía dibujar, dibujaba más y más esquemáticamente y yo terminaba el lápiz. Hacia el final, entregaba trabajo a DC cuando trabajábamos allí, Geroge Roussos y yo, y a veces eran meros…

¿Bocetos?

Ni siquiera eso. A veces escribía, “Pon al Joker encima de este edificio”, o algo. Pero al principio hacía el lápiz.

No parece que estuviera interesado en dibujar a medida que iba adquiendo mayores capacidades empresariales.

Bueno, si en aquel entonces hubiera sido mejor empresario, no habría dejado que su equipo se marchara. Will Eisner tenía su propio estudio…

¿Crees que tuvo elección?

Bueno, sí. Qeríamos irnos porque no podíamos conseguir más dinero, y queríamos participar en más cosas. Bob se opuso y nos marchamos. Habría sido mucho más listo si hubiera compartido la gloria. Bill no se habría ido si su nombre hubiera estado en la serie, por ejemplo. Ninguno de los dos habríamos pensado en irnos si hubiéramos empezado a ganar más dinero y hubiéramos tenido una promesa de prosperara con la propiedad. Al final, Bob no fue empresario en ese sentido. Hizo lo suyo y se le pagó por lo que hizo, pero…

Puede que conozcas la respuesta a esto, pero según entiendo, él era propietario, o tenía algún tipo de propiedad sobre Batman. Se le pagó por la serie de televisión, o tuvo beneficios. Muchos autores de cómic, por supuesto, no los tuvieron.

Muchos no.

Siendo Siegel y Shuster los más preeminentes entre ellos. ¿Sabes cómo lo consiguió?

No. Sé que Bob era un luchador por sus derechos. Recuerdo que Bob tuvo muchas peleas con DC, con los jerifaltes, sobre esto. Su padre venía y se quejaba muy a menudo.

¿Es eso cierto?

No sé cuánto hay de cierto. Creo que consiguió más cuando luchamos por Siegel y Shuster.

Esas son las cosas por las que yo lucho, y me enorgullezco de mi papel en restituir sus nombres en su propiedad. Creo que eso es lo que Bob uso a su favor. Eso es lo que creo. Lo he escuchado de otra gente.

De modo que puede que no hubiera establecido ninguna propiedad inicialmente.

No creo que lo hiciera. Creo que cuando peleó por ello, le hicieron concesiones, pero no creo que le dieran derechos sobre la propiedad. Si lo hucieron, fue genial. Yo habría luchado por que él los consiguiera, porque creo que el creador lo merece.

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Los últimos días de Krigstein en EC

Respondiendo a la petición de uno de nuestros lectores, mostramos aquí algunas imágenes (un dibujo parcialmente entintado y un par de bocetos) realizados por Bernard Krigstein que se perdieron bajo nuevos dibujos de Reed Crandall debido a una decisión editorial.

Recapitulamos: Hace poco enlazábamos las historietas incluidas en Crime Illustrated #1 (EC, 1955), entre las que se encontraba Fall guy for muerder, acreditada a Al Feldstein (guion), Reed Crandall y Bernard Krigstein (dibujo). La cuestión es que el acabado de dicha historia es evidentemente una mezcla de estilos de ambos dibujantes, lo que plantea algunas dudas, ya que no es método que la editorial acostumbrase a emplear. La explicación se puede encontrar en el libro B. Krigstein (Fantagraphics, 2002), de Greg Sadowski. Copio mis palabras de un comentario anterior:

En concreto, el encargo [de Fall guy for murder] se recogió el 4 de junio de 1955 y se entregó el 23 de ese mismo mes [por Krigstein]. Y ojo, porque la cosa tiene su miga. Cuando Krigstein entregó las páginas (sin terminar), había cambiado el final de la historia, dándole completamente la vuelta. La explicación de Krigstein:

“…la base ideológica de ese libro era que el crimen paga. Yo recibí esa historia y me sorprendí mucho al leerla, pero pensé que como artista, simplemente emplearía mi prerrogativa, que siempre he empleado; hacer ciertos cambios según mi parecer. Y en la última viñeta hice algo que indicaba que había un cierto ajuste de cuentas moral en lo que respecta al criminal. No me preocupa el cinismo, o el realismo extremo, pero me preocupa, muy profundamente, propagar la noción de que la inmoralidad o el crimen son morales, o buenos. Si quieres señalar la existencia de la inmoraridad, ese ha sido el privilegio de los más grandes artistas del mundo, y algunos de ellos han sufrido en mayor o menor medida para señalar lo que está mal. Puede que fueran muy realistas o brutales, pero nunca lo permitieron, y ciertamente no era mi intención utilizar cualquier talento que tuviera para apoyar esta idea.”

A Bill Gaines y Al Feldstein no les hizo ninguna gracia y pidieron a Crandall que acabara la historia, redibujando el final para que fuera el ideado inicialmente. Evidentemente, esto tampoco hizo gracia a Krigstein, que a parte de tres ilustraciones para MAD #26, no volvió a dibujar para EC. El propio Krigstien pidió no ser acreditado en esta historia y dejó claro que no volvería a trabajar para la compañía, además de por este incidente, porque la nueva línea de “Picto ficción” (que si no recuerdo mal fue idea de George Evans) le parecía de una calidad ínfima.

Fin del copy-paste.

Y ahora, lo que pedía nuestro lector, las imágenes. En primer lugar, esa viñeta a medio entintar de Krigstein. Clic para agrandar.

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Y los bocetos de las dos últimas viñetas tal y como las concibió Krigstein, donde todavía pueden verse manchas de pegamento de las viñetas de Crandall que se pegaron encima para la versión publicada. Bajo estos bocetos, las dos últimas viñetas finalmente publicadas.

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Para rematar esta entrada, vamos con las últimas ilustraciones que Bernard Krigstein realizó para EC, en concreto para el número 26 de MAD Magazine, con fecha de portada de noviembre de 1955. Según el libro de Sadowski, el encargo se recibió el 24 de agosto y la entrega se realizó 1 de septiembre.

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Hulk contra la lluvia

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Vale, recordamos todos la historia de James Kochalka de Hulk contra la lluvia, ¿no? Pues aquí la tenéis en versión muñequitos.

No se vayan todavía, aún hay más. En la misma cuenta Flickr: El Vigilante vigila, El Vigilante visita a Los Vigilantes, Iron Man planchando, Iron Man con su mejor amigo, el coche de Iron Man, el coche de Venom, el coche del Punisher


Así era José González

Josep María Beà ha contactado con nosotros para recordar en público a su amigo recientemente fallecido, Pepe González, como ya hiciera en La Cárcel de Papel. Nuestras palabras sobran, os dejamos con Josep María.

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Cartel promocional de 1959. José González sentado micrófono en mano, Josep María Beà en el centro con guitarra.


José González, desde muy joven, poseía una capacidad innata para aprender en muy poco tiempo cualquier técnica empleada para la realización de dibujos e ilustraciones. Le ponías los materiales en su mesa (de no ser así, no había experimento), los miraba pensativo, comenzaba a trabajar con ellos y al rato la cosa funcionaba como un acto de magia. Nunca lo vi encallarse ante el uso de cualquier material: utilizó los lápices de color, el gouache, la caseína, la anilina, el óleo, la aguada, el carbón, la acuarela, o todo junto si cabe, y siempre con unos resultados sorprendentes. Pero se cansaba muy pronto, daba la impresión de que su interés sólo existía durante el trayecto de experimentación , conseguir el dominio de la técnica era el límite.

Pero si en José González hubo algo realmente asombroso fue su versatilidad, una pasmosa facilidad para ejercer con éxito aquellas disciplinas artísticas que más le atraían. De la noche a la mañana conseguía ser un humorista desternillante, un parodiador envidiable, un buen actor y, sobre todo, un cantante extraordinario (no exagero, de verdad que no exagero).

A finales de los 50, formamos un grupo, “Los Dálmatas”, yo tocaba una Framus y Pepe cantaba en inglés sin saber inglés y los guiris lo miraban raro pero colaba. Durante tres años, en verano hacíamos el típico recorrido de hoteles y terrazas de la Costa Brava. En una ocasión, un tipo de la discográfica Vergara, tras una actuación en Lloret, citó a Pepe para una prueba de estudio, ¡saltamos de alegría, era la fama!: Pepe no se presento a la audición. Para qué ir si ya sabía cantar. Así era José González.


The times they are a-changin’

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Seguimos dando la matraca con Robert Crumb. En este comentario Pepo Pérez abogaba por considerar cómic los dibujos con bocadillos o cartuchos de texto tan queridos por Crumb y que carecen de secuencia tal y como la entiende Scott McCloud cuando define “cómic” en Entender el cómic: El arte invisible (Astiberri, 2005). Pero entonces, ¿qué es cómic y qué no? Intuitivamente casi siempre lo sabemos cuando lo vemos, pero cuesta acotarlo con palabras de forma inequívoca. ¿Qué diferencia a un dibujo de Crumb que entendemos como cómic de otro que entendemos como ilustración? Creo que al final es algo muy sutil lo que las separa, y tiene más que ver con la intención del autor al realizar el dibujo y, sobre todo, con su intención respecto a cómo debe percibir el dibujo el observador, que a simples aspectos formales definibles. De hecho las fronteras son cada vez más difusas, en gran parte debido a toda una nueva generación de historietistas que ya no tienen como referentes narrativos el cine o la novela y que prefieren explotar lo que el cómic puede ofrecerles. Basta echar una ojeada a artefactos como Kramers Ergot, el más mainstream MOME, o incluso el inminente Ombligo sin fondo de Dash Shaw para darse cuenta de que the times they are a-changin’ (again). En su día el underground supuso una apertura temática y estética en el ámbito del cómic que vino seguida de algunos intentos de apertura formal y prácticamente conceptual como esas historias que componen el Breakdowns de Art Spiegelman o la revista RAW en general. Hoy, la nueva generación que ha crecido leyendo sin prejuicios a Chris Ware, a Daniel Clowes, a Blutch (todos los nombres escritos a vuelapluma, hay muchos otros), viene pisando fuerte con nuevos conceptos temáticos y formales que por supuesto no van a enterrar el cómic clásico, pero que sí que van a abrir nuevos caminos.

Y entre esos jóvenes, como decía Pepo, Robert Crumb, haciendo cómics, dibujos, copiando fotos, sin complejos. ¿Son cómics estas páginas de Crumb extraídas de Mineshaft? Por cierto, esto de la imagen con un bocadillo esporádico, un titular revelador o un cartucho de texto lo viene haciendo Crumb en sus sketchbooks desde 1974 o así, a veces lo nuevo y lo viejo son lo mismo, lo que cambia es el entorno. Sobre las imágenes a continuación, ¿cuáles son cómics y cuáles ilustraciones? ¿Hay diferencias entre unas y otras? ¿Por qué copiar una foto tan conocida en la primera imagen? ¿Por qué transcribir ese pedazo de texto en la segunda? ¿La inserción de un rótulo mordaz es suficiente para que un dibujo sea más narrativo que ilustrativo? Etc. Vosotros mismos.

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Novedad de Dibbuks para Abril

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KOMA 6. En el principio, de Wazem & Peeters
Cartoné. 22 x 29,5 cm. 48 págs. Color. 13 €

A final de este mes editaremos el último volumen de la exitosa serie KOMA, de Pierre Wazem y Frederik Peteers. La historia llega a su fin y, con ella, todo el mundo onírico y lleno de misteriosos sucesos que le hacen plantearse muchas preguntas a su personaje principal, Addidas. Lamentablemente son pocas las respuestas que obtiene. Si deseas llegar a las conclusiones que ella misma imagina no podrás dejar de leer En el principio, que aunque no lo parezca por el título, nos devela su maravilloso (y esperanzador) final.


La BD en 2008

La Association des Critiques et journalistes de Bande Dessinée (ACBD) ya ha hecho público su informe anual referente a la edición de cómic en el territorio francófono europeo durante 2008. Vamos con un pequeño resumen de los datos que ofrecen, pero por supuesto recomendamos consultar el documento original enlazado, con muchos más datos y valoraciones.

Producción

En 2008 se publicaron 4746 libros (BDs), de los cuales 3592 fueron novedades. Esto supone un aumento en el número total de cómics editados del 10,04% respecto al año pasado, y el negocio de la BD representa aproximadamente un 6,5% de todo el negocio editorial, y un 7,91% de la publicación de libros. Se destaca también la apertura de nuevos mercados, como las adaptaciones cinematográficas. Entre los cómics considerados como no novedades, 821 fueron reediciones (17,3%), 271 libros de ilustración y art-books realizados por autores de cómic (5,71) y 62 ensayos sobre cómic (1,31%).

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En cuando a la división por origen, en 2008 se publicaron:
- 1453 cómics de origen asiático (japoneses, chicnos, coreanos…), un 40,45% de las novedades.
- 1547 álbumes franco-belgas (43,07%).
- 240 cómics americanos (6,68%).
- 353 novelas gráficas (9,83%).

El 66,89% de todos estos títulos fueron series.

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Edición

15 grupos editoriales dominan el mercado, agrupando un 70% de la producción total, que comprende un total de 265 editoriales, 11 más que en 2007. Média Participations (que aglutina Dargaud, Kana, Le Lombard, Dupuis, Blake et Mortimer, Lucky Comics, Le Caméléon y Fleurus) editó 627 títulos (13,21%), controlando el 40% de la economía del cómic. Glénat (incluidas filiales) se coloca en segundo lugar con 380 títulos y un porcentaje en las cifras de ventas del 8,01%. En tercer y cuarto lugar, respectivamente, se colocan Delcourt y MC Productions. El grupo Flammarion (Casterman, Fluide Glacial, Jungle y Librio) entre en el quinteto de cabeza, reclamando según las fuentes consultadas el tercer o cuarto puesto. Seguirían en la lista de las 15 editoriales con mayores cifras de venta Panini, Albert-René, Bamboo, Asuka, Taïfu, Kurokawa, Tournon (Carabas, Semic y Kami), Gallimard (Futuropolis, Denoël Graphic, Hoëbeke), Les Humanoïdes associés y Clair de Lune.

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La cifra de negocio generada por el cómic se estima unos 320 millones de euros, todavía muy por debajo de la industira del vídeo juego (2 400 millones de euros) o de la música (2 300 millones de euros).

Optimización

95 series han gozado de extraordinarias ventas (más de 50 000 ejemplares). Las mayores tiradas de 2008, dejando fuera el manga, corresponden a:

- “Titeuf” de Zep (1 832 000 ej.)
- “Blake et Mortimer” de Yves Sente y André Juillard (600 000 ej.)
- “Lucky Luke” de Laurent Gerra et Achdé (535 000 ex.)
- “Largo Winch” de Jean Van Hamme y Philippe Francq (490 000 ej.)
- “Le Chat” de Geluck (320 000 ej.)
- “Thorgal” de Sente y Rosinski (300 000 ej.)
- “Lanfeust des étoiles” de Christophe Arleston y Didier Tarquin (300 000 ej.)
- “Cédric” de Raoul Cauvin y Laudec (273 000 ej.)
- “XIII Mystery” de Xavier Dorison y Ralph Meyer (253 000 ej.)
- “Les Profs” de Erroc y Pica y “Les Bidochon” de Christian Binet (200 000 ej.)

Según algunos editores, para que una edición resulte rentable, se deben vender al menos 5000 ejemplares. Hace diez años había que multiplicar esta cifra por dos.

También en el sector del cómic asiático unas pocas series acaparan el mercado. En concreto, 9 de ellas comprenden el 50% de las ventas de todo el sector:

- Naruto (220 000 ej/tomo: 6 tomos en 2008)
- Death Note (180 000 ej/tomo. 5 tomos en 2008)
- Fullmetal Alchemist (90 000 ej/tomo. 4 tomos en 2008)
- One Piece (72 800 ej/tomo. 6 tomos en 2008)
- Dragon Ball Z (70 300 ej/tomo. 5 tomos en 2008)
- Fairy Tail (70 000 ej/tomo. 3 tomos en 2008)
- Samurai Deeper Kyo (66 000 ej/tomo. 2 tomos en 2008)
- Nana (60 000 ej/tomo. 2 tomos en 2008)
- Bleach (49 500 ej/tomo. 5 tomos en 2008)

El mayor esfuerzo editorial se concentra en los últimos cuatro meses del año, durante los cuales se publicaron en 2008 1848 álbumes (38,94% del total).

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Traducción

En 2008 se tradujeron 1856 cómics al frances, 1411 de los cuales provenían de países asiáticos, 292 de Estados Unidos, 57 de Italia, 28 de España, 17 de Holanda, 12 de Argentina, 9 de Gran Bretaña, 7 de Finlandia, 6 de Israel, 2 de Alemania, etc. De entre los cómics asiáticos, 1288 fueron japoneses, 98 coreanos, 23 chinos y 2 de Taiwan o India. El 90% de las ventas de manga se concentran en 7 editoriales, que en orden de importancia son: Kana, Glénat Mangas, Delcourt (con sus filiales Akata y Tonkam), Pika, Kurokawa, Panini Manga y Soleil Mangas.

En el género superheroico destaca Panini, y las tiradas de los títulos punteros no exceden los 40 000 ejemplares, siendo la media de unos 20 000-30 000.

Adaptaciones

En 2008, 154 cómics (4,29%) fueron adaptaciones de otros medios, fundamentalmente de la literatura y el teatro. En el sentido opuesto, continúa en ascenso el número de cómics que se adaptan a otros medios, y varios grupos editoriales se implican cada vez más en el terreno de los vídeo juegos, el cine, el vídeo e incluso la industria discográfica.

Prepublicación

El número de revistas de cómic distribuidas en kioscos ha disminuido de 24 en 2007 a 18 en 2008.

Los semanarios infantiles más importantes son Le Journal de Mickey y Spirou, con tiradas de 185 000 ej. y 100 000 ej. respectivamente de cada número.

El público juvenil cuenta con las revistas mensuales Picsou Magazine (185 000 ej.), Lanfeust Mag (40 000 ej.), más 70 000 ej. de la versión en pequeño formato creada este año, Pif Gadget (80 000 ej.) y Tchô (76 844 ej); y con las bimestrales Super Picsou Géant (252 800 ej.) y Mickey Parade Géant (187 600 ej.).

El terreno de los cómics adultos tiene como mayores representantes a las mensuales Fluide Glacial (120 000 ej.), L’Écho des Savanes (80 000 ej.), Psikopat (50 000 ej.) y Cargo Zone (45 000 ej.).

La mayoría de cómics licenciados pertenecen al grupo Panini, que acapara el 90% de este mercado en los kioscos.

En cuanto a revistas especializadas en cómic distribuidas en kiosco, el número se reduce a dos, [dBD] (22 000 ej.) y CaseMate (30 000 ej.), dado que la veterana BoDoï a pasado a ser digital exclusivamente, salvo ediciones impresas esporádicas con motivo de eventos muy concretos.

El número de revistas especializas que se distribuyen a través de librerías de cómic es mayor, pero según el informe de la ACBD, es un mercado en declive, en parte debido a la proliferación de sitios online especializados en cómic.

En total, el número de revistas sobre y de cómic alcanzan la cifra de 71 (6 menos que en 2007), incluyendo algunos periódicos que prepublican o acoplan venta de álbumes, y en sus páginas se han prepublicado un total de 413 álbumes (11,63% del total).

Por el contrario, el número de sitios web especilizados en cómic ha ascendido de 32 en 2007 a 46 en 2008.

Consagración y mediatización

Se han reeditado 201 obras con más de 20 años a sus espaldas (frente a 128 en 2007), obteniendo en muchos casos una importante atención mediática.

También han fallecido durante 2008 importantes autores y personalidades de la BD: Pierre Dhombre, Carlo Raffaele Marcello, Claude Faraldo, Stéphane Péru, Raymond Leblanc, Maurice Maréchal, Ludovic Joffrain, Martin Berthommier, Francis Lacassin, Jacques Fiérain, Raymond Macherot, Tania Vandesande, François Caradec, Guy Peellaert, Gérard Lauzier y Solo (alias de François Solot).

En 2008 hubo un total de 1495 autores que publicaron su primer álbum, mientras que sólo 1416 de la totalidad de autores se ganan la vida con el cómic. 151 de ellos son mujeres (10,66%), y 248 exclusivamente guionistas (17,51%).

1 de cada ocho libros comprados y 1 de cada 5 tomados prestados de la biblioteca, fue en cómic un 2008.


El nacimiento del demonio

Recientemente DC ha editado un tomo que recopila todos los números de The Demon realizados por Jack Kirby, en la línea de sus reediciones de los títulos del Cuarto Mundo. Dicho tomo viene prologado por el antiguo colaborador y experto en la obra de Kirby, Mark Evanier, y en él describe la gestación de la serie y la sitúa en su contexto histórico. A continuación, el texto traducido.

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En esta introducción, voy a contaros la historia de cómo se gestó THE DEMON. De hecho, lo que tenemos aquí es el testimonio de un testigo presencial. Yo estaba allí en aquel momento, esperando un bocadillo caliente de pavo cuando sucedió.

A finales de 1971, Jack Kirby escribía y dibujaba THE NEW GODS, THE FOREVER PEOPLE y MISTER MIRACLE para DC –los famosos títulos del “cuarto mundo”, recientemente reeditados en libros muy parecidos al que sostienes entre manos. Siendo bimestrales, no consumían todas sus horas de vigilia ni completaban la cuota de páginas que el contrato de Jack le obligaba a producir. Jack había dejado SUPERMAN’S PAL, JIMMY OLSEN, y una línea de revistas en la que había estado trabajando para ellos había sido cancelada. Así que tenía que idear algunos proyectos nuevos, y también quería cambiar un poco su tipo de trabajo. Lo que quería era dibujar menos páginas a la semana y hacer algo de trabajo editorial en títulos que él ni dibujaba ni guionizaba.

Esa fue parte de la razón por la que nos tenía a mí y a un compañero llamado Steve Sherman como sus supuestos asistentes. Digo “supuestos” porque nunca hubo demasiado que hacer para nosotros… pero a Jack le gustaba la compañía y si en algún momento pasaba a editar cómics para otros, imaginaba que necesitaría nuestra ayuda con la producción y los guiones. Ni Steve ni yo esperábamos realmente que esto sucediera, pero habíamos aprendido a nunca decir “nunca” acerca de Kirby. A veces Jack podía hacer posible lo aparentemente imposible.

Sobre esa época, el entonces editor de DC, Carmine Infantino, fue invitado a una convención de cómics en Los Angeles, y se organizó una reunión para discutir qué añadir a las tareas de Kirby. Jack nos pidió a Steve y a mí que nos sentásemos en esta reunión y lo hicimos… diciendo, tal y como lo recuerdo, absolutamente nada. Éramos muy buenos en eso.

Se barajó la idea de crear algunos nuevos títulos en el universo del Cuarto Mundo. Jack pidió que al menos algunos de ellos fueran dibujados por otros. Infantino dijo que no. Los títulos del Cuarto Mundo eran títulos de Kirby, y no estaba seguro de cómo reaccionarían los fans ante cualquier otro. Sería más sencillo, sugirió, hacer que Jack editase un título que no dibujase ni guionizase si fuese algo fuera del mito del Cuarto Mundo.

En aquella época en DC se pensaba que tal vez los superhéroes estaban de capa caída de nuevo. Los cómics de fantasmas y misterio como HOUSE OF MYSTERY y PHANTOM STRANGER parecían vender, y en la oficina algunos creían que la siguiente moda era lo que Joe Orlando, que editaba la mayoría de ellos, denominaba cómics de “aventura misteriosa”. Unas pocas semanas después, Infantino pidió a Jack que preparase rápidamente algo que entrase en esa categoría, y sugirió una serie no muy distinta de la película El planeta de los simios. La película había salido hacía unos pocos años y había generado numerosas secuelas, una de las cuales había llegado recientemente a los cines.

Jack tomó la idea y, tal y como era su modus operandi, inventó todo un mundo con el que trabajar. Dibujó bocetos e improvisó rápidamente una serie de conceptos que yo abnegadamente anoté y escribí a máquina. Todo esto resultó en una presentación y argumento para el primer número de KAMANDI, THE LAST BOY ON EARTH.

En las oficinas de DC gustó, pero antes de que Jack recibiese luz verde para realizar el siguiente paso, querían ver qué más se le podía ocurrir. Los cómics de monstruos y misterio eran populares, le dijeron. ¿Qué tal sacar uno de ellos? ¿Uno un poco demoníaco, tal vez?

No era un género que Kirby, por propia inspiración, hubiera elegido. A menudo la gente me pregunta qué es lo que a Kirby le gustaba más hacer… ¿Superhéroes? ¿Cómics bélicos? ¿Westerns? ¿Historias de crimen? ¿Ciencia ficción? Respuesta: todas las anteriores. En serio.

Naturalmente, él quería hacer cómics que tuvieran éxito, y en diversos momentos pensó que un área era más comercial que otra. En los setenta, por ejemplo, si alguien le hubiera sugerido hacer un western, habría replicado que podrían ahorrar tiempo simplemente quemando dinero. (Pero, si hubieran insistido, podría haber aceptado el trabajo y haber tomado como reto personal producir un western que vendiera. El hombre tenía una gran ética de trabajo y tendencia a aceptar retos de ese tipo. No es verdad que cuando llegó a DC en 1970 y querían que tomase un cómic ya existente dijese: “Dadme vuestro cómic que peor venda y lo convertiré en vuestro mayor superventas. Pero tendía a decir cosas como esa).

Preocupaciones sobre las ventas aparte, Jack era igualmente feliz escribiendo y dibujando casi cualquier tipo de cómic, cualquier tipo de historia. El área que menos le interesaba, sin embargo, probablemente era la que ahora le estaban pidiendo acometer.

Había hecho cómics fantasmales, oscuros, antes, muy notablemente en la serie clásica BLACK MAGIC, en los días en que estaba asociado con Joe Simon. Ahora, sin embargo, dudaba. La aproximación de DC a lo macabro en aquellos días no era su aproximación. Las portadas, pensaba, estaban demasiado repletas de muerte e imaginería sobre la muerte… las historias, al menos aquellas que él revisó, eran sobre la inevitabilidad de la muerte y su aceptación. No les culpaba por hacerlo así. Simplemente esa no era su sensibilidad.

¿Aceptaría (podría aceptar) DC el tipo de cómic de “aventura misteriosa” que él hiciera? Una vez asegurado que dejarían a Kirby ser Kirby, decidió aceptarlo como uno de sus retos. De ahí en adelante fue como, “¿Carmine quiere un título sobre un demonio? Perfecto. Le daré uno. Incluso lo llamaré THE DEMON”.

Tuvo esa conversación con ellos un viernes y, aparte del nombre, no le dedicó ni un poco de sus pensamientos mientras se centraba en un número de THE FOREVER PEOPLE que había que acabar. El domindo, Steve y yo estábamos allí trabajando con él. Terminó ese THE FOREVER PEOPLE al final del día, sobre la hora en que su esposa Roz llegaba y anunciaba que nos íbamos todos al cercano restaurante de Howard Johnson a cenar. “Nos” significa ellos dos, sus hijas Lisa y Barbara, y Steve y yo, todos metidos como sardinas en la ranchera familiar.

Después de que pidiéramos todos, Jack se quedó extrañamente callado. Estaba allí sentado mientras nosotros hablábamos, sin decir nada, retirándose (o mejor dicho, avanzando) dentro de algún otro mundo. Puede que incluso se me ocurriera pensar, “Hey, Jack está escribiendo algo”.

Diez o quince minutos después, el camarero nos trajo nuestras cenas. Por alguna razón, recuerdo que lo mío era un bocadillo caliente de pavo. Cuando todos dejamos de conversar para comer, Jack, suavemente y sin preámbulos, comenzó a contarnos una historia sobre alguien llamado Jason Blood. Era el argumento completo del primer número de THE DEMON, incluyendo la premisa básica, personajes y escenario, y era prácticamente lo que después dibujó y fue publicado en el primer número. Junto con todos los demás, está reimpreso en este volumen.

En el tiempo transcurrido entre que pidió una hamburguesa y que esa hamburguesa llegó, Jack Kirby había creado un nuevo comic-book. Allí mismo, en el restaurante de Howard Johnson. Si cualquier otro hubiera descrito un nuevo proyecto con tanto detalle, habrías asumido que llevaba semanas trabajando en él.

Todos dijimos cosas como, “Suena genial, Jack. ¿Puedes pasarme la mantequilla?” Pasó la mantequilla y se apresuró en acabar su hamburguesa porque tenía que llegar a casa y al tablero de dibujo.

Menos de una hora después, en su estudio, Jack sacó una pila de cómics donde estaba reimpreso PRÍNCIPE VALIENTE, la tira clásica de periódico de Hal Foster. Fue pasando las páginas hasta que encontró una secuencia que recordaba, donde Valiente se disfrazaba estirando una piel de ganso sobre su cabeza, creando una máscara grotesca –una referencia visual memorable que Jack (y muchos lectores de la tira) habían recordado durante décadas. Jack pensó que serviría como broma privada para los lectores que reconociesen la fuente original si diseñaba el aspecto de su nuevo personaje a partir de esa máscara. Se dirigió inmediatamente a su tablero de dibujo y abocetó la primera imagen de The Demon. La versión final fue prácticamente idéntica a ese dibujo.

Antes de que acabase la noche, había añadido suficientes bocetos y unos pocos párrafos como para formar una presentación emocionante. Creó un gran interés en DC, y le pidieron que produjese ese primer número. Otros podrían hacerse cargo del cómic –Jack todavía pensaba en él como en un título que editaría pero que no escribiría ni dibujaría- pero querían que hiciera el número 1 para indicar la dirección. Poco después, le pidieron que hiciera otro número de THE DEMON y un primer número con la idea de KAMANDI, bajo las mismas condiciones.

Poco después de esto llegaron dos decepciones para Jack, una después de otra. Primero, le dijeron que a la oficina de New York le habían encantado los dos nuevos títulos, ambos. A alguna gente de allí, en realidad, le gustaban mucho más que los títulos del Cuarto Mundo. Esa no fue la decepción. La decepción fue que no querían a otro más que a Kirby escribiéndolos o dibujándolos. Ergo, no habría “cesión” a otros guionistas y dibujantes. Decepción nº 1.

La decepción nº 2 fue mayor, mucho mayor. Dos de los cómics del Cuarto Mundo –NEW GODS y FOREVER PEOPLE- eran “temporalmente suspendidos” para permitir a Jack lanzar KAMANDI y THE DEMON como títulos mensuales. Kirby llevaba suficiente tiempo en los cómics como para saber que “temporalmente suspendidos” casi siempre significa “cancelados, probablemente para siempre”. Jack adoraba el Cuarto Mundo que estaba realizando y de repente, a todos los efectos, se había acabado.

Se lo tomó mal, pero una de las grandes cosas de Jack –una de las muchas cosas que he tratado de aprender de él, sabiendo perfectamente bien que no puedo hacerlo tan bien como él lo hacía- era una absoluta elasticidad. Él había rebotado mejor y más a menudo que Plastic Man en su mejor momento. Kirby lloró su magnum opus durante un día o dos, y después se arremangó y lo dio todo en los nuevos títulos.

Así que cuando lees THE DEMON, estás viendo al menos la acometida de dos retos personales. Uno es Jack Kirby haciendo un tipo de material que le resultaba un poco extraño y un reto, más que cualquier otra cosa que hiciera durante ese período. Era un hombre que contaba historias dinámicas sobre gente dinámica… y dibujaba desde un potente y casi vital punto de vista. En aquella época alguien hizo un comentario –he olvidado quién- sobre que THE DEMON era un comic-book sobre muerte, escrito desde la perspectiva de alguien que creía en pelear hasta el último aliento de vida. Esto contrastaba, comentaba el olvidado comentador, con otros cómics de fantasmas y monstruos que trataban la muerte como inevitable y aplastante –“muerte desde la perspectiva de la muerte”.

Ese fue un reto que aceptó Jack: hacer este tipo de cómic en sus propios términos. El otro fue enamorarse de su nueva creación… para encontrar formas de interesarse en un cómic que no pretendía hacer por más de un número o así. Dejé de ser su empleado por esa época, pero leyendo los cómics años después, sin pista perspectiva específica sobre lo que había en su cabeza, todavía siento ese proceso de descubrimiento. Veo a Kirby encontrando pequeños puntos de referencia en su vida e intereses e inyectarlos en su siempre en expansión reparto de personajes, creando un trabajo muy personal.

Es un placer tener estas historias recopiladas… y si lees los originales, puedes encontrar algunos momentos que no has visto nunca antes. En el momento en que estas historias fueron publicadas por primera vez por, DC estaba jugueteando con cuánto de cada cómic se dedicaría a publicidad. Todos los editores, Jack incluido, preparaban en ocasiones un número para que tuviera, digamos, 25 páginas de historia, para luego encontrarse que se había contratado una página más de publicidad y había que eliminar una página. Un par de páginas y viñetas que no se publicaron en la primera edición, se han recuperado para este volumen.

Yo compré estos cómics en su momento, pero por razones que no merece la pena discutir aquí, no leí nada salvo el primer número en aquel entonces. Años después, cuando me acerqué de nuevo a ellos, me encontré lo que fue instantáneamente uno de mis cómics de Kirby favoritos –una historia poderosa, absorbente, llena de personajes coloridos e incluso más coloridos giros argumentales. Los leí de nuevo justo antes de sentarme a escribir esto y me gustaron incluso más, esta vez.

No estoy seguro de que pueda explicar por qué. El mundo que nos muestra aquí es oscuro, horripilante, lleno de brujería y magia y criaturas sobrenaturales que te vienen de todos lados…

…pero aún así con Kirby como guía, de alguna manera resulta seguro estar ahí. Escalofriante, enervante y peligroso… pero de algún modo seguro. Porque sabemos que Jack no permitiría que nos pasara nada malo. Nunca lo hizo.

Filmando la guerra

Shooting war (Ponent Mon, 2008) ha resultado ser uno de los sleepers del año, esa obra inesperada que tal vez no acabe apareciendo en las listas de lo mejor del año, pero que sin duda lo merece. Y lo merece por su visión original, amplia, irónica y crítica de las consecuencias de la guerra de Irak y la responsabilidad achacable a cada uno de los distintos elementos implicados en ella, desde la prensa sensacionalistas hasta terroristas iraquíes megalómanos, pasando por bloggers situados menos a la izquierda de lo que piensan, fanáticos militares estadounidenses o el propio presidente USA (en este ejercicio de ficción especulativa, McCain). Cada uno recibe tanto su parte de culpa como una justificación parcial, de modo que sea el propio lector quien complete el puzle de responsabilidades. Se agradece la falta de maniquísmos de los autores y la confianza en la inteligencia de sus lectores, así como el haber evitado las aproximaciones más típicas a este tipo de conflictos. Su guionista, Anthonny Lappé, se ha curtido en periodismo de denuncia y actualmente es editor ejecutivo de Guerrilla News Network.

Todo este ejercicio de denuncia inteligente no habría sido lo mismo con un apartado gráfico diferente. La mezcla del dibujo tosco con montajes fotográficos y técnicas vectoriales, los diseños de página que remiten a otros medios de comunicación como la televisión o intenet, aportando una información visual excesiva y estridente, se ajustan como un guante a lo narrado. Por cierto, lo último del dibujante, Dan Goldman, se llama Kelly y se puede leer online aquí.

A continuación, Anthony Lappé y Dan Goldman durante una presentación de su obra. Para ver la presentación completa, de unos 50 minutos, clic en el recuadro del vídeo “watch full program”.



El padre de Superman

Hace un par de meses aparecía en el mercado estadounidense el libro de Brad Meltzer The book of lies. Al parecer, durante el período de documentación para escibir su libro, Meltzer descubrió (o redescubrió) que Mitchell Siegel, padre de Jerry Siegel (creador de Superman junto a Joe Shuster) murió durante un atraco a su tienda de ropa de segunda mano en 1932. En su libro (de ficción), Meltzer especula con la posibilidad de que la muerte del padre de Siegel pudiera ser el origen de la creación de Superman por Jerry Siegel. Como el propio Meltzer comenta, “en 50 años de entrevistas, Jerry Siegel nunca mencionó que su padre murió durante un atraco. Pero piénsalo. Tu padre muere en un atraco y tú inventas un hombre a prueba de balas que se convierte en el héroe más grande del mundo. Lo siento, pero ahí hay una historia.”

En el libro de Meltzer, el padre de Siegel muere de tres disparos, sirviendo en cierto modo al hijo como inspiración para Superman. La versión del padre de Siegel muerto a tiros apareció por primera vez en el libro Men of tomorrow, y surgió de una entrevista del autor, Gerard Jones, a los primos de Siegel. Pero en la vida real, a la mitad de la familia le contaron que había muerto de un disparo y a la otra mitad que se había tratado de un ataque al corazón. ¿Cuál es la versión auténtica y qué relevancia tiene en la creación de Superman? La respuesta a la segunda pregunta sólo la conocían los autores. Siegel y Shuster en ocasiones declararon que Superman nació como una válvula de escape para sus inhibiciones, en especial con las chicas, y no hay por qué pensar que mintieran. Ambos autores eran aficionados a los pulps y tiras de prensa repletas de aventureros y luchadores contra el crimen, pero la gestación de un hombre “a prueba de balas” da que pensar cuando se conocen los detalles relacionados con la muerte del padre de Siegel. En cualquier caso, nos moveríamos en el terreno de la especulación.

Lo que sí se puede resolver de un modo fehaciente es el modo en que murió Mitchell Siegel, gracias a Marc Tyler Nobleman, autor de Boys of steel: The creators of Superman junto a Ross MacDonald, que realiza las ilustraciones. Nobleman ha acudido a las fuentes adecuadas, esto es, el certificado de defunción (aunque lo que muestra es la noticia aparecida en el periódico), el informe forense y el informe policial, y en los tres documentos se cita el ataque al corazón como causa de la muerte.

Para obtener el informe policial, Nobleman contó con la colaboración de Brad Ricca, que a su vez está produciendo un documental titulado Last Son sobre el origen de Superman. Aquí debajo dejamos un trailer, realizado hace ya más de dos años, y otro vídeo con los dos primeros minutos del documental, donde precisamente se narra la muerte de Mitchell Siegel.





Freak Out: El catálogo

Si ayer traíamos a colación un buen catálogo de exposición, hoy le toca el turno a otro igual de bueno, aunque conceptualmente distinto. La exposición Freak Out, dedicada a la obra de Gilbert Shelton y comisariada por Florentino Flórez y Joan Roig, todavía puede visitarse hasta el 9 de Noviembre en Palma.

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También en esta ocasión se ha publicado un lujoso catálogo (editan el Ayuntamiento de Palma y Casal Solleric), de gran tamaño, 250 páginas, numerosas reproducciones de trabajos de Shelton (tanto ilustraciones como historietas), y un extenso texto trilingüe, en mallorquín, castellano e inglés.

Tras una breve introducción de Josep María Berenguer, amigo personal del autor y editor de sus obras en España a través de La Cúpula, y otro breve artículo de Faustino Rodríguez Arbesú y Ramón F. Pérez, encontramos el texto principal del catálogo, escrito por Florentino Flórez. No es que estemos muy puestos en el tema, pero nos da la impresión de que el texto de Flórez es la biografía más completa de Shelton que se ha publicado en España y es, por tanto, altamente recomendable. En el artículo se hace evidente la abundante documentación que maneja Flórez, que es a la vez cronista de las distintas etapas creativas del autor y de los momentos y los entornos históricos en que se desarrollan. Incluye además, lo que siempre es de agradecer, citas del propio Shelton cuando el texto lo requiere, y no elude el análisis crítico de la obra del autor.

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Así pues, de nuevo se demuestra que un catálogo no tiene por qué ser una simple colección de imágenes dispersas en el tiempo y que puede llegar a cubrir un hueco en el ámbito de la teoría y/o historia del cómic. No tenemos constancia de que se haya distribuido en librerías, pero los interesados podéis intentar conseguirlo a través de Casal Solleric, bien a través del teléfono, (971) 72 20 92, o el correo electrónico, solleric[arroba]sf.a-palma.es.

Y por supuesto, no podíamos acabar la entrada sin dejar aquí algunas de las imágenes que contiene el catálogo. Allá van.

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¡Viaje con nosotros!: El catálogo

A veces uno se encuentra catálogos de exposiciones que son tan interesantes o más que algunos cómics, tanto por su contenido gráfico como por los textos que lo acompañan. Este es el caso del libro que sirve de memoria de la exposición ¡Viaje con nosotros!.

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¡Viaje con nosotros! se centra en algunos de los “creadores independientes y de vanguardia”, como escribe en el prólogo Miguel Ángel Moratinos, más importantes de nuestro país, al tiempo que se articula a través del tema del viaje. Algo muy apropiado si tenemos en cuenta que la exposición se ha programado desde un principio como itinerante, y pretende visitar en el futuro distintas ciudades europeas y americanas. Los artistas escogidos para la muestra, además de ser piezas importantes en la evolución del medio en nuestro país durante los efervescentes años ’80 en que dieron sus primeros pasos, han sabido a su vez evolucionar y adaptarse estilística y temáticamente a los tiempos sin perder su coherencia artística. Reforzándola, de hecho. Los nombres de Gallardo, Keko, Mauro Entrialgo, Max, Micharmut y Miguelanxo Prado, no sólo son importantes para entender de dónde venimos, sino hacia dónde vamos.

El catálogo de la exposición está dividido en dos apartados. En el primero de ellos encontramos un prólogo de Jorge Díez, comisario de la exposición, y textos a cargo de distintas plumas dedicados a cada uno de los autores e ilustrados con algunas de las 120 piezas de las que se compone la muestra. Así, Edurado Bravo escribe sobre Gallardo, Paco Cerrejón sobre Keko, Javier Candeira sobre Mauro Entrialgo, Santiago García sobre Max, Francisco Naranjo sobre Micharmut y Carlos Portela sobre Miguelanxo Prado.

Sólo por esta primera parte, el catálogo ya merecería la pena (ojo, la merecería ya sólo por el artículo de Santiago García, sin ánimo de desmerecer al resto de articulistas). Pero además, en su segunda parte, los seis autores cuyas obras recoge la exposición han realizado una historieta ad hoc. 32 páginas de cómic inéditas hasta el momento, y para que os hagáis una idea, aquí dejamos una página de cada autor.

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I have a dream, de Gallardo


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Reserva en Chuck-A-Luck, de Keko


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Lo contrario de dibujar, de Mauro Entrialgo